Cyrano

de Julio Salvatierra.
Traducción y adaptación libre para cuatro actores
a partir del original de Edmond Rostand

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PERSONAJES DE LA OBRA:
Cyrano, Roxana, Cristian, La dueña

Texto Inicio (Cyrano, voz off)
¿Callar cuando hablar,
aún siendo necesario,
pudiera molestar quizás a un mandatario?
No, gracias.
¿Aceptar que el peso de las opiniones
se mide por el dinero de su dueño
o por el de sus cañones?
No, gracias. ¿Disfrazar la indiferencia de paciencia?
¿Comprender que el mundo es muy complejo,
y que esa complejidad acalle mi conciencia?
No, gracias. ¿Decir no puedo yo hacer nada,
y de ese no poder sacar buena tajada?
No, gracias.
A base de aceptar mil guerras injustas,
¿llegar a creer que hay alguna justa?
Y volver luego a repetir, si no puedo yo hacer nada…
¿y cerrar los ojos ante los que sacan su tajada?
No, gracias.
¿Esperar a que toquen algo nuestro
-los que llevan años aplastando a otros-
para poder -por fin- calificarlos de siniestros…?
No, gracias.
¿Quedarnos callados ante reyes, gerifaltes
y gobiernos comerciantes
con tal que de que nos paguen lo bastante?
Y seguir repitiendo: si no puedo yo hacer nada…
¿hasta aprender que la pasividad también rinde tajada?
No, gracias.
¿Delegar en otros no sólo el gobernar
sino el hecho mismo de pensar?
¿Y como un rebaño de borregos
-asustados por el poco tiempo-
comer lo que nos dan, y llamarlo encima pienso?
No, gracias, no, gracias, no, gracias.

ACTO 1

La parte posterior del teatro de Bourgogne, ya que estamos, por ejemplo frente a la puerta de salida de artistas, si es que tal cosa existía, en el momento en que está dando comienzo la representación.

La Señora Margarita le Pâtissière, la pastelera, llega. Por otro lado, Roxana corriendo.

LA DUEÑA
¡Ay…! ¡Ay… Roxana! ¡Ay! ¡Uy! ¡Ay… Roxana, niña! ¡Ay, ay!
ROXANA
¡Margarita! ¡Llego tarde…!
LA DUEÑA
Déjate de prisas… ¡qué alegría! ¡Un año al menos que no te veía!
ROXANA
Si, si, también yo, pero…
LA DUEÑA
¡Claro… ven aquí!
ROXANA
Quiero decir… ¿no entras al teatro? ¡Hoy actúa Montfleury…!
LA DUEÑA
¡No, no, gracias… yo no…! ¡Lo que me faltaba…!
ROXANA
¿Pero… ? ¿Entonces qué haces aquí?
LA DUEÑA
He quedado con Montfleury…
ROXANA
A ver, que no lo entiendo…
LA DUEÑA
Pues es fácil: me he citado con él para después de su función.
ROXANA
¿…pero tú y Montfleury…?
LA DUEÑA
No me gusta nada verlo ahí de pie sobre las tablas…
(¡pero tumbado en ellas cambia la cosa…!)
ROXANA
¡Sigues tan incorregible!
LA DUEÑA
Pues sí. ¡Pero Roxana, mi niña, mi pequeña…! ¿Cómo estás…?
ROXANA
Bien. Hay mucho para contar… pero tengo que irme, lo siento, de verdad….
LA DUEÑA
Esas prisas en ti no las entiendo: o algo pasa en el teatro,
o hay un joven de por medio…
ROXANA
Lees en mi ojos todavía… nos veremos…
LA DUEÑA
¡Espera! Veinte años estuve llevándote a la chepa, así que me debes cinco minutos, por lo menos! Además, no tengas prisa, que la función va para largo, o acaso no se empiece…
ROXANA
¿Y por qué no va a empezar la función?
LA DUEÑA
Por tu primo. ¿No oyes ya algo de jaleo en el teatro…?
Cyrano, antesdeayer prohibió actuar, a Montfleury, durante un mes.
Roxana. ¿Pero por qué?
LA DUEÑA
¡Y yo qué sé! Locuras de Cyrano, ahora, yo te digo: si lo ha hecho así,
algo le habrá hecho Montfleury. Y algo muy grave.
No hay nadie, que yo sepa, con más discernimiento que Cyrano.,
Salvo cuando se trata del beneficio para sí: ahí es un negado…
ROXANA
Mi primo es ingenioso, sí… pues voy a ver…
LA DUEÑA
¡Ingenioso no: es todo un genio! ¡Roxana! ¡Inteligente, culto, valiente, cálido, amistoso…! ¡Es noble sin ser altivo, orgulloso y no soberbio…! ¡Y luego: es raro, excesivo, extravagante, divertido… y filósofo, y músico, y físico, y poeta, y… qué se yo…!
ROXANA
Margarita, de verdad…
LA DUEÑA
¡Y de la buena! ¡Y esa pinta! Roxana: es adorable y fiera como la de un pequeño gallo, siempre con la cresta, y no es mentira, pues aunque habla un poco demasiado -como yo- todo lo que dice es cosa cierta…
ROXANA
Es todo un personaje, si, pero…
LA DUEÑA
¡Le admiras, claro, ya lo sé! ¡Y aún no he dicho lo mejor!
¿Y esa nariz…? ¡Esa nariz que me tiene! ¡Absurda! ¡Absoluta! ¡Abigarrada!
Siempre que lo veo, me digo: ¡ay, señor, cómo exagera!
y luego me digo “ahora se la quita”. Pero no, la lleva siempre entera…
¡Madre de dios, qué nariz mas naricera…!
ROXANA
Mi primo es muy singular, Margarita. ¿Sabes si ya ha entrado?
[LA DUEÑA
Espera, a ver…
(Se asoma al teatro) ¡Sí, allí está!
(Cyrano entra por el lado opuesto)
CYRANO
¡No! ¡Estoy aquí! Pero si aquel tonel de allí aún está allá cuando yo vuelva,
empezaré a enfadarme! Buenas noches: salí sólo a saludar a mi gran amiga
y casi madre y… a mi prima. ¡Qué noche más hermosa! ¡Qué bien huele!
Por el contrario, algo hay sobre la escena que da un tufo a podrido…
Así pues, he de volver, disculpadme, debo curar esa gangrena.
¡Montfleury, luna llena, me obligarás a subir por ti!? (Sale)
LA DUEÑA
¡No le hagas daño…!
ROXANA
¡Mira! ¡El público protesta!
LA DUEÑA
A ver… ¡qué barbaridad!
(Cambio de iluminación, la platea ahora es la platea de 1640)
CYRANO
(Entrando) ¡Silencio todo el público! ¡Lo desafío entero!
El que quiera morir que levante el sombrero…
¿Nadie? ¿Ni un brazo? ¿Ni un mísero dedo?
Bueno, en tal caso continúo.
Comprended que ciertas patologías
cuando no remiten solas, requieren cirugía…
¡Montfleury! Daré ahora tres palmadas que tú escucharás:
espero que a la tercera… te reabsorberás.
Una…
LA DUEÑA
¡Montfleury! ¡Vete de ahí!
CYRANO
Dos…
ROXANA
Ay, dios…
LA DUEÑA
Se irá, yo le conozco…
CYRANO
Tres…
LA DUEÑA
¿Qué te dije? Con el rabo entre las piernas…
ROXANA
Parece que Cyrano ha ganado la partida…
LA DUEÑA
Como siempre… y ahora se irá a celebrarlo…
CYRANO
¡Luna llena! (Sale Cyrano)

ROXANA
Debería hablarle, por algo personal… y no quiero que se escape…
LA DUEÑA
De aquí no te vas sin decirme: ¿quién es ese joven que te inquieta…?
ROXANA
Dueña: tengo que ver a Cyrano, y te responderé cuando convenga. Adiós.
Te quiero mucho.

(Sale Roxana, entra Cristian)

LA DUEÑA
¡Adiós, mi niña, te espero mañana sin falta allá en la tienda! Qué raro. Ese interés súbito por el primo… ¿cuánto hace que nació Roxana…uf… y Cyrano algunos más… ¡cómo pasa el tiempo! (a Cristian) ¿No es cierto, joven, que el tiempo pasa muy deprisa?
CRISTIAN
¿Quién es ella?
LA DUEÑA
¿Cómo? Te pregunto si el tiempo pasa muy deprisa y “¿quién es ella…?”. No me parece una respuesta comprensible, ¿qué te pasa? ¿estás tonto? ¿despistado? ¿obnubilado? ¿o vienes de la luna? Presta un poco de atención a lo que haces o te llevarás sorpresas…
CRISTIAN
Tiene razón, señora. Desde hace unos días no puedo prestar atención a nada. Y pido disculpas, pero la culpable acaba de entrar por esa puerta… Y me pareció…
LA DUEÑA
¡Eh, eh: un momento! A ver: ¿es cierto, o no, que el tiempo pasa muy deprisa?
CRISTIAN
Es una verdad como un templo.
LA DUEÑA
Bah, ¡qué sabrás tú! Eres muy joven todavía. ¿Qué decías que te parecía?
CRISTIAN
Que usted conocía bien a esa muchacha.
LA DUEÑA
Tutéame, que eso del vos es cosa de teatros. ¿A qué muchacha? Porque hay mucha muchacha en esta ciudad…
CRISTIAN
A la que acaba de salir.
LA DUEÑA
…porque –ahora que lo dices- tú acabas de llegar, verdad, eso se ve: ¿de dónde?
CRISTIAN
De Turena. Barón Cristian de Neuvilette. Desde mañana cadete, en la guardia del Rey.
LA DUEÑA
¡Uf! ¿Soldado? ¡Ándate con mucho ojo!
De los soldados nada digo, a quien no sufro es a sus jefes…
¡Duques, marqueses, generales, cardenales y aún los reyes!
¡Imbéciles, cretinos, desalmados…mira, mira! ¡Cruz y raya!
Les maldigo, les escupo y mal de ojo les echaba,
si supiera cómo hacerlo. Y no te asustes, eh?
Marido e hijo me mataron en la guerra, que no se acaba nunca.
¿Y por qué? Porque no quieren que se acabe. Y perdona, que ya sigo…
Esa muchacha es ¿para qué quieres saberlo?
CRISTIAN
¿Hace falta que lo diga? ¿O prefieres que te mienta?
LA DUEÑA
¡Bien! Mejor así. Me gustan los sinceros. Magdalena Robín,
alias Roxana: burguesa, bien situada, huérfana…
Pero nada. Olvídate. Es imposible…
CRISTIAN
No: es imposible que lo sea.
LA DUEÑA
¿Has hablado con ella?
CRISTIAN
No. Sólo nos hemos mirado, varias veces, varios días…
LA DUEÑA
Y es hermosa, ¿eh?
CRISTIAN
Mucho.
LA DUEÑA
Veinte años me costó criarla…
CRISTIAN
¿Está casada?
LA DUEÑA
¿Quién, yo…?
CRISTIAN
No, Magdalena Robín, alias Roxana…
LA DUEÑA
No. Por el momento. Pero el Conde De Guiche, sobrino de Richelieu,
la ama, o eso dice. Y como él ya está casado, quiere casarla a ella
con un vizconde amigo suyo, el señor Valvert, que es el vizconde
más tonto de la historia… pero complaciente… ella no quiere,
pero De Guiche es poderoso. ¿Qué te parece?
CRISTIAN
¿Dónde puedo encontrar a ese Valvert?
(se abre la puerta del teatro, y se ve el interior)
LA DUEÑA
¡Allí! Qué casualidad. Aquel que está sobre el escenario,
con los demás nobles: el de la peluca con pompón y el lazo grande…
(¡ah… mira: ya está Cyrano haciendo de las suyas!)
CRISTIAN
Voy a desafiar a ese Valvert
[LA DUEÑA
Creo que ya no hace falta… está discutiendo con Cyrano…
pero no se le oye… que voz tan esmirriada… ¿Qué le dice ese vizconde enano a mi Cyrano?
CRISTIAN
… a ver, los labios le leo, creo… le dice…
“Señor, vos tenéis, ¿cómo diría?, una nariz… mm…… enorme”
Y Cyrano le responde…
(Cyrano aparece…?)
CYRANO
Pues sí.
CRISTIAN
Y él dice: “¡já!”
LA DUEÑA
¿Já? ¡Qué sinvergüenza! ¿Y Cyrano…?
CRISTIAN
Atusándose el bigote le pregunta:
CYRANO
¿Y eso es todo?
CRISTIAN
Y él dice: “si”.
LA DUEÑA
Vaya birria de respuesta. Ahora verás la de Cyrano…
CYRANO
Pues no, señor, ese enorme es poca cosa, por favor,
podríamos decir, ¡cielos…!, veamos, algo mucho mejor…
y de mil formas diferente, por ejemplo, escuchad:
Agresivo: “¡eh, tú! Ese pedazo de nariz ¿por qué no te la cortas?”
O amistoso: “¡en ese vaso no cabe, narizón, bebed de la retorta…!”
LA DUEÑA
O descriptivo: “¡es un monte, una cordillera ¡un continente!!…”
CYRANO
¡Bien…! O curioso: “¿para qué sirve esa trompa repelente?”
¡Vos también…! (A Cristian) ¡Animaos! ¡Vamos! Cuidadoso:
“tened cuidado, por favor: si os caéis de narices
me romperéis el suelo!”
LA DUEÑA
¡Tierno: “qué lindos matices
que tiene esa trompa, por mucho que pienso no vi cosa igual…!”
CYRANO
Pedante: “os informo que el único animal
a vos comparable es de orden proboscidio,
y género, elefante…”
CRISTIAN
¿Y este otro, galante? “Caballero,
os agradezco mucho el gancho para colgar el sombrero…”
CYRANO
¡Muy bien…!
LA DUEÑA
Dramático: “ningún viento, oh, nariz de tucán,
podrá jamás acatarrarte, salvo un huracán!”
CYRANO
O bíblico: “cuando eso sangró fue que se llenó el Mar Rojo.”
CRISTIAN
O religioso: “¿me daréis una reliquia del Sagrado Despojo?”
CYRANO
Lírico: “¿es un unicornio o un coral de mar?”
LA DUEÑA
Ingenuo: “¿el monumento se puede visitar?”
CRISTIAN
Campechano: “¡muchacho, qué es eso!
¿un melón gigante o un pedazo de queso?!”
CYRANO
Militar: “¿qué hace un cañón entre la infantería?”
LA DUEÑA
Práctico: “¡Menudo premio te tocó en la lotería…!”
CYRANO
¡Exactamente! Algo así –o por lo menos- es lo que me podríais haber dicho,
señor, si tuvierais el menor asomo de ingenio o de palabra,
pero de ingenio –me temo- tenéis menos que un bicho,
y de palabra, mejor cambiar la de señor por la de cabra…
LA DUEÑA
Bien dicho. ¿Y él?
CRISTIAN
Él le responde…
“¿Y tú cómo te das esos aires arrogantes,
si eres un cualquiera que no usa ni guantes?
Que sale a la calle sin traje, sin anillos, sin carteras?
¿Sin cargos, sin poder, sin amigos importantes?”
LA DUEÑA
¡Uy…!
CYRANO
¡Ah! ¿Sois de los de la moralidad elegante…?
Pues no, perdón, la mía es muy distinta…
Tal vez no tan bonita, pero sí más importante.
Yo no actúo, como vos, por obtener favores,
ni me preocupa mi traje más que mi conciencia,
ando sencillo por el mundo y sus alrededores,
sirviendo sólo a mi corazón y a mi inteligencia.
Y todo lo que habéis dicho no me importa un higo.
Soy independiente y lo sería aunque no creyera
-que lo creo- que tengo que ser de esta manera.
¿Comprendéis algo de lo que digo?
CRISTIAN
“Mi querido amigo, por supuesto que os comprendo,
pero hoy en día no se puede ser tan primario: hace falta llevar guantes…”
CYRANO
El último lo arrojé a la cara de un noble mentecato.
Tal vez con esa imagen sea bastante…
LA DUEÑA
¡Ay, ay…! Se van a liar con las espadas…
CRISTIAN
Sí. Valvert ha sacado ya la suya: “¡poeta!”
(eso le ha dicho)
CYRANO
¡Y tanto, que mientras mi espada os espeta,
os compondré una balada…!
Y os tocaré al final de cada estrofa. Venid por aquí,
seguidme…
CRISTIAN
Se han ido a otra estancia…
LA DUEÑA
¿Y los ves?
CRISTIAN
Sí, los veo
LA DUEÑA
¿Y qué pasa?
CRISTIAN
Cyrano dice:
“Balada del duelo que al teatro Bourgignon
mantuvo Cyrano con un noble… guasón.”
LA DUEÑA
¿Y qué es eso?
CRISTIAN
El título será, de la balada…
LA DUEÑA
¡Ay, por favor, qué emocionante! ¿Y luego…?
CYRANO
“Me quito con gracia el sombrero,
CRISTIAN
Se quita con gracia el sombrero…
CYRANO
y con elegancia la capa
CRISTIAN
y la capa con esmero
CYRANO
la dejo escurrir ligero…
CRISTIAN
con ligereza desata
CYRANO
saco mi toma y daca…
CRISTIAN
su espada dice que saca
CYRANO
¡me guardo de quien me ataca!
CRISTIAN
¡por qué poco no le mata!
CYRANO
y como el rayo certero,
CRISTIAN
y como un gallo ligero
CYRANO
o la molesta resaca
CRISTIAN
o no sé qué de una rata
LA DUEÑA
¿Qué dices?
CYRANO
al finalizar, os hiero.”
CRISTIAN
Al finalizar, pues zaca!
LA DUEÑA
¿Zaca ha dicho Cyrano!!? No me lo creo…
CRISTIAN
Es que no le oigo bien. Están muy lejos…
Pero le ha cortado un pompón al vizconde…
LA DUEÑA
¡Cyrano es un maestro…!
CRISTIAN
Sigue:
CYRANO
“No olvidéis que os lo advertí
CRISTIAN
Dice que él se lo advirtió
CYRANO
-y no buscando protegeros-
CRISTIAN
y no fue por protegerle
CYRANO
más soy como soy: soy así,
CRISTIAN
que es como es, vive dios,
CYRANO
y por seros más sincero
CRISTIAN
y por mas sincero serle
CYRANO
no dejaré de trincharos…
CRISTIAN
no dejará de trincharlo
CYRANO
¿en el pecho os gusta, infiero…?
CRISTIAN
que en el pecho gusta, infiere?
CYRANO
…y aunque me parece raro…
CRISTIAN
y aún sin verlo nada claro…
CYRANO
al finalizar, os hiero.”
CRISTIAN
al finalizar, lo hiere.

CYRANO
“¡¡Os sugiero que recéis!!
CRISTIAN
Que rece le ha sugerido
CYRANO
pues aún sin quererlo, quiero
CRISTIAN
(no sabe bien lo que quiere…)
CYRANO
cumplir siempre: ya sabéis…
CRISTIAN
…pero cumple, que ya sabe…
CYRANO
que al finalizar, os hiero.”
CRISTIAN
que al finalizar, lo hiere…
Y ya, por fin, se la ha clavado.
LA DUEÑA
¿Dónde?
Cristián.-
¿Dónde?
CYRANO
En la barriga.
CRISTIAN
En la barriga.
LA DUEÑA
¡Ay, por favor! Ya estamos. ¡Vete, corre!
CRISTIAN
¿Por qué?
LA DUEÑA
¡Estas tonto! Un cadete acaba de herir a un noble: la guardia estará aquí… …¡mira, ahí llega! Que pronto. Vamos…!
CRISTIAN
Señora… adiós, despedidme de Roxana…
LA DUEÑA
Sí, sí, claro. Adiós. (Lo llevas claro…)

(Sale Cristian. Roxana entra. Encuentro)

ROXANA
¡Cuidado!
CRISTIAN
¡Perdón! Yo… tengo que irme… Eh… ¡Perdón!
(Sale)
ROXANA
Perdonado. Margarita, ¿tú conoces a es ese hombre?
LA DUEÑA
No… ha charlado un poco conmigo, de nada trascendente…
no, no le conozco… y aunque le conociera,
seguramente no querría conocerle….
ROXANA
¿Y eso…?
LA DUEÑA
No… porque parece un poco tonto…
ROXANA
Ah, sí, puede…
LA DUEÑA
Ya.
ROXANA
Dueña, ¡si hubieras visto a Cyrano! ¡Qué escena!
LA DUEÑA
Mas o menos la he oído. Siempre metiéndose en líos…
Resguárdate aquí, cuidado con la gente…
ROXANA
Hasta el Cardenal, tras de una celosía, dicen que le miraba…
LA DUEÑA
Perfecto. ¡Cuarenta enemigos en un solo día!
ROXANA
Al final no he podido hablar con él. Y tengo que hacerlo… ¿no podrías concertarme una cita mañana con Cyrano?
LA DUEÑA
¿Por la tarde?
ROXANA
No, temprano.
LA DUEÑA
¿Por qué no le esperas y le hablas ahora mismo?
ROXANA
No, no, prefiero verlo más tranquila, sin gente. Y además no quiero que De Guiche me encuentre aquí cuando salga. ¿Se lo dirás?
LA DUEÑA
Se lo diré, pero dime… ¿qué quieres decirle?
ROXANA
Eso es cosa mía.
LA DUEÑA
Ay, Roxana, parece mentira…
ROXANA
Gracias, Margarita, me voy: ¿a las siete en tu tienda?
LA DUEÑA
Allí estará.
ROXANA
Gracias, dueña. Adiós
LA DUEÑA
Adiós.

(Sale Roxana) (Entra Cyrano)

CYRANO
¡Margarita, ven que te dé un abrazo!
LA DUEÑA
¡Que me sueltes, insensato! ¡Cuarenta enemigos en una sola noche!
CYRANO
¿Tantos? Mejor no perder el tiempo, tú siempre lo decías.
LA DUEÑA
Sí, pero no tanto. ¿A dónde te lleva esa vida, Cyrano? ¿Qué pretendes?
CYRANO
Vivir es muy complicado, Margarita: hay tantas opciones… Así que escogí…
LA DUEÑA
¿El qué?
CYRANO
… lo más sencillo: ser genial: aquí, allí… por todos lados.
LA DUEÑA
De acuerdo. Pero dime: ¿por qué odias tanto a Montfleury? ¡Y no me digas que es por ser nefasto! El mundo está lleno de actores deplorables, y nadie mueve un dedo.
CYRANO
Sí. Pero este gordo borracho, tan gordo que la mano no le llega al ombligo, se cree aún una tentación para las damas, y las mira dulcemente con sus ojos de rana…
LA DUEÑA
(tampoco es para tanto…)
CYRANO
Y lo odio desde que una noche se atrevió a poner sus ojos de batracio sobre… cierta muchacha… y creí ver a dos babosas comiéndose sus labios…
LA DUEÑA
Uf, que asco… …Pero… entonces… Cyrano… ¡no es posible…!
CYRANO
¿Qué yo esté enamorado? Pues sí. Estoy enamorado.
LA DUEÑA
¡Ay! ¡Jamás me lo habías dicho! ¡Ay! ¿Y puede saberse…?
CYRANO
¿De quién? ¿De quien va a ser? Vamos, reflexiona…
Esta nariz absurda me prohíbe soñar con el amor,
así pues: ¿a quién voy a amar yo? Pues sin dudarlo: a la mejor.
A la mujer más hermosa que nadie ha visto nunca.
LA DUEÑA
Déjate de adivinanzas: ¿quién es ella?, a ver, ¿y su padre?, ¿qué hace…?
Vamos, dilo que te oiga…
CYRANO
¡No! Aún decir su nombre es peligroso:
sus sílabas te embrujan aunque ella no lo quiera
y su eco te envuelve como en un bosque encantado;
si lo dices sueñas su figura dulce surgiendo de la nada,
perfecta, luminosa… y has caído en la emboscada.
¡No, no! Ella no necesita nada para ser maravillosa…
hasta su más pequeño gesto es algo portentoso
y para su sonrisa… toda la vida he estado buscando una palabra…
Tú la conoces, dueña…
LA DUEÑA
¡Ay! ¡Ay… Cyrano!
Ya comprendo… La cosa está muy clara…!
CYRANO
Es meridiana.
LA DUEÑA
¡Magdalena, tu prima!?
CYRANO
Sí: Roxana.
LA DUEÑA
¡Pero qué alegría, Cyrano! ¡Díselo! ¡Díselo mañana…!
CYRANO
¿Dueña, te has vuelto loca? ¡Mírame! ¿Crees que tengo esperanzas?
LA DUEÑA
¡Cyrano!
CYRANO
Sí, dueña, a veces yo tengo también horas muy malas…
En las que me siento tan feo, y tan sólo…
LA DUEÑA
¡Tonterías! El amor no tiene reglas… ¿y tu valor, y tu ingenio?
Hoy, mientras te batías, mas de una te comía con los ojos…! Y lo sabes…
CYRANO
Puede ser…
LA DUEÑA
¿Entonces? Roxana mismo ha seguido tu duelo con el alma impresionada.
CYRANO
¿Tú crees?
LA DUEÑA
Ella mismo me lo ha dicho hace nada. ¿Por qué no hablas con ella?
CYRANO
¿Y que se ría en mis narices? No, gracias.
LA DUEÑA
Pues mañana a las siete te espera.
CYRANO
¿De qué hablas?
LA DUEÑA
De una cita. Me ha pedido que te diga que necesita hablar contigo. En secreto. Y con urgencia. Mañana a las siete has quedado con ella en la pastelería de esta dueña. Calle de San Honorio.
CYRANO
¿Una cita…? ¡Por dios! ¿Y qué quiere?
LA DUEÑA
No lo se.
CYRANO
¿Por qué me llama?
LA DUEÑA
No lo se.
CYRANO
¿Qué sucede?
LA DUEÑA
No lo sé.
CYRANO
¡Dueña, no saber nada es un verbo que tú ignoras! ¡Dime lo que sepas!
LA DUEÑA
Cyrano, te lo juro. No sé nada. Pero mucho interés tenía en verte…
Y hablaba y hablaba de tu ingenio, y tu generosidad, y tu valor…
CYRANO
¡Calla! No será nada. Bueno, sí: cualquier cosa, pero nada. Hablaré con ella, aún sin ser nada…. (aparte) Y sin embargo, -aunque nada- al menos se acuerda de que existo… ¿a qué horas dices que es la cita?
LA DUEÑA
A las siete en punto de la mañana, en mi pastelería.
CYRANO
Allí estaré.
LA DUEÑA
Bien. ¿Y ahora vas a estar más tranquilo?
CYRANO
¿Ahora…? ¡Ahora voy a estar frenético y ansioso!
¡Cien hombres necesitaría para un duelo grandioso…!
LA DUEÑA
¡Ay!
CYRANO
¿Qué pasa?
LA DUEÑA
¿Cien hombres, dices? ¡Ay! Al tú decirlo me he acordado de algo que he oído aquí mientras pasaba la gente. Tu amigo Ligniére está en peligro, pues ofendió a un noble con una cancioncilla, y cien hombres justamente le acechan en la puerta del Norte… No llegará vivo a su casa, según dicen…
CYRANO
¿A Ligniére!? ¿Cien hombres en la puerta del Norte? Estupendo. Dos pájaros de un tiro: algo de jaleo, y un amigo. ¡Vamos! ¿No vienes, dueña?
LA DUEÑA
No, gracias, yo también tengo mis asuntos.
CYRANO
Bien. Que los disfrutes. Mañana oirás hablar de lo que fue esta noche. ¡Dame un abrazo, Margarita, qué demonios!
LA DUEÑA
¡Suelta, loco! Y ten cuidado.
CYRANO Lo tendré, pero mejor harán en cuidarse otros. Me temo que hoy soy demasiado. Mañana por la mañana nos veremos. ¡Adiós, dueña!
LA DUEÑA
¡Adiós, Cyrano! ¡Cuídate mucho…!
(Sale Cyrano)
Lo que le espera hoy le asusta menos que lo de mañana… Roxana es mucha Roxana. En fin. A ver si sale pronto este gordito cobarde. Bueno, tampoco es eso… mejor estar con un hombre prudente, sobre todo si se es viejo… El valor es cosa de los jóvenes… aunque no me gusta verlo tan conejo… Bueno, mientras sale o no sale me voy a echar un sueñecito… que ya pronto habrá que encender el horno… y el tiempo pasa muy deprisa…
Canción (off).-Cien hombres en París
Lucharon contra Cyrano,
Noventa y nueve murieron
Y el cien se quedó sin mano…
¡Viva, Cyrano, torero!!

ACTO 2

(Entra Cristian)
CRISTIAN
Señora… señora… despierte…
LA DUEÑA
¿Qué? ¡Ay! ¡Qué hora es!?
CRISTIAN
Ya amanece. Son casi las siete…
LA DUEÑA
¡Ay! ¡Por favor! ¡Qué desastre! ¡Me he quedado dormida como una marmota! ¡No decía yo ayer que el tiempo pasa muy deprisa! Pues míralo.
¿Por qué no me has despertado antes, sinvergüenza!?
CRISTIAN
Lo siento, señora, yo… acabo de llegar…
LA DUEÑA
Yo sí que lo siento, llego tarde a mi negocio… y esa niña a punto de llegar…
CRISTIAN
¿Roxana?
LA DUEÑA
Eso a ti no te interesa. Te lo dije muy clarito: olvídate, no es para ti, que te largues, que te vayas, que me dejes. Adiós.
CRISTIAN
Lo, siento. Señora: voy a acompañarla. ¿Me permite que la ayude?
LA DUEÑA
Escucha, guapito. Primero: como me sigas te la ganas. Segundo: olvídate de Roxana. Y tercero: como no me tutees te doy un bofetón en toda la cara.
CRISTIAN
Perdona. Me olvidaba. Te tuteo, pero no puedo irme sin que me digas donde vive. Amo a Roxana.
LA DUEÑA
¡Si no has hablado con ella!
CRISTIAN
Lo sé. Pero hay algo en sus ojos que yo he visto, y que no ven otras personas. E igual le sucedía a ella cuando me miraba…
LA DUEÑA
¿Estás seguro de eso?
CRISTIAN
Sí.
LA DUEÑA
¡Ay, dios mío! Espero que te equivoques. En fin, ya que estás ahí como un pasmarote, ayudame a llevar esto a mi casa, y te diré la suya.
Pero sólo si me aseguras que no intentarás verla, al menos hoy.
CRISTIAN
Te lo aseguro…
LA DUEÑA
Bien, entonces vamos. ¿Por qué decías que ha sido una noche muy movida?
CRISTIAN
Vi luchar de nuevo a ese Cyrano, y si no lo hubiera visto no lo creería…
¡Peleó contra cien hombres por lo menos! ¡Y mientras luchaba seguía
con su charla! Creo que a algunos los convenció con la lengua antes
que con la espada! Es admirable, es un maestro, es el sueño de cualquiera…
LA DUEÑA
Pues sí. Pero por dentro no es tan duro como parece por fuera.
CRISTIAN
¿Tú le conoces bien?
LA DUEÑA
Es primo de Roxana. Y también he ayudado a criarlo desde niño… fui dueña,
antes que pastelera, en casa del padre de Roxana (que en paz descanse). Y bueno, hemos llegado. Gracias y ahora vete, Cristian.
CRISTIAN
¡Recuerdas aún mi nombre…!
LA DUEÑA
Y tu encargo: ella vive en la Rua de San Pancracio, en el viejo palacio
del duque de Ruán.
CRISTIAN
Adiós, y gracias. Volveremos a vernos, eso espero
LA DUEÑA
No digo nada. Hasta luego.

(Campanas. Sale Cristian. Entra Cyrano, con una mano herida)

CYRANO
¡Margarita, rápido, ya viene!
LA DUEÑA
Pasa por aquí. En este patio tranquilo y recoleto nadie os molestará…
¡Ay, Cyrano… ¿vas a hablarle?
CYRANO
No lo sé. Le he escrito una carta, aún sin firmar… ¡y deja de mirarme como si fuera un pastorcillo y tú la virgen madre! ¡Vamos! ¡Fuera, fuera, fuera…!
(Sale La dueña)
Le saco mi carta en cuanto note la más mínima esperanza…

(Entra Roxana con una capucha y La dueña, celestina juguetona)

LA DUEÑA
Pasa… está aquí. Y ha llegado puntual y eso que dicen que esta noche…
CYRANO
¡Dueña! Huelo que se te queman los pasteles…
LA DUEÑA
¡Que qué?! ¡Ay, por favor…!
CYRANO
(Aparte a La dueña) ¡Vete y no vuelvas hasta que hayamos terminado!
LA DUEÑA
¡Ay, Cyrano, a ver si se arregla todo …!
CYRANO
(id) ¡Cállate, y desaparece!
(Sale La dueña)
CYRANO
Ojala este instante…
(Entra La dueña)
LA DUEÑA
(A Cyrano) (¡Suerte, hijo mío..!)
CYRANO
(id) (¡Fuera!)
(Sale La dueña)

CYRANO
Decía que ojala este instante, feliz entre todos, se prolongue,
pues olvidando el olvido en que me tienes
vienes a verme hoy con la intención…
¿…prima… con qué intenciones vienes?
ROXANA
Antes que nada, darte las gracias por poner fuera de juego,
sin matarlo, a ese tarambana de Valvert. Que es el mismo que De Guiche…
CYRANO
Que dice que te adora…
ROXANA
…quiere darme por marido…
CYRANO
¡Encantadora maniobra…! aunque un poco repugnante.
Me alegro entonces de haberme batido no por mi nariz,
si no porque tus ojos sigan siendo tan brillantes.
ROXANA
Y luego… yo venía a confesarte una cosa… pero no puedo hacerlo así,
tan de repente, necesito ver a aquel que yo veía, entonces… a un casi hermano, con el que jugaba en el parque, ¿te acuerdas?, o en el lago…
CYRANO
Sí. Veníais a Bergerac casi todos los veranos,
a vivir en nuestra casa…
ROXANA
Y fabricábamos espadas con los rosales tiernos…
CYRANO
Y muñecas rubias con mazorcas, para el invierno…
ROXANA
¡Sí…! ¡Cómo jugábamos entonces…!
CYRANO
¡y cómo os comíais nuestras manzanas…!
ROXANA
Y Cyrano siempre hacía cuanto quería Roxana…
CYRANO
Tú aún no eras Roxana… Madeleine era tu nombre original…
ROXANA
Y era una niña muy fea…
CYRANO
No estabas nada mal.
ROXANA
Yo me veo siempre con las greñas y encima de una rama,
y mi padre llamándome: “¡baja, baja, Roxana!”
Mi padre sí me llamaba siempre de esa forma…
CYRANO
Y encima de una rama construimos una casa, ¿no te acuerdas?
con madera de robles y de almendros, y vigilábamos los nidos sobre el río,
por las noches, envueltos en las mantas…
ROXANA
…si: hacía un frío…
Y muchas veces venías sangrando de la mano o del brazo
(Le coge de la mano)
y yo hacía de tu madre: “¡dónde demonios te hiciste ese arañazo…!?”
(Ve la herida en la mano de Cyrano)
¡Pero bueno! ¡Esto es demasiado…! ¡Cyrano…! ¿Otra vez…?
¡A tu edad así estamos todavía…! ¿Dónde te lo has hecho?
CYRANO
Jugando con unos amigos, en la puerta del Norte.
ROXANA
A ver, mientras te limpio la sangre me lo cuentas. ¿Cuántos eran?
CYRANO
Nada, cuatro gatos. Pero deja eso y dime… eso que antes no podías…
ROXANA
…Bueno… Ahora creo que sí puedo… Oler aquel pasado me dio aliento.
Sí. Cyrano, por primera vez en mi vida, creo que es amor lo que siento.
CYRANO
¡Ah!
ROXANA
Él no lo sabe.
CYRANO
¡Ah!
ROXANA
Creo…
CYRANO
¡Ah!
ROXANA
Todavía…
CYRANO
¿Ah?
ROXANA
…pero lo va a saber muy pronto, si lo ignora.
CYRANO
¡Ah!
ROXANA
Es un muchacho que hasta ahora me ha mirado siempre con cuidado, desde lejos, sin decirlo…
CYRANO
¡Ah!
ROXANA
¡Estate quieto, Cyrano, así no hay quien te cure!
Pero yo se que cuando nos miramos, le tiembla hasta el aliento.
Y a mí también, y en eso no te miento.
CYRANO
no…
ROXANA
Y figúrate, primo, que sirve en tu mismo regimiento…
CYRANO
¿ah…?
ROXANA
Y más aún, en tu propia compañía: en los cadetes…!
CYRANO
¿si…?
ROXANA
Y por su mirada sé que tiene talento, y que es inteligente.
Y es bravo, noble, su espíritu es inquieto, intrépido, bueno, sagaz…
y además… es muy hermoso…
CYRANO
¡¿Es muy hermoso!?
ROXANA
Muy viril, sí: ¿qué te pasa?
CYRANO
Nada, el corte este, que va siendo doloroso.
ROXANA
Nunca había sentido nada parecido. Y aún no hemos hablado…
CYRANO
¿Nunca?
ROXANA
Nunca. Sólo con los ojos. Nos hemos mirado durante horas, varias veces, varios días… sé que parece absurdo, pero no es lo que parece.
CYRANO
¿Pero y cómo puedes estar segura que él te corresponde?
ROXANA
En París todo se sabe… me lo han dicho.
CYRANO
¿Y es cadete? ¿Cómo se llama?
ROXANA
Barón Cristian de Neuvilette.
CYRANO
No. Ese no es cadete.
ROXANA
Se incorpora esta misma mañana y en tu misma compañía.
CYRANO
Roxana, ¿no estarás tal vez corriendo demasiado…?
(Entra La dueña)
LA DUEÑA
Cyrano… está llegando mucha gente para hablarte…
CYRANO
Dales un pastel y que se marchen. Yo te pago…
LA DUEÑA
¡Que no! También hay gente importante, por lo visto…
CYRANO
Yo no estoy, no existo, vamos, fuera…
LA DUEÑA
¡Ay…! (¿Y cómo va…?)
CYRANO
Fuera.
(Sale La dueña)
Prima, a ti te gusta conversar, la sutileza, la inventiva, el ingenio…
¿y si fuera tartamudo?, ¡primitivo!, ¡tonto!, ¡o tal vez impertinente!
ROXANA
No, no… advino en él un espíritu elegante…
CYRANO
¡Claro, una cara hermosa refleja hermosa el alma! ¿Y si es un fantasma?
ROXANA
Entonces, con gran pena dejaría de quererle, primo: ¿cuál es el problema?
CYRANO
Ninguno. Pero no entiendo que vela tengo en este entierro… prima.
ROXANA
Alguien me dijo ayer que en tu compañía sois todos… especiales…
CYRANO
Gente ruda que reta al relamido que le cuelan desde arriba… eso te dirían…
ROXANA
Y en los duelos de soldados muere mucha gente…Por eso me he asustado.
CYRANO
(Para sí) Pues razón tenías…
ROXANA
Y por eso pensé en ti, y me dije “si él quiere, puede hacer que todos le respeten…”
CYRANO
…Está bien… Defenderé a tu baroncete.
ROXANA
¿Hablas en serio?
CYRANO
Sí.
ROXANA
¿Y serás amigo suyo?
CYRANO
Lo seré
Roxana..-
¿Y no le permitirás jamás la estupidez de un duelo a muerte?
CYRANO
Te lo juro.
ROXANA
¡Muchas gracias, primo! ¡No sabes cuánto te quiero!
CYRANO
(Para sí) Ni tú tampoco.
ROXANA
Y debemos vernos luego. Hay mucho de qué hablar.
Y también lo de esa herida. Seguro que fue ayudando a uno cualquiera…
CYRANO
Si, si… no es importante…
ROXANA
Tú no sabes cómo me acuerdo de Bergerac, ni que te quiero, primo…
no se… muy tiernamente.
CYRANO
Claro, Roxana… claro que lo se…
ROXANA
Pero ahora debo irme. Lo siento. Tengo mil cosas que hacer…
CYRANO
Vete, prima.
ROXANA
Ah… que no lo sepa Margarita… todavía… sino, París entero lo sabría…
CYRANO
Descuida…
ROXANA
Y si lo ves, si hablas con él, ¿por qué no le dices que me escriba…?
Ay, dios… Cyrano, adiós, te quiero mucho.
CYRANO
Adiós. Adiós…

(Sale Roxana. Cyrano inmóvil. Entra La dueña)

LA DUEÑA
¿Se puede?
CYRANO
Si.
LA DUEÑA
Cyrano… hijo… ¿cómo… estás…?
CYRANO
De pie… ¿Quién me buscaba?
LA DUEÑA
Cyrano…
CYRANO
¿Cyrano? ¿Cyrano a sí mismo se buscaba? Ah… bien puede ser, tal vez creía estar aquí y sin embargo no estaba…
Pero antes de que digas otra vez mi nombre con tono compungido, dime quién quería verme.
LA DUEÑA
Cyrano…
CYRANO
¡Y van tres! No me hagas preguntas. Por favor. ¿Quién vino?
LA DUEÑA
¡Mucha gente! Toda la ciudad te busca. Y a cual más importante: vino un mensajero del Conde De Guiche…
CYRANO
¿Qué quería?
LA DUEÑA
Traerte un mensaje del propio Cardenal. Ha dejado una cartita.
CYRANO
Léela, por favor.
LA DUEÑA
“Señor de Bergerac… un poeta es un lujo que hoy está de moda. Y en mi servicio el de vate está vacante, si es que os acomoda. Sé que sois orgulloso
y lo valoro: si no queréis, allá vos, sin embargo, mi tío el Cardenal
expresó ayer su complacencia sobre vuestro recital. Yo podría ayudaros, haciéndole tal vez llegar alguna obra vuestra…”
¡Cyrano…!
CYRANO
Acaba, por favor…
LA DUEÑA
“Decidid como queráis, mas mandadle vuestros textos:
pues al poseer talentos raros y diversos,
seguro le divierte corregiros algún verso…”
CYRANO
Ah, eso sí que no. Ni el Papa me cambia a mí una coma.
LA DUEÑA
¡Pero Cyrano! Si la obra le gusta te pagará mucho dinero!
CYRANO
No me importa. Más me pago yo a mí mismo con los versos que me hago.
LA DUEÑA
¡Eres demasiado orgulloso!
CYRANO
¿Ah, si? ¿Y cómo lo has notado?
Rompe esa carta.
LA DUEÑA
No quiero. Me la guardo.
CYRANO
Ya le escribiré yo una buena respuesta. ¿Y quién más me ha buscado?
LA DUEÑA
Teofrasto Renaudot, ¡el inventor de ese periódico!
Te espera para que le cuentes con detalle…
CYRANO
No. ¿…alguien más?
LA DUEÑA
¡Cyrano! ¡No puedes ser así! ¡Has de vivir con el mundo! Hacerte cuidar…
CYRANO
¡Dueña! ¿¡Alguien más!?
LA DUEÑA
¡Pues sí! ¡Mucha gente quiere verte!
Tu hazaña de anoche se ha esparcido como el fuego. Todos quieren conocerte ¡Mira! Siete invitaciones distintas a siete fiestas diferentes… De verdad, Cyrano: ¡es tu oportunidad de ganar fortuna y fama…! ¡Aprovéchala!
CYRANO
¿Ah, sí? ¡¿Y que tendría que hacer para aprovecharla!?
¿Abrazarme a un protector, no?, a un jefe, y lamer a su señoría
como hiedra pegajosa, para subir con halagos y no por mi valía…?
No, gracias. ¿Dedicar, como todos, mis versos a los ricos?
¿Y servirles de bufón para abrir sus feos picos,
a ver si al reír, alguna sinecura
se les cae del bolsillo sobre este caradura?
Gracias: no. ¿Gastarme la columna de tanto doblarla?
¿ponerme de rodillas? ¿tener ciática en la espalda?
No, gracias. En la casa de algún gran editor
¿publicar lo que escribo pagándomelo yo?
¿O frecuentar las reuniones donde los inútiles
escogen al mejor? Muchas gracias: ¡no!
¿Ser calculador, cobarde, temeroso?
¿o dejar de escribir por visitar a un poderoso?
¿Y redactar memoriales, hacerme presentar…?
¡No, no y no! Mil gracias, pero no! …yo prefiero cantar,
soñar, reír, estar sólo, ser libre…
tener la mirada recta y una voz que vibre…
y no escribir jamás nada que no salga de adentro
y pensar modestamente: a lo mejor no es muy grande
pero es realmente mío… yo con eso me contento.
Y si, por azar, algún día así viene la gloria
saber que el mérito fue tuyo, y estar en paz con tu memoria…
En fin: no seré un gran árbol… tal vez sea uno enano,
pero llegaré yo sólo, con la fuerza de mis manos.
LA DUEÑA Muy bien: tú sólo, ¡pero no contra todos!
¡Tus enemigos últimamente se han multiplicado,
como hongos!
CYRANO
Lo prefiero. Es un vicio que tengo.
Me gusta ser odiado, de ese modo me entretengo…
LA DUEÑA
Ya. Disimula gritando lo orgulloso que eres,
pero a mí puedes decirme… que ella no te quiere…
CYRANO
¡Cállate!
(Entra Cristian)
LA DUEÑA
(Aparte) ¿Qué hace este aquí? Uy, uy… (A Cyrano) Espera.
(Aparte a Cristian) ¿Qué haces aquí?
CRISTIAN
Vengo buscando a mi Compañía. Salieron todos corriendo en busca de Cyrano…
LA DUEÑA
Pues Cyrano está de mal humor. Será mejor que te vayas.
Cristián.-
Al contrario, mejor entonces: quiero verlo ahora.
LA DUEÑA
Pero él no quiere. Hazme caso, no es bueno molestarlo.
CRISTIAN
Eso me han dicho. (A Cyrano) ¡Buenos días, señor!
CYRANO
¿Eh…? Ah: buenos días.
LA DUEÑA
(Aparte) ¡Cristian, ¿qué haces?!
CRISTIAN
(A La Dueña) Déjame… (A Cyrano)
En esta pastelería se está mejor que el cuartel, señor
¿Os habéis tomado vacaciones… o venís por el olor…?
LA DUEÑA
(Aparte a Cristian) ¿¡Estás loco!? ¡Nada de narices ni de olores con Cyrano!
¡Por menos de eso ha matado a mucha gente!
CYRANO
Perdón. ¿Qué decíais? Estaba distraído…
LA DUEÑA
¡No, no decía nada! Habla muy poco el señor este… es… sólo que había oído hablar de tu hazaña de esta noche, y quería más detalles. Pero ya le he dicho yo que de eso nada, y que se vaya, y ya se iba…
CRISTIAN
(A La dueña) ¡No pienso irme…!
CYRANO
No. Que se quede. Es tu amigo. Os haré con gusto un relato del suceso.
Es bueno hablar, ¿no? y cultivar las amistades… ¿verdad, dueña…?
Si no pensarán que soy desagradable… y nada de eso…
LA DUEÑA
…ya, pero como estabas de mal humor…
CYRANO
¿De mal humor? ¡Si estoy contento!. Nada: pase y siéntese.
Por favor. Y, veamos, el relato de la lucha con cien hombres…
Bien. El caso es que yo marchaba sólo y era ya de noche…
más el reloj lunar brillaba allá en el cielo…
cuando de repente, no sé a que relojero extraño
le dio por limpiar su esfera con un nuboso paño,
y la oscuridad más negra cayó sobre París…
Ausente pues la luna del cielo, como una negra cicatriz,
yo andaba a tientas, sin ver…
CRISTIAN
…mas allá de su nariz.
(Silencio sepulcral)
CYRANO
¿Quién es este hombre?
LA DUEÑA
(Aparte) ¡Ay, por favor! ¡Aquí va a pasar algo…!
Es uno nuevo que ha venido para ser cadete… (creo)
CYRANO
¿Cadete? ¿Cómo se llama?
CRISTIAN
Cristian de Neuvilette…
CYRANO
¡Ah! Ya… bien… yo… bueno… Yo os decía…
CYRANO
¡que sin esa maldita luna…! pues nada se veía…
E iba yo pensando que quizás enfrentarse a un noble
a causa de un borracho no fuera idea muy feliz,
pues un noble rencoroso también puede
CRISTIAN
…tocarte la nariz…
CYRANO
…¡jugar doble!
¡Puede jugar doble! y buscarte la ruina como a cualquier aprendiz.
CYRANO
Me estaba, pues, metiendo…
CRISTIAN
…el dedo en la nariz…
CYRANO
…en camisa de once varas,
sin saber con quién me las tenía que haber
y al final la broma me podía salir cara…
mas me dije: ¡ánimo, Cyrano!,
CRISTIAN
¡…con dos pares de narices…!
CYRANO
…cumple tu deber.
Así que continuo, cuando de repente: me deslumbra un faro
y desde las sombras me dan un empujón…
me recupero, me vuelvo, me golpean…
CRISTIAN
¿…en todo el narizón…?
CYRANO
mas yo paro,
“¡A por él!” Oigo que gritan: ¡ahí estaban! ¡No los vi antes!
¡Mas de cien patanes que hedían como
CRISTIAN
…elefantes…
¡Pues no: como camellos!
Y empuño la espada mirando a esos bergantes,
CRISTIAN
…aspiro a fondo…
y cargo contra ellos!
Al primero me lo como con patatas, y al segundo, de rosbif,
pero el tercero me golpea: ¡paf!, yo le respondo…
CRISTIAN
¡…pif…!
CYRANO
¡¡Maldita sea!! ¡Margarita, sal de aquí!
LA DUEÑA
¡Ay! ¡Ya sabía yo que aquí iba a pasar algo!
Cyrano…
CYRANO
¡Fuera, fuera, fuera! ¡Déjame sólo con este hombre!
LA DUEÑA
(…por favor, no le hagas nada…)
CYRANO
¡Fuera!
(Sale La dueña. Parece que van a matarse)

CYRANO
¡Dame un abrazo!
Cristian.¿Cómo?
CYRANO
Mejor valiente. Lo prefiero.
CRISTIAN
No os entiendo…
CYRANO
¡Que me abraces, soy su hermano!
CRISTIAN
¿De quién?
CYRANO
De Roxana.
CRISTIAN
¡Qué!? ¡Vos sois su hermano!?
CYRANO
Como si lo fuera. Soy su primo más fraterno.
CRISTIAN
¿Y ella os ha…?
CYRANO
Sí. Me ha dicho todo.
CRISTIAN
¿Me ama?
CYRANO
Puede ser…
CRISTIAN
(Abrazándole) ¡Señor! ¡Cómo me alegra conoceros!
CYRANO
Eso es lo que yo llamo un cambio de opinión…
CRISTIAN
Perdonadme…
CYRANO
Apéame del vos, anda… (aparte) es cierto que es hermoso, el muy bergante…
CRISTIAN
Cyrano, no lo sabes, pero yo te admiro con el alma.
CYRANO
Y con las narices.
CRISTIAN
Perdón. Retiro todo lo que dije. El capitán dijo que debía
demostrar que podía ser valiente, y pensé que así lo demostraba.
CYRANO
Lo he comprobado… Pues bien, Cristian,
Roxana espera hoy mismo que le escribas…
CRISTIAN
¡No…!
CYRANO
¿Por qué?
CRISTIAN
La perderé si le hablo.
CYRANO
¿Por qué?
CRISTIAN
Soy más torpe que mandado hacer de encargo.
CYRANO
No lo serás tanto si te das cuenta de ello.
Además, todas esas narices no eran las de un torpe…
CRISTIAN
No… entre los hombres…a veces hablo un poco, o encuentro una palabra…
Pero frente a una mujer soy incapaz de decir nada de nada.
CYRANO
¿Nada?
CRISTIAN
Nada. Y con Roxana aún será peor…
CYRANO
¿Por qué?
CRISTIAN
Porque la amo. Ya sé que es imposible, sin usar la palabra,
pero créeme… hemos hablado mucho con los ojos…
CYRANO
Vaya. Pues si me hubieran sabido modelar
yo sí sería de los que saben hablar.
CRISTIAN
Yo sueño con poderle decir con gracia a una mujer que la quiero.
CYRANO
Y a mí me haría gracia ser un bonito mosquetero…
…de perfil apuesto…!
CRISTIAN
¡Pero jamás daré con las palabras para ella!
CYRANO
¿Y si te las presto?
¿Y tú pones la belleza y la dulzura del gesto?
CRISTIAN
¿Qué?
CYRANO
¿Crees que podrías repetir las cosas que te enseñe?
CRISTIAN
¿Qué me estás proponiendo?
CYRANO
¡Seducir a Roxana! ¿Quieres que entre los dos la conquistemos?
¿Quieres que pase de mi sombrero al tuyo un alma entera llena de palabras?
CRISTIAN
Pero Cyrano…
CYRANO
¿Lo quieres?
CRISTIAN
Me asustas…
CYRANO
Ya que temes que tus razones solas enfríen su corazón, usa las mías.
¡Con mis palabras y tus labios ella arderá entera!
CRISTIAN
Tus ojos brillan…
CYRANO
¿Quieres?
CRISTIAN
Pero… ¿tanto placer te causaría…?
CYRANO
¡Eso sería…! …bueno, tal vez me divirtiese….
Es un reto para cualquier poeta… ¿eh?
¿no quieres completarme y que yo te complete?
CRISTIAN
Pero cómo va a ser, no hay tiempo, ¿y la carta de esta tarde?
CYRANO
Voilà. Ta lettre. ¿Ves? Hasta en francés la podríamos enamorar
y es una lengua en la que este tema, créeme, podría funcionar…
CRISTIAN
¿Pero y esta carta…?
CYRANO
Salvo dirección y firma, está completa.
CRISTIAN
¿Y por qué tienes tú…?
CYRANO
¡porque todos los poetas escribimos cartas siempre!
A mujeres que no existen, a sueños que aletean en torno de unos nombres.
Cloris, Dafne, Dulcinea… qué mas da. Tómala, y terminemos.
CRISTIAN
¿Pero y no será necesario alguna revisión?
Escrita vagamente no le hará ilusión.
CYRANO
Muy bien, vas progresando… Pues no. Le sentará como un guante.
La credulidad del amor es tan grande, que pensará que fue escrita para ella.
CRISTIAN
¡Gracias, amigo!
CYRANO
No me agradezcas nada… Verás como en cosa de semanas
conquistamos a Roxana…
CRISTIAN
¿Tan pronto?
CYRANO
¡En un decir amén!
(Se abrazan)
(Tres semanas pasan)

ACTO 3

(Entra La dueña)
LA DUEÑA
¡Amén! Y que no suceda nada… ¡Ese De Guiche es incansable!
¡Justo esta noche…! ¡Roxana! ¡Roxana!
(Entra Roxana)
ROXANA
¡Ya has vuelto! ¿Qué quería el conde?
LA DUEÑA Verte esta noche. Pues su regimiento parte pronto a matar españoles
que no tienen culpa de nada, en vez de matarse los jefes entre ellos.
¡Verías entonces la guerra que pronto se acababa!
ROXANA
Razón tienes, pero déjate de arengas. ¿Dónde? ¿Qué te ha dicho?
LA DUEÑA
Que no puedes negarte. Quiere verte al menos un momento…
(desde que Valvert quedó cesante hace tres semanas
no te deja tranquila… la verdad… es hombre muy perseverante…)
(y además es feo de rico, pero no de cara…)
ROXANA
Margarita, por favor…
LA DUEÑA
Bueno: te enviará de aquí a un rato a un dominico
con una nota de dónde será la cita.
ROXANA
Y Cristian está a punto de llegar…
LA DUEÑA
Sé breve.
ROXANA
Tú es que no sabes cómo es Cristian, ni cómo habla, Margarita…
LA DUEÑA
Será contigo, hija, porque conmigo disimula… el otro día le pedí
que me describiera cómo era la tierra de Turena, ¿y sabes qué me dijo?
“Es buena”. ¡Ya está! Esa fue toda su elocuencia. Y además, se ha hecho
muy amigo de Cyrano, y eso me extraña…
ROXANA
No sé si será sólo conmigo, pero te aseguro que le oigo
y le miro cuando habla y me enloquece…

(Entra Cyrano)

CYRANO
¿De quién hablas, prima? ¿No será de ese cadete…?
LA DUEÑA
Sí, es de ese Cristian misterioso…! Hola, Cyrano.
CYRANO
Hola. ¿Así que no te ha desilusionado todavía?
ROXANA
Al contrario, su ingenio crece día a día.
CYRANO
¿Ah, si?
ROXANA
Y llegará, tal vez, a ser mayor que el tuyo.
CYRANO
Tal vez…
ROXANA
En serio, no hay nadie que transforme esas pequeñas cosas
en cosas tan grandiosas.
CYRANO
¿Sabe hablar de amor de una manera experta?
ROXANA
El no sabe hablar, primo: ¡él diserta!
CYRANO
¿Y escribe bien?
ROXANA
Mejor aún. Escucha esto…
CYRANO
¿Pero te sabes sus cartas de memoria?
LA DUEÑA
Todas se las sabe.
ROXANA
¡Margarita, por favor…!
CYRANO
Entonces no digas más: sin duda será bueno…
ROXANA
Es un maestro.
CYRANO
No exageres…
ROXANA
¡Un maestro, sí señor!
CYRANO Bueno… sea: un maestro.
ROXANA
Pero… primo… no es sólo lo que dice…
CYRANO
¿Ah, no…?
ROXANA
No. Cristian es un hombre muy extraño…
LA DUEÑA
Y que lo digas.
ROXANA
¡Margarita, por favor!
ROXANA
Cuando habla sus ojos me miran
de tal forma que a veces anticipan un silencio…
donde ya no harán falta las palabras, no se si me entiendes…
CYRANO
No mucho.
LA DUEÑA
Pues anda que yo.
ROXANA
¡Margarita, por favor! …como si tanto hablar a veces… no fuera necesario…
Y a mí me enamora lo que dice… pero también lo que no dice…
CYRANO
Bueno… me alegra verte enamorada…
ROXANA
Sí, estoy contenta. Ayer apostamos si sería hoy capaz de improvisar
quince minutos sobre un tema que le dijera…
CYRANO
Ah… hoy toca improvisar… eso es un cambio: ¿y qué tema has escogido…?
LA DUEÑA
Mientras no sea la tierra de Turena… pues la tierra de Turena, Cyrano,
“es buena”… Muy buena, si señor, pero un buen rato buena… ¿lo sabías?
ROXANA
¡¡Margarita, por favor!! No he escogido ningún tema…
o quizás todos: pensaba decirle: “háblame de amor…”
…lo siento, primo, pensarás que soy un poco tonta…
¡pero me gusta tanto oírle…!
CYRANO
No, claro, lo comprendo… ¿y qué tema mejor…?
ROXANA
Pero no le digas nada…
CYRANO
Nada. Como siempre no le diré nada.
ROXANA
Gracias, primo. Debo irme. Adiós.
CYRANO
Adiós, dueña. Adiós, Roxana.
ROXANA
Aunque lo veas, ni una palabra…!
CYRANO
No le diré una palabra. Te lo juro. Adiós
(Salen ambas)
Pero tal vez le diga dos… ¡Cristian! ¿Dónde te has metido?
¡Vamos, sal de tu escondrijo! Y date prisa, tenemos poco tiempo…
(Cristian aparece) Ve aprendiendo esto que ya tenía escrito, y escucha…
CRISTIAN
No. Vete. Esperaré a Roxana aquí yo sólo.
CYRANO
¿Cómo? ¿Qué mosca te ha picado? ¡Vamos!
CRISTIAN
¡No! Estoy cansado de aprenderme cartas y discursos…
…y de engañar de esta manera… No puede ser.
Al principio tal vez… pero ahora siento que me ama…
Gracias, Cyrano. Ya no tengo miedo y le hablaré por mí mismo.
CYRANO
¡Venga ya…!
CRISTIAN
¿Y quién te dice que no seré capaz de hacerlo?
No soy ningún imbécil. Además, tus lecciones me han sido de provecho.
Le hablaré… ¡o qué demonios…! ¿Para qué tanta palabra…?
¡A veces parecemos papagayos! Saber hacer hermosos los silencios
es la prueba de amor más grande que conozco…
(Entra Roxana)
ROXANA
¡Cristian! ¡Ya estás aquí…! Qué pronto has venido…!
Cristian..- (Aparte a Cyrano) Oye, Cyrano… pero por si acaso quédate por aquí cerca…
CYRANO
Hable usted sólo, señor.
(Sale Cyrano)

ROXANA
Ven. Vámonos lejos (seguro que la dueña nos vigila…) ¿Cómo estás?
CRISTIAN
Bien.
ROXANA
Yo hoy estoy contenta, pero algo rara… ¿te acuerdas de la apuesta?
CRISTIAN
Si…
ROXANA
Pues olvídala. Acabo de cambiar de idea.
CRISTIAN
¿Si!?
ROXANA
Si. No quiero que me hables ya más nunca como un juego.
CRISTIAN
¿¡No!?
ROXANA
No. Ahora quiero que me hables en serio. ¿Qué piensas, Cristian?
¿De mi…? ¿del amor…? ¿del tiempo…?
CRISTIAN
Yo…
ROXANA
…si, tú. Dime.
CRISTIAN
Yo, Roxana…te quiero mucho…
ROXANA
Si, pero: ¿qué soy yo para ti? No se… ¿Cómo crees que es la vida?
¿Me entiendes lo que digo?
CRISTIAN
Si. Tú eres para mí la cosa que más quiero…
ROXANA
No me basta, no es eso… quiero que me cuentes… desde dentro.
CRISTIAN
Bien. Desde dentro: yo te quiero…
ROXANA
Ay, bueno… Sigue.
CRISTIAN
Y cuanto más lo pienso, más lo siento…
ROXANA
¿El qué sientes?
CRISTIAN
Que te adoro…
ROXANA
¡Cristian!
CRISTIAN
¿Qué pasa?
ROXANA
¡…nada! Que me siento querida por un loro.
CRISTIAN
Roxana, son los nervios…
ROXANA
¿Qué nervios? Otros días no tenías nervios.
CRISTIAN
¡Tú que sabes! ¡Claro que tenía! Y hoy también tengo.
¡Siempre tengo nervios!
ROXANA
Pues si te pongo tan nervioso será mejor que me vaya.
CRISTIAN
¡No! Espera… es que es el silencio…
ROXANA
¿Qué silencio?
CRISTIAN
Ninguno, y eso es lo malo… ¿no me entiendes?
ROXANA
Pues no.
CRISTIAN
Entre tú y yo siempre hay palabras, y palabras, Roxana…
pero yo me muero por mirarte simplemente… ¿comprendes…? y por…
(intenta besarla)
ROXANA
¡Cristian!
CRISTIAN
¡Perdón! Perdón. Es que no quiero hablar… ¡o no, sí quiero…!
no se… no se si puedo… me hago un lío… pero, Roxana…
¡créeme: te quiero!
ROXANA
¡Hombre: haberlo dicho antes! Pues yo, mira: no te entiendo.
Hoy estas incomprensible. Y hasta podrías darme miedo. Y no quiero.
Así que me voy. Es lo mejor. Adiós.
CRISTIAN
No, espera…
ROXANA
Adiós. Quizás más adelante. Déjame. Adiós, Cristian.

(Sale Roxana)(Entra Cyrano)

CYRANO
¡Qué éxito! ¡Espléndido has estado, compañero!
Así me gustan los hombres: decididos, con ingenio…
CRISTIAN
Soy un imbécil. Es verdad. Y no hay remedio. Déjame.
Me voy. Tiene razón. No soy bastante para ella…
Cyrano-¿Cómo?
CRISTIAN
Ya lo has visto. ¿Dónde voy yo, así, con esa mujer maravillosa?
A ningún lado. Adiós, perdóname, Cyrano.
CYRANO
¡Ven aquí! Gallina miserable. ¿Te crees que a mí no me da miedo?
CRISTIAN
¿Quién?
CYRANO
¡Roxana…! …quiero decir: no ella… las mujeres cuando son así
de hermosas. No hay nada para mi tan espantoso. Te lo juro.
Ni una estampida de elefantes me daría tanto miedo. ¿Pero qué hago?
¡Pues pienso! Reflexiono, leo, invento cosas. Las observo…
¡…y no huyo con el rabo entre las piernas!
Te voy a ayudar. Ven. Vamos tras ella.
CRISTIAN
¿Tú crees?
CYRANO
Te lo aseguro. La conozco.
CRISTIAN
¿Y por qué me vas a ayudar?
CYRANO
Porque te entiendo. Y por eso que has dicho antes del silencio…
(Entra Roxana)
A veces yo también amo el silencio… y ese pensamiento
no es de un tonto. ¡Cuidado! Mira, ahí está ella… ¡Shh! Que no nos vea.
Escondámonos aquí, tras este piracanta. ¡Míralo cómo es frondoso!
Es un arbusto delicioso que nos vendrá al pelo –bueno, a ti no tanto-
para hablarle y que no vea. Llámala.
CRISTIAN
¿Pero qué pretendes?
CYRANO
Ya no hay luz. Le hablarás desde aquí, en voz baja, y yo te iré diciendo.
¡Vamos! No lo pienses…
CRISTIAN
Bueno… ¡Roxana!
ROXANA
¿Otra vez? ¿Cristian?
CRISTIAN
Si. Quería hablarte.
ROXANA
Pues yo no quiero, ahora.
CRISTIAN
Por favor…
ROXANA
No, me preocupo por tus nervios, a ver si te voy a sentar mal.
(Cyrano le va soplando, en voz baja, las palabras)
CRISTIAN
Es que tú… eres la enfermedad… y a la vez… su único remedio….
ROXANA
Vaya, vuelve algo de tu ingenio.
CRISTIAN
Y lo que nace… en ti… ¡no…! en mí… puedes creerlo, bien adentro…
es tan duro… y a la vez tierno… que ni yo mismo lo comprendo…
ROXANA
Bueno… pero si eso que nace es tan extraño y tan perverso
mejor sería ahogarlo en su cuna cuando es aún pequeño…
CRISTIAN
Ya lo he intentado… ¿qué creías? pero ese pequeño buda…
se resiste… y vence sin problema… a mis mejores asesinos
que son mis miedos… mis orgullos… y mis dudas…
ROXANA
Vas mejorando, ¿pero por qué hablas tan lentamente?
Parece que te hubieras vuelto… viejo de repente…
CYRANO
Esto no va bien. Déjame a mí…
Roxana-…y no es un reproche…
pero tus palabras parece que dudasen…
CYRANO
Es por ser de noche,
que las pobres van a tientas buscándote la oreja…
ROXANA
Pues las mías te llegan sin ninguna queja.
CYRANO
Pero no al oído: a mi corazón van solas sin ayuda,
pues mi corazón es grande, y tu oreja es menuda…
CRISTIAN
(¡Es cierto que es menuda…!)
CYRANO
Además, las tuyas nacen libres y a gusto,
y las mías escondidas detrás de un piracanta…
CRISTIAN
(¿Qué dices? ¿Qué es eso?)
CYRANO
¡Shh! ¡Es esta planta!
ROXANA
Ese nombre me encanta…
CYRANO
Así llamaban mis padres a este arbusto…
ROXANA
Pero ahora parece que tus palabras me llegaran mejor…
CYRANO
Le han encontrado el gusto, y también a ellas les encanta…
ROXANA
¿Y no piensas salir de detrás de tu seto?
CYRANO
No…
ROXANA
Entonces iré yo…
CRISTIAN
(¡Cuidado!)
CYRANO
¡No!
ROXANA
¿Por qué no?
CYRANO
Me gusta el parapeto…
y déjame aprovechar esta ocasión que se me ofrece
de hablarte con dulzura, sin mirarte, ni verte…
ROXANA
¿Sin verme?
CYRANO
Claro… es maravilloso, adivinarse apenas…
tú apenas ves la mancha oscura de mi manto,
y yo adivino apenas tu cuerpo que clarea…
somos sombra y claridad, y nada más, hablando…
en medio de una noche donde nada más existe…
…si supieras lo que significa este momento…
Si alguna vez te he hablado antes con pasión…
ROXANA
Sí que lo has hecho…
CRISTIAN
(Ese fui yo…!)
CYRANO
No lo he hecho nunca desde mi verdadero corazón…
CRISTIAN
(¿Cómo que no?)
ROXANA
¿Por qué?
CYRANO
Porque siempre te he hablado a su través…
CRISTIAN
(¡Cyrano!)
ROXANA
¿A través de qué?
CYRANO
…del vértigo que siento en tu presencia…
y sólo ahora creo hablar contigo por primera vez…
CRISTIAN
(¡Ten cuidado!)
ROXANA
Es cierto que tu voz suena muy distinta…
CYRANO
Sí, claro, por completo, porque con la noche encima
me atrevo a tantas cosas… me atrevo a ser yo mismo, y me atrevo a…

(Entra La dueña)

LA DUEÑA
(También en voz baja)
¡Cristian, el Conde De Guiche ha venido…!
CRISTIAN
¡Baja la voz! ¿Y qué le has dicho?
LA DUEÑA
Que se vaya. Que Roxana ya tenía compañía. ¡Mas vale que se entere!
Se puso rojo y me dio esto para ti…
CRISTIAN
¡Shh! Más bajo, calla…
LA DUEÑA
Bueno, pero… ¡Cyrano…! ¿qué hacéis aquí como dos contrabandistas…?
CRISTIAN
¡Shh! ¡Calla! Luego te lo explico…

ROXANA
¿¡Cristián!? ¿…a qué te atreves…?
CYRANO
¡Eh…! Ah… ¿…por dónde iba…?
Cristián.-
¡Y yo que se! Ha entrado ésta y no me he enterado…
CYRANO
…no sé a lo que me atrevo… perdóname, me pierdo:
soy tan feliz y es tan maravilloso este momento, es tan nuevo para mi…
ROXANA
¿Cómo que nuevo?
CYRANO
Sí… el poder serte sincero:
sin que el miedo al ridículo me oprima el corazón…
ROXANA
¿A qué ridículo?
CYRANO
Al de lo verdadero. Me disfrazo muchas veces
con mi ingenio, por miedo a que vean… como soy. Y en vez de hablar
con palabras de verdad, limpias y claras, me enredo con mil juegos…
ROXANA
Pues de tus juegos algunos son muy buenos…
CYRANO
Pero hoy no. ¡Olvídate de ellos! Tenías tú razón. Es un crimen
prolongar el juego cuando dos se aman, pues el momento
del amor real llega una mañana, y a partir de ahí las palabras bonitas
ya sólo suenan tristes…

LA DUEÑA
Cristian… ¿…Cyrano se está haciendo pasar por ti ante Roxana?
CRISTIAN
¡Shh, calla! Luego te lo cuento.
LA DUEÑA
¡De luego nada…!
CRISTIAN
¡Silencio! (Cerrándole la boca)
CYRANO
¡Silencio!
ROXANA
¿Qué pasa?
CYRANO
Nada. El silencio, digo, que es a veces mejor que las palabras,
cuando ese momento llega…
ROXANA
¿Y si hubiera llegado pues para los dos?
¿No me dirías nada?
CYRANO
¡Al contrario! Te diría todo lo que siento
a borbotones, como viene, sin adornos: te amo, me ahogo,
te quiero, te deseo, no puedo más, estoy loco.
Tu nombre lo llevo en el pecho como un cascabel
y como tú sabes, Roxana, que nunca me estoy quieto
el cascabel suena siempre y siempre me llena de tu eco.
De ti me acuerdo de todo, y todo lo he amado.
Recuerdo el año pasado, el catorce de mayo,
te cambiaste el perfume y pasaste a mi lado.
Desde entonces sólo con pensar en ti
me envuelve ese aroma que nunca he olvidado.
ROXANA
Eso…
CYRANO
¿Si…?

LA DUEÑA
¿Pero te parece bonito lo que estáis haciendo!?
CRISTIAN
Por favor…
LA DUEÑA
¿Qué pretendes conseguir? ¿De qué va esto…?
CRISTIAN
¡Calla…! (tapándole la boca)

ROXANA
Eso tal vez sea amor…
CYRANO
Es amor sin duda. Cada vez que me miras
me das una virtud nueva y un nuevo valor…
¿Comprendes ahora? ¿Te das cuenta?
¿Sientes mi alma de sombra, cómo se te acerca…?
Dios, realmente esta noche es tan dulce
y tan hermosa: te hablo y tú me escuchas…
Jamás esperé tal cosa. Podría bien morir ahora…
Porque sé que mis palabras finalmente te han tocado…
ROXANA
Sí, me han tocado. Y he llorado, y soy feliz, y soy tuya,
tú me has emborrachado…

LA DUEÑA
¿Pretendes seducirla…? ¡no lo entiendo…! ¿sacar partido…?
CRISTIAN
¡Margarita, por favor…
LA DUEÑA
¿Meterte en su cama…
CRISTIAN
Shh!

CYRANO
…no: tú compartes mi dulce borrachera…
Si mis palabras te han hecho sentir eso
entonces ya nada más me importa, sólo te pido…
LA DUEÑA
…que te de un beso…!?
ROXANA
¿Has dicho un beso…?
Cyrano..-
¡Silencio los dos!
ROXANA
¿Quieres un beso…?
CRISTIAN
Yo no he dicho nada. Ha sido ella.
CYRANO
¿Pero no quieres besarla?
CRISTIAN
Sí, claro, pero no sé si de esta manera…
LA DUEÑA
¡Pero esto es inaudito!
CYRANO
¡Silencio, Margarita, confía en mí!
ROXANA
¿Cristian? ¿Estás ahí…?
CYRANO
Si…
ROXANA
¿Qué sucede?
CYRANO
Nada… que hablábamos de un beso,
y la imagen del beso me ha asustado.
ROXANA
¿Entonces no lo quieres?
CYRANO
(A los otros) ¿Qué hago?
LA DUEÑA
¿Y a mí qué me preguntas? Vosotros sabréis. Yo no quiero saber nada. Confío en ti, Cyrano, pero como le hagas daño, me las pagas.
CRISTIAN
Yo no se… Yo siento todo lo que has dicho, y sí quiero besarla, pero…
CYRANO
(Aparte) Vendrá tarde o temprano, y puestos a que venga,
prefiero que tenga mi sello a que no lo tenga. ¡Roxana!
ROXANA
¿Sí…?
CYRANO
Ese beso de que hablábamos…
ROXANA
Me asusta un poco…
CYRANO
¿Por qué? Al fin y al cabo, ¿qué es un beso?
Apenas un secreto que toma tu boca por oreja,
un silencio al fin con cuerpo, una promesa de cerca,
una confesión firmada, un verbo que alimenta…
Si hemos pasado dulcemente de la palabra al suspiro,
y del suspiro al silencio… ¿por qué no del silencio
al beso? Si sólo nombrarlo ya calienta,
¿cómo será el probarlo…?
ROXANA
Cristian…
CYRANO
Aquí estoy, y puedes tomarme la palabra,
el alma entera…
ROXANA
Cristian. Calla. Y ven.
CRISTIAN
¿…voy?
LA DUEÑA
¡Pues claro, pasmado! ¡Vamos! ¡No vas a dejarla ahí toda compuesta…!
CRISTIAN
¿Cyrano…? No sé si esto está mal…
CYRANO
¡Anda, ve… animal…!

(Cristian se acerca hasta Roxana. Se besan)

LA DUEÑA
¡Y tú no me digas nada!
CYRANO
No pensaba abrir la boca.
LA DUEÑA
¿Confías en Cristian?
CYRANO
Si.
…y aunque no confiara, qué mas da… ella lo ama…
LA DUEÑA
Gracias, Cyrano: me acabas de enseñar
-a mis años- que se puede ser un gran hombre
y la vez un grandísimo animal.
¿No vas a luchar por ella!?
CYRANO
¿Para qué…? Y ahora menos… tras esta noche de bodas…
LA DUEÑA
Ay, por favor… Toma. No habrá noche de bodas, por ahora…
(Le da la orden de De Guiche)
CYRANO
¿Qué es esto?
LA DUEÑA
La orden de incorporación inmediata de vuestro regimiento. La trajo el conde.
CYRANO
(Leyendo) …la salida es inmediata… Debo llamar a Cristian… en fin…
no es –claro- algo que me plazca, pero ¡¡Cristian!! ¡¡Roxana!! ¡Soy yo!
¡Venid, rápido! Sé que estáis ahí…
CRISTIAN
¡Cyrano… ¿qué… haces aquí…?
ROXANA
Hola, primo, buenas noches.
CYRANO
Margarita me ha traído. Toma. Nos incorporamos a la guerra. Hoy. Ahora.
ROXANA
¡No! ¡Cristian…!
CYRANO
Lo siento, Roxana. Lo siento, hermano… Orden directa de De Guiche. Nos esperan.
CRISTIAN
¡Roxana!
ROXANA
¡Cristian!
LA DUEÑA
¿Por qué no desertáis? El desertar es la más alta misión que puede tener un hombre si es de verdad honrado…
CYRANO
Lo siento, dueña. Me gustan tus ideas, pero aún son, creo, algo modernas.
LA DUEÑA
Tonterías, hacer la guerra es de salvajes desde siempre…
CYRANO
Cristian, hemos de irnos…
CRISTIAN
Adiós. (Sale)
ROXANA
(A Cyrano) Prométeme que no dejarás que corra peligro alguno…
CYRANO
Lo intentaré, pero…
ROXANA
Y que será prudente…
CYRANO
Procuraré, aunque…
ROXANA
Que nunca tendrá frío…
CYRANO
Haré lo imposible, más…
ROXANA
Y que me escribirá frecuentemente…
CYRANO
Eso, Roxana, sí te lo prometo. Recibirás sus cartas antes de lo que te imaginas…

Acto 4

LA DUEÑA
¡Roxana! ¡Una nueva carta!!
CYRANO
(Saliendo aún) ¿No te lo decía? (Sale)
ROXANA
¡Trae! ¡Dos meses ya y ciento veinte cartas!
LA DUEÑA
(Aparte) Dos al día…
ROXANA
Trae que la lea…
LA DUEÑA
(Aparte) Me pregunto de donde sacarán tanta tinta en medio de la guerra…
…bueno: ¿qué dice? ¿Cómo está? ¿Dice algo de Cyrano?
(aparte) Seguro que no dice nada de sí mismo, ese tontaina, que le está escribiendo a Cristian todas las cartas, y ella no se entera… ¡Vamos, dime!
…los romanticismos no hace falta que los leas, ¡pero dame las noticias!
ROXANA
Esos romanticismos, como tú dices, son hermosas realidades… pero bueno: están bien. Cristian me dice que Cyrano te manda “un beso maternal y tierno,
como el que en algunos sitios los hijos envían a sus madres…”
LA DUEÑA
Bueno…
ROXANA
…y que te diga que te quiere, que te cuides, y que sigas tan prudente
y tan discreta como siempre…” ¿Desde cuando eres tú discreta, Margarita?
La dueña-¡Uy! ¡Anda, anda! Yo he sido siempre muy discreta…
(aparte) ¡Si tú supieras! (A Roxana) ¿Y qué mas dice?
ROXANA
De la guerra casi nada… “los cañones los oímos apenas en lontananza…”

(Cañoneo ensordecedor. Cyrano y Cristian en otro ambiente)

CRISTIAN
¡Se van acercando!
CYRANO
¡Ya los tenemos ahí, al otro lado de ese hayedo…!

ROXANA
“…y en torno al campamento brotan los más deliciosos champiñones que conozco…”

(Cañoneo)
CYRANO
El campamento está totalmente rodeado. De Guiche ha ordenado que tengamos la bondad, por razones de estado, de dejarnos matar hasta el último hombre, si es necesario…
CRISTIAN
Qué curioso…
CYRANO
…y lo será.

ROXANA
“…así que ya ves: esta guerra parece que no avanza, por lo que salvo la tristeza de no estar a tu lado, no tengas, por mi, motivo alguno de zozobra…”

(Cañoneo)
CYRANO
Nos atacarán mañana por la noche…
CRISTIAN
Mañana por la noche, por tanto, seguramente habremos muerto…
CYRANO
Así es, hermano…

ROXANA
Pero a mí no me engaña, Margarita…
LA DUEÑA
¿Tú crees?
ROXANA
Han llegado nuevas tropas españolas al sitio de Arrás. La cosa se estará poniendo fea. Así que…
LA DUEÑA
¿Qué haces?
ROXANA
Salgo para Arrás. Lo he planeado todo con mucho cuidado: puede hacerse. ¿Te vienes? Los caballos nos esperan…
LA DUEÑA
¡Pero te has vuelto loca!
ROXANA
Sí. Por el ser que me ha escrito esas cartas, desde un mundo diferente.
Tengo que ir. No me digas nada. ¿Vienes?
LA DUEÑA
¡Cabezota! ¿…pero y mi pastelería?
ROXANA
Desde que dejó de interpretar, y por suerte para todos, Montfleury ha aprendido a cocinar…
LA DUEÑA
¡Ay, sí! Mi gordito hace unas cremas que te mueres… Pero… ¡Cabezota!
Me voy contigo (alguien tiene que cuidarte, en medio de tantos patriotas…)
Y a Montfleury ya le escribiré… (saliendo) es increíble lo bien que funciona el correo en esta guerra, no te parece…?

(Cyrano, Cristian)
CYRANO
¡Cristian, despierta!
CRISTIAN
¡Roxana!
CYRANO
No, Cristian. Ya es mañana. Nuestro turno ha acabado. Volvamos dentro al campamento. Hay que seguir con las trincheras. Falta poco…
CRISTIAN
Si vamos a morir querría al menos
despedirme de ella con una hermosa carta…
CYRANO
Yo también me temo que el final nos llegue hoy,
y pensando en ti, me he adelantado. Aquí tienes tu adiós…
CRISTIAN
¿Podría verlo?
CYRANO
¿Quieres?
CRISTIAN
Sí.
CYRANO
Tómalo.
Cristian..-
Está mojado… ¿y esto?
CYRANO
¿El qué…? A ver…
CRISTIAN
¿No será una lágrima?
CYRANO
No se… tal vez…
es que esa carta es muy emocionante, imagínate, después de todas las otras…
o bueno, realmente no son tantas… pero… yo me emociono.
¡Qué le voy a hacer! Soy muy sensible…
CRISTIAN
¡Trae esa carta! Y dime una cosa: ¿cuantas le has escrito a Roxana
en estos dos meses?
CYRANO
Bueno, verás… No es complicado. La verdad
te lo tenía que haber dicho, pero lo iba dejando… pero hoy, pensando
en que a lo mejor mañana ya no puedo, pues…
CRISTIAN
¡Di!
CYRANO
Creo que le has escrito a Roxana más de lo que crees.
CRISTIAN
¿Cómo?
CYRANO
Pues si… yo, de vez en cuando, al ver que tu amor era sincero…
le he escrito alguna vez que otra, sin decirte… por seguir el juego…
CRISTIAN
Pero esas cartas no han podido salir desde que estamos bloqueados…
CYRANO
Bueno… alguna vez, con suerte, al amanecer, he atravesado ese bloqueo…
CRISTIAN
¿Qué!?… y ¿cuántas veces le he escrito por semana? ¿Dos…? ¿tres…?
¿cuatro…?
CYRANO
…o alguna más…
CRISTIAN
¿Todos los días?
CYRANO
Sí. Dos veces.
CRISTIAN
Y eso te embriagaba y te enloquecía hasta el punto de arriesgar tu vida…
CYRANO
No, escúchame, yo…
CRISTIAN
¡No! Ya basta, Cyrano. Tú la amas.
CYRANO
¿Yo!?
CRISTIAN
Si. Es evidente. Y no digas que no.
CYRANO
Yo…
CRISTIAN
La amas más que a ti mismo.
CYRANO
Sí.
CRISTIAN
Como un loco.
CYRANO
Mucho más.
CRISTIAN
Si sobrevivimos, se lo dirás.
CYRANO
¡Jamás!
Cristian..-
Se lo diremos. Y que ella escoja.
CYRANO
No. ¿Tú me has visto la cara? No, es a ti a quien ama…
CRISTIAN
Toma tu carta…
CYRANO
¡Shh! Oigo ruido… ¡Espías! Escóndete…

(Entran Roxana y La dueña, con sombreros o capas…)

¡Alto ahí! No os mováis… ¿Sois españoles?
ROXANA
No. Servimos a un rey mucho más importante.
CRISTIAN
¿A qué rey?
ROXANA Al rey de los amantes. (se descubre)
CRISTIAN
¡Roxana!
CYRANO
¡Roxana!
LA DUEÑA
También estoy yo. ¿A mí nadie me saluda?
CRISTIAN
Hola. ¿¡Qué haces aquí!? ¿Por qué has venido? ¡Aquí no puedes quedarte!
ROXANA
¿Por qué? ¿Los cañones no se oyen más en lontananza?
CRISTIAN
¿De qué hablas?
ROXANA
De tu última carta, ¿no te acuerdas?
[CYRANO
Eh… ¿pero cómo has podido atravesar las líneas españolas?
ROXANA
A caballo.
LA DUEÑA
Y cuando algún español nos preguntaba a dónde íbamos,
esta loca, enarbolando su mejor sonrisa de estandarte,
les decía: señor español: vengo a ver a mi señor amante,
y el español se derretía, de galante, y nos dejaba…
ROXANA
Seguro que si vengo a ver a mi marido, no nos dejaba pasar nadie…
CRISTIAN
Roxana: ¿por qué has venido?]
(Roxana le besa)
LA DUEÑA
Bueno, Cyrano, ¿por qué no me enseñas
donde crecen todos esos champiñones que decías…? ¿eh?
CYRANO
Si. Mejor. Y veamos que podemos hacer ahora con vosotras…
LA DUEÑA
Yo se lo dije, pero es cabezota…! ¡Y tú también…!
(Salen Cyrano y La dueña)
ROXANA
He venido por tus cartas.
CRISTIAN
No…
ROXANA
Sí: es culpa tuya y sólo tuya
si corro ahora estos peligros. Tus cartas me han enloquecido…
imagínate, en sólo dos meses cuántas me has escrito,
y cada vez más bellas…
CRISTIAN
Por esas estúpidas cartas has venido…
ROXANA
¡Cállate! ¡No digas eso! Desde aquella noche junto al piracanta,
en que empecé a conocer tu verdadero rostro, en cada palabra
de cada una de tus cartas he sentido crecer un amor tan grande y tan sincero
que no podía quedarme allí, mirándolo de lejos…
CRISTIAN
¿Se sentía eso en cada carta?
ROXANA
Sí. Por eso he venido. Y quiero también pedirte perdón.
CRISTIAN
¿Por qué?
ROXANA
Porque al principio te quise sólo por lo externo…
CRISTIAN
Ah…
ROXANA
…y luego por tu espíritu y tu carne, todo junto…
CRISTIAN
¿Y ahora?
ROXANA
Y ahora que conozco por dentro cómo es tu corazón, tu inteligencia,
tu alma… tu belleza, créeme, no tiene ya importancia….
¡Te querría, aunque fueras feo, feo, feo…! Mi amor… ¿estás contento?
CRISTIAN
No…
ROXANA
¿Por qué?
CRISTIAN
No… es sólo que me preocupa verte aquí. Estamos en peligro.
Y además: Cyrano tiene algo importante que decirte. ¡Cyrano!
(Entran Cyrano y La dueña)
ROXANA
¿A mi?
CRISTIAN
Si. Ahí vienen. Espera aquí un momento. ¡Cyrano!
LA DUEÑA
(a Roxana) ¡Están a punto de atacar! ¡Ven! Escondámonos en esta vieja mina, cuya entrada está cubierta de asfódelos. Ven, entrémonos adentro….
(se esconden en la vieja mina)

CYRANO
¿Qué ocurre?
CRISTIAN
No me quiere. Te quiere a ti.
CYRANO
¡No digas tonterías!
CRISTIAN
Me lo ha dicho. Ya sólo ama mi espíritu, que se llama Cyrano.
Así que vas a decirle que la amas.
CYRANO
No puedo. Mira mi cara.
CRISTIAN
Me ha dicho que me amaría aunque fuese horrible.
CYRANO
¿Ah, si? Bien, me alegra que lo diga,
pero no vayas a creerte esa mentira.
CRISTIAN
Eso lo vamos a ver.
CYRANO
¿El qué?
CRISTIAN
Vas a decirle todo, y que ella escoja.
CYRANO
¡No!
CRISTIAN
¿Voy a matar tu felicidad porque yo soy algo más guapo? ¡Eso no es justo!
CYRANO
¿Y yo la tuya porque soy capaz, por azar, de expresar…tal vez lo que tú sientes?
CRISTIAN
¡Bien! Díselo pues, y que ella decida. Si no me quiere por mí mismo,
prefiero que me olvide. Voy al campamento y vengo. Habla con ella, y que ella escoja sólo a uno.
CYRANO
Será a ti.
CRISTIAN
¡Roxana!
(Roxana y La dueña)
Cyrano tiene algo importante que decirte.
LA DUEÑA
¿Y yo qué hago? ¿Dónde me pongo?
CRISTIAN
Margarita, ven conmigo.
LA DUEÑA
Yo donde me digan…
(Salen Cristian y La dueña)

ROXANA
¿Qué pasa?
CYRANO
…nada. Ya sabes cómo es. Le da importancia a lo que no la tiene…
ROXANA
¿No le ha gustado lo que le he dicho antes? ¿No cree lo que le digo?
CYRANO
¿Pero es que acaso es verdad lo que le has dicho?
ROXANA
Sí. Por él he cambiado, primo. Lo amaría aunque fuese…
CYRANO
¿Te da miedo usar conmigo la palabra? ¿Aunque fuese feo lo amarías?
ROXANA
Sí. Aún feo… pero es que tú no le conoces…
CYRANO
¿Y horroroso?
ROXANA
Y horroroso… por dentro es un ser maravilloso…
CYRANO
¿Desfigurado?
ROXANA
¡Y repelente!… porque su espíritu es cálido y brillante…
CYRANO
¿Y ridículo?
ROXANA
No, primo: jamás parecerá ridículo a mis ojos
un ser de interior tan deslumbrante…
CYRANO (aparte) Dios mío… tal vez sea verdad… y la felicidad este aquí,
a mi alcance… (a Roxana) Roxana, yo, escúchame, verás…

LA DUEÑA
(off, disparos) ¡¡Cristian!!
ROXANA
¡Cristian!
LA DUEÑA
…¡Ay, ay…! ¡Roxana…!
CYRANO
¿Qué ha pasado?
LA DUEÑA
¡Ay, ay, dios mío, es Cristian…! Estábamos llegando al campamento cuando el ataque ha empezado de repente, por sorpresa, nadie se lo esperaba y de repente había españoles por todos lados. Bueno, pues Cristian se ha lanzado contra ellos el primero, como un loco, por delante de todos, como si fuera el hombre más valiente del mundo. Nunca había visto nada igual, lo juro… …y …y entonces… pues le han dado un tiro… en el pecho, y se ha caído, como un muñeco… ay, ay, está ahí…
ROXANA
¡Cristian…!
CYRANO
…se acabó.
LA DUEÑA
Han sido los primeros disparos del ataque…
CYRANO
(a Cristian) Le he dicho todo. Es a ti a quien ama. Lo sabía.
CRISTIAN
Gracias, Cyrano… pero así te va a crecer la nariz, más todavía…
cuida de Roxana…
ROXANA
¿Ha muerto…?
CYRANO
¡Dios mío…! Debéis iros, poneos a cubierto… están cargando…
ROXANA
Un poco más… Una carta… para mí…
¿no es cierto que era un ser exquisito y deslumbrante?
CYRANO
Si, Roxana…
ROXANA
¿Un poeta genial?
CYRANO
Si, Roxana.
ROXANA
¿Un espíritu adorable?
CYRANO
Si, Roxana.
ROXANA
¿Un corazón valiente y cálido, un alma tímida y gigante…?
CYRANO
Si, Roxana.
ROXANA
Y ahora ha muerto…
CYRANO
(a La dueña) Sácala de aquí, id por la mina…
LA DUEÑA
Ven con nosotras…
CYRANO
No, yo me quedo. Tengo que luchar, vamos, huid, huid…
LA DUEÑA
Vamos, niña, ven conmigo… a través de esta mina llegaremos a algún lado…
(Sale Cyrano)
…no te detengas, Roxana, es duro, pero haz caso de Cyrano,
sigue andando… sigue andando, a través de esta confusión…
llegaremos a algún lado… sigue andando…

Acto 5

(Los cañones se transforman en campanas que doblan a funeral. El campamento se aleja en el espacio y en el tiempo, por un túnel negro como las entrañas de un corredor de mina. Quince años pasan. Y al salir a la luz de nuevo, nos encontramos a La dueña, sola, que arrodillada en el velatorio de Montfleury, le habla al cuerpo omnipresente de su recién fallecido esposo)

LA DUEÑA
¡Ay, por favor! ¡Quince años han pasado que se han quedado en nada!
Gordito de mi alma, ¿tenía yo razón o no? El tiempo, cómo pasa, de deprisa.
Hace quince años nos conocíamos en la puerta del teatro, ¿te acuerdas?
Aún desprestigiabas entonces a las tablas, eh? Mira que eras malo, condenado…
(¡uy, no…! ¡condenado, no… por favor: lleno de gracia…! mucha gracia…)
Y ahora te has muerto, y me has dejado…
¡Quince años juntos! En la pastelería, en la casa, en la cama…
…visitando el convento donde se recluyó mi pobrecita Roxana…
Yo nunca me animé, y tampoco ahora me animo, a contarle, gordito,
que el que le escribía las cartas no era otro que Cyrano…
Y tú me lo decías: “¡díselo, a ver si ese narigudo se relaja…!”
Pero no… ¡uy, Cyrano: me mata…! Él también va cada tres días
a visitar a Roxana… Pobrecillo. Está también más viejo,
y más sólo, y más depauperado… pero eso sí:
igual sigue de sincero, de orgulloso y de hombre honrado…
¡Ay, por favor!¡Cuántas cosas han pasado!
Montfleury… y ahora tú te has muerto y me has dejado…
(Relámpagos. El fantasma de Montfleury – o su voz- surgen de la tumba)
MONTFLEURY (OFF)
¡Margarita…!
LA DUEÑA
¡¿Montfleury?!
MONTFLEURY (OFF)
Sí. He conseguido reunir a este lado oscuro de la muerte
las últimas migajas de lo que fue mi aliento,
pues debo advertirte lo siguiente: ¡Cyrano está muy mal herido!
A traición y por la espalda unos cobardes
le han golpeado con una viga en la cabeza,
y el pobre agoniza, en medio de la calle… ¡ve en su ayuda…! ¡Corre!
Lo siento, Margarita…debí avisar antes, pero es que el tiempo pasa muy deprisa,
como tú siempre decías… Me gustaría haber salido más airoso
de esta última interpretación mía, pero.. siempre fui un desastre como actor,
y Cyrano lo sabía. Por eso no le guardo rencor…
Las fuerzas se me acaban, Margarita, debo irme… para siempre…
gracias por estos quince años de amistad y amor, dueña mía,
adieu, cuídate, mi amor, adieu… adieu…
(Desaparece el fantasma)
LA DUEÑA
¡Adieu…!¡Ay, dios mío…! Gracias, Montfleury…
¿¡Sabes que al final Cyrano te apreciaba…!?
Pero ahora debo irme corriendo a por Cyrano… tú lo comprendes, ¿verdad?
Me imagino que iba camino del convento de Roxana…
(Sale) (Roxana sola)…

ROXANA
Son las siete, no creo ya que tarde…
en quince años jamás se ha retrasado…
(Entra Cyrano, tambaleante)
CYRANO
¡Maldición! Perdón. Por poco llego tarde…
Mas no fue culpa mía…
ROXANA
¿De quién fue la culpa?
CYRANO
De una visita inesperada.
ROXANA
¿Algún pesado?
CYRANO
No. Más bien una pesada.
ROXANA
¿Le dijiste que se fuera?
CYRANO
Sí, le dije: lo siento, señora, pero alguien me espera
así pues, me voy, volved dentro de una hora…
ROXANA
Ah, pues esa pesada tendrá que esperar,
no creas que antes que anochezca te voy a soltar…
CYRANO
Tal vez tenga que irme un poco antes…
¡Mira, el otoño ha llegado, con su amarillo brillante…!
…las hojas de este arbusto también amarillean…
ROXANA
Yo adoro estos arbustos… ¿sabes tú cómo se llaman?
CYRANO
¿El nombre de este arbusto…? ¿yo? No… no se cómo se llaman…
ROXANA
En algunos sitios, lejanos, lo llaman piracanta.
CYRANO
Ah… mira… hermoso nombre… a mi también me encanta…
ROXANA
¡Pero bueno! ¿Estás melancólico?
CYRANO
¿Yo? No, Roxana,
para nada…!
ROXANA
Entonces dejémonos de arbustos
y cuéntame un poco qué ha pasado esta semana…
CYRANO
¡Claro! Tu gaceta. Hela aquí: sábado diecinueve,
habiéndose excedido con el jugo de uva fermentado,
al Rey le dio un gran mal, que fue, a su vez tratado
con una purga general… ¡que el purgante sea loado!
El domingo en el baile de la Reina, ardieron enteras
setecientas sesenta y tres velas de la mejor cera.
Y nuestro clero quemó también a diez brujas hechiceras…
¡ah, y el perrito de palacio, ha contraído diarrea…
ROXANA
¡Cyrano!
CYRANO
El lunes, nada… ah, sí: Lygdamira estrena amante…
El martes la corte anduvo de excursión, nada importante…
El miércoles: la vizcondesa dijo al duque: “no, hijo, no…”,
Y el jueves dijo: “bueno… pensándolo mejor…!”
El viernes: no recuerdo qué pasó…
Y hoy por fin, veintiséis, sábado…

(Se tambalea. El atardecer cae rápidamente)

ROXANA
¿…si…? ¡Cyrano! ¿Qué te pasa…?
CYRANO
¡No es nada! Estoy bien… un pequeño dolor…
ROXANA
¿Qué te sucede…?
CYRANO
Mi herida de Arrás, sabes, a veces abrasa…
ROXANA
Mi pobre primo…
CYRANO
No es nada, ya se pasa… ¿ves? Ya estoy mejor…
ROXANA
Cada uno tenemos nuestra herida. También yo tengo la mía,
aquí… manchada de tiempo, de lágrimas y sangre…
CYRANO
¿Su carta…? Me habías dicho que un día, tal vez,
quisieras dejármela leer…
Roxana..-
Sí… ¿quieres?
CYRANO
Sí. Hoy sí querría…
ROXANA
Toma.
CYRANO
¿La puedo abrir?
ROXANA
Abre y lee…
CYRANO
“Roxana, adiós, voy a morir…”
ROXANA
¿Pero en alto…?
CYRANO
“Será esta tarde, amor mío, según creo…
tengo el alma tan cargada para ti de un amor que aún no conoces…
¡y sin embargo muero! Ya nunca más, nunca jamás
mis ojos que bebían en los tuyos la alegría…
ROXANA
Qué bien lees esa carta…
CYRANO
…volverán a besar al vuelo tus gestos diminutos…
recuerdo uno que hacías que me era familiar
para tocarte la frente… y quisiera gritar…
ROXANA
La lees de una forma…
CYRANO
…y grito:
¡adiós! Mi tesoro, mi amor, mi amada …
ROXANA
…y con una voz…
CYRANO
Mi corazón no te abandona ni un solo segundo,
porque soy, y seré aún desde el otro mundo
el que te ha amado por completo, sin medida,
sin límite ninguno, el que te amó más que a la vida,
más que al amor, más que al silencio… soy…
ROXANA
¿Cómo puedes leer? Si la luz ya se ha ido…

(La acotación de Rostand dice:
“Cyrano tiembla, se vuelve y la ve justo al lado suyo,
hace un gesto de espanto, baja la cabeza. Un largo silencio.
Después, desde las sombras que se han adueñado de todo,
ella dice lentamente, juntando la manos:”
Para que se vea cómo se acota como dios manda)

Y durante catorce años interpretaste el papel
de ese viejo amigo que quiere ser cortés…
CYRANO
¡No…!
ROXANA
Eras tú.
CYRANO
No, Roxana, no…
ROXANA
Debería haberlo adivinado al oírte decir mi nombre…
CYRANO
No, no era yo…
ROXANA
Ahora entiendo todo este engaño generoso:
las cartas, eran tuyas…
CYRANO
¡No!
ROXANA
Las palabras cálidas y locas…
CYRANO
No…
ROXANA
…salían de tu boca…
CYRANO
No…
ROXANA
La voz aquella noche, eras tú…
CYRANO
No…
ROXANA
El alma de Cristian era la tuya….
CYRANO
No, yo no te amo.
ROXANA
Sí. Me amas.
CYRANO
Cristian te amaba…
ROXANA
Pero Cyrano más.
CYRANO
No…
ROXANA
Ya lo dices más bajito…
CYRANO
No… mi amor, yo no te amo.
ROXANA
Cuantas cosas muertas, que renacen…
¿Por qué has esperado tantos años?
Si en esa última carta, el alma era la tuya,
las lágrimas también…
CYRANO
Pero la sangre es la suya.
ROXANA
Entonces, ¿por qué hemos dejado que ese silencio
hermoso se interrumpa hoy…?
(Entra corriendo La dueña)

LA DUEÑA
¡Ahí está! Sabía que estarías con ella, ¡Cyrano!
CYRANO
Hola, dueña, qué alegría verte…
LA DUEÑA
Se está muriendo, Roxana. Su amigo Ligniére le ayudó
después del golpe, y lo había dejado acostado y en su casa,
mientras buscaba un médico, pero no: él tenía
que venir a ver a su Roxana… ¡Deberías estar tumbado en una cama!
ROXANA
¿¡Qué golpe!?
CYRANO
¡Sí! Es cierto, no había terminado la gaceta:
y el sábado veintiséis, al atravesar un solar abandonado,
el señor de Bergerac es vilmente asesinado.
ROXANA
¡No! Cyrano, qué te han hecho?!
CYRANO
Yo solía decir: “morir de un golpe de espada,
en combate frente a frente, en el corazón, de una estocada…”
Pues no… el destino se burla, y me mata de esta suerte:
por detrás, a manos de un lacayo, de un leñazo…
¡bien! Todo me ha fallado, aún la misma muerte…
LA DUEÑA
¡Ay, por favor, Cyrano…!
CYRANO
No llores tan fuerte…
LA DUEÑA
Es que ayer además vi, toda indignada, que Moliêre te ha robado una escena
de tu drama, en su Scapin, sí, sí, ayer la echaban…
CYRANO
¿Ah, sí…?
LA DUEÑA
¡Si, una escena toda entera: la de “¿Que diablos fue a hacer a esa galera!?”
CYRANO
Ha hecho bien. La escena es buena. ¿Y funcionaba?
LA DUEÑA
¡Ay, por favor! ¡La gente se reía y se reía…!
CYRANO
Sí, mi vida siempre ha sido eso…
¿Te acuerdas de la noche en que Cristian te habló desde el arbusto?
Pues así ha sido todo: yo a un lado, escondido en la sombra,
mientras otros se llevaban los besos y la gloria…
Y es justo, lo apruebo, al borde del cementerio:
Cristian era hermoso, y Moliêre es un genio.
ROXANA
Voy a buscar ayuda…
CYRANO
No, no vayas. Quédate…
Si vas, tal vez cuando vuelvas yo ya no esté…
ROXANA
Te amo. Vive.
CYRANO
No, porque en el cuento, cuando al sapo le dicen
las mágicas palabras, brinca de contento,
y se transforma en príncipe…
pero conmigo ya ves que no funciona ningún cuento.
ROXANA
Yo te he hecho desgraciado…
CYRANO
¿Tú!? ¡No, al contrario! Me has hecho muy feliz…
Mi madre no me quería –odiaba mi nariz-
Hermanas nunca tuve, amantes… no me atreví,
Tú me enseñaste dulzura. Tú has sido mi única amiga,
mi única mujer…
Mirad, la luna viene…
ROXANA
He amado a un solo ser, y lo he perdido dos veces…
CYRANO
Hoy subiré a la luna por las gradas del aire, una a una…
LA DUEÑA
¡No es justo, Cyrano, no es justo que te mueras…!
Ayer murió Montfleury, y hoy muere Cyrano…
CYRANO
La dueña refunfuña, y así ha de ser… saludaré a Montfleury
si es que lo veo… los malos actores suelen ser buenas personas,
pero… ¡que diablos…! ¡¿qué diablos iba a hacer a esa galera?!
Filósofo, físico, rimador verdadero,
espadachín, pensador, músico,
Aéreo viajero
y también amante
de historia desafortunada:
aquí yace el señor de Bergerac,
que lo fue todo, y no fue nada.
Y ahora, perdón, tengo que irme, ved el rayo de luna que me busca…
¡No quiero que llores menos a Cristian, a ese buen, encantador y atractivo amigo mío…! Pero sí querría, solamente, que cuando el frío se me meta en los huesos, le des un sentido doble a tus recuerdos. Y que, un poco, de mí,
te acuerdes en tus duelos…
ROXANA
¡Cyrano, mi amor…!
CYRANO
No, no, no, así no. No me sostengáis. Nadie. Dejadme…
Ahí viene. Soy de mármol o de plomo… pero la esperaré de pie
y con mi espada…! ¡Ah, miradla, cómo me mira la nariz, esa Desnarigada!
No lo pienso permitir…y es inútil, sí, pero yo no lucho por provecho,
sino porque ha de ser así, aunque no espere ganar nada… os veo, sois mil,
mis viejos enemigos… la mentira, toma… los compromisos, toma,
los prejuicios, los miedos… ¡la estupidez, la peor de todas!
Sé que me ganareis, pero no me importa, yo lucho, lucho, lucho…
y lo se… me lo quitareis todo, el laurel, y la rosa
pero a pesar vuestro hay una cosa que no me quitareis,
y que esta noche cuando abandone este suelo,
sin arrugarse ni un pelo, vendrá conmigo feliz
pues simboliza mi orgullo…

¡…mi nariz!

Fin.

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