Tiempos y certezas

Tengo la certeza de que moriré solo y asustado

perdido en una cordillera donde la inmensa belleza

de sus peñas me hará soñar aún en cosas que no entiendo.


Tengo la certeza de que nadie me habrá amado como yo soñé que se pudiera.

Ni siquiera yo, hacia afuera o hacia dentro habré del todo apurado la dicha,

el sol, el mordisco, la entrega.


Tengo la certeza de que la oscuridad me habita

y me posee las piernas, el vientre, la cabeza.

De que roe ceniza y polvo dentro de mis células,

preparando la arena con la que el viento un día anegará las selvas.

Tengo la certeza de la nada, del olvido, de la pena,

del sol que se va dejando en sombra las laderas.

. . .

Tengo la certeza, en cambio, de saber que me posees

y te poseo con la misma locura

con que la vida sueña en renacer todos los días.

Tengo la certeza del instante cegador de mirarme entre tus ojos.

Y del gran vivir que es morir entre tus piernas.

Tengo la certeza de que jamás, hasta el fin, dejaré de saber estas verdades.

Y de que los sueños pasan como el tiempo y sólo un instante mínimo nos queda…


Este.

En que aprieto esta tecla

y te envío este poema.

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