Canto al llanto

Llegó un día en que lloré a solas,

frente a la chimenea

a la que me agarraba

como al cuerpo de una amiga recién hallada.

Tu música sonaba,

viva

entre los barbudos rayos de sol

por la ventana.

Lloré por las cicatrices que el tiempo nos regala.

Por las estaciones húmedas donde no fuimos felices,

por los cuerpos que sufrirán todos los verbos,

lacerados por la muerte áspera y extraña.

Y al llorar ganaba

una húmeda batalla con la muerte.

Lloré por el silencio, la cobardía,

los cristales rotos de las historias

que no pudieron ser contadas.

Lloré por el tiempo

perdido

la alegría

malgastada

la rutina

insensata

el olvido

de la pena.

Porque ante lo vasto de nuestros sueños

y lo breve de todas las mañanas

es imperativa la fiesta de las lágrimas,

testigo de vida,

prueba de alma,

consideración necesaria

para cualquier persona de importancia.

Lloré porque sé que nunca dejaré de hacerlo:

un día la angustia abrió nido en mi alero

y cruzará conmigo la última portada,

testigo de la orgullosa fragilidad

de la pasión humana.

Prieres. Asturias. 2025

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