Pinocho

Andanzas y aventuras de un taco de madera llamado Pinocho

de Julio salvatierra

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Prólogo

 

Arriba, un escenario vacío donde nada pasa. Abajo, el viejo Gepetto desdentado, mediocalvo y patizambo se impacienta.

 

Gepetto.-       ¡Que empiece ya!

¡Hasta las mismísimas narices me tienen los actores que no empiezan a su hora! ¡Monigotes, mentecatos, majaderos!

¡Hala, que empiece ya, hala, vamos, vamos…! Yo he llegado tarde, pero yo soy yo… y ello son actores, y tienen que empezar a su hora, qué demonios, que lo hubieran pensado antes… ¡hala, vamos, vamos…!

¡Que empiece ya!

¡Demonios de actores…! ¡Y de directores! Porque los directores son peores todavía…

¡Que empiece ya! Sinvergüenzas, monigotes, y los empresarios ni te digo…! algo pasa…

Muñecodemadera-Arlequín entra corriendo. Detrás dos muñecoguardias-civiles le persiguen por todos lados…

Arlequín.- ¡No puedo!

Guardia-civil 1.- ¡Al escenario!

Guardia-civil 2.- ¡Asciende ahí arriba ahora mismo!

Arlequino.- ¡No puedo!

Guardia-civil 1.- ¿Por qué?

Guardia-civil 2.- ¿Qué razones tienes?

Arlequino.- Me falta uno.

Guardia-civil 1.- ¿Un qué?

Guardia-civil 2.- ¿De qué unidad careces que sea necesaria para subir ahí arriba?

Arlequino.- ¡Un compañero! ¡No puedo actuar sólo!

Guardia-civil 1.- ¿No?

Guardia-civil 2.- Hay gente que lo hace.

Arlequino.- Pero yo no. ¡No encuentro a mi gente!

Guardia-civil 1.- ¿No?

Guardia-civil 2.- ¿Has probado a buscarla?

Arlequino.- Claro…

(Buscan a su gente)

Guardia-civil 1.- (a un niño del público) ¿Tú eres un títere? ¿Eres una marioneta? ¿Eres un muñeco de madera sin voluntad? ¿Hay aquí algún títere, alguna marioneta, algún muñeco de madera sin voluntad? ¿Yo? Muy bien dicho, tenéis razón.

(A Arlequín) Tienes razón, no hay ninguno.

Gepetto.- ¡Arlequino! ¿Qué pasa? ¿Por qué no empiezas ya con el espectáculo?

Arlequino.- Lo siento, hoy no va a haber espectáculo, Gepetto. El resto de la compañía de títeres se ha ido.

Guardia-civil 2.- Lo han dejado solo.

Gepetto.- ¿Y qué vas a hacer?

Arlequino.- Los buscaré.

Guardia-civil 1.- ¿Y si no los encuentras?

Arlequino.- Me dedicaré a recorrer el mundo como estrella solitaria. Sé bailar, manejar el florete y dar saltos mortales.

Guardia-civil 2.- Es muy triste estar solo.

Guardia-civil 1.- Eso dicen. Por eso nosotros siempre vamos juntos.

Arlequino.- Bueno, adiós. Me voy. Me gustaría actuar para ti, Gepetto, pero tengo que encontrar a mis compañeros.

Gepetto.- Sí, sí… vete, Arlequino, vete. Y buena suerte… Adiós, señores, ¿no es una pena que por no haber muñecos bastantes se interrumpa el espectáculo? Yo hoy me había hecho la ilusión de ver a estos pequeños personajes…

Guardia-civil 1.- Sí que lo es, lo es…

Guardia-civil 2.- Pero tiene razón Arlequino: él sólo no puede actuar…

Gepetto.- En fin… si no hay espectáculo, yo me vuelvo a mis asuntos, aunque…

Guardia-civil 1.- Adiós, simpático viejecillo.

Guardia-civil 2.- Adiós, Gepetto.

Guardia-civil 1.- ¿Lo conoces?

Guardia-civil 2.- Si. Es un viejo carpintero algo borrachín y un poco loco, pero no es mala gente… lo que pasa es que está bastante solo…

Guardia-civil 1.- Estar solo dicen que no es bueno, ¿lo sabías?

Guardia-civil 2.- Si fui yo el que inventó la frase… claro que no es bueno…

Guardia-civil 1.- Por eso vamos juntos nosotros, ¿lo sabías?

Guardia-civil 2.- Claro que lo sabía.

(Salen)

PARTE I

ESCENA 1ª

(Gepetto sube al escenario)

Gepetto.- Tienen razón: Arlequino sólo no puede ser… pobrecillo, no puede estar sólo sobre el escenario… es absurdo… ¿cómo va a estar una persona sola aquí arriba…? …aquí arriba se preocupa uno… aunque ahí abajo la soledad tampoco es buena, no… ¡eh…!

¿y si…?

Claro…!

Acabo de tomar una decisión.

Voy a hacer un muñeco yo también. Que sepa bailar, manejar el florete y dar saltos mortales, como Arlequino. Y que me acompañe. Así recorreremos juntos el mundo. Si, si, si, si… si, si, si, si… si, si… Vamos a ver. Esa madera me sirve… hola, madera, amiga, tú me vas a hacer hoy un gran favor… (talla)

Espero que esta idea no sea una locura, como decían los guardias…

A ver… ¿qué nombre le puedo poner a mi muñeco…?

(“Pinocho, Pinocho”…)

¡Ah! Buen nombre, muchas gracias. Esas voces misteriosas me dicen que le llame Pinocho, y Pinocho le voy a llamar. Me gusta. Conocí a una familia feliz que se llamaban todos Pinocho. El más rico pedía limosna…

(Resuelto el problema del nombre, empezó a trabajar con ahínco, y le hizo en seguida el pelo, después la frente y luego los ojos. Figuraos su asombro cuando, al terminar de hacer los ojos, vio que se movían y le miraban fijos, fijos.)

Estos dos ojos… ¿por qué me miráis? Este muñeco está vivo…

(Después de los ojos hizo la nariz. Después de la nariz hizo la boca. No estaba aún la boca terminada, cuando…)

 

Pinocho.- ¿Cómo te llamas, tronco?

Gepetto.- ¡Eh! Aquí el tronco lo eres tú, por ahora, y un poco de respeto, Pinocho. Me llamo Gepetto, y soy tu padre.

Pinocho.- ¡Uá já, ja, ja…! ¡Vaya nombrecito que tiene el viejecito! ¡Nunca lo había oído!

Gepetto.- Pero si nunca habías oído nada, si no tenías orejas ¡Un poco de respeto!

Pinocho.- Pues es verdad, qué listo el viejecillo: ¡un respetto para Gepetto…!

Gepetto.- ¡Que no te rías, hombre, que me pongo nervioso!

Entonces la boca dejó de reír, pero le sacó la lengua.

Gepetto.- Esto se llaman manos y sirven para coger cosas… ¡devuélveme la navaja! ¡Eso es mi oreja…! cuidado…! Como sigas así no te acabo…

Pinocho.- ¡Pues tú verás lo que haces! ¿Para qué me has empezado si no piensas acabársemes…?

Gepetto.- No se dice así: se dice acabarme

Pinocho.- Pero tú me has entendido, así que también lo puedo decir como yo quiero.

Gepetto.- Bueno… Y estos son los pies. Que sirven para andar… ¡Ay! Y también para eso… ¡Aún no he acabado de hacerte, y ya empiezas a faltar al respeto a tu padre…! Si lo sé…

Pinocho.- Me gusta tener pies, y dos mejor que uno… ay, ¡me cago!

Gepetto.- Te hace falta la escuela: se dice me caigo.

Pinocho.- Ah… ¿Y es muy difícil aprender a andar?

Gepetto.- No. Yo te enseño. Un pie delante. Otro pie delante. Y otro. Y otro… ¿ves? Siempre adelante.

Pinocho.- ¡Sí! Es facícil.

Gepetto.- Se dice: es fácil.

Pinocho.- ¡Por qué?! Lo contrario de difícil es facícil, está clarísimo…!

Gepetto.- ¡Qué tontería: facícil es más difícil que fácil!

Pinocho.- Bah, déjalo estar, anda… ¡mira: ya ando!

Gepetto.- Practica un poco…

¡Eh, Pinocho! ¿Dónde vas? ¡No te vayas! ¡Vuelve! ¡Pinocho!

Pinocho.- ¡Adiós! Me voy a recorrer mundo.

Gepetto.- ¡Vuelve! ¡No sabes nada! ¡Vuelve…!

(Pinocho huye del escenario al mundo del patio de butacas y desaparece corriendo por el fondo)

 

Gepetto.- ¡Pinocho, vuelve…!

(Pinocho entra agarrado por tres muñecoguardias-civiles que lo llevan casi en andas de vuelta hasta el escenario)

Guardia-Civil 1.- ¿Es suyo este muñeco?

Guardia-Civil 2.- Ha atropellado a una profesora gorda que estaba en el vestíbulo.

Guardia-Civil 3.- Y eso no está bien.

Guardia-Civil 2.- Los profesores son seres respetables.

Pinocho.- ¡Yo no quiero ir a la escuela!

Gepetto.- ¿Te parece bonito? ¡Ya te ajustaré yo las cuentas! Ven aquí.

Pinocho.- ¡No!

Gepetto.- Acércate.

Pinocho.- ¡No, no, no quiero! ¡No quiero! ¡Me quiere obligar a hacer cosas malas!

Guardia-Civil 1.- ¿Cosas malas?

Guardia-Civil 3.- Si son malas no está bien.

Guardia-Civil 2.- Concreta un poco tus alegaciones, pequeño muñeco.

Pinocho.- ¡Estoy seguro que quiere que vaya la escuela!

Guardia-Civil 3.- ¿Pero la escuela es una cosa mala?

Pinocho.- Para mí lo es, porque yo no quiero ir.

Guardia-Civil 3.- Visto así…

Guardia-Civil 1.- ¿Tú crees?

Guardia-Civil 2.- No digáis tonterías. Pero se ve que el muñeco le tiene mucho miedo al viejo…

Guardia-Civil 1.- ¿Luego algo le habrá hecho el viejo…?

Guardia-Civil 2.- Hmm…

Guardia-Civil 3.- ¡Eso no está bien!

Gepetto.- ¡¿El qué?!

Guardia-Civil 3.- No sé: pero lo que sea que no esté bien, pues no lo está, es evidente…

Gepetto.- ¡Pero si yo sólo quiero que Pinocho…!

Guardia-Civil 2.- ¡Un momento! Tú pareces un buen hombre, pero… ¿y si no lo eres? El muñeco esta asustado. No podemos arriesgarnos. Quedas detenido. Hala, procedan.

Gepetto.- Pero… pero si… pero si yo… Pinocho… pero si yo… ¡Pinocho…!

Guardia-Civil 3.- Y tú, hala a la escuela…! O a donde sea que esté bien que vayas!

Gepetto.- ¡Y pensar que me ha costado tanto trabajo hacerlo… qué muñeco más ingrato… debía haberlo pensado antes…!

Guardia-Civil 2.- Hale, camine, hombre.

Guardia-Civil 1.- No se detenga.

Guardia-Civil 3.- No está bien detenerse, no señor.

(Salen)

ESCENA 2ª

(Pinocho sólo en el escenario. Entra El Grillo)

Pinocho.- ¡Uf! De buena me he librado, pero ahora tengo que prepararme para irme de viaje cuanto antes, antes de que vuelva…

El Grillo.- ¡Eres un ignorante, Pinocho!

Pinocho.- ¿Y tú quién eres?

El Grillo.- ¿Ves? De tan ignorante que eres no llegas ni a tonto.

Pinocho.- ¡Pero bueno!

El Grillo.- Un cabezahuevo auténtico.

Pinocho.- ¿Y tú?

El Grillo.- Yo soy un grillo que vive en esta habitación desde hace cien años, y he visto muchas cosas… Pero ninguna tan ignorante como tú.

Pinocho.- Pues ahora esta habitación es mía, así que lárgate.

El Grillo.- No me marcharé sin decirte antes una verdad como un templo.

Pinocho.- Dila.

El Grillo.- Si uno que no sabe nada, como tú, se las da de listo, más tarde o más temprano se arrepentirá. ¡Ah!, y como sigas tratando a ese pobre viejo tan mal, yo mismo te partiré los morros… aunque sea un poquito…

Pinocho.- Bah. Di lo que quieras, mañana me voy; porque si me quedara aquí, sé que me llevarán a la escuela y tendré que estudiar. Y no me gusta estudiar pero nada, nada, nada de nada, de nada y nada de nada.. así que mañana al amanecer me marcho.

El Grillo.- Ya, ya. Bien. ¿Hacia el Norte o hacia el Sur?

Pinocho.- Eh… hm… eh… al Sur.

El Grillo.- Ah. Muy bien… te gustan el desierto y los cactus, y los alacranes… Es un paisaje muy austero aunque tiene su belleza, si…

Yo personalmente prefiero el norte, por el verde de los valles y las montañas, y los ríos que corren por todos lados, entre los sembrados y los rebaños de vacas que no paran de dar leche… pero el sur también está bien. Buen viaje.

Pinocho.- Bueno… todavía no lo he decidido. Tal vez me vaya al Norte…

El Grillo.- ¡Ves! ¡Ignorante! ¡¿Dónde vas a ir si no sabes ni dónde tienes el trasero?! ¿Y si yo quisiera engañarte, eh? ¿Cómo lo vas a saber, si no aprendes algo, eh? Un poquito, aunque sea…

Pinocho.- ¡Grillo, qué pesado eres!

El Grillo.- Y si no quieres ir a la escuela, aprende al menos un oficio que te sirva y que te guste!

Pinocho.- Entre todos los oficios del mundo no hay más que uno que me guste.

El Grillo.- ¿Y cuál es?

Pinocho.- El de comer, beber, dormir, divertirme y vivir al día.

El Grillo.- Pues YO te advierto que todos los que siguen ese oficio acaban casi siempre en el hospital o en la cárcel.

Pinocho.- ¡Mira, grillo malaje, como se me acabe la paciencia… pobre de ti!

El Grillo.- Pinocho: me das verdadera lástima.

Pinocho.- ¿Por qué te doy lástima?

El Grillo.- Porque eres un muñeco, porque tienes la cabeza de madera, y es madera de alcornoque!

Pinocho.- Ya me he hartado, grillo. ¡Fuera de mi casa!

(…y cogiendo un mazo de madera que había sobre el banco, se lo tiró al grilloparlante. Quizás no creía que iba a darle; pero, por desgracia, le dio en la misma cabeza, y el pobre grillo apenas si pudo decir cri, cri; quedó aplastado en la pared.)

¿…grillo? Ahí va, pues me lo he cargado…

Escena 3ª

Pinocho.- ¡Uf! Qué puntería…! No creía yo… Pero bueno: él se lo ha buscado. En fin, grillo, ahí te quedas, no me caías tan mal… Adiós. Y yo, tengo que prepararme. A ver. Cojo esto, y esto…

(Hacía una noche infernal: tronaba horriblemente y relampagueaba como si todo el cielo fuese de fuego; un ventarrón frío y huracanado silbaba sin cesar, levantando nubes de polvo y zarandeando todos los árboles de la campiña.)

Pero mejor será que salga mañana temprano..o, y descanse ahora un ratito junto al brasero..oo… mh. (se duerme con los pies dentro de las brasas…).

(El cadáver del grillo se reanima o reaparece, acompañado de otros tres cadavéricos insectos) (Sueño de Pinocho)

El Grillo 2.- Pinocho… Pinocho… ¿vente al Sur, con nosotros, si…? Tenemos una casa entre las Piedras de Sal, en el desierto…

Pinocho.- No, gracias, señores… me voy al norte, porque me lo ha dicho un amigo grillo que tengo…

El Grillo.- ¡Que tenías, Pinocho! Yo soy ese amigo, o lo era… ¿no tienes mala conciencia por haberme asesinado?

Pinocho.- Soy muy pequeño para tener mala conciencia. Los niños no tienen mala conciencia.

El Grillo 3.- Pero sí que tienen miedos, a la oscuridad, al desierto…

Pinocho.- Sois unos fantasmas muy extraños…

El Grillo 4.- Y tu un niño muy valiente…

El Grillo.- No…, Pinocho no es un niño, sino un muñeco de madera que está más chalado que la chacha Concha.

Pinocho.- ¿Quién es la chacha Concha?

El Grillo 3.- ¡Si fueras a la escuela lo sabrías, cabeza de chorlito!

Pinocho.- ¡Ahora sí que es una pesadilla este sueño! No pienso ir a la escuela, grillo, que te enteres. Además, la chacha Concha seguro que no existe. Con ese nombre…

El Grillo.- Pinocho, no puedes quedarte toda la vida tan tonto como un champiñón, ¿¡no lo entiendes!?

Pinocho.- Eres un exagerado, grillo. Y antes no quería aplastarte, fue un fallo, pero no pienso hacerte caso. Tanto fantastma me huele a chamusquina…

El Grillo 4.- Hueles al azufre del desierto…

El Grillo 2.- Hueles las cenizas de los muertos…

Pinocho.- No se… huelo un humo extraño… huelo a… huelo! ¡Huelo, huelo! ¡Me quemo, me quemo! ¡Ay, ay, ay! ¡Socorro! (po-trok (se cae))

(Los grillos desparecen. Pinocho tiene los pies quemados y humeantes)

 

Escena 4ª

 

Gepetto.- (Llamando off?) ¡Pinocho, abre! ¡Pinocho, ya he vuelto, abre la puerta!

Pinocho.- ¡No puedo, Gepetto!

Gepetto.- ¿Por qué?

Pinocho.- Porque no tengo pies para andar hasta allí!

Gepetto.- ¿Y qué te ha pasado en los pies?

Pinocho.- ¡Se me han quemado en el brasero…!

Gepetto.- ¡Como sea otra de tus gracias te voy a dar yo pies para qué os quiero!

Pinocho.- ¡Es verdad!

Gepetto.- (Entrando) ¡A ver qué nuevo cuento es ese de los pies quemados, eh!?

¡A ver…! …Pinocho… Pinocho… pobre… pobre… ¿qué te ha pasado!?

Pinocho.- Fue culpa de los grillos, que me hablaban y eran muy pesados, y yo quería saber cosas del Norte, pero había uno que vivía en las piedras del desierto, que eran de sal, y por eso me distraje, y se me quemaron los pies… y… y… sigh…!

Gepetto.- No te preocupes… todo se arreglará.

Pinocho.- ¡¡Y tengo mucha hambre!

Gepetto.- Ya me lo imaginaba. Toma: mi desayuno. (Le da algo de fruta)

Pinocho.- Pero…

Gepetto.- ¿Pero qué?

Pinocho.- ¡Que no me gusta la piel de la fruta! Toma: pélamelas.

Gepetto.- ¡Pinocho! No puedes ser tan tiquismiquis…!

Pinocho.- Es que la piel me da ganas de vomitar. En serio, Gepetto.

Gepetto.- Bueno… (se la pela y mientras Pinocho come, empieza a trabajar)

Pinocho.- ¿Qué haces?

Gepetto.- Una cosa. Pero no te pienso decir qué.

Pinocho.- Bueno, no me importa, porque sigo teniendo hambre!

Gepetto.- Pues no hay nada más. Sólo estas pieles de fruta… Ser tiquismiquis o tener hambre: escoge.

Pinocho.- (…) (Se las come) Bueno… tampoco estaban tan mal. Gepetto…

Gepetto.- ¿Qué?

Pinocho.- Hazme otros pies…

Gepetto.- Ya, ya… ¡para que salgas corriendo otra vez de casa, no?!

Pinocho.- No. Te prometo que no me volveré a escapar sin tu persimo.

Gepetto.- Se dice permiso. ¿Y me prometes que estudiarás para dejar de ser un ignorante como eres ahora?

Pinocho.- ¡Hombre! ¡Tampoco hay que exagerar…! Fuf… ¿pero para qué sirve no ser un ignorante, Gepetto?

Gepetto.- Para ser más feliz.

Pinocho.- ¿Entonces lo que tú quieres es que yo sea más feliz?

Gepetto.- Claro, Pinocho.

Pinocho.- Pues la verdad: no entiendo cómo ir a la escuela puede hacer a nadie más feliz…! ¡Es impreconsíble!

Gepetto.- Incomprensible. Pero ya lo comprenderás.

Pinocho.- Bueno… ¿Pero me vas a hacer otros pies…? Por favor…

Gepetto.- Aquí están. Esto era lo que estaba haciendo. Déjame que te los ponga…

(Se los pone)

Pinocho.- ¡Ole, ole! Son mejores que los de antes! ¡Ole, ole! ¡Gracias, Gepetto! ¡Y ahora me voy…! Pero a la escuela.

Gepetto.- ¿De verdad?

Pinocho.- Sí. Voy a probar. En serio.

Gepetto.- Bien. Pues toma. Me ha costado todos mis ahorros, pero es el mejor libro que he encontrado…

Pinocho.- ¿Y cómo se llama? No sé leer todavía.

Gepetto.- Mira, dice: “E i-gu-al a e-me por al cua-dra-do, dos puntos: re-la-ti-vi-za-ci-ón… de la es-truc-tu-ra mo-le-cu-lar… del u-ni-ver-so”. Me han dicho que si aprendes todo eso, serás un sabio. En la escuela te lo explicarán todo. Y si no entiendes algo, se lo preguntas al maestro, que él lo sabe todo, creo…

Pinocho.- ¡Gracias, Gepetto! Me voy corriendo, adiós.

Gepetto.- ¡Anda! ¡Adiós, te espero a cenar!

(Pinocho sale corriendo)

Escena 5ª

(Pinocho se encuentra al Grillo)

Grillo.- ¿Dónde vas tan deprisa, Pinocho?

Pinocho.- ¡¿Quién eres?!

Grillo.- ¿No me reconoces? Soy la sombra del grillo parlante, que ahora, gracias a ti, está muerto…

Pinocho.- Ah. Siento eso, Grillo. ¿Estás enfadado conmigo? No quería darte tan fuerte.

Grillo.- Eso te pasa por ser un ignorante. ¿Pero dónde vas tan corriendo?

Pinocho.- A aprender. Hoy aprenderé a leer, mañana a escribir, y pasado me aprenderé este libro para ser un sabio y ganar mucho dinero y poder devolverle a Gepetto todo lo que ha hecho por mí.

Grillo.- Me parece muy bien todo lo que dices. Ven, yo te guiaré por el camino para ir a la escuela.

Pinocho.- ¡Vamos!

(Se oye una música)

¡Espera! ¿Y eso qué es?

Grillo.- Música que viene de un teatro de marionetas.

Pinocho.- ¡Pues qué lástima tener que ir a la escuela, porque si no!…

Grillo.- Sí, pero así es la vida, Pinocho. Vamos.

Pinocho.- ¡Espera! Escuela hay todos los días, pero teatro no…

Grillo.- Pinocho…

Pinocho.- Así que para que mi formación sea completa, mejor será que vea algo de teatro… ¿no?

Grillo.- Pinocho, el teatro es para vagos y maleantes.

Pinocho.- ¡No lo creo! ¡Llegará un día en que los maestros, en vez de dar clase, llevarán los niños al teatro, ya lo verás!

Grillo.- ¡Buáh! ¡Me gustaría ver qué tipo de irresponsables serían capaces de hacer semejante cosa! El teatro no puede ser didáctico…

(Entra Tragafuego)

Tragafuego.- ¡La función está a punto de comenzar! Si vais a pasar, hacerlo ahora, porque una vez empezada no puede pasar nadie.

Pinocho.- Está decidido: hoy iré al teatro y mañana a la escuela.

Grillo.- ¿Y cómo vas a entrar?

Pinocho.- Por la puerta.

Grillo.- Para entrar al teatro hay que pagar, ¿comprendes?

Pinocho.- ¿Y cuánto cuesta?

Grillo.- Está escrito sobre la puerta.

Pinocho.- Ya… pero es que me pican mucho los ojos y no lo veo bien.

Grillo.- Buena pieza estás tú hecho. Di mejor que eres un buen pedazo de ignorante que no sabe leer. Cuesta tres con cincuenta euros.

Tragafuego.- ¡La función va a empezar! ¡Una única función de este maravilloso espectáculo!

Pinocho.- ¿Me los prestas?

Grillo.- Antes me corto la nariz.

Pinocho.- Mañana te los devuelvo.

Grillo.- Y como empieces a mentir así, será tu nariz la que habrá que cortar, por lo larga que se te va a poner.

Pinocho.- ¡Anda ya! Las narices no crecen, eso sí que lo sé.

Grillo.- Ya verás…

(Entra un yonqui despistado)

Pinocho.- ¡Eh, señor! ¿Me presta tres con cincuenta euros?

Yonqui.- ¿Qué?

Pinocho.- Es para la entrada al teatro, pero yo se los devolveré mañana porque…

Yonqui.- Vale, vale, muñeco. Vale. No te presto nada, ¿vale?, porque no tengo nada… ¿vale?

Pinocho.- ¿Y si le doy a cambio este libro?

Grillo.- ¡Pinocho!

Yonqui.- ¿Y qué quieres que haga yo con ese libro? ¿Me has visto cara de biblioquetario…!? ¡Que te pires! Nos ha joío… amos anda, un libro… (sale)

Tragafuego.- ¿Me dejas ver el libro?

Grillo.- Pinocho, no serás tan desgraciado de vender el libro que le ha costado todos sus ahorros a Gepetto…

Pinocho.- ¡Que te calles, grillo! (Soy un pionero en la educación infantil)

Tragafuego.- Me gusta, (yo era físico antes de hacerme titiritero). Te lo cambio por una entrada al teatro.

Pinocho.- ¡Vale!

Tragafuego.- ¡Pues adelante! ¡Pero ese bicho no entra! ¡Adentro y que comience la función!

(Salen)

Grillo.- (¡El bicho lo será tu madre, majadero!) (Sale)

Escena 6ª

(Arlequín y Pantalone, muñecos de madera, en escena)

(Pinocho aparecerá luego en algún momento por el patio de butacas)

Arlequín.- ¡Bienvenidos al Gran Teatro de Muñecos Sabios! Donde habitan las más hermosas historias del Mundo, que nosotros os contamos. Historias de risas, de montañas, de princesas y de llantos. Historias grandes y chicas, para todos los tamaños. Cuando cae la noche y la luz se muere, acercáos al teatro. De sus pequeñas madrigueras salen los cuentos… a roer un rato la brizna de una oreja… a susurrar la magia de un relato. ¡Bienvenidos! Hoy os contaremos un viejo, muy vieejo cuento italiano. Que tuvo lugar en Venecia, donde vivía Pantalone, otro viejo muy vieejo, muy encorvado y muy tacaño…

(Aparece Pantalone)

Pantalone.- ¡Arlequino, vieni qui al instante, como un rayo!

Arlequino.- (Pedorreando) A reacción he venido, signior Pantalone, más rápido que el viento, que espero sople en otra dirección.

Pantalone.- Arlequino, me he dado cuenta de que ya no soy tan joven como antes, ¡y he decidido casarme!

Arlequino.- Yo os veo igual de decrepíto que siempre.

Pantalone.- ¿Cómo has dicho?

Arlequino.- Que os veo igual de derechito que siempre, sí. Como un roble, vamos.

Pantalone.- Esta oreja ya no oye bien.

Arlequino.- Pues se arranca y en paz.

Pantalone.- ¡Para, loco! No, no. Necesito que me encuentres una bella, rica, joven, amable, inteligente, servicial, simpática y cariñosa princesa. Pero sobre todo: ¡que sea un bombón! Y que además, se encapriche locamente por mí.

Arlequino.- No parece difícil el encargo, conozco miles… aunque todas están enamoradas de mí, así que lo siento…

Pantalone.- ¡Calla, bergante! He oído hablar de una bella princesa, de nombre Osama y que vive cerca nuestra. Ve a buscarla.

Arlequino.- Voy.

(Aparece Colombina)

Colombina.- ¡Arlequino, abre la puerta!

Arlequino.- ¡Voy otra vez en brazos del viento…!

Colombina.- ¡Eh, mira, Arlequín!

Arlequín.- ¿Qué…? ¡Ah! ¿Qué veo? ¡Cielos! ¿Es ilusión de mi mente acalorada o efecto de ese aire insano? ¡No! ¡Sí, es él! ¡¡Pinocho!!

Pantalone.- ¡Él es! ¡Es él! ¡Pinocho!

Colombina.- ¡Es él, es él!

Arlequín.- ¡Es Pinocho! ¡Eh, hermano, ven acá! ¡Ven a los brazos de tus hermanos de madera!

Pinocho.- ¿Yo?

Arlequín.- ¡Sí, tú! Sube…

Los tres.- ¡Bienvenido!

Pinocho.- ¿Vosotros sois mis hermanos?

Arlequín.- ¡Claro, somos muñecos también, como tú!

Pinocho.- Si…

Pantalone.- Estamos hechos de madera, como tú.

Pinocho.- Si…

Colombina.- Y siempre hacemos lo que nos dice nuestro dueño…

Pinocho.- Ah, yo no…

Colombina.- ¿No?

Pinocho.- No. Yo hago siempre lo que me da la gana.

Arlequino.- ¡Pues qué suerte! En eso eres diferente a nosotros, pero de todas formas eres nuestro hermano…! ¡Vamos a celebrarlo!

Pantalone.- ¡Sí! ¡Saca los pasteles, Colombina!

Pinocho.- Oye, ¿pero y qué pasaba con la princesa Osama y el viejo Pantalone…?

Arlequino.- ¡Ah, no te preocupes, luego te lo cuento!

(Entra Tragafuego. Detrás suya, un rojo resplandor delata la presencia de un buen fuego entrecajas)

Tragafuego.- ¡¡Qué pasa aquí!! ¡Tú! El del libro: ¿por qué estás armando todo este jaleo?

Pinocho.- Crea usted, señor, que no ha sido culpa mía.

Tragafuego.- ¿Ah, no? ¡¿Tú te crees que una obra de teatro se puede interrumpir así como así?!

Pinocho.- No se…

Tragafuego.­- Pues yo te voy a enseñar a ser tan ignorante. ¡Vosotros! Cogedlo y traedlo a la cocina. Necesito leña para acabar mi asado, y este muñeco esta hecho de madera seca que arderá muy bien en el fuego… ¡Y tú, Pantalone, sigue con la obra! ¡Vamos! ¿No me oís?!

Arlequino.- Si… lo siento, Pinocho…

Pinocho.- ¡Eh, eh…! ¡Soltadme! ¡Yo no quiero morir! ¡No! ¡No! ¡No quiero! ¡Gepetto, Gepetto… !

Tragafuego.- ¡Cogedlo!

Pinocho.- ¡No, por favor, por favor! ¡Soy muy joven! ¡Te traeré leña! ¡No quiero morir! ¡Gepetto… Gepetto…!

Tragafuego.- ¡Colombina deja de llorar, mocosa!

Pantalone.- Pero Tragafuego, por favor…

Tragafuego.- ¡Silencio, vejestorio! ¡Basta ya de lloriqueos!

Pinocho.- ¡Apenas he vivido un día y medio! ¡Por favor! ¡No me ha dado tiempo a aprender ni a leer! ¡Aún no he ido a la escuela! ¡Por favor… por favor…!

Tragafuego.- ¡Pero… aatchuáá!, atchuá, atchuá! (estornuda tres veces…)

Pinocho.- ¡Sadul!

Arlequino.- ¡Buena señal, hermano! Tragafuego ha estornudado, lo cual indica que se ha compadecido de ti…

Pinocho.- ¿Si?

Colombina.- Eso espero…

Pinocho.- Tragafuego, por favor…

Tragafuego.- Tus chillidos me han hecho cosquillas en el estómago… algo así como… ¡Vamos, que siento una… ¡ atchuá! ¡ atchuá!

Pinocho.- ¡Sadul!

Pantalone.- (Se dice salud…)

Pinocho.- (Gracias) ¡Salud!

Tragafuego.- ¡Gracias! ¿Y tu papá? ¿Y tu mamá? ¿Están buenos?

Pinocho.- Mi papá es un carpintero, y estará preocupado porque hoy no he ido a la escuela; y a mi mamá no la he conocido nunca.

Tragafuego.- ¡Qué disgusto tan grande tendrá tu pobre padre si yo te arrojo al fuego! ¿no?

Pinocho.- ¡Bueno…! ¡Ya le digo… un disgusto terrible!

(Tragafuego vuelve a estornudar)

Pinocho.- ¡Salud!

Tragafuego.- ¡Gracias! En fin, también yo soy digno de compasión, porque no tengo bastante leña, y tú me hubieras sido muy útil. Pero, ¿qué le vamos a hacer? ¡Me has dado lástima! ¡Tendremos paciencia!…

Arlequino.- ¡Bien!

Tragafuego.- …en tu lugar echaré al fuego a cualquiera de mis muñecos. ¡A ver… vosotros! ¡Prended a Arlequín, y después de bien atado arrojadle al fuego! ¡Quiero que mi asado esté bien hecho!

Pinocho.- ¡Piedad, señor Tragafuego! …

Tragafuego.- ¡Aquí no hay ningún señor!

Pinocho.- ¡Piedad, noble caballero!…

Tragafuego.- ¡Aquí no hay caballeros!

Pinocho.- ¡Piedad, Excelencia Reverendísima!

Tragafuego.- Bueno… Y bien, ¿qué es lo que quieres?

Pinocho.- El perdón del pobre Arlequín.

Tragafuego.- Pero eso no puede ser, amiguito. Si te he perdonado a ti, tengo que echarle al fuego en tu lugar. No quiero que mi asado esté poco hecho.

Pinocho.- ¡En ese caso: Pantalone, Colombina, atadme a mí y arrojadme al fuego! ¡No puedo consentir que mi hermano Arlequín muera por mi causa! ¡Hala, vamos…! ¡Vamos…!

(Tragafuego estornuda)

Tragafuego.- ¡Por todos los demonios! ¡Eres un buen muchacho! ¡Ven a mis brazos y dame un beso!

Pinocho acudió corriendo, y trepando como una ardilla por la barba de Tragafuego, le dio un prolongado y sonoro beso en la misma punta de la nariz.

Arlequino.- ¿De modo que estoy perdonado?

Tragafuego.- ¡Estás perdonado! ¡Paciencia! Por esta noche me resignaré a comer el asado medio crudo; pero lo que es otra vez, ¡pobre del que le toque! ¡Y hala, todos a comer, a la cocina! Hoy decreto día libre: un día es un día. Al público, que le den… mientras nosotros seamos felices, el teatro no se acabará.

Todos.- ¡Viva Pinocho! ¡Viva!

(¿Bailan/cantan todos una zarabanda-zapatiesta?)

Tragafuego.- Ven aquí. ¿Cómo se llama tu padre?

Pinocho.- Yo no tengo padre. Gepetto era carpintero antes, y él fue quien me hizo…

Tragafuego.- ¿Qué oficio tiene ahora?

Pinocho.- El de pobre.

Tragafuego.- ¿Gana mucho?

Pinocho.- Lo bastante para no tener nunca un céntimo en el bolsillo.

Tragafuego.- ¡Pobre hombre! ¡Me da lástima! Aquí tienes quinientos euros. Vete en seguida a llevárselo, que estará preocupado, y dale muchos recuerdos de mi parte.

Pinocho.- ¡¡Muchas gracias!! Gracias. ¡Gracias a todos! ¡Adiós Arlequino, Colombina, Pantalone…!

Todos.- ¡Adiós, amigo! ¡Adiós, hermano! ¡Adiós, adiós!

Pinocho.- ¡Adiós, adiós!

(Salen)

 

 

PARTE II

Escena 7ª

 

Pinocho.- ¡Cómo se va a poner de contento Gepetto con todo este dinero! Podrá comprarse una chaqueta nueva, que falta le hace, y yo me compraré otro libro igual o mejor, y todavía nos sobrará mucho para no tener que preocuparnos por el desayuno durante mucho tiempo…!

(Entran la Zorra, cojeando, y el Gato, tuerto)

Zorra.- Zalú, Pinocho…

Gato.- Pinocho, zalú

Pinocho.- ¿Cómo sabéis mi nombre? Yo no os conozco…

Gato.- Claro que no…

Zorra.- Pero nosotros conocemos a tu padre

Gato.- Exactamente…

Pinocho.- ¿Y dónde le has visto?

Zorra.- Ayer mismo en la puerta de tu casa…

Gato.- Eso es…

Zorra.- Con una chaqueta vieja y muerto de frío…

Gato.- Exactamente. Muertecito’e frío como nun funerá…

Pinocho.- ¡Pobre Gepetto! Menos mal que ya no tendrá que preocuparse.

Zorra.- ¿Por qué?

Pinocho.- Porque ahora soy rico.

Zorra.- ¿Tú, rico…?

Gato.- (¡Za güerto loco er muñeco…) (Ríen)

Pinocho.- ¡No os tenéis que reír! ¡Mirad! Si entendéis algo de dinero, sabréis que esto son machismos y buenísimos euros de los mejores… ¿veis?

Zorra.- …zacaba de gorbé cuerdo er muñeco…

Gato.- ¿Y qué pienza-cer con todo ese dinero?

Pinocho.- Lo primero comprarle a Gepetto un chaquetón nuevo de los que abrigan hasta en el polo, y que a la vez no pesan nada, de esos hechos de plumas y de aire; y luego yo me compraré un libro buenísimo del emecé molecular del universo, para saber mucho y ser feliz.

Gato.- (Za vuerto a gorbé loco, oú…)

Zorra.- ¡Ni cete ocurra ponerte ahtudiá! ¡Míraten mí! Por mi loca afición al estudio, he perdio una pienna!

Gato.- ¡Y yo por mi loca afición al estudio, me quedao ciego!

Zorra.- ¡Estudiá es malízimo!

Gato.- ¡Es lo peor que hay!

Zorra.- Pinocho: ¿tú quieres aumentar eze dinero?

Pinocho.- ¿Cómo?

Gato.- ¿Quieres o no quieres?

Zorra.- ¿No quieres convertir tus quinientos en más de veinte mil…?

Pinocho.- Claro que quiero, pero antes dime cómo.

Zorra.- Vente con nosotros al Campo de los Milagros.

Pinocho.- No puedo. Ya estoy cerca de casa y tengo que ir. Gepetto me estará esperando…

Zorra.- Bueno, pues peor para ti…

Gato.- Mucho peor…

Zorra.- Es una pena que por llegar un poco antes a casa, tengas que perder la ocasión de hacer fortuna…

Gato.- Mucha fortuna…

Zorra.- De tener quinientos euros miserábles a tener veinte mil…

Gato.- Por lo menos veinte mil…

Pinocho.- ¿Pero cómo puede ser eso?

Zorra.- El Campo de los Milagros es un campo extraordinario. Tú haces un agujero en aquel campo y metes, por ejemplo, un biyete… Tapas después el agujero con tierra, echas encima un poquito de sal, te vas a dormir y a la mañana siguiente, ¿sabes lo que encuentras…?

Pinocho.- No…

Gato.- Pues te vas a enterar…

Zorra.- Encuentras un hermoso árbol tan cargado de biyetes como las espigas de trigo en el mes de Junio.

Pinocho.- Parece increíble…

Gato.- ¡Es un milagro, muñeco…!

Pinocho.- Ah…

Gato.- ¡Un milagro!

Zorra.- Cinco biyetes de cien, serían…

Gato.- ¡Un verdadero milagro!

Zorra.- Diez… no: doce ramas… doce por cinco… eh… cien… por biyetes de cien… lo dicho, unos veinte mil euros… de oro.

Gato.- ¡Un milagro, oú…!

Pinocho.- ¡Qué maravilla!

Gato.- ¡Yo te dije: ese campo es un milagro…!

Pinocho.- En cuanto recoja todas ese dinero me quedaré con quince mil para mí, y os daré a vosotros cinco mil de regalo.

Zorra.- ¡Ni se te ocurra!

Gato.- ¡No, muñeco, no… es un milagro…!

Zorra.- Nosotros no trabajamos por el vil interés. Lo hacemos sólo por enriquecer a los demás…

Gato.- ¡No hace falta… con los milagros ya está…!

Pinocho.- ¡Bueno! ¡Pues está decidido! ¡Os acompaño! Pero vamos corriendo para que pueda volver pronto a casa…! (Salen)

Escena 8ª

(Entran)

Pinocho.- ¿Falta mucho? Ya no se ve nada por este bosque.

Zorra.- Ná, estamos al lao.

Gato.- Al laíto mismo.

Pinocho.- Se ha hecho de noche.

Zorra.- Sí. Tó los días lo mismo…

Gato.- Igual. Tó los días se hace de noche… y no hay ná que hacer. Es de noche, y ya está… tó los días…

(Entra El Grillo)

El Grillo.- Pinocho: ¿dónde vas por este bosque?

Pinocho.- Grillo… siempre me asustas. ¿Qué me quieres ahora?

El Grillo.- Espera un momento. Quiero darte un consejo…

Zorra.- ¿Qué pasa, Pinocho?

Gato.- ¿Qué es lo que es?

Pinocho.- Nada, os sigo enseguida, me he encontrado un amigo.

Zorra.- Bueno, te esperamos por aquí…

Gato.- Aquí mismito… por aquí… no nos alejaremos mucho, ¿no?… estamos aquí…

Pinocho.- ¿Vas a volver a sermonearme?

El Grillo.- Escúchame, cabeza de chorlito. Da la vuelta ahora mismo y lleva ese dinero a Gepetto, que llora y se desespera al no verte.

(La Zorra y el Gato desaparecen…)

Pinocho.- Mañana Gepetto se convertirá en un gran señor, porque en vez de quinientos euros vulgares tendrá veinte mil, y de oro.

El Grillo.- ¡Eres más tonto que Abundio! ¡No te fíes de los que te ofrecen hacerte rico de la noche a la mañana! O son locos, o embusteros que tratan de engañarte. Créeme a mí, que te quiero bien: vuélvete a tu casa, y vuélvete ya.

Pinocho.- Gracias, Grillo, pero a pesar de eso, yo sigo adelante.

El Grillo.- ¡Mira que es muy tarde!

Pinocho.- ¡Quiero seguir adelante!

El Grillo.- ¡Mira que la noche está muy oscura!

Pinocho.- ¡Te digo que quiero seguir adelante!

El Grillo.- ¡Mira que este camino es muy peligroso!

Pinocho.- ¡Que pesado! ¡Que lo sea! ¡Yo sigo adelante!

El Grillo.- Acuérdate de que cuanto más te las des de listo, mas golpes te darán en la cabeza. ¡Tienes que aprender aún muchas cosas!

Pinocho.- ¡Sí, ya se! ¡La misma historia de siempre! ¡Buenas noches, grillo!

El Grillo.- ¡Buenas noches, Pinocho! ¡Cabezota! ¡Y por tu bien: guárdate del relente, de los ladrones, y de cosas mucho peores…!

Pinocho.- ¡Todo el mundo quiere darme consejos…! ¡Que te den!

Apenas terminó de hablar la sombra del grillo parlante, se apagó su lucecita como si la hubieran soplado, y el camino quedó aún más oscuro que antes.

Escena 9ª

Pinocho.- ¡Eh…! ¿Dónde estáis? ¡Gato! ¡Gato…! A la zorra no la llamo en voz alta porque queda feo… ¿Dónde os habéis metido…? Parece que se hubieran puesto de acuerdo con ese pesado del Grillo para meterme miedo… ¡Gato…! Pero yo no tengo miedo. Si me asalta alguien le asustaré para que se vaya corriendo… Y si no se va él, pues me voy yo y todo arreglado… ¿dónde se habrán metido? ¡Shh! Oigo algo… Mejor escondo el dinero…! (Se mete los billetes en la boca)

(Entran los Asesinos, embozados)

Zorra.- ¡La bolsa o la vida!

No pudiendo Pinocho contestar de palabra, porque se lo impedían las monedas que tenía en la boca, hizo mil gestos y señas para dar a entender a aquellos dos encapuchados (de los cuales sólo podía verse los ojos por unos agujeros hechos en los sacos) que él era un pobre muñeco, y que no tenía en el bolsillo ni siquiera un céntimo partido por la mitad.

Gato.- ¡Menos gestos y venga el dinero!

Zorra.- Como no nos des ese dinero, te matamos… y matamos a tu padre, también…

Pinocho.- ¡Mna mni mpadre mno…!

Zorra.- Ah, lo tiene en la boca…

Gato.- En la boca lo tiene…

Gato.- Apriétale ahí.

Zorra.- No abre.

Gato.- Jesú, que cruz!

Zorra.- Cógele el gaznate.

Gato.- Cogío. Tira… no… a una…

Zorra.- No, yo de la nariz, tú del pescuezo… Da…

Gato.- Ná…

Zorra.- ¡Dale!

Gato.- Ná. No abre.

Zorra.- Esta como sellá con silicona.

Gato.- Maldito muñeco

Zorra.- Ahora vas a ver…

Pinocho.- ¡Mh, mh, mh…!

Zorra.- Escupe, muñeco, escupe.

Gato.- Escupe, maldito, escupe. ¡Dale mas fuerte!

Zorra.- Escupe, muñeco, escupe.

Pinocho.- ¡Mh, mh, mh!

Zorra.- No escupe ná. Esta cerrao el muñeco.

Gato.- No puede ser.

Zorra.- ¡Cerrao! ¡Está cerrao…!

Gato.- Algo hay que hacer.

Zorra.- Ná. Ese muñeco está cerrao.

Gato.- Ahora lo abro yo con esto.

Zorra.- ¡Qué vas abrir! ¿Pero no ves que está cerrao?

Gato.- Tú dejame…

Zorra.- ¿Con el cuchillo lo vas abrir…? Si está cerrao…

Gato.- Le voy a cortar los dientes al muñeco este.

Zorra.- Está cerrao el muñeco…

(Pinocho se apodera del cuchillo y le corta la mano al gato. Entonces escapa)

Gato.- ¡Ay!

Zorra.- ¡Que se va!

Gato.- Pero mi mano…

Zorra.- Tu mano no vale ná, es una garra y no una mano… corre a por el muñeco, vamos

Gato.- ¡Muñeco! ¡Como te agarre te vas a enterar! ¡Me has cortado la mano! Te voy a sacar las asaduras…

Zorra.- Corre y calla

Gato.- Los higadillos

Pinocho.- Mh, mh, mh…

Gato.- Los entresijos…

Zorra.- Qué pesao

Gato.- Las mollejas

Zorra.- Que te calles ya…

Gato.- El mesentério

Zorra.- Oú…

Gato.- Los epiplones

Zorra.- Gato, haz el favor de callarte, ¿no?…

(Ambos se detienen, Pinocho escapa)

Gato.-Todas las tripas le voy a sacar al muñeco ese.

Zorra.- Que te calles.

Gato.- Tó le voy a sacar.

Zorra.- Cállate.

Gato.- Tó.

Zorra.- ¡Silencio!

Gato.- Las vellosidades también.

Zorra.- ¡Calla…! …que le vas a sacar, si está cerrao…

Gato.- Lo voy a abrir y se lo voy a sacá…

Zorra.- Ese muñeco está cerrao…

Gato.- Lo abro y se lo saco.

Zorra.- ¡Calla ya, hombre..! …está cerrao…

Gato.- Los intríngulis.

Zorra.- Más cerrao que una momia, el muñeco ese…

Gato.- Se lo saco lo de dentro…

Zorra.- Nunca he visto otro muñeco más cerrao… ¡pero qué cerrao está, ese muñeco!

Gato.- Se lo voy a sacá.

Zorra.- Pero que ya no está, el muñeco… se ha ido…

Gato.- ¿Pinocho…?

Zorra.- ¡Vamos, corre! Como se escape es culpa tuya…

Gato.- Oú…

(Salen)(Entra Pinocho. Entra el Caracol llevando un ataúd)

Pinocho.- ¡Socorro! Necesito ayuda. Me persiguen para matarme…

Caracol.- Malo…

Pinocho.- ¿Dónde puedo esconderme?

Caracol.- Prueba en la casa de mi ama, está ahí al lado…

Pinocho.- ¿Pero no puedes ir mas deprisa?

Caracol.- Soy un caracol…

Pinocho.- Pues yo me adelanto, adiós…

(Desaparece el caracol. Pinocho llega a la casa. Llama, golpea… Silencio.)

Pinocho.- ¡Abridme, por favor! ¡Estoy en peligro de muerte!

(Silencio. Aporrea. Aparece el Hada.)

Hada.- ¡En esta casa no hay nadie; todos están muertos!

Pinocho.- ¡Pues, ábreme tú!

Hada.- ¡Yo también estoy muerta!

Pinocho.- ¿Muerta? Pues, entonces, ¿qué haces ahí en la ventana?

Hada.- ¡Estoy esperando la caja que ha de servir para enterrarme! (Sale)

Pinocho.- ¡Eh, hermosa niña de cabellos azules: abre, por favor!! ¡Ten compasión de un pobre niño perseguido por los ladrones!

(Silencio)(Los ladrones aparecen de improviso desde las sombras y caen sobre él)

Zorra.- Nada de ladrones, muñeco. Somos asesinos.

Gato.- Asesinos de verdá…

Zorra.- El cuchillo no servirá porque es de madera. Amos a ahorcarlo. De ahí mismo.

Gato.- Vamos. Trae la cuerda.

Zorra.- ¡Tira!

(Cuelgan a Pinocho)

Pinocho.- ¡Gepetto… Gepetto…!

No tuvo fuerzas para decir más. Cerró los ojos, abrió la boca, estiró las piernas, y dando una gran sacudida, se quedó rígido e inmóvil.

(Los Asesinos recogen el dinero que se le ha caído al abrir la boca)

Gato.- Al final se abrió el muñeco…

Zorra.- Adiós, Pinocho, ahí te quedas…

Gato.-… y con lo cerrao que estaba, oú…

(Salen)

 

Escena 10ª

(Entra el Caracol. Mira a Pinocho con mucha calma)

Caracol.- ¡Uy! Muñeco muerto… Malo. Muy malo…

(Entra el Hada)

Hada.- Caracol, ¿cómo está el muñeco? ¿Vivo o muerto?

Caracol.- Parece bastante muerto.

Hada.- Ayudame a bajarlo. (Lo bajan y lo depositan en el ataúd)

Caracol.- Malo…

Hada.- Ve a llamar a los doctores.

Caracol.- Voy corriendo.

Hada.- No, espera, mejor los llamo yo. Tú cuídalo. También hay que cuidar a los muertos…

Caracol.- Sí.

(Sale el Hada)

Caracol.- ¿Por qué te has muerto, muñeco? Tenías todavía tantas cosas que aprender… A mí me hubiera gustado enseñarte algunas. Pero todos los demás van tan deprisa que cuando uno menos se lo espera ya se han muerto… malo…

(Entra el Hada con dos doctores vestidos de negro)

Hada.- Quisera saber, señores, si este desgraciado muñeco está vivo o muerto.

Doctor 1.- Yo opino que el muñeco está completamente muerto, pero si por fortuna no estuviese muerto, entonces sería señal indudable de que estaba vivo.

Doctor 2.- Lo siento, colega; yo opino que está bien vivo; aunque si por desgracia no lo estuviese, entonces sería señal indudable de que estaba muerto.

Hada.- ¿Y usted qué dice, caracol?

Caracol.- Yo creo que el médico prudente, cuando no sabe qué decir, lo mejor que puede hacer es permanecer callado.

Doctor 1.- Pues yo no estoy de acuerdo, aunque tiene parte de razón, ¿verdad?

Doctor 2.- Por el contrario: yo pienso que tiene razón, aunque no estoy de acuerdo.

Caracol.- Por lo demás, este muñeco no me es desconocido: mi amigo el grillo me ha hablado bastante de él.

Hada.- ¿Sí?

Caracol.- Sí. Por lo visto es un granuja incorregible ¡Es un galopín, un holgazán, un vagabundo!

(Pinocho abrió los ojos, pero volvió a cerrarlos en el acto.)

Caracol.- ¡Un hijo desobediente, que hará morirse de pena a su pobre padre! ¡Una verdadera lacra social, un indeseáble, un ignorante…!

(En aquel momento se sintió en la habitación rumor de llanto y de sollozos. Levantaron el embozo de la sábana y se encontraron con que era Pinocho el que lloraba.)

Doctor 1.- Cuando el muerto llora, es señal de que está en vías de curación.

Doctor 2.- Lo siento: yo creo que cuando el muerto llora es señal de que no le hace gracia morirse.

Caracol.- En fin: bebe esto, y te pondrás bien.

Pinocho.- ¿Es dulce, o amargo?

Doctor 1.- (a la vez) Es amargo.

Doctor 2.- (a la vez) Es dulce.

Caracol.- …Te sentará bien.

Pinocho.- ¡Seguro que es amargo! No lo quiero.

Hada.- ¡Anda, bébelo: hazme caso a mi!

Pinocho.- No me gustan las cosas amargas.

Doctor 1.- (a la vez) Pero si es dulce…

Doctor 2.- (a la vez) Pero si es amargo…

Doctor 1.- ¡Pero si habías dicho lo contrario!

Doctor 2.- ¿Yo?

Doctor 1.- ¡Habías dicho que era dulce!

Doctor 2.- ¡Tú has dicho que es dulce!

Doctor 1.- ¡Yo no he dicho semejante cosa! ¡Has sido tú!

Doctor 2.- ¿Yo? ¡Cómo voy a decir que es dulce si es amargo! Todas las medicinas son más amargas que la quina, eso lo sabe cualquiera…

Doctor 1.- Pero ésta puede tener sacarina.

Doctor 2.- ¡Sacarina…! ¡Qué estupidez! Serás burro…

Doctor 1.- ¡Sí, majadero, sacarina!

Doctor 2.- ¡Nada de sacarina!

Doctor 1.- ¡Sacarina dulce!

Doctor 2.- ¡Es amargo!

Doctor 1.- ¡Dulce!

Doctor 2.- ¡Imbécil!

Doctor 1.- ¡Cretino…! (siguen discutiendo: ¡ignorante!, ¡bocazas!…)

Hada.- Por favor…

Caracol.- Yo me los llevo. Pero que se tome eso… Vamos, vamos, doctores… seguirán el debate científico en otra parte… (salen)

Hada.- Vamos, Pinocho: bébelo, y te daré después un terrón de azúcar para quitarte el mal gusto.

Pinocho.- ¿Dónde está el terrón de azúcar?

Hada.- Aquí lo tengo.

Pinocho.- Primero dame el terrón de azúcar, y después me beberé la pócima esa…

Hada.- ¿Me lo prometes?

Pinocho.- Sí.

Hada.- Toma.

Pinocho.- ¡Qué lástima que el azúcar no sea medicina! ¡Estaría enfermo todo el día!

Hada.- Ahora vas a cumplir la promesa que me has hecho, y a beberte esto…

Pinocho.- (…) ¡Buáh! ¡Es muy amarga! ¡Muy amarga! ¡No puedo! Quiero otro terrón de azúcar primero, y después la beberé.

Hada.- Bueno… (le da otro terrón de azúcar)

Pinocho.- Pero así no puedo…

Hada.- ¿Por qué?

Pinocho.- Me pica mucho la espalda.

(El hada le rasca)

Hada.- ¿Ya?

Pinocho.- ¡No! ¡Tampoco puedo beberlo!

Hada.- ¿Qué es lo que te pica ahora?

Pinocho.- La almohada de este ataúd, está muy baja.

(Le arregla la almohada)

Hada.- ¿Ya?

Pinocho.- ¡Es que no quiero, no quiero y no quiero! ¡No me da la gana! ¡Está horrible!

Hada.- ¡Pinocho, mira que luego te arrepentirás!

Pinocho.- ¡Mejor!

Hada.- Tu enfermedad es grave y puede llevarte al otro mundo.

Pinocho.- ¡Mejor!

Hada.- ¿No tienes miedo de la muerte?

Pinocho.- Ninguno. ¡Antes me muero que beber esa medicina tan amarga!

Hada.- Bueno… (entran de vuelta el caracol y los dos doctores, los cuales, corriendo, con martillos y una tapa del ataúd, comienzan a cerrarlo y a clavar las puntas…)

Pinocho.- ¡Eh, eh, eh…! ¡Qué hacéis?!

Doctor 1.- Cerramos tu ataúd.

Doctor 2.- Además de médicos somos enterradores.

Doctor 1.- Así siempre tenemos trabajo…

Pinocho.- ¿Mi ataúd? ¡Pero si no me he muerto todavía!

Doctor 1.- Todavía, no; pero te quedan pocos instantes de vida, por no haber querido beber la medicina…

Doctor 2.- Y así vamos ganando tiempo, total, para lo que te queda… Dale ahí, esa punta quedó fuera…

Doctor 1.- Gracias. Estos clavos de acero son muy buenos…

Doctor 2.- Ya te digo…

Pinocho.- ¡Eh, eh! ¡Socorro! ¡Por favor, niña de cabellos azules, ayudame!

Hada.- ¿Cómo te puedo ayudar?

Pinocho.- ¡Dame en seguida el vaso! ¡Yo no quiero morir!

Hada.- Bueno. Caracol, anda, llévale el vaso.

Caracol.- Voy corriendo.

(Bebe)

Hada.- Quitad la tapa.

(Pinocho sale del ataúd corriendo)

Doctor 1.- ¡Paciencia!

Doctor 2.- En fin, pena de viaje que hemos perdido. Otra vez será.

Doctor 1.- Sin duda.

Doctor 2.- Adiós.

(Y echándose de nuevo sobre los hombros la caja, que habíandejado en tierra, salieron del cuarto refunfuñando y murmurando entre dientes)

Caracol.- ¿Así que mi medicina te ha sentado bien?

Pinocho.- ¡Muy bien! ¡Me ha resucitado!

Caracol.- Bueno, bueno.

[Hada.- Ahora ven aquí, a mi lado, y cuéntame cómo caíste en manos de los ladrones.

Pinocho.- Pues fue que Tragafuego me dio quinientos euros para mi padre, y en el camino me encontré una zorra y un gato muy majetes que me dijeron: ¿Quieres que esos euros miserábles se conviertan en veinte mil? “Sí” , les dije. Pues vente con nosotros al Campo de los Milagros. Pero me distraje un rato con un grillo pesado y se fueron. Y luego me encontré con dos ladrones, que me dijeron: ¡Danos el dinero! Y yo me lo había metido en la boca. Y luego me persiguieron y me cogieron y me colgaron.

Hada.- ¿Y te quitaron el dinero?

Pinocho.- ¡Qué va! Yo no abrí jamás la boca.

Caracol.- ¿No?

Pinocho.- No.

(Apenas había dicho esta mentira, la nariz del muñeco, que ya era muy larga, creció más de dos dedos.)

Hada.- Ah. ¿Y dónde lo tienes?

Pinocho.- Lo he escondido en el bosque.

Caracol.- ¿Si?

Pinocho.- Si…

(A esta segunda mentira siguió creciendo la nariz).

Hada.- Ah. Entonces lo buscaremos…

Pinocho.- Aunque ahora que me acuerdo bien no las he escondido, sino que me las he tragado al tomar la medicina….

Caracol.- ¡Ah, caramba… ¿en serio?!

Pinocho.- Eh… bueno… creo… eh…

(A esta tercera mentira se le alargó la nariz de un modo tan extraordinario, que el pobre Pinocho no podía ya volverse en ninguna dirección.)

(El hada se ríe)

Pinocho.- ¿Por qué te ríes?

Hada.- Me río de las mentiras que has dicho.

Pinocho.- ¿Y cómo sabes que he dicho mentiras?

Hada.- Las mentiras son de dos clases: las que tienen las piernas cortas, y las que tienen la nariz larga. Las tuyas, por lo visto, son de las que tienen la nariz larga… ha… ha… ha….!

Caracol.- Muy larga…

(Pinocho llora)

Hada.- (…) Bueno, Pinocho. ¿Ves? Es que dicen que es mejor no mentir nunca. Te ahorrará problemas inesperados. Vamos a ayudarte. No llores. Caracol, dame el serrucho…

(El caracol saca un serrucho y el Hada corta el sobrante de la nariz, con el que, más tarde, se hizo una pértiga que fue usada luego por el cardenal Borgia en su góndola de Venecia. Pero eso sin duda es otra historia)

Caracol.- Arreglado.]

Pinocho.- ¡Gracias! ¡Eres muy buena y te quiero mucho!

Hada.- Yo también te quiero mucho y si quieres quedarte conmigo, podemos vivir los dos aquí juntos, y dormir en la misma camita. Serás como mi hermano, y yo como tu hermana…

Pinocho.- Yo sí quisiera quedarme; pero, ¿y mi padre?

Hada.- Ya he pensado en eso. He ordenado que le avisen, y antes de una semana estará aquí.

Pinocho.- ¿Sí?

Hada.- Si. Pero me tienes que prometer una cosa.

Pinocho.- Lo que quieras.

Hada.- A partir de mañana mismo sin falta, empezarás a ir a la escuela con los otros niños. No puede ser que sigas siendo un ignorante que no sabe ni leer.

Pinocho.- Te lo prometo, y esta vez de verdad. ¿Y tú vendrás conmigo también a la escuela?

Hada.- No, a mí no me hace falta… (sale)

Caracol.- Tu nueva hermana no es una niña normal. Esa niña de cabellos azules hace más de mil años que vive en este bosque…

Pinocho.- ¿Pero y cómo puede ser?

Caracol.- Ya lo aprenderás… con el tiempo y estudiando… ¡no más preguntas! Vamos, vamos, ve a prepararte, que tienes que ir a la escuela, ¡vamos!, sube arriba, que ella te dará todo lo necesario. ¡Vamos!

(Sale Pinocho)

(El tiempo se detiene y el Caracol habla al público)

Durante más de seis meses Pinocho cumplió su promesa. Fue a la escuela, aprendió a leer y resultó un alumno muy inteligente, y todos sus compañeros le envidiaban por ser buen estudiante. Era feliz viviendo con la hermosa niña de cabellos azules, aunque Pinocho no sabía que en realidad era una ninfa de los bosques… un hada. Pero a su carpintero Gepetto no lo había vuelto a ver. Algunos decían que Gepetto había emprendido un viaje por mar para ir a ver a Pinocho, pero que se lo había tragado una enorme ballena que andaba por aquellos mares. A la gente le gusta mucho contar historias… Pero bueno, el caso es que un día Pinocho salió de casa como siempre para ir a la escuela…

(Sale)

Escena 11ª

(Entran Pinocho y 4 niños)

Espárrago.- ¡Pinocho! ¿Sabes la gran noticia?

Pinocho.- No.

Algarroba.- Pues que dicen que acaban de ver a una ballena grande como una montaña.

Pinocho.- ¿Y no será el nuevo profesor de matemáticas?

Espárrago.- ¡Anda ya! Es en serio…

Tonino.- Nosotros vamos a la playa para verla…

Espárrago.- ¿Te vienes?

Pinocho.- A lo mejor es la misma ballena que dicen que se tragó a mi padre…

Marmolillo.- Seguro. Tronco. Es la misma.

Espárrago.- Va, ¿te vienes?

Pinocho.- No. Yo quiero ir a la escuela.

Marmolillo.- ¡Eso es imposible…!

Tonino.- ¿Cómo vas a querer ir a la escuela?

Algarroba.- Déjale, a lo mejor él sí quiere…

Tonino.- ¡Tú calla, niña!

Algarroba.- No me da la gana, ¿qué pasa?

Espárrago.- ¿Pero qué te importa la escuela? Por un día no vas a ser más burro.

Pinocho.- ¿Pero qué dirá el profesor?

Espárrago.- ¡Que diga lo que quiera! ¡Para eso le pagan: para regañarnos todo el día!

Marmolillo.- Descarao. Sólo para eso.

Pinocho.- ¿Sabéis lo que voy a hacer?

Algarroba.- No, dínoslo…

Pinocho.- Pues iré a la playa después de salir de la escuela.

Tonino.- ¡Pues vaya gracia!

Marmolillo.- Si lo que mola es perderse las clases…

Espárrago.- Venga, Pinocho…

Pinocho.- No, iré luego…

Algarroba.- …pues yo creo que las ballenas no están nunca mucho tiempo cerca de la playa… Seguro que luego ya se ha ido…

Tonino.- (Eres muy lista, Algarroba.)

Algarroba.- (Más que tú seguro.)

Marmolillo.- (¡Descarao!)

Pinocho.- ¿Cuánto se tarda en llegar a la playa?

Espárrago.- En una hora podemos ir y volver.

Pinocho.- ¡Pues vamos allá, y a ver quién llega antes!

(Salen todos corriendo)

Escena 12ª

(Entran todos corriendo. Pinocho otea el mar)

Pinocho.- ¿Y bueno…? ¿Dónde está esa ballena tan enorme?

Espárrago.- Es que igual se ha encogido, con el agua…

Marmolillo.- ¡Descarao! ¡Se ha convertido en un chanquete!

Tonino.- O igual tenía clase y no quería llegar tarde…

Algarroba.- ¡Le tendría miedo al profesor…!

Marmolillo.- ¡Era la ballena empollona…!

(Todos reían. Pinocho comprendió que sus compañeros, para burlarse de él, habían inventado la historia de la ballena…)

Pinocho.- Qué graciosos…

Marmolillo.- Sí, mucho. Gracias…

Pinocho.- ¿Y qué habéis ganado con esta broma tan estúpida?

Espárrago.- ¡Claro que hemos ganado!

Tonino.- ¡Primero hay que ser burro para creerse que la ballena gigante va a venir hasta esta playa…!

Algarroba.- Y además te hemos hecho perder la clase.

Espárrago.- ¿No te da verguenza estudiar tanto?

Pinocho.- Y eso, ¿qué os importa a vosotros?

Tonino.- Claro que nos importa. Porque entonces a nosotros nos exigen más…!

Espárrago.- Y yo no aguanto que te pongan todo el rato como ejemplo…

Algarroba.- ¿Veis: Pinocho va bien, Pinocho estudia, Pinocho aprende, Pinocho marcha… Pinocho hasta en la sopa…!

Marmolillo.- Como los picatostes…

Espárrago.- Está pesado ya tanto Pinocho.

Pinocho.- Bueno. ¿Y entonces que debo hacer para teneros contentos?

Espárrago.- Unirte a nosotros.

Pinocho.- Pero si yo me lo paso bien con vosotros…

Tonino.- Ya, pero… no basta…

Marmolillo.- “La escuela, los profesores y los libros: sólo valen para escupidlos”: ese es nuestro lema. Y tendrás que aceptarlo ahora.

Pinocho.- ¿Y si a mí me da la gana seguir estudiando?

Espárrago.- Entonces, prepárate…

Pinocho.- Bueno. Muy bien. Ya estoy preparado.

Tonino.- Mira que va en serio…

Pinocho.- ¡Uy que miedo!

Marmolillo.- ¡Uy que chulo…!

Espárrago.- Mira que somos cuatro y tú eres uno sólo…

Pinocho.- Qué se le va a hacer…

Tonino.- Mira que te damos una paliza…

Pinocho.- Pues dáos prisa, que luego tengo que ir a clase…

Algarroba.- ¡Eres un idiota, Pinocho!

Pinocho.- ¡Y vosotros unos mamarrachos!

Espárrago.- ¡A por él…!

(Se lanzan todos encima suya. Pelea total. Finalmente entre los cuatro dominan a Pinocho)

Algarroba.- ¡Al agua con él!

Espárrago.- ¡Sí, vamos a tirarlo al agua desde las rocas!

Marmolillo.- Como es de madera, flotará muy bien…

Tonino.- Por aquí, ahí abajo el agua es muy profunda…

Algarroba.- Eso por hacerte el listo, Pinocho…

Espárrago.- ¿Preparados?

Marmolillo.- No, espera… el zapato. Ahora.

Espárrago.- ¿Preparados?

Marmolillo.- Sí.

Espárrago.- ¡A la una… a las dos… y a las tres!

(Lanzan a Pinocho. En ese mismo momento la inmensa boca de la bellena gigante abre sus fauces tenebrosas)

Marmolillo.- ¡Hostias! (=¡mirad!)

Espárrago.- ¡Cuidado, es la ballena!

Tonino.- ¡Es la ballena…!

Algarroba.- ¡Socorro…!

Espárrago.- ¡Vámonos!

(Salen los cuatro. Pinocho es engullido…)

Escena 13ª

(Pinocho dentro de la barriga de la ballena, el dragón o lo que quiera que sea… Luego, un bacalao. Luego Gepetto)

Pinocho.- ¡Socorro! ¡Socorro!

(Silencio)

Pinocho.- ¡Hay alguien ahí…?!

(Silencio)

Pinocho.- ¿No hay nadie que pueda ayudarme?

Bacalao.- ¿Y quién va a ayudarte, desgraciado?

Pinocho.- ¿Quién está ahí?

Bacalao Yo.

Pinocho.- ¿Y quién eres tú?

Bacalao.- Soy un bacalao.

Pinocho.- Ah.

Bacalao.- ¿Y tú, qué pez eres?

Pinocho.- ¡Qué pez ni qué narices! ¡¿Tengo cara de besugo?! ¡Soy un muñeco!

Bacalao.- Ah. Pues si no eres un pez, ¿por qué te has dejado tragar por el monstruo?

Pinocho.- ¡Vaya pregunta! Se nota que eres un bacalao. ¡Por divertirme…!

Bacalao.- Qué diversiones más raras tenéis los muñecos.

Pinocho.- Ya ves. Bueno: ¿y qué podemos hacer ahora?

Bacalao.- Resignarnos y esperar a que la ballena nos digiera a los dos.

Pinocho.- ¡Pues vaya plan más bonito!

Bacalao.- Ya imaginaba yo que te gustaría… pero a mí en el fondo no me hace mucha gracia…

Pinocho.- ¡A mí tampoco!

Bacalao.- ¿Ah, no…? Sois un poco raros los muñecos. Lo que pasa es que yo soy filósofo, y me resigno. Cuando uno nace bacalao, es más honroso morir en el agua que en el aceite frito.

Pinocho.- ¡Qué estupidez! Eso no es resignación.

Bacalao.- ¿No…?

Pinocho.- ¿Es muy grande la ballena que nos ha tragado?

Bacalao.- Tiene más de un kilómetro de largo, sin contar la cola. Pero, ¿por qué crees que no es resignación…?

Pinocho.- ¡Eh! ¿Allá no se ve una lucecita?

Bacalao.- Parece que sí… ¿Eh, por qué no es resignación?

Pinocho.- ¿Y qué puede ser?

Bacalao.- Algún otro desgraciado como nosotros, que está esperando con resignación la muerte, pero con luz.

Pinocho.- Bacalao, eres un poco pesao.

Bacalao.- ¿Pero por qué no es resignación?, en serio, a mí me parece que lo es…

Pinocho.- ¡Porque no has agotado todas las posibilidades! A lo mejor podemos escapar… Voy a ver qué es esa luz…

Bacalao.- ¿Escapar de una ballena que ya te ha comido… ? no sé… no lo veo claro… ¡espérame!

(Pinocho se puso en marcha, andando a tientas en aquella oscuridad por el cuerpo de la ballena, y dando con cuidado un paso tras otro en dirección de aquel pequeño resplandor que divisaba a lo lejos, muy lejos…)

Pinocho.- No hagas tanto ruido…

Bacalao.- Lo siento. Estoy como pez fuera del agua.

Pinocho.- ¡Mira…! Es un viejecito…

Bacalao.- Si.

Pinocho.- Pero si es….

(…)

¡¡Gepetto!!

(Pinocho sintió una alegría tan grande y tan inesperada, que le faltó poco para volverse loco. Quería reír, quería llorar, quería decir una porción de cosas; pero no podía, y en su lugar no hacía mas que lanzar sonidos inarticulados o balbucear palabras confusas y sinsentido.)

¡Gepetto! ¡Gepetito! ¡Gepetín! ¡Gepetincito ! ¡Gepetincitincito!

Gepetto.- ¡No me lo puedo creer!!

Pinocho.- ¡Por fin te he encontrado! ¡Ahora ya no te dejaré nunca, nunca, nunca!

Gepetto.- ¿Eres tú, realmente, mi querido Pinocho?

Pinocho.- ¡Sí, sí; soy yo; yo mismo! Yo soy, yo mismo, si, soy yo, soy yo, Gepetto. ¡Hola, ¡Hola! Me has perdonado, ¿verdad?

Gepetto.- Claro que te he perdonado. Te he buscado mucho, mucho…

Pinocho.- Me dijeron que habías salido de viaje a buscarme, y que habías naufragado en el mar…

Gepetto.- Me embarqué porque oí que vivías en un país al otro lado del mar…

Pinocho.- ¿Y cuánto tiempo hace que estás en esta barriga de ballena ?

Gepetto.- Unos dos años.

Pinocho.- ¡Dos años! ¿Y qué has hecho para comer? ¿Y dónde has encontrado el farol? ¿Y las cerillas?

Gepetto.- Verás. Cuando la ballena nos hizo naufragar se tragó de un bocado el barco entero. Todos los marineros habían escapado, pero yo me había quedado dentro porque no sé nadar. Y en el barco había provisiones, y faroles y cerillas. Pero ya se ha acabado todo. Esta es la última vela…

Bacalao.- Resignación.

Gepetto.- ¡¿Y éste quién es?!

Pinocho.- Un bacalao que me encontrao aquí dentro. (No parece mala gente, pero es un poco pesado). Te presento a Gepetto, mi… carpintero…

Bacalao.- Encantado.

Gepetto.- Igualmente. Así, que ya ves. Estamos a punto de quedarnos a oscuras…

Pinocho.- Entonces vamos pronto.

Gepetto.- ¿A dónde?

Pinocho.- A escapar de aquí.

Gepetto.- ¿Cómo?

Pinocho.- Saliendo por la boca del dragón y huyendo a nado por el mar.

Gepetto.- Pinocho, yo no sé nadar.

Pinocho.- No importa: yo soy buen nadador y te llevaré a la orilla sano y salvo.

Bacalao.- No se puede salir por la boca: está llena de dientes. Es muy peligroso.

Pinocho.- Igual de peligroso es quedarse aquí. Así que resígnate tú si quieres. Nosotros vamos a intentarlo.

Gepetto.- Pero…

Pinocho.- Nada de peros. Vamos. Si hemos de morir, que sea intentando hacer algo! Vamos.

Gepetto.- De acuerdo, Pinocho. Vamos.

(Salen)

Escena 14ª

(Llegan a la boca de la ballena)

Pinocho.- Ya se ve el resplandor de la luna ahí fuera.

Bacalao.- La ballena soba.

Gepetto.- ¿Cómo que soba?

Pinocho.- Quiere decir que está dormida.

Gepetto.- Ah. Curioso idioma el de los bacalaos.

Pinocho.- ¡Es la gran ocasión para escaparnos! Hay que aprovechar la respiración, cuando echa fuera el aire, para que nos arrastre. Y saltar por encima de los dientes.

Gepetto.- Sí. ¿Estás seguro de que podrás conmigo?

Pinocho.- Claro que sí. Agárrate fuerte a mi espalda. ¿Tú que haces, bacalao?

Bacalao.- Me da miedo seguir… pero no quiero quedarme. Sinceramente, estoy un poco confuso…

Pinocho.- No tenemos toda la noche…

Bacalao.- Ya, pero es un asunto delicado… hay que reflexionar…

Pinocho.- ¿Qué haces?

Bacalao.- Para reflexionar tengo siempre que tumbarme de espaldas. Así pienso mejor…

Pinocho.- Bueno. Pues adiós. Ha sido un placer conocerte. Nosotros vamos a intentarlo….

Bacalao.- ¡Espera! Voy con vosotros. Es la primera vez en mi vida que decido algo tan rápido…

Pinocho.- Pues preparados, cuando espire…

Bacalao.- Al loro…

Gepetto.- ¿¡Qué loro!?

Pinocho.- ¡Quiere decir atentos…! ¡Ahora!

Bacalao.- ¡Ay mi madre!

Pinocho.- ¡Saltad…!

(Saltan fuera de las fauces de la ballena y caen al agua del mar)

Gepetto.- ¡Socorro, Pinocho! Que me ahogo…

Pinocho.- Yo te sostengo.

Gepetto.- No puedo, me hundo…

Pinocho.- Pesas demasiado… y yo demasiado poco…

Gepetto.- ¡Socorro, ayuda!

Pinocho.- Aguanta…

Gepetto.- ¡No puedo! Pinocho…!

Pinocho.- ¡Gepetto…!

Gepetto.- ¡No puedo! Pinocho…!

Pinocho.- ¡Gepetto…!

Bacalao.- Eh… ¿necesitáis ayuda?

Gepetto.- No vendría mal…

Bacalao.- Como al muñeco le divertía que se lo comiera la ballena, pensé que a ti a lo mejor te divertía ahogarte.

Gepetto.- Pues no… quizás en otro momento… ¡Socorro!

Bacalao.- Pues agárrate a mí.

Gepetto.- Gracias, atún.

Bacalao.- No soy un atún, soy un bacalao, pero de nada. Vamos, agárrate tú también, Pinocho. Ahora estoy como pez en el agua. ¿Dónde queréis que os lleve?

Pinocho.- A la orilla.

Bacalao.- ¡Si estamos al lado! La ballena estaba durmiendo en aguas bajas… En un minuto estaremos allí…

Gepetto.- ¿Pesamos mucho?

Bacalao.- Para nada.

Pinocho.- Gracias, Bacalao. Has salvado la vida de Gepetto…

Bacalao.- Gracias a ti. Tú me has enseñado el camino, y yo no he hecho más que seguirte.

Pinocho.- ¡Ven que te dé un beso!

Bacalao.- …¡Adiós, que me da verguenza….!

(Sale el Bacalao)

Pinocho.- ¡Adiós!

Gepetto.- ¡Adiós, rodaballo!

Pinocho.- Era un bacalao, Gepetto, no un rodaballo.

Gepetto.- ¡Ay, Pinocho, es que cada vez estoy peor de la memoria!

Pinocho.- ¿Qué te pasa?

Gepetto.- Hemos escapado de la ballena, pero ¿qué vamos a hacer ahora!? Yo vendí mi casa para pagar el viaje en barco… no tenemos nada, Pinocho…

Pinocho.- No te preocupes, Gepetto. Encontraremos trabajo y casa… ya verás como salimos adelante…

Gepetto.- No sé… Mira… ¿qué son aquellas luces y letreros?

Pinocho.- ¡Es el teatro itinerante de Tragafuego! ¡Mira, dice: “Esta noche gran velada teatral con Arlequino, Pantalone y la Bella Colombina, el Hada de los Azules Cabellos…” …se llama igual que la hermosa niña que me salvó la vida…

Gepetto.- ¿Pero sabes leer, Pinocho?

Pinocho.- ¡Claro! He estudiado mucho, mientras vivía con una Niña de Cabellos Azules… que era muy guapa y era como si fuera mi hermana, aunque yo fuera un muñeco de madera, sin embargo el caracol me dijo que ella tenía más de mil años… a lo mejor son la misma persona… ¿no quieres que entremos en el teatro?

Gepetto.- ¡Sí quiero! Hace dos años que no veo a nadie… pero no tenemos dinero.

Pinocho.- No te preocupes, el dueño es amigo mío. Ven. Entremos por aquí…

(Salen)

Escena 15ª

(En escena Arlequino y Colombina)

Arlequino.- Princesa Osama, mi amo dice que os ama.

Colombina.- ¿Y además de repetir mi nombre como un loro qué más sabe decir tu amo?

Arlequino.- No. No me habéis entendido bien: os-a-ma: mi amo, el señor Pantalone… (¡qué demonios, es demasiado hermosa para casarse con mi amo! Mejor será que se lo diga yo mismo de mi parte. Me acabo de enamorar de ella…)

Hermosa princesa, dejad que le den a mi amo por donde más le duela: señora, os amo.

Colombina.- ¿Vos? ¿Me amáis?

Arlequino.- Os amo, Osama. ¡Os amo, os amo, os amo, Osama, tanto, que creo que me voy a volver loco en este mismo momento. No, no, mejor, ya me he vuelto loco de remate, mirad lo que hago…

Colombina.- Pero Arlequino, no sois feo del todo, pero vos sois un criado, y yo una princesa…

Arlequino.- ¡Perfecto: ¿qué sería una princesa sin su criado? Un Real desastre, así pues, estamos hechos el uno para el otro…

Colombina.- ¡Arlequino…!

Arlequino.- ¡Pinocho…!

Colombina.- ¿Pinocho? ¿Dónde?

Arlequino.- ¡Ahí está! ¡Pinocho! ¡Ven, sube!

Pinocho.- ¡No quiero interrumpir la función! No quiero que Tragafuego se enfade…

Arlequino.- No te preocupes, él también te ha echado de menos…

Colombina.- ¡Tragafuego, ven! Tenemos una sorpresa!

(Colombina sale a buscar al empresario)

Pinocho.- Colombina tiene ahora los cabellos azules, como…

(Entra Tragafuego)

Tragafuego.- ¡¡QUÉ PASA AQUÍ…!!? ¡Otra vez interrumpiendo…?! ¡…Pinocho!! ¡Pinocho: bienvenido! Qué alegría… Ven aquí que te de un abrazo…

Pinocho.- ¿Ya no necesita leña para acabar su asado?

Tragafuego.- Me he hecho vegetariano…

Pinocho.- Mirad: este es Gepetto: es… el carpintero que me hizo…

Arlequino.- Yo ya lo conozco: ¡hola, Gepetto!

Gepetto.- Por fin has encontrado a tu gente…

Arlequino.- Sí. Y hemos vuelto a actuar por los pueblos y las ciudades… pero siempre que veo a Pinocho siento una gran alegría…

Gepetto.- Es que sois como hermanos. Aquel día que no pudiste actuar porque estabas sólo, ¿te acuerdas? Fue cuando yo decidí hacer a Pinocho.

Pinocho.- ¿Y por qué?

Gepetto.- Quería tener a un muñeco que me hiciera compañía, y viajara conmigo por el mundo, y me hiciera ganarme el pan con sus actuaciones y sus cabriolas…

Pinocho.- Ah…

Gepetto.- Pero luego te tomé tanto cariño que ya no puedo estar sin ti, y… ¡casi me digiere la ballena por ir a buscarte, qué demonios! Dame un abrazo, muñeco, hijo mío…

Pinocho.- ¡Yo no soy un hijo, yo soy un muñeco de madera! ¡Y me gusta serlo!

(Entra el Hada)

Hada.- ¿Estás seguro que no quieres ser un niño como los demás, y tener a Gepetto como padre?

Pinocho.- ¡Entonces es verdad que eres un hada!

Hada.- Tal vez. Soy una niña todavía, pero no hay muchas que tengan los cabellos azules… y a mí, la verdad, me sienta muy bien. Pero dime, ¿qué prefieres? ¿Ser muñeco de madera o niño mortal de carne y hueso? ¿Vagar sólo por el mundo, corriendo tus aventuras, a tu manera, o tener en Gepetto un padre de los de verdad?

Pinocho.- Bof…! No sé. Por un lado me gusta ser muñeco: ¡puedo hacer lo que quiera! Por otro… es bueno sentir que te cuidan y protegen…

¿Y no podría ser ambas cosas? Yo sueño con ser niño por el día, y muñeco por la noche…

Hada.- Sea. Y trabajarás también en este teatro…

Pinocho.- ¡Sí!

Arlequino.- ¡Bien!

Hada.- Así podrás cumplir tu sueño de vivir varias vidas en una sola… ¿estás de acuerdo?

Pinocho.- ¡Decididamente sí!

Hada.- Pues entonces, y porque te lo has ganado, te concedo tu deseo.

Pinocho.- ¡Gracias! Hada: oye, me gusta mucho cómo eres…

Arlequino.- Se parece mucho a Colombina…

Hada.- Tú también has mejorado mucho con el tiempo, Pinocho…

Pinocho.- ¡Y más que tendré que mejorar!

Hada.- Por cierto: el Grillo me ha dado recuerdos para ti.

Pinocho.- ¿Sí!? ¿Cómo está?

Hada.- Bien. Ha conocido a una grillita, y ya tienen cuatro grillines.

Pinocho.- Un día de estos iré a hacerles una visita…

Tragafuego.- Gepetto, hace tiempo que necesito un carpintero, para hacer muñecos nuevos…

Gepetto.- ¡Eso está hecho! Cuenta conmigo y gracias… pero… ¿es muy duro lo de hacerse vegetariano?

Tragafuego.- Nada, es estupendo (aunque por las noches yo, de vez en cuando, una patita de cordero…)

Arlequino.- Tragafuego, ¿qué pasa ahora? El público está esperando…

Tragafuego.- ¿Están esperando? ¡Pues que esperen y que siga la fiesta! Hoy decreto día libre: un día es un día. Al público, que le den… mientras nosotros seamos felices, el teatro no se acabará…!

No, no… esperad. Pido disculpas y voy a despedirnos como debe ser: al público presente suplicamos perdone el extraño fin de esta función. De errores estuvo llena, y aún otras mil historias se quedaron sin contar…

pero el teatro es como la vida: un día acaba

y el siguiente día vuelve a amanecer.

Así pues: hasta mañana, amigos,

esperamos que os haya gustado.

Para nosotros fue un placer.

FIN DE

Andanzas y aventuras de un taco de madera llamado Pinocho

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