Historias de amor para criaturas

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Crónicas de la Abadía de Monte Kûçedra

tambien llamadas

Crónicas de la Abadía de los Malos Tiempos

Libro I

Historias de Amor para iluminar a todas las Criaturas de Nuestro Señor, en éste y en los venideros mundos, aprendidas y consignadas por escrito con fidelidad a la realidad, por el hermano fraile Godofredo DuLavín”

Transcripción, traducción directa del latín y notas de Julio Salvatierra. Madrid, Febrero 2001

Introducción

Si damos crédito a las crónicas escritas entre los años de 1250 y 1288 por los monjes de la Abadía de Monte Kûçedra -tambien llamada la Abadía de los Malos Tiempos por las gentes de a pie- el Bosque del actual valle de Karavastase recibía el nombre de Bosque de la Muerte Temprana, y estaba perpetuamente cubierto de una niebla tan densa y pegajosa que hacía casi imposíble ver más allá de la longitud de un brazo extendido.

Las leyendas medievales en torno a este bosque son tantas y tan peculiares que el investigador de hoy no puede sino preguntarse qué factores se daban cita en esta montañosa y casi desconocida región de la Albania actual para desatar la imaginación de sus pobladores de una manera tan particular, intensa y específica.

Aunque desde luego, hoy día, el Valle y el Bosque en torno a los pantanos del Karavastaesse aún constituyen una región inesperada, casi siempre sombría y espectral, en fugacísimos momentos cálida y soleada, tocada de una belleza que aún el más ecuánime observador se inclinaría fácilmente a llamar sobrenatural. Tal vez esta naturaleza oscura y salvaje haya contribuido a tallar el perfil de unos hombres y mujeres duros pero quizás y al mismo tiempo, tremendamente imaginativos.

Tambien es cierto que, como señala el investigador y folklorista Ramón Sánchez Lizarralde [1]:

“Los territorios habitados por los albaneses en la zona occidental de la península balcánica, junto con alguna de las regiones vecinas pobladas por pueblos eslavos, ostentan el privilegio de haber conservado viva hasta fecha bien reciente una literatura oral de antiquísima procedencia cuya audición o lectura nos traslada a un mundo pretérito ajeno a las grandes urbes, poblado de héroes y doncellas, monstruos y genios maravillosos, frente a cuyas portentosas facultades y designios se trazaban los destinos de quienes osaban retar a la propia suerte.”

 

Y añade:

“Todavía en la década de los ochenta tuve yo -junto otros escasos y privilegiados testigos- la oportunidad de escuchar en directo a algún juglar –lahutar en albanés- mientras salmodiaba poemas épicos de cientos y hasta miles de versos, acompañado por su extraño instrumento de una sola cuerda, la Lahuta, extraído de quién sabe qué remota noche de los tiempos…

(…) Gracias a todos ellos hoy puede conocerse con algún detalle en lengua albanesa el tesoro que esa literatura popular representa, salvado del olvido o la deformación, en el umbral de una sociedad de la que ya desaparecieron las posadas donde los juglares y rapsodas recitaban sus historias en la noche, frente al hogar de la sala común, rodeados en la penumbra por viajeros y gentes del lugar que escuchaban extasiados la memoria de sus propias ancestros.”

 

Igualmente cierto es que de todo el Mediterráneo, son los Balcanes el crisol mayor de pueblos, razas, culturas y costumbres, lo que resulta en una riquísima variedad de personajes en su literatura popular.

Pero en cualquier caso, llamo la atención sobre el hecho de que si el cuento popular albanés es de una riqueza particularmente notable, tanto por su oralidad como por su riqueza mítica, las Crónicas de la Abadía de los Malos Tiempos suponen algo cualitativamente distinto y de una importancia muy superior. De hecho constituyen uno de los hallazgos arqueológicos y documentales que más sorprenden e intrigan a los investigadores actuales, y sobre el cual todavía no ha conseguido fraguarse una explicación sólida y satisfactoria.

La datación de los códices encontrados no ofrece lugar a dudas. Y por si aún esto fuera cuestionado, las referencias a las Crónicas… en obras posteriores -compuestas en torno al año 1296- son concluyentes. Nos hallamos ante un original escrito en la Baja Edad Media, aparentemente por los monjes de la orden del Císter, y que ha permanecido oculto durante ocho siglos hasta que salió a la luz, de forma inesperada, durante las excavaciones del segundo estrato de la cripta de la Abadia, realizadas en 1986. Hasta aquí todo resulta normal.

Pero es la naturaleza de estos escritos lo que nos asombra. El reflejo del mundo del hombre medieval es notorio, pero su estilo dialogado, cuasi teatral, la viveza de sus descripciones, la inserción de canciones en el texto, la naturalidad –y sobre todo la humanidad- de sus reflexiones nos sorprende con un atisbo inesperado de una modernidad y una realidad donde lo espiritual toma forma junto a lo carnal. Donde lo fantástico y lo verdadero aparecen mezclados de una forma tan verosímil como turbadora. La naturaleza pagana y secular de muchas de las historias contrasta vivamente con la idea tradicional acerca del monje medieval.

Y si su estilo sorprende, el capítulo que sin duda convierte a las Crónicas de la Abadía de los Malos Tiempos en algo portentoso, es el de sus contenidos. La trama misma de los siete libros que componen las Cronicas (de los que transcribimos a continuación únicamente el primero, estando los siguientes todavía en período de estudio) es de tal manera sorprendente, por actual, por su tratamiento absolutamente real, por tantas cosas que el lector descubrirá y que le harán, incluso, preguntarse: ¿en qué medida ocurrió realmente lo relatado en las Cronicas? ¿En qué medida era una fantasía? O ¿en qué medida aquellos que redactaron las Cronicas creían en los relatos que hacían? ¿En qué medida eran parte tangíble y real del universo? ¿En qué medida eran un simple juego de frailes ociosos?

En una palabra y para no alargar más la introducción a esta edición: nos encontramos en una zona en la que los límites entre Historiografía y Literatura se encuentran totalmente desdibujados. En los aledaños de ese universo donde las raices de la fabulación se entrelazan con las de la interpretación historica, y de cuya mezcla surgen los arquetipos que conforman nuestra mentalidad occidental. Nos encontramos frente a la eterna incóngita del pasado. Frente al misterio de las fronteras entre humana realidad y fantasía.

Este libro nos invita a sumergirnos en ellas [2].

Crónicas de la Abadía de los Malos Tiempos [3]

Libro I

Que lleva por subtítulo:

Historias de Amor [4] para iluminar a todas las Criaturas de Nuestro Señor, en éste y en los venideros mundos, aprendidas y consignadas por escrito con fidelidad a la realidad, por el hermano fraile Godofredo DuLavín [5]”.

Cuentan los santos padres mas ancianos de nuestra congregación que el Bosque que colinda por el Sur con esta venerable Abadía ha sido llamado siempre, desde tiempos inmemoriales, el Bosque de la Muerte Temprana. Y es que aquel que allí acuda el día de Todos los Santos se encontrará siempre con la Niebla. Una niebla tan espesa, fría y pegajosa que resulta imposíble apartarla ni ver más allá de la longintud del brazo extendido. El Abate Lombardo de Fraguliati llama a este bosque nuestro amigo el muerto y silencioso bosque blanco.

Cuentan tambien que si alguno se queda dormido entre los árboles espectrales en ese día fatídico, la blanca niebla se introduce silenciosa entre los labios y por los oídos, llenando en pocos minutos el cerébro y el cuerpo del pobre desgraciado, como si estuviera repleto de algodón, y ya jamás vuelve a abrir sus ojos a este nuestro mundo.

El resto del tiempo parece un Bosque normal y corriente, aunque de hacer caso a las historias que circulan entre las gentes paganas e iletradas, sólo es apariencia, pues su interior oculta Brujos y Seres extraños e incluso Espíritus y Monstruos. Véase sino la historia siguiente.

Una día frío y nivoso de mediados de Febrero, corría el año de 1252, en una pequeña casa cerca del Bosque vivían una mujer, muy gorda, llamada MALAPANDORGA, y su único hijo de doce años, de nombre CALVINILLO, alto, astuto y delgado, pero incapaz de matar una mosca.

El padre de CALVINILLO había muerto hacía mucho, poco despues de su llegada a la región. Ningún vecino de la región quería nada con ellos. Todos, incluso los frailes de la Abadía, se asustaban al verlos, y huían dando gritos, o daban un largo rodeo para evitar su casa. Y nadie sabía decir por qué. ¿Por qué eran tan terríbles? Desde luego el padre había sido un guerrero del norte (Germano) que a todos infundía miedo. Tal vez fuera por eso. O por el aspecto desusado y gigantesco de la madre.

Aquel año el invierno estaba siendo muy duro, en la casa ya sólo quedaba un trozo de pan, más pequeño que grande, y el último tronco de la leñera ardía ya en el hogar. Fuera arreciaban el viento, la nieve y el hielo.

MALAPANDORGA era una mujer Muy Grande. Sufría mucho por la falta de comida, y ésto hay que entenderlo, pues para los que son Tan grandes, la comida es algo mucho más necesario que para el resto de la gente. Y cuando MALAPANDORGA se encontraba así, se comportaba de un modo extraño.

Fuera se oye rugir a la tormenta, al viento, y a los lobos aullando a lo lejos.

Malapandorga mira fíjamente al único trozo de pan que descansa en medio de la habitación, luchando consigo misma.

 

MALAPANDORGA.- ¡A mí las tormentas no me afectan!

Ni me asustan, ni me inquietan,

a mí las tormentas, la verdad, me importan una higa.

En este momento lo único que importa

es tener pan, Pan, MUCHO PAN.

O bien un pan muy grande

o muchos chiquititos.

Ya sueño con hogazas,

con roscas y rosquillas

deliro con chapatas,

bizcochos y pancitos…

¡…Panazos, panotes,

panones y PANAJO…! ¡¡Tengo hambre!!

Cuando tengo tanta hambre

no sé lo que me pasa.

La cabeza se me vá

y estoy como borracha…

ya veo cualquier cosa

y creo que es comida,

por ejemplo, mi hijo…

que viene hacia la casa…

lo miro y no es mi hijo…

¡yo veo una morcilla!

¡Dios mío, dios mío!

¡Nunca antes en mi vida

fueron tan mal las cosas!

¡¿En qué parará ésto?!

Calma, Malapandorga,

ten calma. Calvinillo

es mi único hijo

y yo le quiero, ¿verdad?

Así que no puede ser

que me lo coma. Pero…

¡yo tengo mucho miedo!!

¡Y el miedo dá más hambre!

Y es tan poca comida…

apenas un mendrugo…

y él ya está muy grande…

podrá buscar trabajo…

alguien podrá ayudarlo…

¡…O que espabile el niño,

por todos los diablos!!

¡No puedo permitirle

que se coma MI comida!

Se lanza sobre el pan y lo abraza con ansia.

Voy a guardar mi pan,

y corriendo voy por él

a decirle que se vaya…

…antes que anochezca…

CANCIÓN DEL CORO DE PAN

El pan no lo regalan

el pan hay que amasarlo

El pan se hace de trigo

y luego hay que hornearlo

El pan no tiene patas

El pan no hay que cazarlo

El pan no es un cordero

Tampoco es un gazapo.

El pan no lo regalan

el pan hay que amasarlo.

 

Aferrando el pan junto a sus pechos, como si fuera el Tesoro de los Cruzados, abandonó MALAPANDORGA la habitación en busca de su hijo. [Todavía al salir se la oía musitar agitadamente…

 

MALAPANDORGA.- …sí, sí… no… él ya no me necesita… dentro de poco será un hombre, en cambio yo… Viuda y con un hijo: ¿quién me va a querer? ¿quién me va a dar de su pan? Es mejor que se vaya, pobre hijo mío, es lo mejor para los dos…]

Afuera, cerca de la casa, bajo el lindero del cercano Bosque, CALVINILLO busca y rebusca entre la hojarasca y las zarzas, intentando encontrar algo de leña. Pero es mala época para el calor y la sequedad.

CALVINILLO.- Ha estado nevando toda la semana, y ya ni los abetos tienen seco el tronco… aquí no hay leña que valga. Nada he conseguido para llevarle a MALAPANDORGA, mi madre. ¡Malditos los inviernos y malditas las tormentas…! No se puede ni cazar, ni cultivar, ni poner trampas… sólo esperar, y comerse las reservas que haya en la despensa…. las que nosotros ya nos hemos comido… (suspiro)

A mi las tormentas no me afectan.

Ni me asustan, ni me inquietan.

A MI las tormentas, la verdad, me importan una higa.

En este momento lo único que importa

es encontrar calor y comida para madre…

Mi madre es una gorda

más bien impresionante,

pero eso no me importa,

pero eso no me inquieta.

Cuando ella está de buenas

su risa rueda sóla

y es pájaro y comida

que vuela hasta mi boca.

Cuando ella está de buenas

su risa vale un mundo,

no hay nada que me dieran

que baje más profundo.

No sé cómo decirlo:

Cuando ella está de buenas

y sus ojos le brillan

no hay nada que yo quiera

y no pueda conseguirlo…

Ahora…

Cuando ella está de malas…

a DoñaMalapandorga

no hay quien se la aguante

y yo me pongo NEGRO.

…Pero luego se nos pasa

y nos damos un abrazo,

y me pierdo en su pecho

y estoy en una nube…

Mamá MALAPANDORGA

es muy, muy bonita…

(…y claro…)

…yo la miro como hijo,

como su CALVINILLO…

pero no es pasión de infante,

sé bien lo que me digo:

es la madre más hermosa

que nunca he conocido.

CANCIÓN DEL CORO de Madre

Su madre es una gorda

mas bien impresionante.[6]

Su madre es un planeta

que ocupa todo el cielo.

Tú gira, mamá, gira

y llena el Universo.

Tú gira, mamá, gira

y llénate de pan.

Y un tanto cabizbajo, CALVINILLO, arrastrando un húmedo pedazo de rama, echó a andar hacia la casa. MALAPANDORGA aparece en ese momento en la puerta, mirándolo fíjamente. Al verla CALVINILLO se endereza.

 

CALVINILLO.- ¡Mamá, madre, podemos secar alguna rama dentro de la casa! Ha dejado de nevar y de llover, y si sigue así, a lo mejor mañana puedo poner algunas trampas para patos… no te preocupes… ya sé cómo se hace… no soy un niño… Madre, ¿qué te pasa?

MALAPANDORGA.- ¡Vete, hijo!

A tí te lo digo, CALVINILLO. Has de irte, y ahora mismo, cuando aún falta para que anochezca. Aqui no puedes ya quedarte, ya eres mayor, o casi… y es la hora de que partas… a ganar tu vida. Anda, hijo, vete…

Aquí ya no hay comida, para nadie, y será más fácil conseguirla por separado. Tú a tu manera, y yo a la mía… Toma: tu bufanda. Nada más tengo, para darte… Ve hacia donde el sol se pone. No te detengas en el Bosque, y al atrevesarlo ten mucho cuidado con URDANGARANGA. Es un viejo un poco loco. No es malo, pero tiene un genio de cuidarse… Vamos, vete…

CALVINILLO.- Madre, no quiero irme….

MALAPANDORGA.- No me hagas repetirlo, hijo. Vete.

CALVINILLO.- Déjame quedarme aquí… sólo un día, hasta mañana… secaré la rama, y no comeré nada…

MALAPANDORGA.- ¡AQUÍ no tienes nada ya que hacer! ¡CALVINILLO! ¡Vete! ¡No quiero que te quedes! ¡Has de irte, me entiendes!? ¡Fuera!

CALVINILLO.- Malapandorga…

MALAPANDORGA.- ¡Fuera! ¡Fuera! ¡FUERA! ¡Vete al Bosque! ¡Aquí ya no te quiero! ¡VETE! ¡Y no vuelvas!

¡No vuelvas, CALVINILLO! ¡¡NO VUELVAS!!

MALAPANDORGA empujó furiosamente a su hijo hasta el lindero del Bosque, y en el lindero se quedó vociferando -y llorando- hasta que su hijo, tropezando en la raices, se dió media vuelta y se alejó, internándose en la espesura.

A medida que CALVINILLO se adentra por el Bosque, las túpidas ramas van impidiendo el paso de la luz, y las sombras se apoderan de todo. La voz de su madre se pierde en la distancia, mezclándose con el ruido del viento y de las hojas, resonando en sus oidos como si los espíritus mismos de los árboles le cantaran, o susurraran…

“¡no te vuelvas, CALVINILLO, nunca vuelvas…! ¡Vete lejos, aún más lejos, vete, corre, CALVINILLO! ¡Tu madre es una gorda, y has de irte: fuera, fuera, ven al Bosque, no te vuelvas…! ¡Ven al Bosque, CALVINILLO, y no te vuelvas, ven al Bosque, no te vuelvas, ven al Bosque, no te vuelvas….!”

Y sin saber dónde estaba la realidad y dónde el sueño, CALVINILLO continuó adentrándose hacia lo más profundo de ese nuevo país de sombras.

En otro lugar, cerca del corazón de la espesura, había una cueva que se abría en la ladera de un pequeño monte y penetraba muchos kilómetros dentro de la tierra. En ella vivía el viejo Señor del Bosque, cuyo nombre era URDANGARANGA, aunque muchos le llamaban PELILLOSALAMAR, debido a su peculiar aspecto. URDANGARANGA no recordaba cuántos años tenía, pero sabía hacer toda clase de pociones, potingues y mixturas con las plantas y las hierbas. Nadie sabía si iba vestido o desnudo, pues sus cabellos y su barba le cubrían de tal modo que sólo se le veían los pies, que los tenía feos, hirsutos y callosos. Los monjes de la Abadía le temían, y le llamaban Ulfilo, el Brujo, pues decían tenía poderes sobre las fuerzas del mal y tambien sobre los espíritus del Bosque. Y posíblemente fuera cierto, pues había vivido muchísimo tiempo sólo y aislado en aquella cueva. Otros decían que era el único superviviente de la orden de los Antiguos Druidas, magos de antaño que habían vivido en la zona durante miles de años antes de la llegada de los frailes, quienes los habían expulsado ayudados de sus salmos, oraciones, inquisiciones y jaculatorias, inventos modernos que ninguno de ellos soportaba.

Sea como fuere, URDANGARANGA tenía un genio bastante vivo, la cueva estaba siempre llena de ruidosos murciélagos, con los que el viejo hablaba constantemente y que eran como sus hijos y ayudantes, y en el momento en el que CALVINILLO entraba en el Bosque, el viejo se acercaba a ver su gran reloj de arena…

URDANGARANGA.- ¡Cásposa Coenda, vítriun démonka!

¡Movendriagos, viéni, viéni…!

¡Uy, qué tonto, si no me entienden…!

Estos murciélagos míos nunca aprendieron la Lengua Antigua… ¡Murciélagos de la Cueva! Venid, venid…! Es URDANGARANGA mismo quien os llama: venid, venid…! Muy bien, escuchadme, pequeños bichos lindos: hoy a medianoche brotarán en el Bosque los doce Hongos del Pan. Son unos hongos maravillosos que necesito para hacer mi secreta Poción del Frío Invierno. ¡He de conseguirlos como sea! El problema es que nadie sabe exactamente dónde brotarán. Así que la única forma que tengo de averiguarlo es mediante un Sueño Mágico. Es una técnica que me enseñó mi abuelo. Debo dormirme ahora MUY profundamente, y soñar que camino hasta el lugar del Bosque donde aparecerán los hongos. ¡Así sabré dónde es! ¡Vigilad bien! ¡Que nadie me despierte! ¡Es fundamental el máximo silencio…! …Que todas las cosas callen, y las voces se detengan… y sólo se oiga en el silencio la invocación dulce del sueño… (música)

Sueño que vienes callado

y entras en las cabezas

por desconocidas puertas

¡Ven a verme, te convoco!

Un sabio soy, y toda esta Cueva

es mi Reino -en ella investigo

creo, pienso, mezclo y duermo-

¡Ven a mí, sueño,

necesito que me enseñes

el mágico lugar

donde el secreto se cuece!

Sólo tú tienes la llave

del rincón donde la luz no entra.

Hermano de la Curiosidad

y de la Ciencia, tú, Sueño

¡ven a conocerme, te convoco!

Hazme dormir y soñar…

¡Ijnán vuenna snorke-snorke!

¡Peer Dí-lof!

¡Ijnan velda snorka-snorka…! [7]

Y que nadie me moleste

mientras mis ojos cierro

para ver lo que no veo

cuando los tengo abiertos

¡Ijnan velda snorka-snorka…!

Hazme dormir y soñar, espíritu Morfeo,

shhhhh…

y que nadie haga ruido…

y que todo duerma y sueñe…

shhhhh…

y que todo esté en silencio…

y que nadie me moleste…

shhhh…

que duerma… que duerma… y que sueñe…

zzzzzz…

CANCION de Coro del Brujo

El sueño no es verdad

el sueño no es mentira,

el sueño es una cosa

que nadie bien explica.

El sueño no se escribe,

el sueño no se pinta.

Tampoco te lo bebes,

tampoco te lo pinchan.

El sueño es importante:

aprende a recordarlo.

El sueño es necesario:

el sueño hay que soñarlo.

Por eso ahora silencio

por eso ahora despacio

que ahora todo el mundo

silencie su trabajo.

Que saquen algún sueño

y empiecen a soñarlo…

por eso ahora silencio…

por eso ahora despacio…

 

Fuera de la Cueva, detrás de un gran tronco de secuoia, de repente, pop, se asoma una cabeza. “¡Shhh!”, dice la cabeza. Es CARALAVACA, una joven troll de las montañas, casi una cría, que acaba de llegar al Bosque buscando sabiduría. La familia de los Trolls de CARALAVACA es una família ya casi extinguida, y cuyos miembros están dispersos por todo el Pais, pues se trata de Trolls siempre inquietos y viajeros. Como todos los de su especie,CARALAVACA es impredecíble y de humor cambiante, aunque sus cambios de humor tienen siempre una gran lógica, que muy poca gente entiende. Larguilucha y lacia, con el labio inferior caído, grandes ojeras y una mirada fija y escrutadora, CARALAVACA quería ser sabia. Como en todos los trolls de su familia, destacaban sobre su cabeza sus dos grandes orejas y la larga cola que brotaba por detrás y le llegaba hasta la cintura. Había abandonado su casa obsesionada por la idea de ser maga. ¿Y a dónde acudir para aprender las Artes sino al Bosque?

 

CARALAVACA.- ¡Shhh…! Mi olfato no me engaña, no… ¡Aquí la Cueva está dessse Magobrujo Urdangaranga! ¡Y yo essstoy tambien aquí! ¡Shhh! Pero oirme aún no debiera el Mago essste… ¡Shhh! Todavía no… preparada essstoy no todavía… no, no, no. CARALAVACA soy y no puedo mossstrarme hasta que cantado mi canción no haya. Las canciones de los Trolls dan mucha fuerza. Aunque ahora CARALAVACA essstá asussstada… muy asssustada… Ah, ah, ah… evitarlo no puedo: el miedo me dá sssiempre mucha risa…! ¿Y si essste MagoBrujo URDANGARANGA no me quiere? ¿Me habré essscapado de mi casa para nada? ¿Y si dice que soy fea y mala? ¿¡O si no quiere ensssseñarme cómo ser una buena Maga!? Yo le mato, entonces, sí… No, no, no, CARALAVACA, no puedes hacer essso. Yo se lo pido por favor: por el favor de los favoresss… yo puedo ser muy buena… ¡Sí, sí, eso sí…! Y si aún así tampoco quiere… entoncesss ya veremos… Vamosss, CARALAVACA, ¡el momento aquí está que tú esperabas! ¡Ahora tener no puedes miedo! ¡Canta CARALAVACA, canta tu canción y a la puerta del Magobrujo llama luego!

Yo sssoy CARALAVACA

y feliz estoy de ssserlo.

Me gusta como soy,

la verdad, esss estupendo.

Me encuentro alta,

agradáble, sorprendente,

sensata, divertida,

tenaz, inteligente,

atractiva, interesante,

emprendedora, buena gente…

en fín, no me disgusto,

la verdad, no me disssgusto

ni un poquito.

Pero sobre todo, y es lo mejor…

SSSOY MUY CURIOSA!

Y eso me gusssta.

Porque la curiosidad

protege de ser tonto,

feo, simple, blandengue

y aburrido… en fin…

la curiosidad es muy curiosa,

realmente. (El tiempo empleado

en mirar bien lo que sucede

no puede ya gastarse en tonterías…)

Por esso yo te invoco,

Ciencia, ¡ven a conocerme!

Hazme aprender y saber,

y comprender todas las cosas,

las oscuras y las luminosas.

Hazme siempre ir más allá,

donde las preguntas habiten

y las visiten las sorpresas.

Hazme aprender y saber,

y que nadie me distraiga,

que nadie me despierte…

que nadie me distraiga, que nadie me despierte…

 

Ya estoy animada:¡ vamos, CARALAVACA, llama!

¡URDANGARANGA, abre!

¡Ssoy CARALAVACA, de las montañas la troll, y hacerme quiero Ssabia! ¡Vamos, abre! ¡Vengo desde muy lejos a ver al másss grande Magobrujo que en el Pais existe… para que me tome de aprendiza! ¡Abre, URDANGARANGA!

URDANGARANGA.- Ya casi te tengo, Hongo Maravilloso… te siento cerca… ¡eh…! ¿qué pasa…? ¡No… no… no…!¿Estoy despierto…? ¡NO, AHORA no!! ¡Por mil demónios!¡Que todas las maldiciones de los tres mundos le caigan en la cabeza al que me haya despertado! ¡Vitriolo cum lixivia pela escruncha seva testa! [8] ¡Maldito sea! Murciélagos, ¿quién ha sido? ¿Quién se ha atrevido a sacarme del Sueño que Adivina? ¡Estaba a punto de ver el magico lugar… y se me ha escapado! ¡Sólo una vez cada luna puedo intentar Soñar de ésta manera…! ¡In punto staba! ¡Y ya no podré encontrarlo! ¡Coendum malavívora finite! [9] Movendriagos, traedme al culpáble, mostradme donde está…

CARALAVACA.- ¡URDANGARANGA, la puerta abre! Ssoy CARALAVACA, de las montañas troll, y quiero ponerme a tu ssservicio, humildemente, de aprendiza… Abre, URDANGARANGA, por favor…!

URDANGARANGA.- ¡Shhh, movendriagos, silencio! Esa es la que me despertó con sus gritos y sus golpes. Por favor pide ahora que le abra… Muy bien, abrid y traerla a mi presencia! (si, sí, ya me he calmado, bichos míos…)

Se agita el enjambre de murciélagos, abriendo la pesada y rechinante puerta. CARALAVACA entra en la cueva)

CARALAVACA.- Al Magobrujo URDANGANGARA… URDA-RANGANGA… N’BANGARANGA… perdón… al Magobrujo URDANGARANGA… bu, bu, bussscaba…

URDANGARANGA.- Yo soy.

CARALAVACA.- Quiero ser vuestra aprendiza. Ssoy troll. CARALAVACA me llamo, de las montañas vengo… Ssólo por ser vuestra aprendiza… sssólo…

URDANGARANGA.- ¿Sólo?

CARALAVACA.- Sssí…

URDANGARANGA.- ¡¡¡Y HAS VENIDO A ROMPER EL SUEÑO QUE ADIVINA SÓLO PARA DECIRME QUE QUIERES SER MI APRENDIZA!!!???

CARALAVACA.- Ssí…

URDANGARANGA.- (…Calixtus sanctis, que cucurufúftica patientia…! [10]) ¿Y por ventura no oíste, pequeña y montañosa troll, que mis murciélagos te decían que guardaras un reverente silencio porque yo dormía un sueño magico QUE ADEMÁS ERA MUY IMPORTANTE!!!?

CARALAVACA.- no… mi oído muy bueno no es… ss-ssí que olfato tengo, Magobrujo, pero oído… no, como vivimos bajo el suelo…

URDANGARANGA.- (¡Naugüei ítís, capóndiloro toncta trolla…! [11]) Pues sin buen oído no hay aprendizaje que valga. Así que ya puedes volverte por donde has venido. No te acepto como alumna. Adios.

CARALAVACA.- …pero…

URDANGARANGA.- ¿Sí?

CARALAVACA.- …no, irme no puedo assí…

URDANGARANGA.- ¿Ah, no? ¿Y por qué?

CARALAVACA.- Un muy largo viaje esss el que he hecho… para venir aquí… y canssada estoy, y sssin comida no tengo… no me queda… nada…

URDANGARANGA.- En el Bosque encontrarás comida fácilmente, y más, una troll con tan buen olfato como tú…

CARALAVACA.- URDANGARANGA Magobrujo, por favor de loss favoresss se lo pido, aún doss días sssólo a prueba…

URDANGARANGA.- ¡No! ¡Llegas aquí aporreando puertas y dando vozarrones, y causando más desgracias de las que puedes soñar siquiera!

¡Quién te has creído que eres! ¡Bastante suerte tienes con que te deje ir sin convertirte en cerda, o en coneja! ¡Fuera de mi vista! ¡Vete al Bosque y busca tu comida, antes que anochezca! ¡Y por aquí no vuelvas!! ¿¡Me has oído!? ¡NO VUELVAS!

CARALAVACA.- …ssí… no volveré… adios… Adios, murciélagos… mucho sssiento no oíros… ssoy Caralavaca, troll de las Montañas… siento haber asssustado a alguna gente… y a buscar me voy de comer algo…

…al venir creo que passsé junto al olor de unos Hongos del Panne, Maravillosssos, pienssso que recordaré donde era… no os preocupéisss…

URDANGARANGA.- ¡Alto ahí, CARALAVACA! ¿Qué es eso que creo que he oído decir?

CARALAVACA.- No sé. ¿Qué ess?

URDANGARANGA.- ¿Algo has dicho sobre unos… maravillosos hongos… de pan, o algo así…? ¿No es cierto? Yo sí tengo buen oído.

CARALAVACA.- Sí. Cuando los olí passsaba camino aquí, por lo del Bossque máss profundo…

URDANGARANGA.- ¿No me estarás mintiendo, trolla? Yo creo que los Hongos del Pan sólo brotan despues de medianoche…

CARALAVACA.- Claro, pero los Trollss los olemos desde muucho tiempo antesss. Gran usso hacían de elloss nuestrass abuelas… Adioss.

URDANGARANGA.- Espera, espera…

CARALAVACA.- ¡No! Me voy fuera de ssu vissta…!

URDANGARANGA.- Espera te digo.

CARALAVACA.- No en cerda quiero que me convierta, no. Adioss.

URDANGARANGA.- ¡Te digo que esperes, demónios!

CARALAVACA.- ¡¡No!! ¡Por aquí no vuelvasss!! Eso dijo, Magobrujo. Y adioss. URDANGARANGA no me quiere, y me voy…

y suerte tiene, que no le mato…

URDANGARANGA.- (¡Trolls!) Espera, espera, por favor, CARALAVACA… Te lo pido por favor… Y te pido disculpas por haber gritado antes. Estoy muy preocupado por cierta cosa… Y tanto me preocupa que a veces no sé bien lo que me pasa… ¿comprendes lo que digo?

CARALAVACA.- Sí. El Hongo mucho le interessa, ¿no?

URDANGARANGA.- CARALAVACA es lista.

CARALAVACA.- Hm. Me acepta de aprendiza, y el Hongo yo le traigo.

URDANGARANGA.- ¿No me engañas?

CARALAVACA.- No.

URDANGARANGA.- (Los trolls no saben mentir…) De acuerdo, acepto el trato, pero recuerda que…

CARALAVACA.- Espere. No basssta assí.

URDANGARANGA.- ¿Dudas de mi palabra?

CARALAVACA.- Sí. En voz bien alta debe decirlo, en pública proclama, que desssde hoy ssoy ssu aprendiza…

URDANGARANGA.- (¡Qué cucurufúftica patientia…!) Proclamo a los cuatro vientos y ante todos vosotros, bichos míos, que desde hoy acepto a CARALAVACA como mi primera y única alumna y aprendiza, y prometo enseñarle todos mis conocimientos y artes de la mejor manera que pueda y sepa. ¿Estás conforme?

CARALAVACA.- ¡Ssí, ahora ssí! Gracias, Magobrujo, no eress tú malo… del todo, yo lo ssabía… Al Bosssque me voy corriendo, la tarde ya sse está yendo…

URDANGARANGA.- ¡Un momento, CARALAVACA! Recuerda que tienes que coger al menos doce hongos. Y NO LOS COMAS, pues te volverías más loca de lo que ya estás, ¿entendido? ¡Y vuelve pronto, recuerda… lo más pronto que puedas pasada medianoche, sino no valdrá de nada…!

CARALAVACA.- ¡Sssí…! ¡URDANGARANGA no se inquiete. Hongos pronto a casssa…!

Y sin dejar de correr, CARALAVACA se perdió entre los árboles en dirección al mismo centro del Bosque. Hacia el cuál tambien, pero por el camino opuesto, se encaminaba un desconsolado CALVINILLO.

El día ha ido avanzando. Dentro del Bosque los rayos del sol desde el Poniente se filtran algo más de lo habitual por debajo de las copas, creando oblícuas líneas de luz entre las sombras. CALVINILLO viene avanzando cada vez con más dificultad por el intrincado corazón del Bosque.

 

CALVINILLO.- …si ha sido porque no me quiere, entonces no me habría dado la bufanda…. Ni me habría dicho que tuviera cuidado con el viejo URDANGARANGA… Y tampoco habría llorado… Debe haberla hechizado algún diablejo. Cerca del Bosque hay muchos, o eso dicen… O como no existen, igual son criaturas extrañas… con orejas y con rabos… no sé… raras….

(Vé a CARALAVACA)

¡Uy, uy…!

(Se esconde)

CARALAVACA.- Aquí a brotar van tress másss… tresss sólo me faltan para doce hongoss, puess… Ssi: llevo nueve… (nueve y tress… ¿doce…? Ssi… ssi que lo creo…) Por allí huelo… huelo algo…

(Se acerca hacia donde está CALVINILLO…)

CALVINILLO.- ¡Eh, eh, que soy yo!!

CARALAVACA.- ¡¡AAAH…!! ¡¡…Cáááchisme!! ¡Gran sssusto éssste me ha dado! Ah, ah, ah…!

CALVINILLO.- ¿De qué te ries?

CARALAVACA.- El miedo me dá sssiempre mucha risssa… ¿Qué criatura eresss tú?

CALVINILLO.- ¿Yo? Yo no, …!

CARALAVACA.- ¿Yo?

CALVINILLO.- eres una criatura, yo soy CALVINILLO.

CARALAVACA.- ¿Un calvinillo? De los calvinillos oí jamás antes hablar…

CALVINILLO.- Ah, ah, ah…!

CARALAVACA.- ¿Tienes miedo?

CALVINILLO.- No. Me río porque me dá risa… No somos muchos: soy yo sólo CALVINILLO.

CARALAVACA.- Trissste es uno ser ssólo…

CALVINILLO.- Sí… pero yo soy grande ya para ganarme la vida.

CARALVACA.- Ah…

CALVINILLO.- Lo dijo mi madre.

CARALAVACA.- ¿Tu madre una calvinilla tambien es?

CALVINILLO.- Ah, ah, ah… Mi madre es MALAPANDORGA, y vive cerca del Bosque. Yo me he ido porque ya era hora de que partiera.

CARALAVACA.- Mis padress de las montañas sson trolls, y yo una troll ssoy tambien. CARALAVACA me llamo, y voy a sser Maga.

CALVINILLO.- Oye: mucho como tu hablas me gusssta…!

CARALAVACA.- ¡Ééééh…!

CALVINILLO.- …aprender… sssi me ayudarass a lo mejor puedo… a como tú hablar…

CARALAVACA.- ¡Éééh…! … …bueno…

CALVINILLO.- ¿Y qué los trolls hacen?

CARALAVACA.- En cavernasss vivimos, y raicess y animales nos devoramoss, y de las piedrass hacemos hermosssas cosas…

CALVINILLO.- Oye: orejas tienes y rabo… Cuando yo era pequeño mis padres me decían que así eran los diablejos…

CARALAVACA.- Miss padres tonteríasss assí decían tambien. Ssólo hay que hacerles casso cuando razón tienen, ssi no, no. Yo a ssaber mucho voy.

CALVINILLO.- ¿Qué haces!?

CARALAVACA.- Huelo. Ensseñan los oloress muchass cossas… un olor tú muy bueno tienesss…

CALVINILLO. ¡Ééééh…! Me dan escalofríos…

¿Y cómo vas a hacer para saber mucho?

CARALAVACA.- A ensseñar me va el Magobrujo URDANGARANGA. Sssoy su aprendiza…

CALVINILLO.- ¡Ten cuidado…! URDANGARANGA está mochales!

CARALAVACA.- ¡Ah, ah, ah…! …mochalesss mucho me gussta a mí tambien!

yo tambien puedo aprender a hablar como tú lo haces…

si tú quieres…

CALVINILLO.- …si…

CARALAVACA.- Pero tengo que losss doce hongoss yo encontrar antesss de la medianoche…

CALVINILLO.- Y yo tengo que cruzar el Bosque sin entretenerme, pero…

CARALAVACA.- …no te vayasss…

CALVINILLO.- …yo no quiero irme… ¿ y Caralavaca no sse irá tampoco…?

CARALAVACA.- …no…

CALVINILLO.- Entonces podemos buscar juntos esos champiñones…

CARALAVACA.- …bueno…!

…pero no champiñoness sse llaman, Hongos sssino…

CALVINILLO.- …para mí son los champiñones del mochalesss…

CARALAVACA.- ¡…ah, ah, ah… esse mochalesss qué es cachondo…!

Y juntos se agacharon tras de los matorrales, para continuar la búsqueda de los Miríficus Panettongus.

Mientras tanto, en la cabaña del lindero del Bosque, mamá MALAPANDORGA sufría de remordimientos…

CARALAVACA.- Ahora que me he comido el -poco- pan que había, ya no tengo pan, y tampoco tengo hijo… Y ya no tengo fuerzas para conseguir más pan, porque ahora sólo puedo pansar, uy, pensar digo, en CALVINILLO…! ¡Ay, ay, ay… ¿qué es lo que he hecho?! CALVINILLO estará sólo en el Bosque, casi a oscuras… asustado y sin nadie con quien hablar… o tal vez algún animal esté ya siguiendo sus huellas… un lobo de ojos rojos y dientes amarillos… o algo peor… algo capaz de engullirlo de un sólo bocado, como a una hogaza o a dos o tres rosquillas… tal vez ya lo esté acechando… babeando al sentir el olor salado de mi pobre hijo… al imaginar el sabor de su piel crujiendo entre sus dientes…! ¡Ay, CALVINILLO, qué es lo que he hecho…!

CANCIÓN del Coro de los Remordimientos

Mamá MALAPANDORGA

haber pensado antes

un hijo no es una cosa

de la que pueda uno olvidarse…

CALVINILLO era un buen chiquillo

CAVINILLO ya no volverá.

¡Hasta creo que oigo voces…! ¡Sí que volverá! ¡No puedo dejar así a mi pobre hijo! ¡…CALVINILLO…! Sólo con su bufanda, y su flequillo…! No puedo más, saldré a buscarlo al Bosque… iré a ver al viejo URDANGARANGA si hace falta… y cuando encuentre a mi hijo le diré que vuelva, y que me perdone… no sé cómo ni a dónde se me fue la cabeza (debió ser el hambre)… pero que vuelva, por favor, que vuelva, debe estar tan sólo y asustado…

Y MALAPANDORGA emprendió el camino del Bosque, entre lamentaciónes y sollozos, perseguida por las voces que le decían: “MALAPANDORGA, vente tú tambien al Bosque, vente… Tu hijo, CALVINILLO…ya no volverá, ya no volverá…”

 

Ya ha caido la noche. La nubes empujadas por el viento se abren aquí y allá dejando entrar las claridades de la luna, azules y verdes bajo las sombras de los árboles. CARALAVACA y CALVINILLO, juntos en un claro despejado del Bosque, contemplan arrobados las apariciones de su luz entre las hojas, y el curso de las estrellas fugaces.

CARALAVACA.- ¡Cinco!

CALVINILLO.- ¡Eso es trampa…!

CARALAVACA.- ¡Trampa no esss…! ¡Y seis!

CALVINILLO.- ¡Anda ya ! ¡Esso era una luciérnaga!

CARALAVACA.- ¡Vá qué! Estrella era.

CALVINILLO.- ¡Luciérnaga era másss grande que mi madre…!

CARALAVACA.- ¡Que no…!

CALVINILLO.- ¡Cinco!

CARALAVACA.- ¡Ah, para dissstraerme lo hacess!

CALVINILLO.- ¡Y seis!

CARALAVACA.- ¡Tramposso eresss Calvinillo más que un troll de los pantanosss!

CALVINILLO.- ¡Voy a ganar!

CARALAVACA.- ¡Sssiete, sssiete!! ¡Gané yo…!

CALVINILLO.- Bueno, tú ganaste… ¿Donde vive tu familia se ven muchas estrellas fugaces?

CARALAVACA.- Ssí. En lo de lasss montañass lo máss alto, entre losss picos, allí vive toda mi familia…

CALVINILLO.- Debe ser hermoso vivir tan alto… Yo sólo he visto picos en los patos…

CARALAVACA.- Ah, ah, ah… ¿Y cómo losss patos sson? Semejantes sseres no loss allí hay…

CALVINILLO.- Oye… (Silba un reclamo de caza de patos que lleva siempre consigo)

CARALAVACA.- ¡Ééééh…!

CALVINILLO.- Ese es su reclamo: así graznan. Y aves ssson que en uve vuelan sssiempre por el cielo… A mí me gustan mucho, aunque a veces cazaba alguno, junto a nuestro río… pero era sólo… para que pudiéramos comer…

CARALAVACA.- ¿De tu calvinilla madre te hasss ahora acordado? ¿Sssi…?

CALVINILLO.- Un poco… pero aquí contigo lo había olvidado todo… Divertido ha sssido muy busscar loss hongos… Y aprender tambien a como un troll hablar…

CARALAVACA.- Y contar estrellas falaces…

CALVINILLO.- ¡Estrellas fugaces, Caralavaca, tú sí que estás mochalesss…!

CARALAVACA.- Sssí, estrellas fugaces, claro…

CALVINILLO.- Ya hace mucho que pasado la medianoche…

CARALAVACA.- Y loss hongosss todos recogidoss ya esstán en essa cesta…

CALVINILLO.- No ssé qué hacer podemosss…

CARALAVACA.- ¿A URDANGARANGA el viejo, no conocer lo quieresss?

CALVINILLO.- Dicen que tiene muy mal genio…

CARALAVACA.- Malo no esss. Yo assí lo creo al menoss. Con sus murciélagoss habla, el tio URDANGA, aunque nada a elloss se less oye…

CALVINILLO.- Tú es que estas un poco sorda, CARALAVACA.

CARALAVACA.- ¿Eh…?

CALVINILLO.- Que tú… estás un poco sorda, CARALAVACA…

CARALAVACA.- Ssssí, esso de sser debe…

CALVINILLO.- Pero yo no sé oler nada a más de medio metro…

CARALAVACA.- Ahora tampoco yo… Vueltasss a mi la cabeza parece que me dá… nunca antesss me había essto passado…

CALVINILLO.- Sí, tambien yo me encuentro un poco raro…

CARALAVACA.- ¿Sssi?

CALVINILLO.- Sí, es como si no pisara bien el suelo…

(Música)

es una sensación un poco extraña…

un calor y eso que hace tanto frío

unas ganas de quedarme siempre aquí

y de no volver al río…

CARALAVACA.- A mí las orejas me tiemblan,

sse me estira la nariz y me zzumban loss oídos.

El esstómago encogido yo lo tengo,

lass rodillas sse me doblan

y me fallan loss tobillos…

CALVINILLO.- No sé lo que ssserá, dá algo de miedo…

CARALAVACA.- …pero a la vez es divertido…

CALVINILLO.- …y que me hundo ssiento y que floto…

CARALAVACA.- …y más de reir que me dan ganass…

LOS DOS.- ¿No será que esstamos loss dos un poco locos?

(¿Se abrazan?)

Cancio del de coro de Amor

Algo hay que nos sucede

y no sabemos qué es.

Algo hay que nos calienta

pero ignoramos por qué.

Ni pan, ni sueño ni ciencia,

algo nuevo debe ser,

ésto que nos alienta

sin que sepamos por qué.

CALVINILLO.- Ahora sí te huelo…

CARALAVACA.- Ahora escalofríos yo losss tengo…

CALVINILLO.- ¿Tú crees que estamos mochales, Caralavaca…? Yo sólo me siento así contigo…

CARALAVACA.- A mí lo missmo me passa… ¡Pero a lo mejor culpábless ssón loss hongos de ssentirnos assí como nos ssentimos!

CALVINILLO.- ¿Por qué?

CARALAVACA.- Ya te dije que muy peligrossos son: ssólo con apenass probar el polvillo que por encima tienen, ssin haberloss antes bien limpiado, pueden loco volver al máss elefante de los grandesss…

CALVINILLO.- ¿Tú creess…? La verdad, yo… assustado un poco esstoy, y a la vez contento… ¿Pero y si son los hongos… qué hacemos?

CARALAVACA.- Ven. Conozco de agua caliente un manantial aquí dentro del Bosque, muy cerca. A lavarnoss bien vayamos las manoss y las bocasss y todo el ressto, por ssi acasso tenemos el polvillo por el cuerpo…

CALVINILLO.- ¿Y qué hacemos con los hongos?

CARALAVACA.- Detráss de essa piedra esscóndelos bien. Volveremos ensseguida. ¿Vamoss?

CALVINILLO.- Vamos.

Y los dos se internaron entre los árboles en dirección a un débil borboteo de agua queapagadamente se escuchaba en el silencio del Bosque.

Mientras tanto, URDANGARANGA en su cueva, se impacientaba.

URDANGARANGA.- ¡URDANGARANGA, capóndiloro, toncta trolla confiare baindrúlo! [12] Ya hace más de dos horas que dió la medianoche. Y ésta CARALAVACA no aparece. ¡No tenía que haberme fiado de ella…! Los trolls no mienten, pero se olvidan fácilmente de lo que se les encarga. URDANGARANGA, viejo chivo, te veo nuevamente sin tus hongos… ¡Ya viene…! No, era un ruido. Movendriagos, vigilad bien… ¡Ya! ¡¿es ella…?! Nada, ni rastro… ¡Capóndiloro, Peer Dí-lof, capóndiloro…! ¡Ahora! ¿Oí algo…? Otra vez nada…¡No aguanto más! Murciélagos de la Cueva, vigilad bien la casa en mi ausencia. Me voy al Bosque a buscar a mi aprendiza, CARALAVACA… ¡y ay de ella si no ha cumplido lo que prometió! Empiezo a sentirme algo enfadado…

Y calzándose sus sandalias de URDANGARANGA, cerró la puerta de la Cueva y se dirigió directamente hacia el corazón del Bosque.

Avanzando desde el lindero sur, MALAPANDORGA, por su parte, había llegado ya a los parajes por donde poco antes pasara su querido CALVINILLO.

MALAPANDORGA.- ¡Pobre hijo mío, pobre hijo mío…! Se me hace un nudo aquí en el centro del estómago cuando pienso en él -tambien será de hambre, supongo- ¡pero CALVINILLO, hijo! ¿dónde estas? ¡CALVINILLO! Es tu madre la que te busca, para que vuelvas con ella. ¡Para pedirte perdón! ¡Ya no estoy enfadada! ¡Vuelve, hijo, vuelve…! ¡Aaaaah…! …el flequillo de CALVINILLO por el suelo… y ni rastro de él…. ¡Ay, ay, ay! Un lobo seguro se lo ha comido, esos lobos comen de todo, no sólo pan como yo…. ¡CALVINILLO, contesta, por favor! ¡Dime que no te ha devorado un lobo! ¡Hijo, hijo mío… ay, dios mío…! No hay nada que hacer… estoy agotada… sin fuerzas… ¿Ésto qué es…!? Una cesta… parece pan… Uy, uy. ¡CALVINILLO! ¡CALVINILLO…! Pues yo me voy a comer uno. Me dará fuerzas para seguir buscándolo… Hum… no está mal, sabe un poco raro, pero es agradable… una pizca de sal le haría falta… ¡CALVINILLO, hijo, voy a seguir buscándote! ¡Y te voy a encontrar, ¿me oyes, hijo?! ¡Te voy a encontrar! Mejor me llevo todos, por si acaso. La búsqueda puede ser agotadora… ¡hijo mío, responde, CALVINILLO…!

Y cargando con la preciosa cesta que contenía los once Miríficus Pannetongus restantes, MALAPANDORGA continuó su búsqueda, decidida a no cejar en su empeño, aunque la vida mísma le costara.

Y cómo son las cosas, apenas MALPANDORGA desapareció Bosque adentro, junto a la Piedras del Pan volvieron a oirse las voces de CARALAVACA y CALVINILLO, acercándose.

 

CALVINILLO.- Muy bueno ésto del manantial, pero yo me siento igual.

CARALAVACA.- Sssí. Tambien yo…. Pero ya irme no quiero a la Cueva del Magobrujo…

CALVINILLO.- ¿Ya no quieres ser Maga?

CARALAVACA.- ¡Sssí! Esso sí quiero… pero no quiero que te vayasss…

CALVINILLO.- Tampoco yo… Puedo quedarme aquí en el Bosque, por ahora…

CARALAVACA.- ¿Ssssí? Tu calvinilla madre que en el Bosque no te entretuvieras, dijo…

CALVINILLO.- Si… pero como ella me echó de casa, ahora puedo hacer lo que yo quiero…

CARALAVACA.- ¿Sssí?

CALVINILLO.- Claro.

CARALAVACA.- Yo entoncess corriendo voy a de URDANGARANGA la Cueva, loss hongoss le doy y vuelvo ensseguida… ¿me essperas tú?

CALVINILLA.- Sí. Te espero.

CARALAVACA.- ¡Nada no tardo, nada pero…!

(En eso, tate, que llega el Brujo URDANGARANGA…)

URDANGARANGA.- ¡¿Qué dónde…?!

CARALAVACA.- ¡URDANGARANGA!

URDANGARANGA.- ¿A dónde vá CARALAVACA tan corriendo…? ¡Ah…! ¿Será que tiene importantes amigos jóvenes, por los que vale la pena hacer esperar a los más viejos, aunque sean sus maestros…?

CARALAVACA.- Magobrujo, a CALVINILLO, mío amigo, te pressento. De cassa ssuya ssu madre lo ha echado, y ssólo está en medio de esste Bosque. Mucho a recoger tuss mágicoss hongos me ha ayudado… ¿podría puess por esso quedarsse en tu Cueva a dormir con nossotross…?

URDANGARANGA.- ¿¡Teneis los doce hongos!?

CARALAVACA.- Claro… ¿Puede? ¿…unos díass tan ssolo? ¿…o ssólo aún essta noche…? …puede en el missmo sitio que yo duerma dormir él… ocupará esspacio un muy poquito…

URDANGARANGA.- Ya, ya… En bonito templo de saber se va a convertir mi Cueva, pero… veremos. Tal vez pueda ser… Veamos antes esos hongos…

CARALAVACA.- Sssí, están aquí… … ¡…Estaban aquí! ¡Aquí dejámossloss nossotros…! ¡Habersse escapado no pueden…!

CALVINILLO.- Buenas noches, Sr. URDANGARANGA: tiene razón CARALAVACA. Aquí los dejamos bien guardados…

CARALAVACA.- ¡Tienen por aquí que esstar… los hongos patass no tienen para ssalir corriendo…!

CALVINILLO.- Busca bien: yo los dejé bien seguros…

CARALAVACA.- En una cessta esstaban…

CALVINILLO.- Tuvimos mucho cuidado en esconderlos bien…

URDANGARANGA.- ¡¡Por mil millones de diablos!! ¿Queréis decir que la cesta ha desaparecido ella solita!!? ¿Es eso?

CARALAVACA.- …no…

CALVINILLO.- …no sabemos…

URDANGARANGA.- ¿Tal vez ha venido un ratón y se la ha llevado atada a la cola?!

CARALAVACA.- …no…

CALVINILLO.- …no creo que un ratón tuviera fuerza bastante para eso….

URDANGARANGA.- ¡¡Silencio!! ¡Claro que no! ¿Me tomais el pelo? ¿Creeis que me sobra? ¡Ni os habeis preocupado de buscar esos hongos!

CALVINILLO.- ¡Eso no es cierto, Sr. URDANGARANGA!

URDANGARANGA.- ¡Confutatis maledictis trolle calvínae! ¡Maldito sea yo por confiar en tí, CARALAVACA, aprendiza, pero mi castigo te enseñará a ver las cosas de otra forma…!!

CARALAVACA.- ¡AAAAH! ¡Socorro! ¡En cerdos a convertirnosss vá! ¡Esscapa, CALVINILLO…!

URDANGARANGA.- “¡Maledicta res omnia Lákara-la-Báka…!”

CALVINILLO.- ¡No, Sr. URDANGARANGA, no puede hacer eso!

URDANGARANGA.- ¿Ah, no? ¿Y por qué no?

CALVINILLO.- Fué todo culpa mía: yo la entretuve en el Bosque con mi charla… pero ella dice la verdad, teníamos los hongos…

URDANGARANGA.- ¿Y dónde están? Ella sabía lo que tenía que hacer. Tú no tenías por qué saberlo. ¡¡Fuera!! ¡Separáos! ¡Por el suelo! Ya que por lo visto quereis seguir juntos, juntos os castigaré.

¡Maledicta res omnia Lákara-la-Báka et perdikaan Calvinillum,!”

A partir de este momento todo el que os tome afecto os verá sólo como monstruos. Sólo verá lo peor que llevais dentro, y sentirá miedo y repugnancia… Cuando tú, CARALAVACA, a partir de ahora mires a CALVINILLO, te parecerá que es un monstruo horríble. ¡Y a tí te ocurrirá lo mismo con ella! ¡Eso os enseñará durante un tiempo a no mezclar el amor con el trabajo!

Dichas estas palabras lapidarias un negro nubarrón ocultó la luna, sumiendo al Bosque en una sombra muy profunda. URDANGARANGA, muy alterado, abandonó el claro entre los árboles junto a la roca del Pan. Y cayó el silencio todo entorno…

CALVINILLO y CARALAVACA, caidos en el suelo cada uno por su lado, comenzaron a levantarse poco a poco. Un extraño cansancio les hacía pesar todo el cuerpo como si fuera de plomo…

 

CARALAVACA.- ¿Esstás dónde, Calvinillo? Nada veo, ossscuro esstá ahora todo…

CALVINILLO.- Estoy aquí. Una nube ha tapado la luna. Estoy aquí…

CARALAVACA.- Ah, ah, ah… algo de miedo tengo mucho… ¿qué ssserá lo que noss ha hecho el magobrujo esste…?

CALVINILLO.- No lo sé. Pero mientras estemos juntos y podamos ayudarnos, no puede ser grave…

(Se ven)

LOS DOS.- ¡¡¡AAAAAH!!!

(Huyen a esconderse)

CARALAVACA.- ¿Calvinillo, esse erass tú? Erass horríble…

CALVINILLO.- ¿Sí? Yo tambien te he visto y no puedo creerlo…

CARALAVACA.- ¿Esstaba fea?

CALVINILLO.- Un monstruo de fea, CARALAVACA… eres una pesadilla…

CARALAVACA.- ¿Tanto?

CALVINILLO.- Me dá miedo mirarte…

CARALAVACA.- Tambien a mí… Pero si a lo mejor nos acosstumbramoss, ya miedo no nosss dá tanto…

CALVINILLO.- Vamos a intentarlo… Primero con los ojos cerrados… Acércate tú y yo me acerco a tí… ¡uf…!

CARALAVACA.- ¡¡Ay!! ¡Hay una serpiente…!

CALVINILLO.- No. Es mi mano…

CARALAVACA.- Ah…

CALVINILLO.- Tu piel parecía estar llena de hormigas…

CARALAVACA.- ¡¡Ay, que asssco!!

CALVINILLO.- Y hueles muy fuerte…

CARALAVACA.- Tú tambien…

CALVINILLO.- Tranquila. Es sólo la maldición del Brujo. Yo sigo siendo el mismo…

CARALVACA.- Ya, pero yo te ssiento ahora horríble…

CALVINILLO.- Espera. Cálmate, soy yo… Vamos a abrir los ojosss poco a poco… sssin dejar de penssar que ssomos nossotros… ¿de acuerdo?

CARALAVACA.- …bueno…

CALVINILLO.- Vamosss, loss ojoss abre un poquito ssolo…

CARALAVACA.- Borrossso te veo…

CALVINILLO.- Tambien yo. Eress CARALAVACA, eress CARALAVA-CA, eres CARALAVACA… repítelo…

CARALAVACA.- Es CALVINILLO, es CALVINILLO, es CALVINILLO…

CALVINILLO.- A abrir ahora vamoss loss ojoss del todo…

LOS DOS.- ¡¡AAAAAH!!

(Salen corriendo a esconderse)

CARALAVACA.- ¡…no…! ¡No puedo yo…! Horríble eresss demassiado…

CALVINILLO.- Te veo la boca llena de horríbles colmillos, y la lengua negra…

CARALAVACA.- Ni desscribir puedo yo cómo te veo… el peor eresss de miss maloss sueñoss… y yo tengo la culpa…

CALVINILLO.- No, CARALAVACA, los doss juntos la tenemoss… nossotros creíamos que era el efecto de los hongos, pero amor dijo que era el Brujo…

CARALAVACA.- Un poco extraño esss el amor essste, pues sse revuelven ahora misss tripass al mirarte…

(Música)

CALVINILLO.- Sí… es una sensación aun más extraña…

pues el calor que había ahora se ha ido.

Y aunque sé que estás ahí todavía

ni puedo verte, ni olerte, ni tocarte…

Hoy siento un miedo que ayer no conocía…

CARALAVACA.- Mi estómago aún essta encogido,

pero el dolor que ahora sssiento

ya no es divertido.

Antess eramos distintos,

pero la rissa juntoss nos venía…

Ahora ni puedo decirte “no te vayasss…”

Alguien ha roto lo que nos unía…

CALVINILLO.- Ya no sé qué pasará,

sólo quiero esperar junto a tu voz,

a que pase esta noche y vuelva el día…

CARALAVACA.- ¡No! Ess la culpa toda mía. En el Bossque te entretuve y con el manantial… ¡Ess culpa mía! Y no puedo essperando más quedarme aquí… No me ssigas, Calvinillo. Me voy, no me ssigas, por favor…

CALVINILLO.- ¡Espera, CARALAVACA, claro que te sigo! ¡Voy contigo a donde ssea…! ¡Espera…!

CARALAVACA.- ¡¡BÚ!!

CALVINILLO.- ¡Aaaah!

CARALAVACA.- ¡NO ME SIGAS, CALVINILLO!   (Sale)

CALVINILLO.- ¡…qué susto me ha dado, no puedo acostumbrarme! ¡…eh, Caralavaca…¡ ¿Dónde te has metido? ¡Vuelve! ¡Espera, voy contigo…! ¡Caralavaca, vuelve…!

Y CALVINILLO empezó a buscar desesperadamente a CARALAVACA por todo el Bosque. Mientras tanto, a poca distancia de allí…

 

[URDANGARANGA.- No… no he exagerado. CARALAVACA me engañó: estoy seguro de que se pusieron a charlar y ni siquiera buscaron esos hongos… Me mintió, y mentir es algo que no puede permitirse… Ya le levantaré el castigo en unos días… ¿Quién se va a creer que les robaron la cesta en lo más profundo del Bosque a medianoche…? Este es un Bosque muy tranquilo…]

MALAPANDORGA.- ¡¡A tí quería yo verte, UÑAGARRANGA… uy, que me trabuco…!!

URDANGARANGA.- ¡Cielos, es MALAPANDORGA!

MALAPANDORGA.- ¡¡Sí: a tí mismo, viejo brujo, te buscaba!! ¡Estoy desperezada, despedazada, uy: ¡desesperada, por fin! ¡Tienes que ayudarme! ¡Por los viejos tiempos, ¿te acuerdas?, cuando todos te llamaban PELILLOSALAMAR, ha, ha, ha!! ¡Hace más de cincuenta años, cuando tú no eras aún tan brujo, ni yo tan MALAPANDORGA, cómo pasa el tiempo, pelambres, bien te veo! ¡Pero qué digo!? Me estoy desviando de lo importante: ¡mi hijo, URDANGARANGA, has de ayudarme a encontrar a mi hijo! Es una larga historia, y yo estoy muy cansada pero no tenía qué comer y estaba muy asustada y le dije que se fuera, pero en el fondo…!

URDANGARANGA.- Alto, MALAPANDORGA. Te noto un poco rara… Vamos a ver: ¿tu hijo se llama CALVINILLO?

MALAPANDORGA.- ¡Uuuuy! ¡Es cierto que eres brujo! ¿Cómo lo has adivinado? ¡Sabía que tú podrías ayudarme! URDANGARANGA, estoy desesperada, quiero mucho a ese chiquillo… es todo lo que tengo… y estoy arrepentida, yo… sigh, sigh…!

URDANGARANGA.- Lo he visto hace muy poco en el Bosque. Estaba con mi aprendiza, CARALAVACA.

MALAPANDORGA.- ¿Sí? ¡Gracias! ¡Gracias a dios! ¡Está vivo todavía! ¡Qué alegría más grande…! ¡Gracias a todas las cosas! ¿Dónde está… dónde, dónde, dónde…?

URDANGARANGA.- Cálmese, Señora MALAPANDORGA. Está bien… aunque he tenido que castigarlos a los dos… un poco, por algo malo que habían hecho…

MALAPANDORGA.- ¡¡QUÉ LE HAS HECHO A MI HIJO, VIEJO CHIVO!! ¡Como le hayas puesto una sólo mano encima, te la corto! ¿¡Qué le has hecho!?

URDANGARANGA.- Cálmese, señora MALAPANDORGA. Me mintieron diciendo que habían escondido una cesta de hongos mágicos -y muy importantes. Pero no era verdad. Y mentir es algo que no soporto…

MALAPANDORGA.- Espera ahí, pelambres… ¿Una cesta? ¿De hongos? ¿En el Bosque? ¿Detrás de una piedra, puede ser…? ¿Y no será ésta…?

URDANGARANGA.- (¡Qué cucurufúftica patientiae!) ¿Usted se llevó esa cesta sin pedir permiso a nadie? ¿Me equivoco…?

MALAPANDORGA.- ¡¡Has vuelto a dar el pleno, pelillos…!! …perdón… eh, sí… creo que sí… pero no había nadie… y pensé…

URDANGARANGA.- Y se ha comido alguno de los hongos que contenía, ¿no es cierto?

MALAPANDORGA.- Uno o dos… bueno, o dos o tres… cuatro creo como máximo…

URDANGARANGA.- Faltan seis, si no me equivoco.

MALAPANDORGA.- Sí… puede que hayan sido seis… hacía mucho que no comía…

URDANGARANGA.- (¡Qué cucurufúftica patientiae!) Tómese ésto, ande. Estos hongos son muy peligrosos. Menos mal que por su tamaño no le han hecho mucho efecto. Beba, es un antídoto rápido.

MALAPANDORGA.- ¡¡Pero si yo estoy perfectamente, PELILLOSALAMAR, estoy como una rosa, sólo un pelín (¡…pffft… perdón!) preocupada pero…!

URDANGARANGA.- ¡Beba!

(Bebe)

MALAPANDORGA.- …pues sí que es rápido… Buenas noches, Sr. URDANGARANGA, ahora creo que estoy más calmada… discúlpeme si antes estaba un poco… alterada… debía ser cosa de los hongos… (¡qué verguenza…!)

URDANGARANGA.- Por su culpa he cometido una gran injusticia. Es a usted a quien debería castigar, pero de eso ya hablaremos. Ahora vamos a buscar a CARALAVACA y a CALVINILLO, por el camino le contaré lo que pasó…

MALAPANDORGA.- Sí, Sr. URDANGARANGA, vamos a buscar pronto a mi hijo…

Y ambos desaparecieron entre los árboles, buscando a los que tambien buscaban. Los búhos apostados en las copas de las secuoias más altas, pudieron asistir aquella noche a un curioso espectáculo de idas y venidas…

 

CALVINILLO.- ¡Caralavaca, dónde estás? ¡Quiero ir contigo!

CARALAVACA.- ¡URDANGARANGA, donde estás? ¡Hablar debo contigo!

CALVINILLO.- Por aquí me parece que la he oído… …

MALAPANDORGA.- Nos hemos separado para buscarlos mejor… he oído algo…

CALVINILLO.- ¿Eh…?

MALAPANDORGA.- ¡¡¡AAAAAH, un monstruo horríble!!! ¡Socorro! ¡socorro…!

CALVINILLO.- Espera… ¡madre, soy yo, no te vayas…!

MALAPANDORGA.- ¡Socorro…!

CARALAVACA.- A la Cueva del Brujo me iré directamente… alguien viene…

MALAPANDORGA.- ¡…qué susto ese bicho tan horríble…! Qué monstruo…!

CARALAVACA.- ¡BÚ!

MALAPANDORGA.- ¿Y a tí que te pasa?

CARALAVACA.- ¿Asco y miedo no le doy, y repugnancia?

MALAPANDORGA.- Hija, eres una troll de lo más normalita, pero no es para tanto…

CARALAVACA.- Sse me olvidaba que la maldición del Brujo para loss que noss amaban era ssólo… perdone. Adios…

MALAPANDORGA.- ¡Uy, esa debía ser la aprendiza del Brujo…! ¡No te vayas…!

CALVINILLO.- ¡Madre, soy yo, espera…!

MALAPANDORGA.- ¡Ah, el bicho otra vez, el monstruo, socorro…!

URDANGARANGA.- Alto ahí, doña MALAPANDORGA: no es un monstruo, es su hijo.

MALAPANDORGA.- ¡¿Ese es CALVINILLO?! ¿Qué le ha hecho!?

URDANGARANGA.- Él es el mismo de siempre, pero la maldición que lancé hace que usted lo vea como un monstruo, pues usted siente mucho afecto hacia su hijo…

MALAPANDORGA.- ¡Qué horror, pobre hijo mío…! …bueno, espera, CALVINILLO, no te acerques tanto… dame tiempo para acostumbrarme… y es que hueles…!

CARALAVACA.- ¡URDANGARANGA, por fin! Mucho te he bussscado! Tienes que…!

URDANGARANGA.- ¡Silencio todo el mundo! Ya estamos todos. Pues bien, escuchadme: todo se ha aclarado: fue MALAPANDORGA quien se llevó la cesta… creyéndola sin dueño… Reconozco que yo obré apresuradamente y cegado por el enfado, y por ello os pido humildemente perdón a los dos: me equivoqué. Ahora sólo queda deshacer el encantamiento…

CARALAVACA.- ¡Sí! ¡Cuanto antesss, por favor! No ssoporto verlo assi ni un minuto masss!

MALAPANDORGA.- …mucho parece que te quiere esa troll, ¿no CALVINILLO?

CALVINILLO.- Sí. Y yo tambien a ella.

[URDANGARANGA.- Acercáos. Cerrad los ojos.¡Res omnia Benedicta Lákara-la-Báka et perdikaan Calvinillum, dunque in amore   bellísimi pérdilof per sempre in aparientia est!” Ya podeís abrir los ojos.

(Abren los ojos)

LOS DOS.- ¡AAAAAAH!!!

CARLAVACA.- ¡Maldito Brujo malo, perverssso, maléfico, dessgraciado, sssinverguenza…! ¡no funciona! Horríble CALVINILLO esss todavía a miss ojos…

CALVINILLO.- Tambien CARALAVACA ante los míos…

URDANGARANGA.- Pues no lo entiendo, ésto debería haber anulado el encantamiento…

MALAPANDORGA.- A ésto no hay derecho, URDANGARANGA, esto no se hace con unos niños, no, no, no, esto es muy poco serio, perdóneme, pero ¡qué angustia les está usted causando! ¿no se dá cuenta…?

URDANGARANGA.- ¡Cállese, señora! Y déjeme pensar… yo dije: Res omnia maledicta¿ah…!? ¿…o dije Maledicta res omnia…!? ¡Por todos los cielos…! Eso puede haber sido… y es grave. A ver, CARALAVACA, acercate. Tengo que examinar una cosa dentro de tus ojos… Uy, cada vez te veo más feíta, hija…

CARALAVACA.- Eso es que me está tomando cariño…

URDANGARANGA.- Sí, eso debe ser… A ver… … Lo que me temía… Ya sé lo que ha pasado. Cuando pronuncié la maldición, con el enfado que tenía encima -del cual ya me he arrepentido- invertí las palabras de la fórmula, y pronuncié una mucho más terríble de lo que pretendía… Las maldiciones tienen estas cosas, una palabra de más, y se pasa uno…

MALAPANDORGA.- Eso está muy mal, Sr. URDANGARANGA, eso no está bien, ay, dios mío, qué desgracia…

CALVINILLO.- ¿Y entonces qué va a passsar con nossotros?

URDANGARANGA.- Me temo que esta maldición soy incapaz de deshacerla…

CARALAVACA.- ¡No…!

URDANGARANGA.- Si…

CARALAVACA.- ¿¡Un viaje tan largo hice para essto, para aprender y trabajar con un Brujomago tan malo, tan torpe y… tan inútil…!?

MALAPANDORGA.- Tiene razón, no puede dejarlos así, Sr. URDANGARANGA…

CALVINILLO.- ¿Nada hay que podamos hacer…?

URDANGARANGA.- Hay una cosa. Pero es demasido peligrosa. Podría costarnos la vida a todos…

LOS DOS.- ¡No importa…!

MALAPANDORGA.- …bueno… yo tambien estoy dispuesta a intentar… lo que sea más conveniente…]

URDANGARANGA.- Dejadme que os lo explique: en lo alto de la única montaña de este Bosque vive la Hidra de las Maldiciones. Es un ser terríble que posee siete cabezas. Su cuerpo es gigantesco, pero nadie puede verla venir. Cada uno de sus catorce colmillos es más grande que MALAPANDORGA. Está siempre canturreando canciones absurdas donde habita la locura, y babeando saliva amarilla por sus siete bocas, pues todos sus estómagos están llenos de gusanos. Ella es la que mantiene vivas, dándoles de mamar de su propia leche, a todas las maldiciones, odios, malospropósitos y deseos de matar que los hombre se lanzan unos a otros. Mientras no sea destruida, la maldición que yo os lancé seguirá activa… Pero es tan poderosa que me temo que nos resultará imposíble vencerla…

CALVINILLO.- Yo quiero intentarlo.

CARALAVACA.- Yo tambien.

URDANGARANGA.- Contareis entonces con mi ayuda.

MALPANDORGA.- …eh… bueno, claro… si no hay otra manera… tambien con la mía…

URDANGARANGA.- Pues en marcha. Tenemos que llegar mientras aún duerme…

Y los cuatro se encaminaron monte arriba hacia el cubil donde moraba la Hidra.

Conforme avanzaban, cuchicheando en voz baja, el Bosque se iba abriendo, y las sombras cambiaban sus tonos negros, morados, verdes, azules, hasta que dejaron atrás los últimos árboles y aparecieron sobre una áspera cumbre de piedra, solitaria y oscura bajo un amenazador y brillante techo de nubes negras.

MALAPANDORGA.- ¡Ay, qué desgracia, creo que ahora me está viniendo el reumatismo…!

URDANGARANGA.- ¿Ah, si? Pues si no le dice que se vaya, señora, de un puntapié yo mismo la echaré rodando montaña abajo.

MALAPANDORGA.- Bueno, no se ponga así Sr. URDANGARANGA, lo que pasa es que soy más bien rellenita y no estoy acostumbrada a trepar montañas…

URDANGARANGA.- Guarde su aliento para la subida…

URDANGARANGA.- ¡Ánimo! ¡…uf… tienes la piel llena de hormigas, CARALAVACA!

CARALAVACA.- No, ess que URDANGARANGA afecto me ha tomado, y me vé ya como una monsstruo…

URDANGARANGA.- …Sí… la verdad es que estás horríble. Cuanto más te quiero más fea te veo… lo cierto es que es una maldición con muy mala leche… lo siento…

CARALAVACA.- Yo tambien.

MALAPANDORGA.- Ay, qué desgracia, no puedo más, me duele mucho el pie derecho…

CALVINILLO.- Ánimo, madre, ya falta menos.

MALAPANDORGA.- Sí, gracias, hijo… pero no te acerques… losiento, es que me pongo muy nerviosa…

CALVINILLO.- Tambien yo…

MALAPANDORGA.- ¡Ay, que me caigo, dame la mano, CARALAVACA!

CALVINILLO.- ¿A Caralavaca no la ves fea?

MALAPANDORGA.- Psch… nada del otro mundo, pero no fea, CALVINILLO…

CALVINILLO.- Eso es que aún no la quieres ni un poquillo…

MALAPANDORGA.- Ay, hijo, dame tiempo… ¡cómo eres…! Ay, dios mío, qué desgracia: ahora me empieza a molestar el hígado…!

URDANGARANGA.- ¡Silencio! Estamos cerca…

Al otro lado de la cumbre se divisaba ya un vórtice de luz azul saliendo de un gran cráter en el suelo: la morada de la Hidra. De ella salían funestos sonidos, melodías de locura y un silbido ténue del viento que todo lo llenaba…

URADANGARANGA.- ¡Ahí vive! Esa es su morada… está durmiendo, sino ya nos hubiera oído…¡Silencio!

CALVINILLO.- ¿Cuál es el plan?

URDANGARANGA.- ¡Silencio! Nada pueden hacer nuestras manos contra ella. Lo único que puedo intentar es acercarme lo bastante a su madriguera para que pueda oirme mientras duerme, y lanzarle una invocación muy antigua y poderosa, que tal vez tenga la fuerza de sumirla en un letargo profundísimo. Depues, con vuestra ayuda, haré que caiga una gran lluvia (eso sí puedo hacerlo), y la ahogaremos en su madriguera.

CARALAVACA.- ¿Y sssi no la invocación funciona…?

URDANGARANGA.- Entonces no hay salvación. Silencio. Silencio… Voy a acercarme poco a poco… que nadie haga ni el más mínimo ruido…

MALAPANDORGA.- …ay, dios mío, qué desgracia…

En ese momento, con un alarido sobrecogedor se despertó la Hidra y se precipitó sobre ellos. En un instante todo el aire se llenó de su impalpáble cuerpo rojo, y el viento aumentó de fuerza hasta convertirse casi en un huracán. Las ráfagas de aire enloquecido traían tambien retazos de su voz y de su risa demoníaca… Como hojas llevadas por el viento fueron los cuatros dispersados por toda la cumbre de la montaña…

URDANGARANGA.- ¡Huid! ¡Escapad al Bosque! ¡Nada hay que podamos contra ella…!

MALAPANDORGA.- ¡Ay, dios mío, qué desgracia…!

CALVINILLO.- ¡Detrás de tí, CARALAVACA, cuidado…!

CARALAVACA.- Jugando esstá con nossotros…

La Hidra, en efecto, parece divertirse, ataca y se vá, chillando y aullando de un lado a otro, subiendo y precipitándose sobre ellos desde lo más alto, haciéndolos moverse por toda la cumbre de la montaña. Finalmente, ha conseguido encajonarlos al fondo de las rocas, junto a su guarida, y se prepara para el golpe final…

URDANGARANGA.- Creo que ésto es el final, [no nos dejará escapar, pues sabe a qué habíamos venido… siento que por mi culpa tengamos que acabar así, y vosotros no podais ni abrazaros… si viviera, prometería no volver jamás a lanzar una maldición a nadie, ni siquiera pequeñita…]

CALVINILLO.- ¿Caralavaca, tienes miedo?

CARALAVACA.- Ah, ah, ah… no mucho… pero lo que ssí tengo los ojos sson cerradoss, assí puedo estar junto a CALVINILLO…

CALVINILLO.- Tambien yo…

MALAPANDORGA.- (canta) (Canción de los Bosques)

¡Viento que mueves las nubes!

y aventas los Bosques

y soplas la cumbres

llevando en el aire

las cosas hermosas…

CALVINILLO.- ¡¿Qué haces, madre…?!

CARALAVACA.- ¿A ella el miedo le hace cantar…?

CALVINILLO.- ¿Estás bien…?

URDANGARANGA.- Espera… déjala…

MALAPANDORGA.- ¡Bosque país de las sombras!

umbral de las luces,

misterio que nombra

y envuelve a los seres,

raíces y hojas.

URDANGARANGA.- …unámonos a ella…

MALAPANDORGA.- ¡Luz que iluminas senderos!

que pisan los pasos

de los pies pequeños

que suben los montes

a ver a los vientos…

¡Venid viento, luz y bosque!

cantad con nosotros

la canción de los hombres

que giran y giran

contando palabras,

historia y nombres…

Al inicio de la canción la Hidra parece experimentar un sutil cambio. El volumen de sus aullidos decrece, el viento se calma un tanto, parece que el monstruo se interrogara… Conforme la canción se consolida, la Hidra parece rebelarse y contraatacar, pero ya ha sido capturada por la música, y no puede escapar del efecto hipnótico de las palabras y los ritmos. Poco a poco se va incorporando a la música, pareciera incluso que cantara la Hidra, queriendo ser uno más. Pero esa felicidad no está en su naturaleza, y poco a poco su aliento pierde fuerza, sus espasmos se espacian en el tiempo, su brillo se apaga, hasta que cae en silencio al suelo, parecería que dormida, pero en realidad, muerta…

CARALAVACA.- ¿Ssse ha ido…?

URDANGARANGA.- Creo que está muerta… claro, no ha podido sobrevivir porque la música es lo más opuesto a su naturaleza… Señora MALAPANDORGA, si en algún momento antes la ofendí, le pido humildemente mil perdones. El valor y la sabiduría que ha demostrado en esta ocasión hacen que la contemple con los nuevos ojos del agradecimiento y la admiración…!

MALAPANDORGA.- ¡Uy, Sr. URDANGARANAGA, quite, quite, que me voy a poner colorada…!

URDANGARANGA.- ¿Cómo comprendió que podíamos vencerla con la música?

MALAPANDORGA.- ¡Uy… pues por mi madre! Ella siempre decía que la música amansa a las fieras, ¿no? Y yo me dije, “pues vamos a intentarlo…”

CALVINILLO.- ¡Sí que ha muerto la Hidra…! ¡Caralavaca!

CARALAVACA.- ¡Calvinillo!

CALVINILLO.- ¡Por fin, y gracias a la abuela Florapandorga!! ¡Qué bien te veo, aprendiza…!

CARALAVACA.- ¡Tambien veo yo basstante bien a Calvinillo…!

(Se abrazan y se besan)

MALAPANDORGA.- Eh, eh, sin exagerar…

CALVINILLO.- Calle, madre, que ya es la hora de que parta, a ganarme la vida… fue usted quien lo dijo…

MALAPANDORGA.- Pero… yo no quería decir exactamente ésto…

URDANGARANGA.- Déjelos, señora Malapandorga. Y venga, que yo la ayudo a bajar de la montaña. Ya está amaneciendo, e invito a todos a que vayamos a mi Cueva, a tomar un estupendo desayuno…

Ah, por cierto: aprendiza CARALAVACA, hoy quiero que empieces a trabajar en serio, nada de perder el tiempo… así que tal vez necesites un ayudante… habrá que pensar en ello…

CARALAVACA.- ¡Yo dije ya que del todo malo no era el viejo URDANGARANGA…!

CALVINILLO.- ¡Y si lo ha sido en algún momento, pues… PELILLOSALAMAR…!

URDANGARANGA.- Y usted, querida MALAPANDORGA, tendrá que enseñarnos, con mucho cuidado, algunas de esas canciones que le enseño a usted su madre…

MALAPANDORGA.- Con mucho gusto, querido URDANGARANGA, ahora mismo… pero antes, hay una pregunta que tengo que hacerle: ¿para qué quería esos hongos maravillosos?

URDANGARANGA.- Bueno… esos hongos eran importantes para mí… porque aparecen sólo cada dos docenas de años, y… yo los uso para hacerme espuma de afeitado… por eso tengo estos pelos… ¡ahora tendré que estar peludo otros veinticuatro años…!

MALAPANDORGA.- Tal vez yo pueda afeitarlo…

LOS DOS.- ¡Y nosotros te ayudaremos!

(Cantan la canción de los Bosques, en versión final…

…y fin)

 

 

Julio Salvatierra Cuenca • Pº de la Chopera, 49 4ºA • 28045-Madrid • juliosalv@hotmail.com

[1] Cuentos populares albaneses. Traduccion, selección y notas de R. Sánchez Lizarralde. Ed. Miraguano, Madrid 1994.

[2] Nota previa a la lectura: Mi intención en esta edición es fundamentalmente lúdica y divulgativa. He intentado traducir muy líbremente el espíritu del texto, redactado en un latín ya bastante corrompido por las lengua vernáculas. Mi propósito, sólo admisíble cuando así es declarado desde el princípio, ha sido la de intentar provocar en el lector actual una sensación similar a la que imagino podría provocar el texto original a sus contemporáneos. El cual hoy día, de ser traducido fielmente a su literalidad, sólo produciría una sensación de distanciamiento arquológico y de curiosidad erudita. Valga esta disculpa para justificar este juego que me permito sólo desde la admiración y la fascinación por la capacidad de fantasía de aquellos que escribieron este texto.

[3] No considero a esta obra el lugar conveniente para profundizar en los estudios morfológicos, semánticos, estructurales y metalingúísticos de los códices. Para una información al respecto remito al lector a “Las Crónicas de Monte Kûçedra: una aproximación crítica”. Julio Salvatierra. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén. 1996. 286 p.

[4] A partir de ahora nos referiremos a este Libro I con el nombre abreviado de Historias de Amor para Criaturas.

[5] Nada sabemos del monje Godofredo DuLavín, al que otros Libros se refieren como Fra Beltamino da Cernuscullo, duplicidad de nombre que desde luego no ayuda en nada a aclarar las cosas.

[6] Sic: “Matris sua pinguis esse / quinimmo percutio”, en el original. Nótese el buen humor que ya en el 1260 se gastaba Fra Godofredo DuLavín.

[7] “¡Con un hermoso y positivo sueño! / ¡Sí, señor, con la más hermosa de las premoniciones!” (íd)

[8] Traducción: “Que los sapos y culebras le machaquen la cabeza!”

[9] Traducción: ¡Mataré a ese —– intruso! (N. del T)

[10] Traducción: “¡Por lo más excelso, que extraordinária paciencia necesito!” (N. del T.)

[11] Tradcc. aprox.: “¡No hay manera, estúpida troll cabeza de chorlito!” (N. del T.)

[12] Traducción aprox.: “¡Cabeza de chorlito, cómo se te ocurre confiar en esa troll impresentáble!”

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