Reseña de “Expediente Hermes”, de Sabino Cabeza. Premio Minotauro 2025

Sabino Cabeza Abuin. Ganador del Premio Minotauro en 2020 y en 2025.

Que un libro te ha gustado se nota en las veces que sigues pensando en él después de terminarlo. Es lo que me ha pasado con Expediente Hermes. Contiene muchos elementos con los que me identifico.

La documentación para la literatura especulativa suele ser intensa, pero hay una realidad que a veces no se considera, y es el avance documental de las generaciones de autores conjuntamente. El abordaje literario, hoy, de elementos futuros bebe muchas veces de otros escritores de ficción científica actuales. Cualquiera que haya leído a Andy Weir (El marciano, Proyecto Hail Mary), aPaolini (Dormir en un mar de estrellas), Víctor Conde (Nucleogénesis/Deuteros) y otros muchos, sabrá de lo que hablo. Son las generaciones, en conjunto, las que empiezan a visualizar o a soñar con “tropos”, temáticas o elementos concretos y determinados. Y mucho más desde la llegada del cine.

En Expediente Hermes hay un tropo que comienza a ser habitual en muchas novelas (y por tanto, también en películas): la estructura de las estaciones o naves espaciales destinadas a largas estancias. El eje central en gravedad cero, en torno al cual giran grandes anillos gravitacionales (de considerable diámetro para que la velocidad angular no tenga que ser excesiva y mareante), comienza a ser un must en muchas proyecciones de los futuribles viajes espaciales. Desde la clásica Station V en 2001, que ya tiene sus años,pasando por la película Passengers, con un diseño anular muy cool; a la nave Hermes de The Martian, o a la Endurance de la estupenda Interestellar.

La novela de Sabino Cabeza muestra en su portada (realizada por Cover Kitchen) un prototipo que se asemeja mucho a alguno de los citados. En las primeras páginas del interior hay también un croquis del SC Schettino, el crucero espacial de recreo en el que los distintos tipos de la burguesía del futuro pasarán sus vacaciones durante la temporada 2145-46. Y junto al croquis, hallamos uno de los carteles publicitarios del sofisticado viaje. Con sus tres kilómetros de eslora y sus tres grandes anillos de medio kilómetro de diámetro, el crucero transporta a 1.500 personas como tripulación-servicio y a 5.000 pasajeros, que disfrutan de un viaje de placer de cuatro meses entre la Tierra y Júpiter. Este incluye visitas a los sitios históricos de Marte o de la Luna, excursiones-aventura en el cinturón interior de asteroides o en la atmósfera joviana. Los pasajeros de tercera han ahorrado varios años para pagarse un caro capricho, los de segunda disfrutan de mejor alojamiento, pero destaca la cosmic set, que ocupa los camarotes de primera clase y pueden disfrutar de todos los sofisticados servicios de a bordo.

Entre estos destacan los lovebot, androides sintéticos de gama alta, indistinguibles de los humanos, totalmente configurables –en todos los sentidos– para adaptarse a las fantasías sin culpa de los que pueden permitirse su carísimo alquiler. Hasta aquí nada nuevo: los replicantes de compañía de Blade Runner, o los robots de Almas de Metal, entre otros,son versiones anteriores de este mismo tropo.

Lo que diferencia a esta nueva versión es la intensa mezcla de novela policíaca, al estilo de Agatha Christie, con un entorno de Ciencia Ficción básicamente dura, aunque con licencias. El peso que adquiere la trama policíaca es grande, con su ramificaciones humanas, psicológicas, sociales, políticas, religiosas y filosóficas sobre el amor, la culpa y la naturaleza humana. ¿Tienen derechos los robots, cuyos sentimientos parecen imposibles de distinguir de los humanos? ¿Pueden heredar las fortunas de sus acompañantes y dueños, a los que inspiran y ayudan durante años? ¿Son capaces de sustituir a la gente? ¿Hasta dónde puede llegar el poder de las empresas que fabrican estos nuevos tipos de persona? ¿Puede llegar a enamorarse Durga Deckett, la protagonista, jefe de seguridad del impresionante crucero, de una máquina que, en reposo, parece un muñeco del antiguo blandiblú, hoy slime?

Esta apuesta por la trama más humana es lo que, para mí, caracteriza a esta interesante y atractiva novela. Para algunos esto puede ser un problema, ya que en ningún momento los personajes o la acción salen de la nave. Todo se desarrolla en su interior, de ahí la importancia que adquiere. Atravesar el cinturón de asteroides o aproximarse a Júpiter sin que ni la acción ni la descripción se asomen apenas al exterior es algo que puede llamar la atención, pero no es forzosamente negativo. Al contrario, en cierto modo es dolorosamente real: recuerda a esos enormes hoteles flotantes de quince plantas en los que se han convertido los cruceros marítimos actuales. En ellos todo parece diseñado para que el viaje realmente apenas se sienta, más allá de superficiales impresiones exteriores captadas desde el interior de un mundo construido para que la comodidad y el lujo (el antiviaje en cierto modo) nos acompañen hasta los destinos más exóticos, manteniéndolos a la vez a una aséptica distancia.

Todo el mundo creado en la novela está imbuido de esta crítica a una sociedad hipertecnológica, bastante deshumanizada, en la que el progreso técnico y material son evidentes, pero no parecen incidir positivamente sobre la soledad y la felicidad humanas. Es decir, es una novela tremendamente consecuente con la realidad actual, y la proyección de esos viajes espaciales para que los turistas ricos presuman luego en sus redes sociales, resulta demoledoramente verosímil. E inquietante.

En estas coordenadas, la trama plantea el asesinato de Condesa Planck, una de las mujeres más ricas e influyentes del mundo, aparentemente a manos de  Hermes, su amante, un bot de última generación fabricado por Bionic. El duelo entre Durga, la responsable de seguridad, y Leclerc, la directora de Bionic a bordo, es uno de los puntales de la historia. El otro, la relación entre Hermes y la inspectora.

No quiero contar más para no hacer spoilers. La novela se adentra con solvencia en posibilidades fascinantes: no es ya solo la IA, sino la IA encarnada en seres biónicos de carne y aspecto idénticos a nosotros. Capaces de amarnos y de ser amados.

Manteniendo una tensión narrativa bien dosificada, nos conduce por una historia en la que el foco se mantiene sobre las personas, a corta distancia. Pero a la vez deja entrever las enormes implicaciones políticas, sociales y psicológicas de ser capaces de crear entidades a nuestra imagen y semejanza (como dios), en un mundo verosímil que se ha expandido hasta ocupar todo el sistema solar.

Totalmente recomendable. Una novela que también intenta, y consigue, desbordar el nicho en el que muchas personas, equivocadamente, tienden a situar este género transversal y fecundo que es la ciencia ficción.

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