Es necesaria la desgana

Es necesaria la desgana

la pereza,

el tirarse así

como una almohada,

o como un fardo

sobre la cama

y que el futuro se te atonte

y se te duerma…

para que los ojos se abran,

y desde la neblina

de la idiotez profunda

en que vivimos realmente,

ver la luz que, a veces,

como un rayo se abre paso entre las nubes.

Comprender, justamente,

que toda la limpidez

que anuncia la mañana

viene del lóbrego cielo previamente,

de las horas sucias trituradas por los humos

y los retazos del tiempo malvendido,

en los que el corazón

no llegó a ver las pantorrillas

de la vida,

que cruzaban deprisa

el umbral de la puerta que da al campo.

Desde esta horizontal así

tendida,

puedo ganarle en ronroneidad al gato

y desbordarme más que el mar

sin miedo a que mi humedad

te sepa a frío.

Puedo divagar mil formas de la nube rocío

e impregnarte

sin miedo a que el jadeo suene a cosa fea.

Puedo ser fluido seco y peludo como manta,

para envolverte en el color naranja

de ese momento del otoño

en la ventana,

donde todo es como debiera.

De ese momento en el que estamos

siempre, tú y yo,

a poco que rasquemos el verano, el invierno, la primavera.

Irlanda. 2014

Como necesito algo de calma en una época agitada, rescato un poema antiguo en donde se añora la contemplación, la pausa, la pereza. Esos momentos en que la inacción nos permite descubrir la realidad de saber cuánto llevamos dentro.

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