Transición

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Prensa

de Alfonso Plou y Julio Salvatierra

 

Producción

Centro Dramático Nacional, L’Om-Imprebís, Teatro Meridional, Teatro del Temple. 2012.

Reparto

 

Antonio Valero: Adolfo

Elvira Cuadrupani: Juana, Inés, Amparo

José L. Esteban: Doctor Gutiérrez, Productor, Mellado

Balbino Lacosta: Tomás, Regidor, Torcuato

Álvaro Lavín: Doctor Felipe, Presentador, González

Carlos Lorenzo: Marcos, Sonidista, Rey

Eva Martín: Andrea, Productora, Sofía, Carmen

Eugenio Villota: Santiago, Cámara, Carrillo


  1. APERTURA DEBATE

En el escenario, Adolfo, 60 años, pelo cano, sentado en una silla. Mira a una gran pantalla que emite nieve. Se oye una sintonía de programa informativo.

 

Una joven en la treintena, Inés Ribadeneira y un hombre de unos 40, el presentador Andrés Hermida hablan en medio de la nada, quizás también desde la pantalla, directamente al público. Quizás las voces del programa emitido y su recreación en el escenario coinciden unos segundos hasta desaparecer la emisión.

 

Inés.- Iré al grano. El motor de la Transición fue la circunstancia global: una clase media mínimamente formada, un poder económico deseoso de entrar en una Europa ávida de contar con España. Un discurso teórico incapaz ya de sostener el Movimiento Nacional y la quiebra del Estado católico aparejada al Concilio Vaticano Segundo.

Adolfo asiente a medias en su silla.

 

Presentador.- Eso es capacidad de síntesis. Siga, por favor.

Inés.- (Acusando la interrupción) Gracias. Esto lo sabía también la clase dirigente. La transición social ya había comenzado, sólo quedaba pues el inevitable reajuste político tras la muerte de Franco. Creo que dicho reajuste fue principalmente un enjuague para librar de responsabilidades, olvidar las conductas injustas y asegurar el futuro inmediato de la clase política entonces en activo.

Adolfo niega, levanta los brazos y se desespera.

 

Adolfo.- No, no, no… ¿pero qué está usted diciendo?

Inés.- Y digo esto, que puede sonar un poco fuerte, porque los hechos son los hechos, mirados con la distancia suficiente…

Adolfo.- ¿Pero qué distancia, señorita? ¿Qué altura? ¿Qué experiencia? ¿Qué estudios tiene usted para decir lo que dice? ¿Eh?

Inés.- Sociología y ciencias políticas.

Adolfo.- Pues yo admiro esos estudios, señorita, pero déjeme decirle que también demuestran con claridad el fracaso de las reformas educativas que hemos sufrido todos estos años, pues usted consigue articular, en un discurso formalmente correcto, el conjunto más grande de barbaridades que he oído en los últimos tiempos. Porque yo he seguido oyendo después de abandonar mi labor, ¿saben…? que era la política, claro…

Presentador.- Por supuesto, y si ustedes dos no polemizaran esto no sería un debate…

Adolfo.- Esta bonita joven muestra, desde la barrera, un desconocimiento rayano en la estupidez al hablar de “reajuste político”. Tratar de “simple reajuste” la lucha de personas para hacer más justo el acceso a la riqueza y al poder, es una simplificación que ofende a la importancia de lo sucedido.

Inés.- Pero cómo alguien venido de la raíz misma del franquismo puede decir eso…

Adolfo.- Su propia presencia aquí, siendo mujer, lo demuestra. Pero tacharlo de “enjuague”, es una calumnia que ofende el corazón de los que participaron en aquel proceso, y que usted contempló cómodamente desde la cuna. Y no le voy a preguntar su edad, porque no es de buena educación.

A medida que se desarrolla la escena se van dejando ver poco a poco elementos del marco en el que ahora están inmersos: el plató de televisión donde se está rodando un debate.

 

Inés.- Gracias. No quería ofenderle. No desconfío del ánimo de las fuerzas de oposición –hombres y mujeres- que se enfrentaron al antiguo régimen, ni del de algunos reformistas sinceros surgidos de su seno, pero…

Presentador.- El tema de la mujer –perdón- es, sin duda, un tema muy importante, que también tendrá cabida, espero, en este debate…

Inés.- (Acusando de nuevo la interrupción) Muy bien. Pero lo que los sectores reformistas dentro del propio régimen dejaron o pudieron hacer fue un enjuague, en tanto que el primer paso fue salvar los muebles de la clase política, destruir archivos y blindarse con una ley de Amnistía, la del 77, que impedía que se exigieran responsabilidades para los delitos de intencionalidad política.

Adolfo.- (Enfadado) ¡Señorita, por favor! La ley de Amnistía del 77 no fue el primer paso de nada. Para llegar hasta allí, se lo aseguro, hizo falta mucho cambio previo, y fue ese cambio el que, justamente, la hizo posible y además, como debería saber por sus estudios, la ley de Amnistía favoreció sobre todo a los presos de la oposición, que eran los que pedían amnistía y libertad, no a los del régimen.

Inés.- Lo que yo se por mis estudios es que entonces no había presos políticos del régimen. Y los de la oposición lo eran por delitos que iban a dejar de serlo: asociación ilegal, propaganda, subversión… ¡la amnistía para ellos era obvia! Sin embargo…

Presentador.- En mi opinión no se trata tanto de descalificar…

Inés.- Perdón, estaba hablando yo.

Presentador.- Discúlpeme…

Inés.- Sin embargo, los delitos políticos que pudieran haber cometido los funcionarios del régimen: detención ilegal, lesiones, coacción, tortura, incluso asesinato, no dejaban de ser delito. Lo eran y lo siguen siendo. La impunidad de unos y de otros no es equivalente.

Adolfo.- (Encogiéndose de hombros). Es posible que no lo sea. El objetivo, no era la venganza.

Inés.- Ni lo es el mío, pero no deja de sorprenderme que, no sólo los de dentro, sino incluso reconocidos opositores a aquél régimen, se nieguen, 35 años después, a reconocer esa ausencia de simetría.

Adolfo.- (Sonriendo y meneando la cabeza). …para hablar de eso estamos aquí, ¿no? 30 años después, tú y yo.

Inés.- Me llamo Inés.

Adolfo.- Yo, Adolfo. Encantado.

Pequeña pausa. Se miran. Todo el plató es ahora visible. La mesa, el presentador, la proyección donde se hace referencia a “La Transición, el Futuro de nuestro Pasado”.

Presentador.- Y yo Andrés. Presentador de esta serie documental, pero ahora vamos a aprovechar esta pequeña pausa, tan teatral que parece a posta, para dar paso a la publicidad en este especial sobre La Transición, el Futuro de nuestro Pasado. Volvemos en unos minutos. Por favor, no se vayan.

Sintonía de programa televisivo. Cambio de luz. El plató televisivo es invadido por un grupo de regidores, productores, técnicos de sonido y operadores de cámara.

 

Presentador.- (Cambia al apagarse la cámara) Cortamos.

Regidor.-           Hemos cortado.

Presentador.-           (A Adolfo) Estamos grabándolo. Será un falso directo, ya sabe…

Adolfo.-            Ah, ya, claro…

Inés.- (Irónica) Con estos temas prefieren no correr riesgos.

Adolfo.- Es lógico… Oye, perdona que me haya metido con tus estudios. No es nada personal. A veces se me va un poco la cabeza…

Inés.- No te preocupes. Y yo siempre doy mi opinión de forma personal.

Presentador.- Imagino que debe ser imposible evitarlo.

Inés y Adolfo le miran sin entender.

Presentador.- No entrar en el universo personal, en los recuerdos…

Inés y Adolfo siguen sin entender.

Bueno, para mí al menos es imposible. Siempre que se habla de aquellos años -como ahora, con el programa especial sobre la Transición-, se me dispara la cabeza… Aunque supongo que es como volver a mi infancia. Ahora mismo no paro de acordarme del “Vamos a la cama” y la familia telerín.

El sonidista se pone a silbar la canción, el regidor la tararea y finalmente la cantan a tres voces, junto con el cámara.

  1. Ronda de recuerdos

Cámara.- Yo me acuerdo de los dos rombos, y de Historias para no dormir.

Sonidista.- Y de (canta) “Un, dos, tres,…

Los tres.- “… aquí estamos con usted otra vez…”

Productora.- Y del himno de España al cerrar la emisión, y “últimas palabras”, un programa fantástico, por cierto, aunque ahora muchos me miren mal por decirlo…

Regidor.- (Con ironía) Pues yo del anuncio de los limones salvajes del Caribe…

Productor.- (Entrando. Al presentador) Perdona, Andrés, mira esto, para la primera parte del programa… Estamos también con la música…

Imágenes de la concentración (1/10/1975) en la Plaza de Oriente, por la reacción internacional a las últimas ejecuciones. Franco habla. Sonido original

Locutor.- “Habla su excelencia, el jefe del Estado.”

Franco.- “Todo lo que en España y Europa se ha armado responde a una confabulación masónica e izquierdista de la clase política en contubernio con los comunistas terroristas… ¡Arriba España!”

Regidor.- Casi nada.

Presentador.- (Al Productor, aparte, negando). No, nada de audios, sólo imágenes. Y cuanto menos Franco, mejor.

Productor.- Bien. ¿Y ésta?

(Hace un gesto, y comienza la imagen del discurso del príncipe en la Jura de los Principios del Movimiento, en las Cortes Franquistas de 1969)

 

Locutor.- El presidente de las Cortes tomó juramento al futuro sucesor.

Iturmendi.- En nombre de Dios, y sobre los Santo Evangelios, ¿juráis lealtad a Su Excelencia el Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y demás leyes fundamentales del Reino? (Se vuelve a mirar al príncipe)

(El cámara hace un gesto al sonidista y habla éste por un micro, “doblando” al príncipe)

Sonidista.- ¡Jamás! Esa lealtad a este jefe del estado y esa fidelidad a los principios del Movimiento Nacional me harían indigno de representar a este pueblo.

Cámara.- (Cambiando la voz, como Iturmendi, suenan también interferencias) ¡Traición! Encarcelad a este hombre. Ya veremos qué hacer con él.

Inés.- (Siguiendo la broma, aplaudiendo) ¡Esto sí que es un príncipe!

Presentador.- (Sonriendo, al cámara, con segundas) Igual estarías mejor como actor que detrás de una cámara, ¿no? Eres muy gracioso, en serio, deberías pensarlo.

Productora.- (Al cámara) No tenéis ni idea de lo que representó ese joven príncipe para este país.

Cámara.- Bueno, era sólo una broma.

Regidor.- ¿Y si hubiera sido así?

Productor.- No digas tonterías.

Adolfo.- (Por la imagen del rey, congelado en la pantalla) Pobrecillo…

Presentador.- Señores, por favor, les pido a todos que demos lo mejor de nosotros mismos, porque esto que estamos haciendo, y se lo digo en serio: es muy serio. Estamos hablando de España.

Los actores miran al público. Sobre la pantalla se proyecta el título del espectáculo: “Transición”. Se escucha “Mi querida España”, la versión no censurada del tema de Cecilia cantado por los actores que realizan una coreografía interpretando los últimos años de la Historia de España sobre un fondo de imágenes que va de las películas familiares a hitos como la muerte y el velatorio de Franco, los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha y su entierro posterior, las primeras elecciones democráticas, un asesinato de ETA, el 23-F, el triunfo de las selección española de fútbol y las colas del paro en las oficinas de empleo. Al terminar los actores-personajes dirigen algunos recuerdos personales directamente al público.

 

Regidor.- Pues yo de aquella época recuerdo ahora estar subido a un escenario disfrazado de negro de Alabama. Yo hacía como que tocaba el banjo con un gran crucifijo. Y un tipo del público me empezó a tirar de la pernera. Será un fan, pensé. Y el tío: “voy a llamar a mis amigos de Cristo Rey y os vamos a inflar a hostias”.

Cámara.- ¿Y los viajes de aquella época? A ochenta por hora en el dos caballos…! No llegábamos nunca, y yo en el asiento de atrás con un radiocasete portátil, poniendo la misma cinta doscientas veces, ¡el Hey, de Julio Iglesias! Me lo sé de memoria.

Sonidista.- Yo tuve que aprender lo que eran la FM, AM, MA, EGB, KGB, JB, FP, UGT, CEOE, TVE…! Empezamos a hablar en siglas y ya nada fue igual.

Presentador.- Mi padre inventó la televisión a color: apareció un día con unas tiras de celofán, verdes, azules y rojas. Las puso delante de la tele y dijo: ¡hala, ya tenemos tele en color!

Productora.- Pues lo primero que yo recuerdo de la tele en color fue el mundial del naranjito, porque mi hermano, que no tenía ni tres años, ya se sabía el nombre de todos los jugadores de la selección española: Arconada, Camacho, Tendillo, Satrústegui…

Inés.- Pues yo me acuerdo que, con cuatro, en el colegio, que era religioso –a saber lo que nos metían en la cabeza- yo me pasaba el recreo haciendo un agujero en el suelo, ¡para ver si podía ver al demonio!

Productor.- Pues hablando de demonios, yo estaba la tarde del 23-F dándome un tremendo morreo con mi primera novia, y muy preocupado por lo que pasaba en el Congreso, hasta que ella me dijo: ¿y eso qué tiene que ver con nosotros?

Adolfo.- Yo fui presidente de Acción Católica, y durante un tiempo pensé en irme a convertir y a ayudar a los negritos. Pero luego se me paso, y quise ser… presidente del gobierno…

Los actores. El título se desvanece. La canción se ha transformado en otra cosa: el hilo musical de una clínica privada. Adolfo se ha quedado sólo con Inés y se ha sentado en la misma silla del principio. Inés pasa a ser Julia.

  1. clínica. Recepción

Hospital. Juana y Marcos, enfermeros, hablan a un lado, mientras Adolfo, sentado en una silla, mira a una pantalla vacía.

Juana.- Marcos, ¿has leído la noticia?

Marcos.- ¿El recorte?

Juana.- No, la otra.

Marcos.- ¿El rescate?

Juana.- No, la otra. (Pausa) Han ingresado a Suárez en una clínica para un chequeo completo.

Marcos.- ¿Y?

Juana.- (Por Adolfo) Éste, el que ingresaron ayer, se le parece mucho.

Marcos.- ¿A quién?

Juana.- ¿Quién va a ser? Suárez.

Marcos.- No jodas.

Juana.- Además se llama Adolfo

Marcos.- Como si no hubiera adolfos en el mundo.

Juana.- No nos lo iban a decir. (Pausa) Llevaba un rato pensando a quién me recuerda y lo leí.

Marcos.- No se le parece.

Juana.- ¿Tú crees?

Marcos.- Para nada.

Juana.- ¿Seguro?

Marcos.- No tiene esa cara. Aunque hace tiempo que no nos enseñan su cara.

Juana.- A estos pacientes les cambia mucho. El rostro deja de ser el que recordamos. Es como si ya se hubiesen ido. La cara que dejaremos después de muertos. ¿Has visto la cara de los muertos?

Marcos.- Claro.

Juana.- Pues igual. Ya no son iguales que cuando estaban vivos.

Marcos.- Nos lo habrían dicho.

Juana.- Razones de seguridad.

Marcos.- Ves demasiadas series.

Juana.- La familia cuida mucho su intimidad.

Andrea, fisioterapeuta, entra acompañando a Tomás, paciente a quien sienta en una silla y comienza a comerse un yogur.

 

Andrea.- Juana, por favor, ¿tienes una goma del pelo? Se me ha roto.

 

Juana afirma y saca una goma de su bolsillo.

Marcos.- (A Andrea, por Adolfo) ¿Le encuentras parecido con alguien?

Andrea se inclina para mirar a Adolfo a la cara.

Marcos.- Adolfo. Adolfo.

Adolfo.- Majestad.

Adolfo mira al personal médico. Sonríe y, con energía, se incorpora. Cambio de ambiente. El personal médico asume las personalidades otorgadas por la mente de Adolfo.

Doña Sofía, Majestad, vengan a la ventana. Desde aquí se ve muy bien el acueducto.

Juan Carlos (Marcos).- Déjate de protocolos, Adolfo. Además soy Alteza, no Majestad…

Adolfo.- De momento.

Juan Carlos.- Justamente: tenemos que hablar del futuro.

Adolfo.- ¿El futuro?

Juan Carlos.- Pues sí, el futuro, el futuro. Eso que vendrá cuando la haya palmado Paquito.

Silencio.

Sofía (Andrea).- (Dice una frase en griego y después:)Cuidado con las bromas. Te lo tengo dicho.

Juan Carlos.- Aquí hay confianza, Sofía. ¿Verdad, Adolfo?

Adolfo.- Por supuesto, alteza.

Juan Carlos.- Habrá que ir pensando qué hacemos después. No voy a seguir con el brazo en alto y dando discursos en la plaza de Oriente. Eso es muy antiguo.

Adolfo.- Por supuesto que no.

Juan Carlos.- Nosotros somos de otra generación. Tenemos otro talante.

Adolfo.- Sin duda.

Juan Carlos.- Mira a tu mujer. Amparo, ¿cuántos años tienes?

Amparo.- A una mujer nunca hay que preguntarle la edad.

Adolfo.- No es de buena educación.

Juan Carlos.- Por supuesto, Amparo. En todo caso, mírala, una mujer guapa, moderna… no como la collares.

Adolfo.- Alteza, ¿me vuelve… me estás poniendo a prueba?

Juan Carlos.- Así es. Eres un gobernador con futuro, un hombre joven, servicial, liberal. Un pequeño oasis en el páramo político. Si no me explayo contigo, ¿con quién me voy a sincerar?

Amparo (Juana).- ¿Si molestamos…?

Juan Carlos.- O no, quedaos. Si os vais pensarán que estamos departiendo de política.

Adolfo.- ¿Cuál es la pregunta?

Juan Carlos.- ¿Qué hacer cuando él muera?

Adolfo.- Habrá que hacer reformas.

Juan Carlos.- ¿Cómo? Los demócratas no nos querrán y los del bunker no querrá cambiar su discurso.

Adolfo.- Ni unos ni otros son tan fuertes como para no negociar. Le confieso que desde la conversación del otro día he ido recopilando ideas sobre el asunto. ¿Si me lo permite…?

Amparo.- Adelante, Adolfo, adelante.

Sofía.- Tiene un marido muy apuesto.

Adolfo.- Mi plan tiene varios puntos. ¿Dónde los anoto?

Juan Carlos.- Toma esta servilleta.

Juan Carlos le quita la servilleta que utiliza como babero Tomás y se la pasa a Adolfo.

Adolfo.- Uno. Proyecto de Reforma Política. Una comisión mixta elabora una Ley de Asociaciones, revisa los Principios Fundamentales del Movimiento y el Código Penal.

Juan Carlos.- ¿Asociaciones?

Adolfo.- Una especie de partidos políticos sin ser partidos.

Juan Carlos.- ¿Y tú crees que los Principios Fundamentales son modificables?

Adolfo.- …yo creo que sí, si hay voluntad…

Juan Carlos.- Juré defender esos principios.

Adolfo.- Pero no juró no trasformarlos.

Juan Carlos.- Ya…

Adolfo.- Ese sería un primer paso. Dos. Las asociaciones, ya legalizadas, redactan una Constitución reformista. Tres. Referéndum y aprobación de la misma. Cuatro, primeras elecciones, democráticas y libres. Y ya es un monarca europeo en un país occidental al uso.

Adolfo, que ha construido una corona con la servilleta, se la pone en la cabeza a Juan Carlos.

Juan Carlos.- Elecciones democráticas y libres. Suena bien, ¿no? (Sofía asiente). Me gusta esto, Adolfo. Aunque hay quien dice que las asociaciones politicas dentro del Movimiento son como pastel de liebre sin liebre. (Se guarda la servilleta).

Adolfo.- ¿El señor Fernández Miranda?

Juan Carlos.- Sabe mucho, don Torcuato. Creo que le gustará lo que has escrito…

Tomás convertido en Torcuato se levanta orgulloso.

Adolfo.- La Comisión Mixta y la Ley de Asociaciones Políticas son proyectos suyos.

Juan Carlos.- ¿Y tú crees que la constitución habría que hacerla antes de las elecciones?

Adolfo.- …eh, bueno, normalmente es una constitución la que regula las elecciones, ¿no?

Juan Carlos.- Eso nos ofrece la ventaja de poder controlar –un poco más- su redacción, claro…

Adolfo.- Efectivamente.

Juan Carlos.- Bien, bien, le daremos vueltas, pero me tienes impresionado.

Amparo.- Adolfo vive para la política, y le gusta la gente.

Entra el doctor Gutiérrez y el doctor Felipe. Juan Carlos le hace un gesto y los doctores se detienen. Pequeño cambio de ambiente.

Juan Carlos.- Adolfo, ¿estás seguro?

Adolfo.- ¿De qué, alteza?

Juan Carlos.- Del acueducto, la servilleta, este plan tan bien estructurado para trasformar el régimen…

Adolfo.- ¿Qué quieres decir?

Juan Carlos.- ¿Estás seguro de que esto que hemos… vivido sucedió así?

Adolfo.- No entiendo.

Juan Carlos.- ¿Estás seguro que lo escribiste en una servilleta?

Adolfo.- Bueno… puede ser… a veces el recuerdo nos…

Juan Carlos.- ¿Traiciona?

Adolfo.- Puede ser.

El doctor Gutiérrez da un taconazo militar. Cambio de ambiente.

Mellado.- Altezas, gobernador, señora. Disculpen. Ha ocurrido algo…

Juan Carlos.- ¿Qué sucede, general? No sé si se conocen, les presento al general Gutiérrez Mellado…

Mellado.- No es momento de presentaciones… Alteza, el presidente del gobierno, Carrero Blanco, ha sufrido un atentado. Una bomba, terrible, el coche no lo encontrábamos, había salido volando… el presidente ha muerto.

Amparo.- Dios mío.

Sofía.- Terrible.

Amparo.- Era un buen hombre.

Mellado.- Salía de misa, como todos los domingos.

Amparo.- No te digo.

Juan Carlos.- Ideal para ir al cielo. Siempre pareció un bonachón, pero tenía puño de hierro.

Sofía.- Esto le podría dar la puntilla a Franco…

Juan Carlos.- Mientras no me la de a mí…

Amparo.- Adolfo, ¿no dices nada?, Adolfo.

Breve silencio. Adolfo sufre un agudo dolor de cabeza. Los personajes pasan a comportarse de una forma ambigua. Cambio de ambiente.

Adolfo.- Y yo qué sé qué tengo que decir. Lo siento… os acompaño… en el sentimiento…

Gutiérrez.- Adolfo, es sólo un sueño.

Adolfo.- ¿Qué?

Gutiérrez.- Un sueño. Una proyección mental. Nos está confundiendo con otros.

Adolfo.- Mi general, ¿cómo dice eso?

Gutiérrez.- Soy el doctor Gutiérrez, está usted en una clínica.

Adolfo.- Amparo, no me dejes sólo, mujer.

Juana.- Yo no me llamo Amparo ni soy su mujer.

Gutiérrez.- ¿Pero se puede saber qué ha sucedido?

Marcos.- No lo sabemos, doctor. Se puso a delirar. No se le entendía.

Andrea.- Me paré un segundo con ellos y de repente él saltó de la silla y empezó a decirnos cosas raras…

Gutiérrez.- ¿No se habrá tomado algo?

Marcos.- No.

El doctor Gutiérrez mira de cerca y a los ojos al paciente Adolfo.

Gutiérrez.- Adolfo. Adolfo. Me escucha, Adolfo. ¿Dónde está? ¿Me puede decir dónde está?

Adolfo.- Segovia… ¡no! Madrid…

Gutiérrez.- ¿Se encuentra bien?

Adolfo.- Algo alicaído. Ha sido terrible. Le acompaño en el sentimiento.

Gutiérrez.- Esto es una clínica, ¿me entiende? Estamos haciéndole un chequeo

Adolfo.- Me meo. Amparo, ¿sabes dónde está el mingitorio?

Gutiérrez.- Llévelo al baño, Juana. Sólo falta que se nos mee encima.

Adolfo.- Amparo, me han nombrado director de Radiotelevisión, voy a poner orden allí. Y tengo el apoyo del rey. En cuanto vuelva de mear, seré ministro…

Gutiérrez.- Dése prisa!

Adolfo.- ¡Mujer, esto no hay quien lo pare!

Juana.- Claro, Adolfo, claro.

Gutiérrez.- Venga, Juana, por favor, lléveselo.

Adolfo, al salir, ve una pantalla de televisión con nieve.

Adolfo.- Yo trabajo ahí…

Juana.- Claro que sí, Adolfo, claro que sí.

Adolfo y Juana salen de escena. Cambio de escena.

  1. Ronda de anuncios

Productor.- (Al Presentador) Esta es la selección de anuncios de la Transición, para el programa. (Le indica una pantalla donde vemos pasar los anuncios)

Presentador.- Muy bien, a ver: me interesa mucho, y es más delicado de lo que parece.

 

  • Mensaje de Paz 1974, de parte de Iberia, Franco y los Príncipes.

 

Sonidista.- Anda, mira, el abuelo…

Cámara.- Será el tuyo.

Productora.- Bueno…¡ y el rey!

Regidor.- Entonces aspirante.

Productora.- ¡Y los nietos qué pequeños! Uy, perdón, los hijos…

Productor.- Esos lapsus, productora.

Productora.- Ay, dios mío, perdón… Jesús…

Voz en off.- Iberia hace llegar a todos su mensaje de paz.

Sonidista.- Es que es raro ver juntos en imágenes a Franco y al rey, ¿no…?

Cámara.- (Irónico) Hay cosas que es mejor no ver.

Inés.- La realidad, por ejemplo…

Adolfo.- La realidad es que hoy tenemos democracia y monarquía.

Productora.- Gracias al rey…

Inés.- Y este es el único mundo posible, ¿no? (Se miran)

Presentador.- (Aparte al productor) Es un gran documento, pero ¿no te parece que igual es poco adecuado para abrir?

Productor.- Ya… Seguro que tienes razón. ¿Lo quitamos o lo retrasamos?

Presentador.- De momento quítalo, y ya veremos…

  • Pepe da Rosa, cantando “La cosa tiene tomate”

Sonidista.- ¿Dónde estará este tío (por el anuncio)?

Productor.- Pepe da Rosa murió de cáncer hace 25 años.

Cámara.- ¿Tanto?

Regidor.- Llevamos ya 35 años de democracia.

(El presentador mueve la cabeza: el anuncio le parece de poca entidad)

Productor.- El tiempo pasa muy deprisa… (menea la cabeza, apesadumbrado).

Productora.- (Al productor) ¿Y a ti qué te pasa?

Productor.- Creo que este va a ser mi último programa.

(El presentador, que lo está oyendo todo, pone cara de circunstancias)

Productora.- ¿Y eso?!

Productor.- Esto ya no es lo que era. Ya no importa el éxito o el fracaso. Todo viene desde fuera…

(El presentador pide con un gesto el siguiente anuncio).

  • Campaña sobre la renta

Presentador.- (Al ver a Pedro J. Sonriendo.) ¡Hombre! Míralo, qué joven estaba…

Productor.- Dirigía Diario 16.

Sonidista.- ¿Ese periódico no era rojo?

Productor.- Progresista…

Regidor.- (Anuncio:“Me encanta pagar impuestos porque con ellos compro civilización”) ¡Aah! Esto sí que es una transición.

Sonidista.- ¿Y eso?

Cámara.- Ahora no está muy contento con la última subida del impuesto sobre la renta.

Sonidista.- ¿Y quién lo está?

Productora.- Eso es verdad.

El presentador le hace un gesto al productor y los dos se apartan a un lado. El presentador discute con el productor.

 

  • Carmen Sevilla canta la 2ª parte de “familia Phillips, familia Philíz…”

 

Sonidista.- ¡Olé!

Cámara.- ¡Vamos con el traje de cola!

Sonidista.- ¡Un portén con frecuén modulá! Toma ya.

Productora.- Este anuncio es de 1965, y fue una bomba, por lo visto…

Inés.- No es para menos…!

(Los técnicos del plató bailan al son de la música)

Regidor.- Y desde luego era guapísima.

Cámara.- Pues sí, pero por lo visto tiene…

Sonidista.- ¿El qué?

Cámara.- Lo mismo que Suárez…

Productora.- ¿Alzheimer?

Cámara.- Sí.

Regidor.- No me digas…

Inés.- Qué pena…

Sonidista.- Más tarde o más temprano, todos acabaremos perdiendo la cabeza.

Cámara.- Y más en esta casa de locos.

Regidor.- Pues a propósito, ¿no habéis oído algo de que Suárez había ingresado en una clínica?

Inés.- ¿Ah, sí? Qué raro…

Adolfo.- ¿De qué estáis hablando?

Productora.- Sí, en la clínica Santa Cecilia, creo, que es divina…, pero no es nada serio…

Adolfo vacila. La pantalla vuelve a emitir nieve y luego funde a negro. Hay actores que salen de escena y otros se colocan una bata médica. Adolfo se adelanta a proscenio, confuso. Cambio de escena…

  1. CLÍNICA. REVISIÓN FÍSICA

Sala de rehabilitación física. Varios enfermos. Adolfo contempla la pantalla de la televisión, ahora apagada.

Andrea.- ¿Pero qué mira, Adolfo?

Adolfo.- Están haciendo unos especiales sobre la Transición muy interesantes.

Andrea.- Bueno, basta de tele por ahora. Y ahora vamos a movilizarle un poco ¿Le parece?

Adolfo.- Como quieras, Carmen. Me gusta veros juntas a las dos.

Juana.- Pues así estamos todos los días. Juntas como dos hermanas.

Adolfo.- Sin celos.

Juana.- ¿Por qué habríamos de tener celos?

Adolfo.- A la gente le gusta chismorrear.

Andrea acerca a Adolfo a unos pedales estáticos junto a Tomás que sigue subiendo y bajando escalones.

Andrea.- ¿Le gusta la bicicleta?

Adolfo.- Indurain, Indurain, Indurain.

Andrea.- Yo pensaba que serías más de Ocaña o Bahamontes.

Adolfo.- Federico Martín Bahamontes, apodado el águila, conquistó el tour en el 59. Francisco Franco Bahamonde, apodado el caudillo, gobernó España durante 40 años, cómo pescaba el tío.

Juana.- Mira, éste es Tomás.

Adolfo.- Hola, Torcuato.

Juana.- Es muy sonriente, pero nunca se entera de nada.

Tomás.- Presente el presidente.

Andrea.- Esta pulsera que te pongo es para medirte el corazón.

Adolfo.- Mi corazón está muerto, deberías ponérmela en el pito.

Andrea.- Adolfo, no digas cosas soeces.

Adolfo.- Perdona, Carmen, lo intento, pero no lo consigo.

Andrea.- Me llamo Andrea. Bueno, pues a pedalear.

Adolfo se pone a pedalear. Cambio de ambiente. Los presentes cambian de personalidad.

Adolfo.- Vamos, vamos, vamos, Amparo, ¿está todo listo?

Amparo (Juana).- Que sí, Adolfo, ¿cuándo te he fallado?

Adolfo.- ¿Has quitado la foto de Franco?

Amparo.- ¡Sólo hace cuatro meses que ha muerto! ¿Estas seguro?

Adolfo.- Sí. Sólo la del rey. (Suena un timbre de bicicleta) Ahí está. ¡Torcuato, pasa!

Torcuato (Regidor).- Amparo, qué casa más encantadora. Qué buena pinta tienes, Adolfo, siempre en forma.

Adolfo.- Me gusta hacer deporte y dar el máximo. ¿Conoces a Carmen?

Torcuato.- Doña Carmen Díez de Rivera, una de las mujeres más guapas y listas que hay en Madrid.

Carmen (Andrea).- Eso tienes más mérito viniendo de usted, Don Torcuato.

Torcuato.- Vengo nervioso, el rey está desesperado.

Adolfo.- ¿Por el presidente Arias?

Torcuato.- (Afirmando) ¿Tú cómo lo ves?

Adolfo.- La situación empieza a hacerse insostenible. El otro día Arias me dijo: “¿Para qué voy a hablar con el rey? Sólo dice tonterías, es como un niño.”

Torcuato.- Bueno, eso es que Arias confía en ti.

Adolfo.- Eso es que ni me considera. No sé si fue bueno aceptar en estos momentos ser ministro del Movimiento.

Torcuato.- Seguro que sí. El rey ha vuelto de Estados Unidos decidido a pedirle la dimisión.

Adolfo.- ¿Y en quién piensa el rey para sucederle?

Torcuato.- Fraga, Areilza, López Bravo, Silva… y algunos más…

Adolfo.- He oído a varios ministros, y yo también lo creo, que tú serías el candidato ideal.

Torcuato.- Soy el presidente de las Cortes y hago falta ahí.

Adolfo.- Donde hace falta tu talento es en el puesto de mayor poder: eres el candidato ideal.

Torcuato.- (Pausa) ¿Y por qué no tú? (Pausa)

Amparo.- ¿Bueno, es que vamos a estar toda la noche hablando de política!?

Carmen.- ¡Es verdad! Ya habrá tiempo. Ahora vamos a la cena, y corriendo que se enfría.

Torcuato.- Las mujeres saben que nunca hay que confundir lo urgente con lo importante.

Adolfo.- Pasad al comedor (Aparte a Torcuato) Mañana te llamo y le damos unas vueltas, unas vueltas… (Adolfo se sube de nuevo a la bicicleta)

Y pedalea con fuerza.. Cambio de ambiente.

Adolfo.- Unas vueltas, unas vueltas….

Andrea.- Pare ya, pare ya. Adolfo. Deje de pedalear.

Adolfo.- Lo siento. Lo intento, pero a veces no lo consigo. El tiempo pasa tan deprisa…

Andrea.- Como se descuide le va a dar un infarto.

Adolfo.- Las tres ces.

Andrea.- ¿Qué?

Adolfo.- El corazón, el coche y el cáncer son los tres males de nuestro tiempo. Y ahora también la b, de la bicicleta.

Andrea está mirando los datos de la pulsera.

Andrea.- Pues usted tiene un corazón de hierro fundido.

Adolfo.- Gracias, Carmen.

Andrea.- Tiene bien la tensión, bien las pulsaciones.

Juana.- Vamos a ver el azúcar.

Juana pincha a Adolfo en un dedo.

Adolfo.- Mierda.

Juana.- Es sólo un pinchazo.

Adolfo.- Sangre.

Juana.- Deja que manche la tirilla. Y ahora te limpio. Aprieta el algodón.

Adolfo.- Me tiembla el pulso.

Juana.- 90. Perfecto. Estás hecho un chaval.

 

Juana se va con Tomás y también le hace pruebas.

Adolfo.- Dame un cigarro, Carmen, estoy nervioso.

Andrea.- Aquí no se puede fumar. Esto es un hospital.

Adolfo.- ¿Por qué no me llama?

Andrea.- ¿Quién?

Adolfo.- ¿Quién va a ser? Juan Carlos. Hoy es el día.

Andrea.- ¿Qué día?

Adolfo.- El de la elección del nuevo presidente del gobierno. El tiempo corre.

Cambio de ambiente. Tomás (Torcuato) imita el sonido de un teléfono mientras levanta una pesa. Marcos (Juan Carlos) coge la pesa y se la coloca entre la oreja y la boca. Adolfo hace lo mismo con la mano de Andrea.

Adolfo.- Dígame.

Juan Carlos (Marcos).- ¿Qué estás haciendo, Adolfo?

Adolfo.- Mirando unos papeles y arreglando el despacho, señor. ¿Quiere algo de mí?

Juan Carlos.- No… Sólo quería saber cómo estabas…

Adolfo.- Muy bien, señor.

Juan Carlos.- ¿Estás sólo?

Adolfo.- Estoy con Carmen.

Juan Carlos.- ¿Carmen Díez de Rivera?

Adolfo.- ¿Quién si no? Pero dice que no se llama Carmen.

Andrea.- Me llamo Andrea.

Adolfo.- Dice que se llama Andrea. También estoy con Amparo.

Juan Carlos cuelga.

Adolfo.- ¡Qué cabrón!

Andrea.- ¿Con quién hablabas?

Adolfo.- Con él, claro.

Andrea.- ¿Y qué te ha dicho?

Adolfo.- Nada. Sólo quería saber cómo estaba y con quién. Me tiene celos.

Tomás vuelve a imitar el sonido del teléfono. Juan Carlos se coloca la pesa en la oreja después de dejar que suene. Adolfo vuelve a coger la mano de Andrea y se la lleva a la mejilla.

Adolfo.- Dígame.

Juan Carlos.- ¿Puedes venir a verme?

Adolfo.- ¡Claro que sí!

Juan Carlos.- Te espero en la Zarzuela.

Juan Carlos cuelga y sale de escena.

Adolfo.- Tengo que irme.

Andrea.- Eso es imposible. Hay que acabar los ejercicios.

Entra el doctor Felipe, hablando con acento ligeramente andaluz.

Felipe.- ¿Cómo estamos, Adolfo?

Adolfo.- Tengo que irme.

Andrea.- Está un poco inquieto, doctor.

Felipe.- ¿Y a dónde se quiere usted ir?

Adolfo.- A Zarzuela.

Felipe.- ¿Y si le digo que ya está usted allí?

Tomás ríe. Adolfo camina inquieto, se queda mirando a Tomás. Éste le sonríe. Cambio de ambiente.

Adolfo.- ¿Por qué que te ríes, Torcuato?

Torcuato.- Porque estoy en condiciones de entregar al rey lo que me ha pedido.

Adolfo.- ¿Y qué es?

Torcuato.- Una terna, con la flor y nata del régimen, y en la que figures tú.

Adolfo descubre a Juan Carlos y se cuadra. Cambio de ambiente.

Juan Carlos.- Te quiero pedir un favor. (Silencio) Tienes toda la vida por delante y un gran futuro. (Silencio) España necesita ahora empuje, pero con peso. (Silencio) Por eso te pido que seas presidente del Gobierno

Adolfo.- ¡Joder! Sí que has tardado. ¡Si no me lo pides, me mato!

Juan Carlos.- Adolfo, presidente, ven aquí.

Ambos se abrazan. Marcos acaba sujetándolo. Mientras Adolfo siente como un vahído. Cambio de ambiente.

Marcos.- Tranquilo. Tranquilo, Adolfo. Tranquilo. Ya, ya.

Adolfo.- No sé qué me pasa. No me sujeto.

Felipe, Juana y Andrea van a ayudar.

Andrea.- Pero si hace un momento estaba tan bien.

Felipe.- Sentémoslo en la silla. Estos enfermos se desorientan con mucha facilidad. En un momento parece que todo está perfectamente, y de repente, entran en crisis.

Lo sientan en la silla.

Felipe.- Adolfo, ¿está usted bien?

Adolfo.- Como un chaval. Siempre lo han dicho: soy muy frugal comiendo y eso te mantiene eternamente joven.

Felipe.- Muy bien, pues ahora vamos a llevarle a su cuarto para que descanse un ratito.

Adolfo.- Eso está bien. El tiempo pasa muy deprisa… ¿y podré ver la televisión?

Felipe.- Si usted quiere sí.

Tomás (Torcuato) se ríe. Felipe se dirige a Juana.

¿Y este de qué se ríe?

Juana.- Tomás es así, ya sabe, siempre se está riendo.

Tomás.- Adolfo ya es presidente.

Sale el resto del personal dejando solos a Adolfo y a Felipe (presentador). Cambio de ambiente.

  1. DEBATE, 2ª PARTE

Presentador.- Continuamos nuestro debate de esta noche sobre la Transición con un tema que trajo cola: la legalización del PC. Se dice que era necesaria para que al rey no se le cayera la cara de vergüenza en Europa. ¿Cuáles fueron las claves de esta legalización?

Adolfo.- Al rey no se le hubiera caído la cara de vergüenza. Incluso Felipe o Tierno hubieran aceptado una legalización posterior, y el rey por supuesto, preocupado con los militares. No, en el fondo fue una cuestión de arrojo personal.

Presentador.- ¿De quién? ¿Del pueblo español?

Adolfo.- (Sonriendo) ¡No, no! Carrillo, no quería perder el tren de las primeras elecciones, y yo, es decir, el presidente nombrado por el rey… debía demostrar que podía volar solo.

Presentador.- ¿Inés?

Inés.- Al margen de personalismos, la clave está en entender por qué Carrillo aceptó olvidar la revolución y admitir bandera, monarquía y unidad de España.

Presentador.- ¿Y por qué lo hizo? ¿Era un precio excesivo?

Inés.- ¡Era una ganga! Rusia iba a la deriva. La revolución ya era un cuento en Europa. Y Carrillo no tenía apoyo social: el 90% había votado ya a favor de la reforma monárquica, en contra de la ruptura… se adaptó, como el resto de la oposición.

Adolfo.- Todos entendieron, como yo, que el rey era clave para contener un ejército que no era como el actual. Y eso que él no contaba con apoyos dentro del régimen.

Inés.- Bueno, eso es relativo. Franco siempre fue monárquico.

Adolfo.- Pero el búnker, a la muerte de Franco, no se fiaba del rey…

Inés.- Pero no se opuso a su coronación.

Adolfo.- Arias Navarro ninguneó al Rey, que sólo le servía para firmar.

Inés.- Firmar es importante, y tenía más poderes que ahora.

Adolfo.- A los que renunció constitucionalmente motu proprio.

Inés.- Algo necesario para compararse con las otras monarquías europeas.

Presentador.- Creo que este debate no nos lleva a ninguna parte…

Inés.- Por supuesto, no tengo intención de cuestionar la monarquía.

Adolfo.- Y haces bien. Aunque yo no… (vacila) El rey es como es, y hay que apoyarle.

Inés.- Sin embargo… Acepto que Don Juan Carlos se ganó el puesto, por así decirlo. Pero sus sucesores lo tienen difícil ya que no se ven grandes posibilidades de lucimiento y sí muchas de desgaste. Las monarquías actuales, modernas, caerán desde dentro.

Presentador.- ¿A qué te refieres exactamente?

Inés.- A que si el heredero está muy bien preparado, como dicen, y tiene capacidad… se aburrirá sin un poder real, soportando a los medios y una agenda cargadísima.

Presentador.- ¿Y si no?

Inés.- Nos aburriremos nosotros.

Presentador.- Tienes una manera muy especial de no cuestionar la monarquía.

Adolfo.- El proceso que nos llevó a Europa lo lideró el rey, guiado por Torcuato y luego con mi ayuda, la del presidente… Después vino el 23F, pero ese es otro tema en el que no voy a entrar por ahora…

Presentador.- Cualquier periodista se moriría por poder preguntarle a usted, con total sinceridad.

Adolfo.- La sinceridad total no está al alcance de ningún presidente, creo yo… cuanto menos de mí…

Presentador.- Ya…

Adolfo.- (A Inés, retomando) …Y desde entonces al rey no se le ha escapado ningún gazapo.

Inés.- Proboscidios, sólo.

Adolfo.- (Negando) ¡Imagínate escoger a un Jefe de Estado en este país, donde no nos ponemos de acuerdo ni para nombrar a un juez!

Inés.- ¿Y por eso la monarquía debe ser intocable?

Adolfo.- ¡No! Pero el rey simboliza al estado de una forma independiente.

Inés.- ¿Y qué pinta un símbolo del estado tan perfecto en un mundo en donde los estados cada vez pintan menos? (Adolfo hace un gesto de “venga ya…”)

Presentador.- Bueno, cambiemos de tema. Proyecto de estado. Autonomías, gobierno central…

Inés.- Durante la Transición ciertos sectores plantearon tres serios problemas a su (por la de Suarez) Constitución, es decir, a su proyecto de estado: pérdida de influencia de la Iglesia en la Educación, derecho al aborto y estado de las Autonomías. Y ahora que estamos en crisis, esos mismos sectores vuelven a ponerlos en cuestión.

Presentador.- ¿Y?

Inés.- Que no hace mucho decían: “si la gente paga los pisos es que hay dinero, ¡más suelo para los ayuntamientos, España va bien!”. Y unos años después resulta que todo era mentira: ni realmente teníamos dinero y todo era exceso local, pero nadie se dió cuenta, al parecer…

Presentador.- Perdóneme, Inés, pero no sé que tiene que ver su respuesta con el tema propuesto…

Inés.- Que los políticos son unos improvisadores natos, como usted (por Suárez). Y sus proyectos -tan modélicos y consensuados- resulta que, salvo excepciones, no son tales.

Adolfo.- Mi improvisación, y la de muchos, ha cambiado este país. Aunque es posible que fuera la excepción, como usted dice, viendo que lo vino después…

Inés.- Pero no lo cambió lo bastante.

Adolfo.- ¿A qué te refieres, Inés? ¿República? ¿Independencias? ¿Federalismo?

Inés.- No solo, aunque esos son buenos ejemplos de temas mal cerrados. ¿Y por qué a los partidos les asusta tanto hablar de ellos?

Adolfo.- Porque saben que la mayoría de la gente no está por la labor.

Inés.- Eso dice usted. Pero yo creo que son los partidos los que han perdido el norte.

Adolfo.- ¡No! La gente no quiere aventuras. Si tú, Inés, quieres hacer más, ahora, ¡hazlo! Pero no nos aburras. Los de tu edad han llegado tarde a la guerra, a la dictadura y a la transición: ¡es triste, pero qué le vamos a hacer!

Inés.- ¿Cree que soy una nostálgica de los tiempos heroicos?

Adolfo.- No sé, pero no entiendo que critiquéis a los que os hemos allanado el camino hasta aquí, en vez de hacer más.

Inés.- Igual en el llano es más difícil coger impulso.

Adolfo.- (Pausa) No hay quien te entienda, Inés… en general la gente hoy, para mi, es un enigma, un acertijo, un jeroglífico, un…puzzle…

Cambio de escena.

 

 

 

  1. REVISIÓN MENTAL. 7 DIAS DE ENERO.

Adolfo se entretiene haciendo puzzles. Mientras, charlan algo alejados de él los doctores Felipe y Gutiérrez.

Gutiérrez.- ¿Cómo lo ves? (Por Adolfo)

Felipe.- Creo que es un caso claro de Alzheimer.

Gutiérrez.- No estoy tan seguro. Hay elementos en su comportamiento que no pueden entenderse sólo desde lo fisiológico. Esos estados inquietos y alterados. Esos delirios con el personal de la clínica donde no se sabe si recuerda o inventa.

Felipe.- Ganas de complicarnos la existencia.

Gutiérrez.- Como si la amnesia emocional se hubiera aliado con alguna trombosis. Como si lo emocional caminara al lado de lo fisiológico ¿Has visto la facilidad con que resuelve los rompecabezas?

Felipe.- Sí, no cabe duda de que mantiene rasgos activos de una personalidad desbordante.

Gutiérrez.- El caso me desconcierta.

Felipe.- Siempre a vueltas con los sucesos de la Transición. No sé qué pretende, qué quiere. ¿Darnos una lección de historia?

Gutiérrez.- Tal vez. A lo mejor está tratando de explicárnoslo, para explicarse.

Felipe.- Haría mejoren vivir en el presente, como todos. Bastante tenemos con lo que tenemos como para hurgar en el pasado.

Gutiérrez.- Ni el pasado ha muerto ni está el presente escrito.

Felipe.- Muy bonito.

Gutiérrez.- Machado. No sé, tal vez podríamos inducirle una hipnosis o usar el pentotal sódico.

Felipe.- ¿El suero de la verdad…? Tú estás loco, poeta. Mira, dejémonos de experimentos. Y gastos los justos que no está el horno para bollos.

Entra Andrea.

Andrea.- Hola, venía a dejar estos papeles.

Gutiérrez.- Estábamos con Adolfo. ¿Qué tal lo has visto físicamente?

Andrea.- Todo correcto. Mejor coordinación motora de lo esperado si fuera Alzheimer.

Gutiérrez.- Quizás no lo sea, o no sólo. En fin, sigamos con la ronda, Felipe.

Andrea.- Hola, Adolfo, ¿qué tal? ¿Te gusta hacer puzzles?

Los doctores salen. Adolfo se levanta súbitamente. Cambio de ambiente.

Adolfo.- Rompecabezas, Carmen, un maldito rompecabezas.

Carmen.- ¿De qué hablas, Adolfo?

Adolfo.- De esto. (Le enseña unos folios mecanografiados) La Ley para la Reforma Política.

Carmen.- ¿Quién la ha escrito?

Adolfo.- …no tiene padre.

Carmen.- Entonces será de Torcuato. ¿Puedo verla?

Adolfo.- Hay que convencer a 400 procuradores franquistas en Cortes para que se hagan el harakiri, mientras calmamos a la oposición; convocar un referéndum al margen de la oposición, sin que la oposición se oponga; legalizar a la oposición, sin ceder a las pretensiones de la oposición; preparar -sin la oposición- unas elecciones generales con la oposición… ¡y todo sin crispar al ejército y en menos de un año!

Carmen.- ¿Y tú te opones?

Adolfo.- Es una locura. Vamos a hacer la mayor maniobra política que haya visto nunca este país, Carmen. Vamos a dejar a las generaciones futuras boquiabiertas.

Carmen.- Pues igual es imposible, Adolfo. A lo mejor es mejor la ruptura que la reforma.

Adolfo.- Léetela, y hablamos. Necesito hablar con la oposición, empezando por ese… Felipe. El socialista…

Carmen.- Felipe González.

Adolfo.- Quiero que me conciertes una cita con él.

Carmen.- ¿Y qué pasa con los comunistas?

Adolfo.- No lo sé. Al rey le asustan. Torcuato dice que habría que legalizarlos, pero después.

Carmen.- ¿Y tú, qué opinas tú, presidente?

Adolfo.- Yo he prometido a los militares que no los legalizaría.

Carmen.- ¿Quieres que te concierte una cita con Santiago Carrillo?

Adolfo.- ¿Pero está aquí?

Carmen.- Se pasea por Madrid con una peluca rubia.

Adolfo.- Joder, no me digas que es…

Carmen.- No, hombre, no. Para ocultar su identidad. ¿Concierto la cita?.

Adolfo.- Todavía no. Pero tengo que enviarle un mensaje. Y necesito hablar también con Areilza, Fraga, Tierno Galván, los catalanes, los vascos. Ah, y con Tarancón, menudo cardenal.

Carmen.- Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho.

Adolfo.- ¿Quién nos iba a decir que la misma iglesia católica, apostólica y romana que amparó la cruzada del 36 ahora iba a estar empujando la reforma y la reconciliación?

Carmen.- Cosas veredes…

Andrea.- ¿Estás bien? Te noto cansado.

Adolfo.- A veces… no recuerdo… todo lo que tengo que hacer.

 

Entra Santiago, un paciente. Adolfo lo ve, aparta la vista y se sienta. Cambio de ambiente.

Andrea.- ¿Y usted qué hace aquí?

Santiago.- No lo sé. Me andaban buscando. Creo que me he perdido.

Andrea.- Otra vez. Quédese aquí. Voy a buscar a los doctores

Adolfo.- No te vayas.

Andrea.- Tengo que irme. Le dejo con Santiago. Es un buen hombre. No se muevan de aquí

Santiago.- Andrea.

 

Andrea sale. Santiago se acerca tímidamente a Adolfo. Cambio de ambiente.

Adolfo.- Tranquilo, Carrillo, que no le voy a morder. Ni usted es el diablo cojuelo ni yo Santiago Matamoros.

Santiago.- Supongo. Aunque nunca se sabe.

Adolfo.- Usted y yo, don Santiago, estamos obligados a entendernos.

Santiago.- Es posible.

Adolfo.- Quiero que quede bien claro una cosa: de entreguismo a la subversión nada. Sin embargo, de abrir el juego político para normalizar la vida ciudadana todo. Sé del esfuerzo que está haciendo, Don Santiago, por llevar al Partido Comunista a la senda institucional. La actitud serena que hubo en el funeral por los abogados de Atocha ha sido impresionante. Todo el país pudo verlo.

Santiago.- Sabemos como hay que estar en los momentos difíciles.

Adolfo.- Y yo se lo agradezco personalmente, Santiago. Puedo prometerle que ese esfuerzo no pasará en vano.

Santiago.- ¿Y qué tenemos que hacer los comunistas para ser legalizados?

Adolfo.- El ruido de sables es constante. El Rey piensa que hay que dejarlo para más adelante. Torcuato quiere hacerlo él, a su manera, pero el Presidente soy yo. Si usted aceptara los términos de la Reforma…

Santiago.- En este país no habrá un auténtico cambio sin la aceptación en el juego del Partido Comunista. La libertad solamente es concebible si existen unas condiciones justas de vida para todos.

Adolfo.- Me gusta esa frase. ¿Sabe, Don Santiago, que mi abuelo y mi padre eran republicanos? Estuvieron a punto de ser fusilados. (Pausa) Creo que un político que no trata de transformar utopías en realidades no es un político, es un traficante de ideas.

Santiago.- Eso queda muy bien decirlo, pero hay que demostrarlo. ¿Qué tendría que hacer el PCE para ser legalizado?

Adolfo.- Aceptación en los estatutos de la democracia y renuncia expresa de la sociedad comunista como objetivo.

Santiago.- Esa es mucha renuncia.

Adolfo.- Yo no dije que fuera fácil. ¿O lo es para mí?

Santiago.- Me van a crucificar.

Adolfo.- Usted crucificado y yo fusilado. Buen fin del franquismo. Pero usted sabe que detrás del Viernes de Pasión viene el Sábado de Gloria.

Santiago.- Y luego el Domingo de Ramos: ¿qué me va a regalar a cambio?

Adolfo.- Es el de Resurrección, pero no se lo tengo en cuenta: ¿qué desea?

Santiago.- Que el gobierno confíe en nosotros. Que vea que somos gente normal y disciplinada.

Adolfo.- Le doy mi palabra de que haré cuanto esté en mi mano. Ah, y otros dos detalles, don Santiago, renuncian a la bandera republicana y aceptan al rey.

Entran los doctores Felipe y Gutiérrez con Andrea. Adolfo se lleva las manos a la cabeza.

Andrea.- ¿Qué le pasa, Adolfo?

Adolfo.- Nada, nada, una migraña. Siempre he tenido unos dolores de cabeza espantosos.

Gutiérrez.- Venga aquí, siéntese.

Adolfo.- Hombre, general Gutiérrez Mellado, usted y yo estamos obligados a entendernos.

Santiago.- A mí también me dijo la misma frase.

Felipe.- Si nos tuviéramos que fiar de todo lo que dice.

Adolfo.- Santiago, no se fíe de él. Preferiría sacarles ventaja dejando que les legalicemos más tarde.

González.- Usted si que es ventajista. Por consiguiente, nos cuenta batallitas pero con las cartas marcadas.

Gutiérrez.- Doctor, por favor…

Felipe.- Tiene razón.

Felipe saca una pastilla del bolsillo y se la ofrece a Adolfo.

Felipe.- Tenga. Tómese esto.

Adolfo tira disimuladamente la pastilla. Entra Marcos.

Marcos.- ¿Cómo se encuentra, Adolfo?

Adolfo.- Muy bien, majestad. Ha sido una jaqueca. Nada de importancia.

Marcos.- Muy bien. Ahora mismo le llevamos a su cuarto y descansa.

Adolfo.- ¿Sabe, majestad, que acabo de legalizar al Partido Comunista?

Marcos.- Yo no soy el rey, Adolfo, aunque hay quien dice que me parezco.

Adolfo.- Pues yo sí soy el Presidente y exijo respeto a mis decisiones.

Gutiérrez.- No lo contraríen.

Marcos.- No, si yo…

Adolfo.- ¿Crees que estoy loco?

Gutiérrez.- Sígale, sígale la corriente un poco.

Marcos.- Es que… (imitando por un momento al rey en la forma de hablar) “hay mucha gente que… se va a enfadar”.

Adolfo.- Le he pedido a Carrillo que acepte la bandera, la monarquía y la unidad de España.

Marcos.- Caramba, ¿y qué ha dicho don Santiago?

 

Todos miran a Santiago.

 

Santiago.- ¡A ver, qué voy a decir! Que sí. Ahora, cuando nos legalicen, va a haber fiesta, aun me acuerdo yo de aquello

Adolfo.- Santiago es un buen hombre…

Santiago. ¿A usted le gusta la fiesta, Don Adolfo?

Adolfo.- Sí, pero lo que más me gusta es cantar…

Santiago.- ¿Quiere usted cantar conmigo? (Adolfo asiente)

Ambos tararean “libre, como el sol cuando amanece yo soy libre, como el mar…”, de Nino Bravo. Gutiérrez y Felipe se miran unos segundos en silencio. Y hablan aparte.

Felipe.- Con que pentotal…

Gutiérrez.- Era sólo una idea. Primero tenemos que afinar el diagnóstico…

Cambio de escena.

 

 

  1. RONDA CANCIONES

El regidor y el productor entran. El regidor hace un gesto a cabina.

Regidor.- Por favor, vamos con la selección musical.

Sonidista.- Perdón, nos han hecho una petición especial…

Regidor.- Adelante…

 

El regidor hace un gesto. Se escucha la introducción instrumental de la canción. Adolfo y Santiago, en bata. Cantan.

 

Adolfo y

Santiago.- Vamos a tocar un rock n’roll a la plaza del pueblo,

Vamos a tocar un rock n’roll y nadie nos va a parar,

Aparece el resto del equipo del plató

La gente se aproxima por la calle Principal…

Sonidista.- Este Adolfo no deja de sorprenderme.

Adolfo.- (A Inés) ¡Vamos, señoritas!

Inés

y productora.- Un poco más de rollo no vendría mal

un poco mas de rollo, nene, no vendría mal

Si no estoy colocada, no puedo cantar…

Todos.- El rock está en mi cuerpo, y a mi me hace vibrar

saltar y desmadrarme, me puedo liberar

Si el rock está en tu cuerpo, salgamos a bailar… (sigue instrumental)

Adolfo.- ¡Uau! ¡En el fondo, ¿sabéis?, siempre he deseado ser de izquierdas!

Regidor.- Don Adolfo, que eso ya está pasado.

Adolfo.- Los que estáis pasados sois vosotros.

Cámara.- En eso tiene toda la razón… la droga apareció en mi pueblo de repente, antes no la había.

 

Inés intenta sacar a bailar a Adolfo.

Adolfo.- Agarrado yo sólo bailo con Amparo.

Inés.- Hoy yo puedo hacer de Amparo perfectamente, ¿no te parece?

Adolfo.- Pero no con esta canción.

Presentador.- (Al regidor) Corta ya esto, anda.

El regidor hace un gesto. Se escucha “Suspiros de España” (vs. original) Bailan.

 

Adolfo.-            La echo tanto de menos. (Inés lo abraza)

Productora

y Presentador.-(Cantan) ¡Ay de mí pena mortal

por qué me aleja España de tí?

¿Por qué la arrancas de mi rosal?

Quiero yo volver a ser

la luz de aquel rayito de sol

hecho mujer por voluntad de dios.

(sigue música)

Productora.- ¡Esto sí que era una canción! Llena de espíritu y de ilusión…

Cámara.- Madre mía, cómo está el patio

Sonidista.- Ahora me toca a mí.(Hace un gesto y cambia la música. Suena “Mediterráneo”) …al menos esto. (Canta)

Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa

y escondido tras las cañas duerme mi primer amor,

llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya…

Regidor.- Al menos algo político (Con un gesto vuelve a cambiar la música: L’Estaca. Canta) Si estirem tots, ella caurà i molt de temps no pot durar.

Segur que tomba, tomba, tomba, ben corcada deu ser ja…

Cámara.- ¡Qué rancios! La transición era salir fuera, por fin…

(Gesto y entra “Rasputin”, de Boney M. Canta, con el productor, ayudado por las chicas. La pantalla muestra la traducción).

Cámara y Productor.- There lived a certain man, in russia long ago,

Chicas.- He was big and strong, with his eyes of flaming gold.

Todos.- Ra, ra, rasputin, lover of the russian queen, there was a cat that really was gone.

Ra, ra, rasputin, russia’s greatest love machine, it was a shame how he carried on.

Productor.- (Con el fondo de la música, parodia el monólogo de la canción) Pero cuando su encanto, su gracia y su uso del poder se hicieron excesivos, infinitas voces se alzaron para pedir la cabeza de este increíble mago…

Adolfo.-           ¡Eh, eh, eh! ¿Estás hablando de mí? (Todos le miran) Estáis hablando de mí. ¿Qué os he hecho yo? Somos un equipo… ¿o no? (Adolfo vacila) ¿Estáis conmigo, o no?

¿Por qué todo el mundo me abandona?

Inés.-           Tranquilo, Adolfo. Está todo bien… (Adolfo se aparta a un lado, con Inés)

Productora.-           Será mejor cambiar de tercio. (Hace un gesto y entra “Soy Rebelde”, de Jeannette. Canta)

                        Yo, soy rebelde porque el mundo me ha hecho así…

(Entra el Presentador. Se detiene la música)

Presentador.-           (Sonriendo) ¡Hombre! ¿Hay fiesta..?

Regidor.-           Estábamos viendo la seleción musical…

Presentador.-            Ah, muy bien… a propósito de eso, (al regidor) ¿Tienes la grabación que te pedí?

(El regidor hace un gesto y entra el himno de España.)

Presentador.-           Es la versión sinfónica. Muy bien…

(Todos escuchan el himno nacional. Al final del mismo Adolfo parece desfallecer)

 

Regidor.-           (A Ines, junto a Adolfo). ¿Cómo está?

Inés.-           Entrando ya en el delirio…

Adolfo.-           (Canturrea) Sólo le pido a dios, que la vida no me sea indiferente…

Inés.-           Creo que está muy cansado, al límite…

(Entre varios sacan a Adolfo de escena)

Presentador.- Bueno, cinco minutos de descanso y continuamos.

Sonidista.-           ¡Cinco minutos…! (Sale el Presentador con el movil en la mano) A mi el himno siempre me recuerda a la mili…

Productora.- ¿No irás a empezar con tus batallitas?

Sonidista.- Es que entonces el sorteo se retransmitía por televisión, y mi padre a las 8 de la mañana ya estaba enchufado. Yo había decidido ser objetor, pero aún no se lo había dicho, claro, cualquiera… A las ocho en punto le oigo gritando “El Ferrol, te ha tocado El Ferrol!” ¡Joder, El Ferrol del Caudillo…!

Regidor.- La mili, un tema que no se va a tocar en el programa.

Productor.- Tienes razón.

Cámara.- Yo siempre le he tenido miedo a la cartilla militar, a la policía y a la cárcel.

Productor.- (Aparte al cámara) Apúntalo, pero en el fondo no creo que se emita…

Productora.- (Interesándose) Algo de eso me ha llegado…

Productor.- (El presentador entra. Aparte, disimulando) Arriba el previo no ha gustado.

Productora.- (En voz alta, disimulando) Yo ya dije que faltaba hablar de la mujer.

Inés.- En eso tienes toda la razón.

Presentador.- Y de Fraga. Y de los siete magníficos. Y de los pactos de la Moncloa… igual aún hay que darle unas vueltas…

Cámara.- Y la violencia. Entonces había mucha.

Regidor.- Es verdad. Venían los maderos, ¡toma! Venían los macarras, ¡toma…!

Sonidista.- O los atentados… joder con ETA.

Cámara.- Esto también debería aparecer.

Productor.- (Aparte al cámara) Pues todo eso, lo metéis mañana, que yo ya no vengo.

Sonidista.- ¿Te lo han comunicado? (El Productor asiente)

Productora.- Pues yo creo que lo que nos ha fallado no es tanto hablar de esto o lo otro… Yo creo que ha faltado remarcar el ejemplo de consenso que supuso. Y contar como se debería aplicar a lo que sucede ahora mismo, ¿no?

Inés.- ¿Tú crees? Igual lo que tenemos es consecuencia de lo que se hizo, ¿no?

Presentador.- Se hizo lo que se pudo, y se hizo mucho…

Regidor.- Apenas hemos hablado de los muertos.

Cámara.- Eso. ¿Dónde están los muertos? Los de las cunetas…

Sonidista.- ¿Y los niños robados?

Presentador.- Bueno, ya vale. Hemos llegado hasta aquí, y no cabe más. Y el que quiera más… a trabajar. (Sale)

Productor.-           Pues a mí la canción que más me gustaba de la Transición se compuso mucho antes de la Transición, en 1959, y se llamaba Al Vent

Salen. Cambio de escena.

  1. Terapia ocupacional. El candidato

Sala de expresión artística del hospital. Tomás cubre un lienzo con grandes manchas blancas. Santiago hace una especie de macramé con cuerdas… Andrea sigue la evolución de las obras artísticas. Llega Juana trayendo a Adolfo.

Andrea.- Hombre, Juana, ¿a quién me traes?

Juana.- Al paciente más guapo y más famoso del hospital.

Adolfo deambula dándole la mano a todo el mundo, mientras habla.

 

Adolfo.- Creo modestamente que en esta nueva hora de España y al pedirles su voto no traigo mis papeles en blanco, ni soy una incógnita. Prometimos traerle la soberanía al pueblo español, y mañana la ejerce, prometimos normalizar nuestra vida política, gestionar la transición en paz, construir la democracia desde la legalidad, y creemos que, con las lógicas deficiencias, lo hemos conseguido. Esta España, que ya es políticamente de todos, debe comenzar a serlo también en lo social, en lo económico y en lo cultural.

Juana.- ¿Qué me dices, eh?

Andrea.- Impresionante. Ya se podían escuchar ahora discursos así. Adolfo, mire, Adolfo, éste es el cuarto más divertido de todo el hospital. Aquí nos dedicamos a expresarnos, a pintar. ¿Qué tal ese tapiz, Santiago?

Santiago.- Avanzando.

Andrea.- ¿Y ese blanco, Tomás?

Tomás.- Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel…

Andrea.- Bueno, Adolfo, aquí puede utilizar muchas cosas para expresar tu sentimiento.

Adolfo.- Yo no sé pintar. Como mucho jugar al mus. Y hacer política.

Tomás.- Adolfito, cara pito.

Adolfo se levanta como con un resorte. Cambio de ambiente. Tomás se transforma en Torcuato en la mente de Adolfo.

Adolfo.- (Muy enfadado) Soy el presidente y estoy harto, ¿me oyes, Torcuato?

Torcuato.- ¡Te oigo, pero te estás equivocando, Adolfo! ¡La monarquía no puede ser un florero y tú vas a romper España!

Adolfo.- ¡La monarquía es la que es!

Tomás.- Este rey tendría que haber roto con el pasado… Qué error. Qué inmenso error…Tampoco creo en las Autonomías, Adolfo, vas a romper España.

Adolfo.- Yo no voy a romper nada. ¿Entonces no me vas a apoyar con la Constitución?

Tomás.- No. No te voy a seguir apoyando. Yo me habré equivocado, pero tú eres un desleal.

Adolfo.- …Yo soy consecuente conmigo mismo…

Adolfo vacila. Andrea le sujeta. Cambio de ambiente. Tomás vuelve a ser él mismo.

Andrea.- ¿Adolfo, se encuentra bien? (Adolfo asiente)

Juana.-                        (A Andrea) Hoy está raro…

Adolfo.- Soy el presidente…

Tomás.- Presidente, culo caliente.

Adolfo.- He ganado un referéndum y unas elecciones. Tú (a Tomás) no esperabas que llegara tan lejos, pero mi reforma superará incluso las expectativas de los que reclamaban la ruptura.

Tomás.- Sólo dices tonterías.

Adolfo.- Pensabais que era la pieza útil para desmontar el régimen, pero no para liderar la España democrática. Soy el primer presidente electo desde la república.

Tomás.- ¿Electo o erecto?

Adolfo.- Y eso me da más legitimidad que a ti o al rey. Debemos caminar hacía una sociedad de la tolerancia, la armonía social y el respeto mutuo. Y el único miedo que debemos temer, como decía Roosevelt, es el miedo al miedo mismo.

Juana.- Ay, Dios mío, Adolfo, vuelve en ti.

Adolfo.- No seas misitas, Amparo, que te conozco. Debemos elevar a categoría de política normal lo que al nivel de la calle ya es normal. Hay que reconocer… el derecho al divorcio, por ejemplo, porque en la calle la gente se separa aunque no lo reconozcamos. Así hicieron mis padres. Y no podemos mirar al diácono de la Obra, para ver qué está pensando.

Juana.- No te alteres, por Dios.

Adolfo.- No me altero, digo las cosas. ¿Qué está usted haciendo, Torcuato?

Tomás.- Pinto el valor de tu pensamiento.

Adolfo.- Es una mierda. El arte moderno: una boñiga pinchada en un palo. No soy una persona cultivada y no me empeño en disimularlo.

Tomás.- Podría no ser ofensivo.

Adolfo.- Tiene razón. Ve, en eso tiene razón y yo se la doy. No me importa cambiar mi posición cuando el otro me señala que no estoy en lo cierto.

Andrea.- ¿Seguro que no quiere probar? ¿O es que no se atreve?

Adolfo.- Me atrevo a cuanto se atreva un hombre. Y no es hombre quien se atreva a más.

Entran en escena el doctor Gutiérrez. Adolfo no se da cuenta y Gutiérrez pide silencio a Juana y Andrea. Adolfo se dirige a Santiago que sigue fabricando su entramado artístico.

Adolfo.- ¿Qué está haciendo ahora, don Santiago?

Santiago.- Dibujo las conexiones secretas del universo.

Adolfo.- Ve, me gusta este trabajo. Me recuerda a la calceta, al punto de cruz… Siempre me ha parecido que la realidad del instante quedaba atrapada en la humildad de esas pequeñas cosas.

Santiago.- Es usted un cachondo.

Adolfo.- Tengo un don natural: una cercanía en el trato que desarma y seduce a mis interlocutores. Es mi arma política más importante. Haría bien en no fiarse de ella.

Adolfo se fija en la llegada del doctor Gutiérrez.

Pregúntele, pregúntele al general si tengo capacidad de seducción.

Gutiérrez.- ¿Qué tal se encuentra esta mañana?

Adolfo.- Estupendamente, Manolo. Hemos ganado, mi general. La UCD controla el Congreso. Ahora tenemos la legitimidad para cumplir con nuestros propósitos.

Gutiérrez.- No se fíe, a veces lo que hoy parece sólido se derrumba mañana como un casillo de naipes.

Adolfo.- Es usted un filósofo, mi general. Pero ¿lo dice por la UCD o por los cambios en la Unión Soviética?

Santiago.- ¿Qué pasa con la Unión Soviética?

Gutiérrez.- Lo digo por usted. Tenemos que hablar.

Adolfo.- En mí siempre encontrará un interlocutor abierto y honesto. ¿Le preocupan las autonomías? A Torcuato también.

Gutiérrez.- ¿Sabe dónde se encuentra?

Adolfo.- En el centro, pero mi agenda me lleva de aquí para allá por los pueblos de España. Y no me importaría hablar catalán o vasco, la solución está en crear el andaluz, el gallego, el bable… todos con los mismos derechos, y se acabó el hecho diferencial: café para todos. Torcuato dice que estoy loco, pero nunca estuve más cuerdo.

Gutiérrez.- ¿Sabe quién es usted?

Adolfo.- Soy el presidente ahora legítimamente elegido por el sufragio directo de los españoles y no acepto bromas al respecto.

Torcuato.- Respecto al presidente, respeto al presidente.

Adolfo.- No me den jabón, señores, no me den jabón. Yo lo he practicado casi toda mi vida, por eso mismo me siento inmunizado al respecto.

Torcuato.- Respecto al respeto, presidente.

Gutiérrez.- Estamos algo confusos con usted. Nos gustaría seguir profundizando para determinar bien qué le pasa, porqué se empeña en vivir un pasado que no le pertenece. ¿Me está usted entendiendo, Adolfo?

Adolfo.- Si quiere conocer al españolito de a pie no vaya a una sala de exposiciones, vaya a un bar y vea una partida de mus (saca una baraja). El mus es la cima del pensamiento medio en este país. Yo lo practico y así me va: nunca me falla una buena intuición. Un buen jugador de mus, se lo digo en serio, es lo que es este presidente. (Hace un gesto a los otros enfermos, que se aprestan a jugar una partida de cartas).

Torcuato.- Presente el respeto al presidente.

Adolfo.- (Repartiendo cartas) Voy a crear una pequeña comisión que redacte la carta magna, desde cero. Un comunista: …

Santiago.- ¿Qué pasa con los comunistas?

Adolfo.- Solé Tura.

Santiago.- Pobre, se le fue la cabeza.

Adolfo.- Eso nos pasa a todos. Un socialista: Peces Barba.

Santiago.- Un buen tipo, la palmó el otro día.

Adolfo.- Un nacionalista: Roca… La derecha para Don Manuel Fraga

Santiago.- Genio y figura hasta la sepultura.

Adolfo.- Y uno por cada una de las tres almas de la UCD: Cisneros, liberales; Pérez Llorca, socialdemócratas; Herrero de Miñón, democristianos…

Santiago.- ¡Uh! El opus.

Adolfo.- Café para todos, un rey simbólico, el poder a los partidos, y punto.

Santiago.- Mus.

Gutiérrez.- Mus.

Tomás .- Con la mano.

Adolfo.- No hay mus.

Tomás.- Ya. Lo tienes todo muy calculado.

Adolfo.- Por supuesto, don Torcuato. Tan calculado que soy capaz de dejarlo todo a la improvisación.

Tomás.- Y de las tres sensibilidades de UCD ¿a cuál se adscribe usted?

Adolfo.- A la suma de las tres. Toma. Ordago

Santiago.- Lo veo.

Gutiérrez.- Mus.

Adolfo.- Mus.

Tomás.- Tiene respuesta para todo, el jodido. (A Adolfo) Truhán y triste traidor…

Adolfo se abalanza al cuello de Tomás.

Adolfo.- Respeto, hemos quedado que respeto respecto al presidente.

Tomás.- Ayúdenme, por favor.

Santiago.- Pelea, el presidente pelea.

Juana.- ¿Qué hacemos? No se peguen por Dios…,

Adolfo.- No lo esperabas, ¿verdad?

Santiago.- Dale, Adolfo, dale.

Adolfo.- Está como un toro, el jodido viejo éste.

Gutiérrez ha sacado una hipodérmica desechable y la ha cargado con una cápsula.

Gutiérrez.- Juana, Andrea, sujetadle el brazo.

Juana.- Sí, doctor.

Adolfo.- Traidores, esta pelea está amañada. ¿Quién es ahora el truhán y quién el señor?

Juana sujeta el brazo junto con Andrea. Gutiérrez pone la inyección.

Siempre me fascinaron los expeditivos métodos soviéticos.

Santiago.- ¿Qué manía con hablar de los soviéticos? ¿Y el euro-comunismo?

Adolfo se duerme.

Gutiérrez.- Ahora está claro que no recuerda sino que está viviendo la vida del ex-presidente.

Torcuato.- Jodido presente el del presidente.

Andrea.- ¿Cómo puede vivir en unos recuerdos que no son suyos?

Gutiérrez.- Debe estar obsesionado por Suárez desde hace mucho tiempo.

Santiago.- A mí me pasa lo mismo pero con Marilyn Monroe. ¿Sabían que ya hace más de cincuenta años que se ha muerto esa mujer? Menos mal que nos queda Conchita Piquer.

Tomás.- Estamos todos locos.

Salen todos lentamente repitiendo frases anteriores de la propia función. Adolfo queda solo, en un escenario en penumbra cada vez más onírico y fantasmal. Se levanta en silencio, y mira a la luna. Cambio de escena.

  1. RONDA DE DELIRIOS

Los personajes del plató encarnan las más locas fantasías: Adolfo es Raimon; el Productor un Traductor; el Presentador un Guardia Civil; el Cámara un Hombre, el Presidente del Poder Judicial; Inés es Carmen Polo; el Regidor es El Cid; la Productora es Doña Elvira; el Sonidista es el Alcalde. El traductor al público.

 

Traductor.- Pues yo aún me acuerdo de cuando venía Raimon a cantar a Valencia, y teníamos que traducirle las letras a…

Aparece el presentador con un tocado de guardia civil y gafas de sol. Saca una libretita, saca un bolígrafo y se queda mirando al Traductor.

 

Traductor.- … la guardia civil, por si acaso. ¡Maestro…!

 

Raimon empieza a cantar la canción de “Al vent”.

 

Raimon.- (Cantando)…al vent…

Traductor.- (Traduciendo al presentador-guardia civil) Al viento.

El guardia civil escribe en una libretita.

Raimon.- …la cara al vent…

Traductor.- La cara al viento.

El guardia civil escribe rápidamente.

Raimon.- …el cor al vent…

Traductor.- El corazón al viento.

El guardia civil escribe furiosamente.

 

Raimon.- …les mans al vent…

Traductor.- Las manos al viento.

Guardia Civil.- No tan rápido, coño. (Sigue escribiendo)

Traductor.- El tiempo pasa…

Guardia Civil.- ¿Las manos al qué?

Traductor.- Al viento.

Guardia Civil.- ¿Otra vez?

Raimon.- …els ulls al vent…

Traductor.- Los ojos al viento.

Guardia Civil.- Coño con el vent…

Raimon.- …al vent del món…

Traductor.- Al viento que corre por el ancho mundo.

Guardia Civil.- ¡Joder con el catalá!

Traductor.- Valenciá.

Entra un hombre (el cámara) en traje de chaqueta. La canción sigue de fondo, y el Traductor no deja de traducirla.

Hombre.- (Al guardia civil) Perdone, ¿para Marbella?

Guardia Civil.- ¿Usted quién es?

Traductor.- (Siguiendo con la traducción) Y todos.

Hombre.- El presidente del poder judicial.

Traductor.- Todos llenos de noche.

Guardia Civil.- Identifíquese, por favor.

Traductor.- Buscando la luz.

Hombre.- ¿Usted sabe con quién está hablando?

Traductor.- Buscando la paz.

Guardia Civil.- Si lo supiera no se lo pediría.

Traductor.- Buscando a dios.

Hombre.- No tengo por qué identificarme.

Traductor.- Al viento del mundo.

Guardia Civil.- (Al hombre, sacando su pistola) ¿Ve usted esto?

Hombre.- Sí, lo veo.

Traductor.- La vida.

Guardia Civil.- Pues hable.

Traductor.- Nos da penas.

Hombre.- No tengo por qué darle explicaciones a usted.

Traductor.- Ya al nacer es un gran llanto.

Guardia Civil.- ¿Está seguro?

Hombre.- Por completo.

El guardia civil le apunta con la pistola.

 

Traductor.- La vida puede ser ese llanto.

Entra Inés (Carmen Polo de Franco), con collares.

 

Carmen Polo.- ¿Qué pasa aquí?

Guardia Civil.- (Apuntándole también) Identifíquese.

Traductor.- Pero nosotros al viento.

Carmen Polo.- Soy Carmen Polo, ¿qué sucede?

Traductor.- La cara al viento.

Guardia Civil.- Identifíquese, señora, por favor.

Traductor.- El corazón al viento.

Carmen Polo.- Baje usted esa pistola, hombre. (No la baja)

Traductor.- Las manos al viento.

Guardia Civil.- (Por el Hombre) Es que no se quiere identificar.

Traductor.- Los ojos al viento.

Carmen Polo.- (Al Hombre) ¿Quién es usted?

Hombre.- El presidente del poder judicial.

Traductor.- (Levantando la voz) Al viento del mundo.

Carmen Polo.- (Por el Productor) ¿Y este pobre?

Guardia Civil.- El traductor

Carmen Polo.- ¿De qué?

Guardia Civil.- De la canción.

Carmen Polo.- Ah…

Traductor.- (Elevando la voz) Y todos… Todos llenos de noche.

Carmen Polo.- Baje la voz, por favor.

Traductor.- (Bajito) Buscando la luz.

Carmen Polo.- (Al Productor) Así, muy bien…

Traductor.- Buscando la paz.

Carmen Polo.- (Al hombre, por el guardia civil) No tenga miedo, es un guardia civil.

Traductor.- Buscando a dios.

Hombre.- Pero la ley, señora, me ampara a mí.

Traductor.- Al viento del mundo

Carmen Polo.- (Relativizando) ¡Uy, la ley… la ley…!

Traductor.- Buscando a dios.

Carmen Polo.- …déjese de leyes, ¿no ve que tiene una pistola?

Traductor.- ¡Al viento del mundo! (Se acaba la canción)

Guardia Civil.- (Haciendo un disparo al aire) Y estoy dispuesto a usarla. A ver los papeles todo el mundo.

El Traductor saca su DNI.

 

Guardia Civil.- Usted no, hombre. A usted le conozco.

Entra Adolfo, de Raimon.

Raimon.- ¿Os habéis vuelto locos? ¿Estáis pegando tiros? ¿Sabéis la que se puede liar?

Hombre.- Ya será menos.

Carmen Polo.- ¿Usted quién es?

Raimon.- Soy Raimon, es un concierto-homenaje a los 50 años de Al Vent.

Carmen Polo.- Es que este señor no quiere enseñarle sus papeles al guardia civil.

Raimon.- ¿Y quién es este señor?

Hombre.- El presidente del poder judicial. Cuarta autoridad del estado.

Guardia Civil.- Muy bien, el DNI, y usted también, señora, identifíquese, aquí todos podemos ser Confucio, pero sin papeles no se puede estar aquí.

Carmen Polo.- (Al guardia civil) Yo papeles es que creo que ya no tengo.

Guardia Civil.- (Al Hombre) Pues enséñeme de una vez los suyos, hombre.

Hombre.- Que no tengo yo por qué enseñar nada, joder, la ley me ampara.

Traductor.- ¿Le ampara para qué?

Hombre.- Pararrayos, cállese.

Guardia Civil.- Me estoy empezando a cabrear.

Raimon.- Dales un par de hostias, hombre. Que tenemos que seguir. ¿Este también estuvo en el tribunal de Orden Público?

Entra el regidor como el Cid, con un casco antiguo en la cabeza y vestido con la camiseta de la selección española de fútbol y como capa la bandera nacional con el toro en el lugar del escudo..

Guardia Civil.- Lo que faltaba.

Traductor.- ¿Y usted quién es?

El Cid.- El Cid soy, Don Rodrigo Díaz de Vivar,

e a la mia filla busco, doña Elvira,

e la tengo de encontrar.

Guardia Civil.- (Abriendo los brazos) Pero aquí no puede usted estar…

El Cid.- ¿No son estas las fértiles tierras de Valencia?

Guardia Civil.- Sí…

El Cid.- Mías son, que non del rey.

Ved si puedo o non estar.

Hombre.- Don Rodrigo, no, hay una ley nueva, la Constitución, y ya no son suyas.

El Cid.- ¿Non ha ya rei?

Hombre.- Sí, pero es otro.

El Cid.- …aves de paso los reies,

unos serán de altos buelos,

e otros de buelos bajos

mas queda ssiempre en la tierra

el vassallo y su trabajo…

Raimon.- (Sacando la guitarra) ¿Me lo podría repetir?

El Cid.- ¿Por acaso sois de las risueñas huestes dels joglars?

Raimon.- No, no, els joglars ya no son lo que eran. Yo soy otra cosa.

Traductor.- Empresario de artes escénicas y músico de la SGAE.

Guardia Civil.- Me estoy hartando. (Al Cid-Regidor) ¿Usted papeles tampoco, verdad?

El Cid.- No os entiendo señor, ¿de qué taifa venís…?

Entra la productora, de doña Elvira, la hija del Cid, vestida de faralaes con una tela que suma todas las banderas autonómicas..

Dª Elvira.- ¡Padre, que sea la última vez que sales con el casco!

El Cid.- Fuerte cosa es que así una fija ose falar con su padre.

Dª Elvira.- Pues oso. Fermosa imagen estáis dando. Y a saber quiénes son estos.

Entra el Sonidista, con chaqueta y sombrero habanero a lo Jesús Gil (Alcalde).

Guardia Civil.- El que faltaba.

Raimon.- ¿Quién es?

Guardia Civil.- El alcalde.

Alcalde.- Teniente, aquel marjal, mañana me lo acota.

Guardia Civil.- ¿Y pues?

Alcalde.- Lo acabo de apalabrar para campo de golf, con uno que ha venido a ver al Raimon ese.

Traductor.- Pero está lleno de agua.

Alcalde.- Se deseca y punto, vaya con el problema, que todo sea eso.

Raimon.- Pero aquí falta agua…

Alcalde.- Joder, ¿en qué quedamos? (Mirando la pistola del guardia civil) ¿Qué hace usted con la pistola fuera?

Guardia Civil.- Se niegan a identificarse.

Alcalde.- (A Raimon) ¿Y usted qué hace ahí que no está cantando?

Raimon.- Ahora le toca a Benito Lertxundi.

Alcalde.- A saber, de Valladolid ese no es.

Hombre.- Perdone, ¿tendrá hotel el campo de golf?

Alcalde.- Cinco estrellas y el mejor spa de europa. ¿Usted quién es?

Hombre.- El presidente del poder judicial.

Alcalde.- Pues mi ayuntamiento tendría mucho gusto en recibirlo a cuerpo de rey.

Hombre.- ¡¿Piensa poner también safari de elefantes?!

Alcalde.- A ver, a ver, explíqueme eso…

Hombre.- Primero compras elefantes a los negritos -como ayuda al tercer mundo lo puedes subvencionar…

 

Se acerca al Cámara y siguen hablando.

Dª Elvira.- Vamos, padre, effectivamente non parescen gente de bien.

Traductor.- Eh, bonita, habla por ti.

Raimon.- Yo de la SGAE soy un simple socio, eh, en el resto soy normal…

Traductor.- (Al guardia civil) ¿Qué?

Guardia Civil.- ¿Qué de qué?

Traductor.- ¿No les das de hostias?

El Cid.- Espera hija, hablan de recibir la comunión.

Traductor.- No, abuelo, hablo de que es un corrupto.

El Cid.- ¿Incorrupto? ¿Cómo el brazo de Santa Teresa? ¿Quién?

Traductor.- No, un corrupto, un corrupto… ¿no sabe usted lo que es un corrupto?

El Cid.- Cuando lo cuerpo fallece, e la podredumbre todo lo invade.

Traductor.- No, no, en vida.

El Cid.- (Poniendo cara de asco) ¿Se le corrompen las carnes en vida? Eso es la lepra.

Traductor.- No, no… a ver… ¿cómo le llama usted a un hombre que valiéndose de astucias se apropia de lo que no es suyo?

El Cid.- (Tras reflexionar) ¿Astuto?

Traductor.- No, un hombre que por ocupar un alto cargo saca beneficio de los que están por debajo…

El Cid.- Ah, el noble.

Traductor.- ¡No! Un hombre que usa su buena posición para conseguir no sólo lo que en justicia le corresponde, si no para conseguir mucho más…

El Cid.- ¡Ah…! Ambicioso. Justa virtud dos líderes que perduran na memoria dos omens.

Traductor.- Me rindo.

Guardia Civil.- Y yo, al del poder judicial le metería entre rejas, pero es que al alcalde lo conozco… (El traductor asiente, comprensivo)

Hombre.- (Que sigue en su conversación con el alcalde). ¡Lo expropias, y punto!

Alcalde.- ¡Lo expropio, lo expropio, vale…!

Traductor.- (A Raimon) Durante un momento casi creí que un guardia civil podría librarnos de esos dos.

Raimon.- La transición no dio para tanto.

Traductor.- (Al guardia civil) ¿Y qué hacemos?

Alcalde.- (Como si condujera un caballo.) Vamos, Imperioso.

El guardia civil mira en torno. El Hombre y el Alcalde se han sentado y charlan animadamente. Doña Carmen da de comulgar al Cid y a Doña Elvira. Luego rezan.

Guardia Civil.- Pues no se…

Raimon.- Yo ya no puedo hacer más.

Alcalde.- ¿Y dónde meto yo los elefantes?

Hombre.- En los hangares del aeropuerto vacío.

Se escucha la canción Zure Tristura, de Imanol. El presentador-guardia civil guarda la pistola y saca la libretita y el bolígrafo.

 

Guardia Civil.- Esta canción siempre me ha gustado, yo tuve una novia donostiarra, ¿sabéis qué dice?

El Traductor asiente. Raimon (Adolfo) saca un cigarrillo, lo enciende y se sienta mirando a la luna. Mientras la canción transcurre la luz va bajando lentamente.

 

Canción.- Zure tristura nabari dut.

Traductor.- Tu tristeza me llega…

El guardia civil anota.

 

Canción.- Keinu partikular gisan.

Traductor.- Como un gesto particular.

El guardia civil anota…

 

Canción.- Dintasunez hain tristea.

Traductor.- Con dignidad.

Canción.- Nola nahi zenuken izan.

Traductor.- Tal y como deseaste.

Canción.- Dintasunez hain tristea.

Traductor.- Con digna tristeza.

Canción.- Kaletan zoazean.

Traductor.- Andas por las calles.

Canción.- Ezpainak krabelin xuri.

Traductor.- Labios, como blancos claveles.

Canción.- Bihotza oinazepean.

Traductor.- Y corazón atormentado…

Oscuro. Cambio de escena.

  1. Momento de congoja. La dimisión y el golpe

Adolfo permanece sentado mirando al infinito. Fuma o hace como que fuma. Silencio. Luego Adolfo se vuelve y comienza a hablar.

Adolfo.- Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad. Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno.

Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor. Hoy tengo la responsabilidad de explicarles mi dimisión como presidente del Gobierno.

Adolfo, adoptando movimientos de boxeador en un entrenamiento, continúa el discurso.

Adolfo.- No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.

Adolfo continúa golpeando al aire mientras farfulla un discurso ya ininteligible. Los doctores Gutiérrez y González comentan un TAC proyectado en una pantalla.

 

Gutiérrez.- Creo que nuestro error fue confundir los síntomas. Adolfo estaba confuso y desorientado, pero no por falta de memoria sino porque convivía con un exceso de recuerdos al mismo tiempo. Estas reminiscencias le impedían interactuar de modo natural con la realidad contemporánea. Él vive trasportado permanentemente a sus falsos recuerdos con una nostalgia incontinente.

Marcos.- Perdón, doctor, pero ¿quién es él?

Felipe.- Adolfo.

Marcos.- Ya sé que es Adolfo. Llevo todo el tiempo llevándolo de acá para allá y lo único claro que tengo es que se llama Adolfo. Pero ¿qué más?

Felipe.- ¿Qué más quiere saber?

Marcos.- Sí, ya sé que en le ficha pone Adolfo Martínez, pero ¿es ese su verdadero nombre?

Felipe.- ¿Y cuál cree usted que es su verdadero nombre?

Marcos.- Suárez.

Felipe.- ¿Y por qué cree que es él?

Marcos.- Se comporta como si lo fuera.

Gutiérrez.- Es probable que así sea. Podemos estar ante un caso de trastorno de identidad disociativo.

Marcos.- Pero lo que hace…, de lo que habla…, es como si conociera realmente muchas de las cosas que… reinterpreta.

Gutiérrez.- Bueno, no es raro que Adolfo sepa cosas de Adolfo. Al fin y al cabo fue ujier en el Congreso en esos años de la Transición. Estuvo en ocasiones cerca del presidente y no hay duda que vive obsesionado con él.

Adolfo para de golpear al aire y agotado vuelve a dirigir su discurso al público.

Adolfo.- No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque es preciso demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos. Y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España.

Felipe.- Adolfo, déjelo estar, hombre. ¿Por qué no descansa?

Adolfo intenta dar un puñetazo a Felipe. Éste le esquiva y agarra.

Felipe.- Pero hombre, Adolfo, que yo no le he hecho nada…

Gutiérrez.- Traiga una silla.

Marcos va a por una silla de ruedas. Santiago y Tomás entran por el lado opuesto..

Y éstos (por Santiago y Tomás) ¿qué hacen aquí?

Santiago.- Nos dijeron en la puerta del final del pasillo.

Gutiérrez.- Adolfo, ¿se siente bien?

Adolfo.- Siento verme así reunido con ustedes.

Felipe.- ¿A qué se refiere?

Adolfo.- El golpe.

Gutiérrez.- ¿El golpe?

Adolfo.- Mi general, lo sabe tan bien como yo. Ese Tejero era un golpista conocido. Mi dimisión no ha servido para detener el golpe.

Felipe.- Adolfo, usted no es el presidente, usted trabajaba en el Congreso. Era ujier.

Adolfo.- Nos han dejado en paro, mi general. (Ríe) Eso sí, no nos han quitado la dignidad. Hemos sabido mantenernos en pie.

Tomás.- Éste está más loco que yo.

Santiago.- Como un cencerro.

Llega Marcos con la silla de ruedas. Entre él y Felipe intentan sentarlo pero Adolfo se resiste.

Adolfo.- A un presidente democrático no lo cesan, dimite por el bien del país.

Felipe.- Bueno, ya está bien. Quiere sentarse de una puta vez.

Silencio. Marcos forcejea con Adolfo hasta que consigue sentarlo. Y luego sale, enfadado.

Adolfo.- A usted se lo puedo decir, don Manuel: no entiendo la posición del rey.

Gutiérrez.- ¿Qué quiere decir?

Adolfo.- Armada. Lo ha traído a Madrid y es él quien dirige el golpe. Mi dimisión no ha servido de nada.

Felipe.- Adolfo. Deje de fantasear. Usted es Adolfo Martínez, esto es una clínica. Le estamos tratando. ¿Se da cuenta de lo que le digo?

Adolfo.- Sí: estoy a punto de ser fusilado… o algo peor. Nos han sacado del hemiciclo: Felipe, Santiago, Alfonso Guerra…

Tomás.- Yo no quiero ser Alfonso Guerra.

Adolfo.- … y mi querido general, Manolo, no es mala compañía. ¿Saben que Mellado hizo la guerra como quintacolumnista de los nacionales en Madrid? Se le escapó, don Santiago, y aquí lo tiene, peleando ambos en la misma trinchera.

El doctor Gutiérrez coloca una inyección en el brazo de Adolfo. Adolfo parece desfallecer.

Felipe.- Tiene que descansar. Su cabeza no está bien. Hemos detectado un pequeño tumor en el córtex, que le tiene algo confuso. ¿Me entiende usted, Adolfo?

Adolfo.- Lo entiendo, mi general. (Asintiendo) El cáncer persigue a mi familia como una plaga bíblica.

Gutiérrez.- Está usted en una clínica.

Adolfo.- Una clínica.

Gutiérrez.- Usted es Adolfo Martínez.

Adolfo.- Adolfo Martínez.

Gutiérrez.- Fue ujier en el Congreso.

Adolfo.- Ujier.

Gutiérrez.- Pero una serie de complicaciones le han traído hasta aquí. ¿Se acuerda ahora?

Adolfo.- Tengo imágenes. Los recuerdos son siempre engañosos. Hay que vivir el presente.

Gutiérrez.- Los recuerdos nos constituyen como seres humanos. Si no somos como seres sin alma. Vegetales perdidos en la nada. ¿Se acuerda quién es en realidad usted?

Adolfo.- No somos nada, nadie.

Gutiérrez.- Usted es Adolfo Martínez. Tuvo una mujer, tiene dos hijos. Fue ujier en el Congreso. ¿Se acuerda ahora?

Adolfo.- Adolfo Martínez, sí. Yo estaba en el Congreso el día del golpe de estado. A Suárez lo sacaron del hemiciclo. Era como si le fueran a fusilar. Le admiraba, ¿sabe? Tan frugal como mi padre. Yo lo entendía muy bien. Me pidió un cigarrillo cuando estaba entre los guardias. Se lo di con miedo, pero se lo di. También oí como se enfrentaba a Tejero. Un valiente, un caballero, ¿saben?, aquel hombre sabía cómo morir.

Marcos se ha colocado un trozo de cinta como bigote y con la mano imita un pistola..

Marcos.- Por España, todo por España.

Gutiérrez.- ¿Pero qué hace usted, alma de cántaro?

Marcos.- Pensé que tal vez le ayudaba…

Felipe.- Ande, quítese eso.

Marcos se lo quita. Adolfo desfallece. Gutiérrez se dirige a Marcos.

Gutiérrez.- Por favor, llévenlo a dar un paseo para que se relaje.

Marcos sale con Adolfo. Santiago, Tomás, Felipe y Gutiérrez se quedan mirándose un rato en silencio.

Gutiérrez.- Felipe, lo dejo en sus manos. No puedo más. Me voy. Ahora ya sabemos que él sabe quien es: un hombre solo y asustado. Sólo ha hecho falta un poco de pentotal. A partir de ahora ocúpese de la situación.

Gutiérrez sale. Felipe mira a Santiago y a Tomás. Cambio de escena.

  1. DEBATE, 3ª PARTE

Presentador.- El búnker franquista decía: “los partidos son la peste”. “Clanes que hacen de la política una lucha privada incapaz de generar ideales y proyectos de bien común”.

Inés.- Es la descripción que muchos harían de la política actual, ¿no? Igual tenían razón…

Adolfo.- No, no, ese discurso era la tapadera de aquel clan….

Inés.- ¿No cree que el dinero corrompe y muchos dirigentes actuales han perdido aquél espíritu?

Adolfo.- Es posible. Habría que legislar mucho más claramente la retribución de la función pública. Entonces los políticos… estoy confuso…

Presentador.- Creo que nos estamos apartando un poco del tema… Y además les recuerdo que el Debate está auspiciado por varias fundaciones políticas…

Adolfo.- En el fondo la clase política es sólo un espejo de la sociedad que la genera.

Inés.- Lo siento, pero no estoy de acuerdo. Yo no soy una corrupta.

Adolfo.- Yo tampoco… creo… y os voy a demostrar que no soy un espectro perdido en mis sombras y que me entero de lo que sucede hoy en día.

Presentador.- Nadie aquí tiene la más mínima duda…

Adolfo.- Déjeme continuar. Imagina, Inés, que tuvieras un piso en el 2007, valorado en 200.000 euros. El piso había costado 60.000 cinco años antes, y tú sabes, porque has estudiado, que su valor real es de 90.000. Pero te vas a casar, o tienes un hijo… ¿lo sacas a la venta en 200.000 o en 90.000?

Inés.- …Supongo que en 200. Pero la gente de la calle no es la que fija el precio de los pisos, no son los responsables!

Adolfo.- (Enfadado) ¡Sí lo son! Si lo venden, lo son. Somos responsables de todo lo que nos beneficia. Incluso yo lo soy…

Inés.- ¡Eso es filosofía barata!

Adolfo.- ¡Barata, no! Incómoda. La gente es muy aficionada a buscar culpables, en cualquier lado, menos en su propia casa.

Inés.- Ese relativismo moral posiblemente viene de un régimen autoritario, léase dictadura, quizás no bien solucionado…

Adolfo.- (Riendo)¡Buscando molinos, don Quijote! ¿Y qué querías? ¡¿La guillotina para los enemigos del pueblo?!

Inés.- ¡No digas tonterías!

Adolfo.- ¡Pues explícate porque no hay quien te entienda, mujer!

Inés.- ¿Dónde están aquellos grandes pactos, hombre!? ¿Esta crisis es acaso menor que la del 78? ¡Tanto hablar del acuerdo que se consiguió y ahora no hay ninguno!

Adolfo.- ¡¿Pero qué culpa tiene la Transición?! ¿Qué culpa tengo yo!?

Inés.- ¡Que la consideráis acabada! ¡Que tu generación cree que ya lo ha hecho todo! ¿Y el corporativismo de los gestores políticos? ¿Y la banca desregulada? ¡¿Y la especulación legal!? ¡Me hago rico apostando a que se jode tal empresa! ¡¿Pero qué es esto…?!

Adolfo.- ¿Y dónde estáis vosotros, los idealistas de treinta años? ¡Sólo un 6% de militantes socialistas tiene menos de 30! Felipe tenía 32 cuando se apoderó del PSOE en Suresnes, y Suarez con 35 ya era gobernador civil… yo era gobernador civil….

Inés.- ¡Militaríamos si los partidos, en vez de vivir plácidamente, intentaran meter en cintura a los poderes económicos en un mundo que ya supera a los estados!

Adolfo.- Es muy fácil hablar. Sobre todo para vosotras, ahora. Pero eso no es cuestión de los políticos españoles. Viene de fuera y no es fácil resolverlo desde el interior.

Inés.- Pues habrá que ir afuera a arreglarlo. Mujeres y hombres. Dejamos a la Casa Real en una vitrina, con un cartel: “símbolo del Estado español”, y nos vamos donde sea, a aprender inglés, además, que ya os vale.

Adolfo.- Andrés, el problema de este debate es que los idealistas de hoy están un poco verdes…

Inés.- O los experimentados están un demasiado maduros.

Adolfo.- …Sus 30 de ahora equivalen a los 15 de un aprendiz de teoría política en mis tiempos…

Inés.- Abuelo, ¿pero no sería un buen comienzo acabar con la falsa honorabilidad del que no lo es, pero tiene con qué encubrirlo?

Adolfo.- …El mal existe pero en los otros, ¿no? Hay muchísima gente —igual tú misma si ganaras un buen sueldo- con la idea de que los impuestos son excesivos, por no hablar de las empresas. “¿Cómo voy a pagar un 40% de lo que gano? Qué barbaridad”. Y sumando esa gente –normal- acaban defraudando 80.000 millones. Y la percepción de que en el estado hay corrupción es una coartada moral estupenda para todos: “para que lo malgasten, o se lo queden, que se lo queden mis hijos”. Esa es la pescadilla que se muerde la cola. Y para romperla hay que crear entre todos una idea profunda de lo que es el Estado. O lo que sea.

Inés.- Igual somos los idealistas pobres los que tenemos que romper ese círculo vicioso.

Adolfo.- Pero daos prisa, antes de que os aumente el nivel adquisitivo, o la edad.

Presentador.- O igual es cosa de todos, ¿no…? Pero es una buena conclusión para cerrar…

Adolfo.- Cosa mía, no… Andrés. Yo ya hice mi parte, y no dejaré que Inés me la quite.

Inés.- Eso quiere decir que, finalmente, admite que la transición no está cerrada del todo.

Adolfo.- La mía sí, Inés. Y dudo que vuestra llave la halléis en el pasado.

Inés.- Una última pregunta, si me lo permite, ¿usted elude impuestos?

Adolfo.- (Pequeña pausa. Sonriendo y quitándole importancia.) …supongo, un poco como todos, ¿no? Ya no recuerdo bien… (Adolfo vacila)

Inés.- Gracias.

Presentador.- Gracias a todos. El equipo que ha realizado esta serie documental desea agradecer, especialmente, la colaboración de todos aquellos ciudadanos anónimos, más o menos cercanos a los hechos, que con sus recuerdos y su interés lo han hecho posible.

  • Anuncio de Gonzalo Torrente Ballester sobre la evasión de impuestos.

“Soy un autor de ficciones me llamo Gonzalo Torrente Ballester, y creo que conozco a mi país. Un país de listos, duchos en la chapuza, la improvisación y la picaresca. Caracterizó nuestro pasado la injusticia tributaria. Hoy confío en que un sistema racional y justo nos conduzca a los españoles a la elegancia de no engañar al fisco”

Sonidista.- O no es un sistema racional y justo o no llegamos a elegantes.

Cámara.- Eso va a ser…

Adolfo.- Me gustaría que me diera un poco el aire…

  1. En el jardín

 

Adolfo ejerce de jardinero, junto con Tomás y Santiago, en el patio del centro médico. Andrea y Marcos los vigilan. Llegan los doctores Gutiérrez y Felipe acompañados por Juana.

Felipe.- Se encuentra bien, estable, han desaparecido los ataques de ansiedad…

Juana.- ¿Si se cree Suárez o Martínez?

Gutiérrez.- Es difícil de saber. Pero ahí está, viviendo plácidamente.

Felipe.- Incluso se diría que es feliz.

Juana.- Pero no es él.

Gutiérrez.- ¿Quién somos cuando no somos nuestros recuerdos? Todos modificamos lo que recordamos, claro, pero para mejorar el relato que da sentido a nuestra existencia.

Andrea.- (A Gutiérrez) Te vi ayer por la tele. Ya sabes los especiales esos sobre la Transición.

Gutiérrez.- Adolfo está vivo mientras camina por una fina cuerda de alambre. La tranquilidad de sus pasos no quiere decir que no tenga dos precipicios a cada lado de sus pies.

Felipe.- Tiene gracia, pero tratarlo me ha hecho empezar a leer sobre el tema y Felipe González decía de Suárez algo así como que ya por entonces sabía caminar con habilidad por el filo de una navaja..

Andrea.- Me gustó lo que dijiste.

Gutiérrez.- ¿De qué?

Andrea.- De la psiquiatría en aquellos años. De cómo cambió la visión de loco a paciente tras la muerte de Franco.

Gutiérrez.- La verdad es que cambió todo. No sé si somos conscientes.

Juana.- Sí, que lo sabemos. Pero, ya ve, ahora también está cambiando todo, y lo peor es que no nos creemos partícipes de ninguna decisión.

Gutiérrez.- (Mirando a Adolfo) Está feliz. Y pequeñas actividades como cuidar del jardín le llenan de entusiasmo.

Juana.- ¿Usted cree que alguien en ese estado puede ser feliz?

Gutiérrez.- Espero creerlo. O me daría mucho miedo comenzar a perder la cabeza.

Felipe.- Adolfo para nosotros se está alejando de la existencia, pero no sabemos si él tiene esa conciencia o cree sentirse viviendo con plena identidad.

Se acercan donde Adolfo cuida unas adelfas.

Adolfo.- No se acerquen mucho, por favor, estas plantitas son algo tóxicas. ¿Lo sabían? Ahora que me tienen retirado de la política he descubierto mi auténtica vocación, que no es otra que la de jardinero.

Juana.- ¿Qué tal estás?

Adolfo.- Aquí me tienen, hija, retirado del mundo. No me quejo. Soy una persona de la cual trata ya más la historia que la opinión.

Juana.- ¿Estás bien aquí?

Adolfo.- He comenzado a disfrutar del anonimato. Ver crecer las flores te acerca a la eternidad. Y como decía Franco: hágame caso y haga como yo, no se meta en política.

Juana.- No lo hago. Pero a lo mejor debiera.

Adolfo.-         Ni lo intentes. ¿Y Amparo?

Juana.- Estoy aquí.

Adolfo.- No, hija, ¿qué donde está tu madre?

Juana.- Murió.

Adolfo.- ¿Qué dices?

Juana.- Un cáncer.

Adolfo.- Pero si no pude despedirme.

Felipe.- No se preocupe, ella lo entendió.

Juana.- Claro.

Adolfo.- ¿Y yo dónde estaba?

Felipe.- Estaba usted en otro mundo, Adolfo.

Adolfo.- Tú sí que estabas en otro mundo, Felipe. A ti sí que te vinieron las cosas de cara.

Felipe.- Yo no soy González.

Adolfo.- Yo soy González, Adolfo Suárez González. Castellano de pura cepa, abulense, jugador de fútbol y de mus. Un españolito de a pie al pie de los caballos. Al pie de los caballos. El tahúr del Missisippi, me llamabais.

Juana.- Tranquilo, Adolfo, tranquilo. (A los médicos) Felipe, ¿por qué te empeñas en ponerle nervioso?

Felipe.- No hago nada.

Juana.- Pues hay algo en ti que no le gusta.

Felipe.- ¿Y qué quieres que le haga? ¿Que me cambie de cara o de nombre?

Tomás y Santiago se acercan con Andrea y Marcos.

Santiago.- Nos ha traído algo, doctor.

Gutiérrez.- ¿Tú que crees?

Santiago.- Que sí, como casi todos los días.

Gutiérrez saca unos pastelillos de los bolsillos de la bata y se los da a los pacientes.

Tomás.- Ostras, Tigretón. Como el que comía en el patio del colegio.

Santiago.- Gracias, mi general.

Gutiérrez.- No hay de qué. Vamos a ver esas plantas.

Gutiérrez se aleja con Tomás, Santiago y Andrea. Tomás canta: “Es el tigretón desayuno y merienda…”

Santiago.- Es el Colacao.

Tomás.- Es el tigretón desayuno y merienda ideal, tigretón, tigretón.

Salen de escena.

Felipe.- Bueno, Adolfo, ¿sabes que día es hoy?

Adolfo.- Si tu me lo dices…

Felipe.- ¿Y sabes donde estás?

Adolfo.- En el jardín. Mira las flores, oye los pájaros, mira el sol. Es un presente continuo. Si te esfuerzas notas el latido de tu corazón. (Pausa) Vivir la política es ser el que los demás quieren que seas. Trepidante, pero un poco mentira. Eres un personaje.

Marcos.-           ¿Te gusta el teatro?

Adolfo.- No, a los políticos no nos gusta el teatro, nos recuerda demasiado nuestra profesión. Pero una vez rodé una película, en Ávila, de extra. Salían Cary Grant, Frank Sinatra y Sophia Loren. “Orgullo y pasión” se titulaba, “Orgullo y pasión”, como toda mi vida. (Pausa) Déjame aquí, hija. Que los demás piensen lo que quieran. Me gustaría morir en el jardín.

Juana.- Está bien.

Adolfo abraza a Juana, que se deja abrazar.

Adolfo.- Vete a ver el fútbol. Hoy comienza el mundial

Juana.- A ver si esta vez gana la selección española.

Adolfo.- No lo verán mis ojos. Con ese naranjito de mascota.

Juana.- Seguro que sí. Aúpa España.

Adolfo.- Aúpa.

Felipe y Juana salen. Adolfo se queda con Marcos cuidando las adelfas.

 

Adolfo.- Majestad.

 

Ambos caminan abrazados hacia el fondo de la escena. Oscuro final.

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