Poemas sin nombre

Te vas por la tubería

en ese agua que te envuelve

vapor y humo.

Luego te siento por las paredes,

y un escalofrío pequeño me envuelve

al sentir tu piel disuelta en todas partes.

 

 

___________________________

 

 

 

Por fin la lluvia exclama abiertamente:

rayo al cielo con mi compás de espera

y mojo las espaldas de los hombres

sin otra intención que la humedad.

 

Una araña de agua corretea por mi rostro.

Dos enamorados juegan a las vías del tren,

a las locomotoras.

 

Mi estancia de ventanas

va a abrir sus puertas

con un relámpago profundo

con un repentino olor a tierra mojada.

 

Afuera el mar

la avenida de los hombres

el millón de olores.

 

Afuera llueve simplemente

gotas que trazan su camino

de las nubes a la tierra.

 

 

___________________________

 

 

 

Olas armadas de espuma

coronan la senda

blandiendo manzanas, arquitrabes,

trozos blancos de gasa, poemas,

retazos de flores, nubes.

 

Las olas son mis manos

tus vértebras la senda, por tu espalda,

la manzana es un olor

sensación de verte el arquitrabe,

mi sonrisa es de gasa

los poemas no son nada,

las flores cuando pasas

y cuando no pasas, nubes.

 

 

___________________________

 

 

 

Los pasos largos y azules

 

Fueron caminando por un largo campo de batalla

sus pasos largos y azules

junto a los suyos breves y redondos.

Y al pasar tocaban los rotos ábsides de luz

y los acentos de la sal en las gargantas.

 

Había marionetas muertas, caballos,

algún niño sobre un montón de tierra los miraba.

Los sueños rotos de la madrugada

sobre los árboles.

 

Pasearon por la ciudad

pisando duermevelas

arrojando caracolas a los escaparates.

Eran inmensos sus cuerpos

cuando se tendieron sobre las calles.

 

Y el día los sorprendió dormidos,

dos gigantes azules sobre las aceras.

Tenían las manos en las frentes

y un color cansado sobre la piel.

 

Me acerqué y toqué sus pestañas

largas y diáfanas

y el sueño de sus piernas.

Me hice un lecho con sus cabellos

y los vi marchar

tendidos hacia el mar.

 

 

___________________________

 

 

 

Se deslizó entre dos cuerpos

como una comadreja,

como un sueño

que turba apenas recordado.

Apenas pude verla

sobre una arista

desnuda e invitadora,

como una maldición.

 

La sentí saltar con mi cuello,

con el escalofrío primitivo

que siempre produce

su presencia.

 

Y supe que caía

sobre ella, cómo no,

sobre su espalda blanca

sobre sus miembros dorados.

 

No me volví.

A través del aire

como de una tela

clavaba en mí

sus ojos afilados.

 

 

___________________________

 

 

 

Hemos aprendido el amanecer como aliado

cuando brotábamos a su luz pequeña

desde algún portal oscuro.

Caminando de vuelta de nuestra noche

por calles recién regadas

cansados y risueños.

El aire recién puesto

la hora mágica,

ese olor a café con las pieles aún tibias.

 

Ahora siento aquí, en el costado

un dolor que no entiendo en mañanas como ésta.

Y es un placer decir así:

amaneceres como éste y tú ausente.

El poco frío que aún resta en la mañana

sólo existe si te canto.

Y tu ausente.

 

Y así hallarme en la compañía solitaria

de esta ciudad que se despierta

es extraño.

Existe un afán inquieto de recorrer

estos paisajes urbanos tras la lluvia,

de orar versos contemplando las verjas

de aquellos palacetes.

Y es obligado caminar por los adoquines

pisando los diminutos charcos

entre sus grietas.

 

La luz asoma su primer tono azul

sobre los tejados y no se qué decir.

Tal vez estoy triste, y tú ausente.

 

Pero ésto es algo muy serio

y este amanecer es algo cómplice.

Por eso persigo los pasos que dejó

tu sombra sobre estas mismas calles.

Y aún recojo aquella pasión olvidada

de mirarte las sienes

o de esperarte con las manos en los bolsillos

a la salida de los cines.

 

El tiempo ha pasado

y aún lo esperamos a veces

casi desnudos

estirados a la vuelta de una esquina.

 

 

___________________________

 

 

 

Hay un amanecer oscuro como de barco

un muelle lóbrego tendido sobre el horizonte

un chapoteo lento bajo las gaviotas.

 

Este olor salobre, esta brea del alma

que invade lentamente los miembros de algún cuerpo

va oxidando las voces, enfriando las pestañas.

 

Y hoy amanece y algún cuerpo corre

por las desnudas antesalas del alba

braceando sin sal en pos de aquel albatros.

 

Los barcos zarpan en silencio como el olvido

dejando una huella de ausencia entre los malecones,

igual que mis manos dejaron una huella

entre tus ropas.

 

Y aunque no llueve se olvidan las nubes por los charcos

y las personas pasan tras sus ocupaciones

ajenas a los surcos que dejan en el aire.

 

Ah compañera de aguas y de pieles

océano amiga de sudores y miradas,

hoy contemplo la partida de mi barco entre la niebla.

 

 

___________________________

 

 

Entre dos superficies blancas

hay un cuerpo.

 

Entre mis dos brazos

una mujer.

 

El amanecer sigue a la noche

y la luz va poblando los balcones.

 

Cuando se va

queda arrugada la ropa de la cama

y yo transijo con el día

moviendo los desconsolados brazos.

 

Ejercito mi imaginación de sal

soñando el sabor de la suya.

 

Y transcurro de un lado para otro

sin que nadie sepa mi secreto.

 

Pero a veces vuelve su cuerpo

descuidado

y es de noche otra vez por los balcones.

Entonces batallamos el amor

y luego la miro largo rato

dormida entre las sábanas.

 

 

___________________________

 

 

En lo poco que viví

he conocido tranvías rotos,

montones de ropa desolada

sobre las estanterías.

Paisajes rectos y sin sombra

como las llanuras

de unos párpados abiertos.

 

He conocido gigantes,

sueños de hombres altos como torres,

mujeres infinitas

y dos cuerpos que combaten sobre los océanos.

 

He conocido como la sal

vive en las esquinas de las cosas,

y como decir acento húmedo

llama a aquella oscura cabellera.

 

Y he visto también en las puertas,

a través de las rendijas,

telarañas en el vientre de los hombres,

vientos negros ocultos en los lechos.

 

Por eso hoy me levanto

y salgo a caminar desnudo,

con pies claros y mirada atónita

sobre los perfiles de las cosas.

 

Tal vez también yo

haya venido por veros solamente.

 

 

___________________________

 

 

El olvido toca el cuello con dedos fríos,

deja inerte la cabeza caer sobre los brazos.

Duele.

 

El olvido chapotea en el silencio de la noche

-de una noche dulce, sólo llena de estrellas-

con su paso palmípedo y su eco lejano.

 

El olvido huele

a polvo, a seco, a casa abandonada

a telaraña de sueño

a color óxido.

 

Es bonito maldecir el olvido

estrujando la barandilla entre las manos:

subir corriendo a un monte y gritar

maldito, maldito.

 

El olvido no oye

sólo sopla con sus dedos

tocándonos el cuello.

 

 

___________________________

 

 

Ay del mar que se avecina,

su sordo rumor rompe apenas el silencio

de estas sombras recortadas

sobre el mediodía

Ay del agua salada y cantarina,

cómo la esperamos en esta ciudad

sólo hecha de arena

y deseos prodigiosos.

Qué gritos estentóreos daría si viniera

montado a lomos de su espalda oscura:

las manos de agua, los ojos de agua

anegando plazas y camisas.

Ay antigua compañera, mi exilada,

me alejo corriendo hacia su sonido.

Voy a sumergirme en la sal,

hacia la ancha playa del agua

donde habitan las estrellas del mar

y sus medusas.

 

 

___________________________

 

 

Cuanta agua siempre hemos bebido

viendo amanecer las cosas por el mundo:

las jirafas delgadísimas de los tejados,

las cornisas dormidas, los aleros huraños.

 

Cómo vociferábamos al ver la luz

colársenos por la ventana

todas las mañanas gris y verde

para tironearnos de los labios.

 

Cuántos desnudos a la luz recién nacida

mirando mariposas, agitando las manos

haciendo reír a los barrotes de las rejas:

cuántas persecuciones dando saltos.

 

Qué decirte yo singular a ti plural nosotros

qué manera de decir árbol, vela, vendaval:

acento, piel, madera, viento

que pudiera negar hasta la muerte estas ausencias.

 

Qué sino dibujar esa escarcha con los dedos

abotonarme la sonrisa en las orejas

y sentarme a oír cualquier historia.

 

 

___________________________

 

 

Blanca y oscura eras entonces

como las colinas

cuando  tendías al amanecer

tus miembros claros.

Eras inmensa

toda sombra hecha de cristales,

cristales tibios, vivos

rodeándome.

 

Bebíamos espuma, surtidores

caminábamos incansables por tus senos

conjuros, alquimias, procesiones

iluminaban siempre la ventana.

 

Y eras de musgo, tu cuerpo era de paja

de asfalto caliente y mediodía

para mirarte, y beberte en un vaso

para que todo lo fueras en el mundo.

 

En el monte llamábamos tormentas,

ríos de agua roja de la tierra

para besarnos ignorando los colores

nuestras pieles húmedas de lluvia.

 

Eras blanca y me mirabas

y yo,

ceniza cálida entre tus piernas

desde el fondo de ti misma te miraba.

Y llegó la luz sobre las colinas

a esta columna en donde habito:

árido remolino de periódicos al viento.

 

Ahora eres oscura

sombra de sombra

pero sin contorno

sobre la ventana.

 

Nuestros sueños cuelgan de los árboles

dormidos como si fueran ajenos,

cubiertos de luciérnagas,

recordando lo pasado.

 

 

___________________________

 

 

¿Oiria Garufita el ruido de la calle?

¿estaria realmente ahí?

Apenas el mundo me dejaba buscarla,

sabéis

porque había tantas carpas de circo

había tantos mares sobre los tejados,

tanta carne de hombres en esta ciudad.

Había tanta urgencia en su cabello sacudido por el viento

que me llamaba,

en las venas azules que corrían por su cuello.

A veces olvidaba la esquina donde habita

como un corcho oceánico a la deriva.

 

Garufa

Garufita:

era hermoso verle las piernas mientras caminaba

tan grandes y tan blancas:

durante años apenas existió otra cosa sobre el mundo

salvo sus piernas hermosas y largas.

 

Pero en torno de sus huellas bostezaba una playa inmensa,

un existir acantilado y bullicioso

de calles, de habitantes, de tardes indistintas.

Yo he hallado al mundo

roto entre las vías del tren.

Entre los hierros retorcidos alentaba la vida compañera

de muchas estrellas,

de la tierra hollada por los hombres.

 

Cuando partí extendía mi mano

señalando la hilera de sus pasos:

huecos azules sobre el tiempo.

Sus caracolas de sonido sin fondo,

los libros viejos que dormían

en estanterías tatarabuelas,

los sostenes nimios

como una travesura entre las ropas.

 

Ya no somos los mismos, Garufa:

me esperan los tranvías:

partiremos sobre una tabla de planchar

sobre una madreselva

sobre un campo iluminado con olores.

Aunque adiós, Garufita,

qué se yo:

me esperan mis amigos:

estos versos también han de acabar

como se acaban las páginas de un libro

frente a la ventana abierta de la noche.

 

 

___________________________

 

 

 

Final

 

Amanece hoy

de una forma veloz, vertiginosa:

un parto épico y azul

de este día que rueda con cascabeles,

con torrentes de luz y caracolas.

 

Nuestros templos nos han bendecido

con el beso infinito de las piedras.

Ardió el maderamen de la nave

cantaron las velas

se alzaron todas las manos de los mares.

 

Ha partido el bajel, la nao, la cáscara de los sueños:

zarpamos hoy, aupemos a las medusas,

bebamos la brea de los siglos,

hoy cortamos la luz con manos vigorosas

y armamos al día con jarcias y baupreses.

 

El muelle hierve vacío de adioses,

partimos con el bullicio solitario

de un navegante luminoso

¿qué más da? ¿acaso importa?

el mundo es ancho y lejano como una pelota.

 

Hoy me bautiza la espuma

y con voces húmedas

me llama la sal.

 

 

 

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