JUEGOS


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Toda la acción ocurre en un pequeño apartamento.
Hay un espacio único, al que llamaremos salón, y
se intuyen las funciones, fuera de escena, de
un dormitorio individual y un pequeño baño. En
algún lugar del salón, la maleta de Ricardo, de la
que él saca su ropa y sus cosas.

ESC. 1. MIéRCOLES. 9 H.

Ricardo, cerca de los 30, vestido cómodo, sentado
en un sofá cama, jugando con su tablet. Sin
zapatos.

RICARDO
Si, si, sí, vamos, muere, muere. ¡Sí! ¡Muere oscuro
mensajero del averno! Yes, yes, yes! ¡Oh, my! ¡Oh, my!
Muere maldito. Vuelve al abismo del que nunca debiste
salir, orco de las cavernas! Yes, yes, yes…

Leopoldo, 50 años bien llevados, cruza todo el
salón por detrás de Ricardo poniéndose una camisa.
Durante un momento se detiene, lo mira meneando la
cabeza y luego sale.

RICARDO
¡No, no, no, enano repugnante! Maldito seas, que tus
descendientes cibernéticos se pudran colgados en un
windows vista, desgraciado…

Leopoldo vuelve a aparecer, buscando algo.

LEOPOLDO
(Sin dejar de buscar)
Ricardo, ¿has visto mi corbata?

RICARDO
(A su tablet)
¡Voy a morir! ¡Voy a morir! ¡¿Por qué es tan dura la
vida!? ¡Ah, cabrón! Sabandija inmunda salida de, de, de
dónde demonios sales tú? ¡De Seúl! Coreano infecto,
desecho amarillo y purulento, no te saldrás con la
tuya, ¿sabes? ¡toma esto! ¡Y esto! ¿No te lo esperabas,
verdad, detritus sarnoso del oriente? Toma tu propia
medicina, perro budista o lo que seas…

LEOPOLDO
Hijo, ¡¿has visto mi corbata!?

RICARDO
No, papá.

Leopoldo sigue buscando.

RICARDO
(A su tablet)
¡Aguantad, aguantad desgraciados! Aguantad u os corto
las orejas que tenéis entre las piernas, me cago en la
maarisma que baña Cádiz… vamos! ¡Bien! Toma, toma,
toma! Y toma, y toma, ay que alegría que toma macarena,
ah, macarena! Sufre como yo he sufrido antes, sirviente
de mi venganza, despojo infrahumano…

LEOPOLDO
¡Tú, despojo infrahumano, quieres hacerme caso?!

RICARDO
(Sin apartar los ojos de la tablet)
¿Qué pasa, papá?

LEOPOLDO
(Sin dejar de buscar)
¡Necesito mi corbata y tiene que estar aquí! Yo la dejé
aquí…

RICARDO
No la he visto, y esto no es muy grande. (A su tablet)
¡Aaah! ¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición! Esto es lo
que preparabas, ¿no? Mala pécora budista coreana de la
electrónica de las narices… ¡te vas a enterar! ¡¿Con
que esas tenemos, no?!

LEOPOLDO
(Estallando)
¡¡Ri-car-do!!

RICARDO
(Mirándole asustado)
¿Papá!?

LEOPOLDO
¡Llego tarde y necesito mi corbata!

RICARDO
¡Y yo qué sé donde está tu corbata!

LEOPOLDO
Tu has dormido aquí en el salón, ayúdame a buscarla al
menos!

RICARDO
Yo no he visto tu corbata, de verdad, te la dejarías en
algún lado…

Se levanta de mala gana. En el respaldo del
asiento hay una corbata.

RICARDO
En el respaldo del asiento, por ejemplo…

LEOPOLDO
De verdad, Ricardo…

RICARDO
No tengo ojos en la espalda.

LEOPOLDO
No, tú sólo tienes ojos donde yo me se. Me voy. Tú
verás. Hoy no como aquí, en la nevera está la lasaña
que sobró. ¿Tienes alguna entrevista hoy?

RICARDO
(Negando)
Son épocas oscuras, papá.

Leopoldo hace un gesto de hartura. Coje un
maletín, una chaqueta y la corbata y sale.

Ricardo suspira y se rasca la cabeza. Parece
entristecido. Se acerca al sitio por donde acaba
de salir su padre, cabizbajo. Al oír el lejano
“Cerrando puertas”, del ascensor de la planta,
Ricardo vuelve corriendo feliz a su tablet.

RICARDO
A ver, coreano, de qué vas… Insistes, ¿verdad? Pues
te anuncio que tu osadía será tu tumba, querido amigo,
yo y los míos te vamos a matar, no te lo tomes a mal,
te vamos a sacar las tripas para hacer salchichón de
bellota, mi vida, y morcillitas de burgos… ¡Ahí
tienes! ¡Ja! Estás sentenciado, de esta no te libra ni
la reina de los elfos…

Pequeña pausa, mira la tablet con asombro.
Me cago en la mar salada… No puede ser… ¡Hijo de
mala madre…! No, no, ¡NO!!

Tira la tablet sobre el asiento mientras se
levanta gesticulando desesperado. Suena un móvil.
Lo saca y atiende sobre la marcha.
¡Coreano cabrón! No, no es a ti. Es a un coreano que me
hizo creer que estaba sin tropas ¡y sacó cinco dragones
al final! ¿Quién tiene cinco dragones con un nivel 35?
¡Nadie, salvo los malditos coreanos hijos de papá
compradores de joyas! ¡Seguro que tiene doce años, así
se encuentre un pederasta en el camino, desgraciado!
… Sí, ok.

Corta el móvil y enciende la pantalla de la tele,
que realmente es la de un ordenador equipado con
receptor de TV. Enciende los altavoces. Se oye un
ruido de llamada entrante por skype. Con un
teclado y un ratón inalámbricos hace aparecer la
llamada entrante. Se abre la ventana de vídeo de
la llamada a pantalla completa. Arturo aparece en
la pantalla.

RICARDO
Hola, Arturo, hijo de Uther Pendragón, rey de
Inglaterra… ¿Ya estás en tu nueva empresa?

ARTURO
(Con mala cara, un pañuelo en la mano y
voz de enfermo)
Si…

RICARDO
¿Qué tal?

ARTURO
Pues mira.

Con la cámara enfoca la habitación donde está.

RICARDO
Pero si eso es tu casa, ¿no?

ARTURO
Sí.

RICARDO
(Riendo)
¿Ese es el entorno de trabajo relajante y
extremadamente creativo?

ARTURO
Por lo visto.

RICARDO
¿Y el equipo de profesionales altamente cualificados
que te iban a arropar?

ARTURO
Mi abuela, los fines de semana, me hace la comida.

RICARDO
(Riendo)
¡De lujo…!

ARTURO
Si mi abuela no cocinara como Lucrecia Borgia estaría
bien.

RICARDO
¿Y el trabajo, al final, en qué consiste?

ARTURO
Hacer puñeteros banners prehistórico en flash -mi jefe
es antecesor de Atapuerca-, a cambio de un sueldo
miserable y cotizando como autónomo. La mierda.

RICARDO
Es lo que hay: rescate de bancos y discursos sobre I
más D…

ARTURO:
Impresentables y desgraciados.

RICARDO
O empresarios y políticos, a elegir.

ARTURO
País de camareros.

RICARDO
¿Qué vas a hacer?

ARTURO
(Niega con la cabeza). Me voy.

RICARDO
¿Dónde?

ARTURO
No lo se. Voy a buscar trabajo en otro país. Debí
quedarme en Londres: con paraguas pero con trabajo. Por
eso te llamaba, ¿por qué no te vienes a mi casa ahora y
me ayudas a buscar?

RICARDO
…uf tío, estoy muy liado.

ARTURO
Pero si estabas jugando con la tablet.

RICARDO
Pero ahora me iba a poner.

ARTURO
¿A qué?

RICARDO
A buscar trabajo yo también. Mi padre se enfada si no
hago una entrevista de trabajo al día, por lo menos.

ARTURO
Venga, pues vente y buscamos juntos, al menos así nos
consolamos.

RICARDO
Uf… es que tengo que hacerle la comida a mi padre
también, desde lo de mi madre está fatal… y comprar y
varias cosas más.

ARTURO
¿No estarás enganchado otra vez con los jueguecitos,
verdad?

RICARDO
¡Qué dices! Para nada, venga, te llamo luego. Suerte.

ARTURO
Vale. Cuídate. Adiós.

RICARDO
Oye: cuando la confusión anide en tu corazón y no
encuentres el camino, busca las alturas de los picos
nevados, y verás el tapiz del mundo desenrollarse a tus
pies. Malory, siglo 15. La muerte del rey Arturo.

ARTURO
Gracias, pero no me voy a morir, sólo es un resfriado.
Te llamo luego, a ver si estás menos liado, ¿de
acuerdo?

RICARDO
De acuerdo. Adiós…

Cuelgan. La imagen de Arturo desaparece. Ricardo
se sienta, un poco pensativo. Coge la tablet, la
mira y la deja a un lado, está inquieto.

Por detrás vemos pasar rápidamente a una mujer,
cargando muchas telas, a la que no le vemos la
cara. Ricardo cree oír algo y se vuelve, pero la
mujer ya ha salido.

RICARDO
¿Hay alguien ahí?

Silencio
¿Hay alguien?

Silencio
¿Mamá…?

Silencio. Ricardo, un poco asustado, explora el
fondo del espacio, sin encontrar nada.
¿Mamá, eres tú?

Silencio. Se oye una puerta al cerrarse
silenciosamente.
Joder.

Ricardo no sabe qué hacer, está inquieto. Va y
viene, dudando. Comprueba todo. Finalmente se
acerca a la televisión, la vuelve a encender y
llama a Arturo. Tras varias llamadas, la imagen de
Arturo vuelve a aparecer en la televisión.

ARTURO
¿Qué pasa?

RICARDO
Tío, no se, estoy nervioso. Ha sido colgar contigo y me
ha dado un mal rollo. Me ha parecido oír algo, aquí en
casa, pero he mirado y no había nadie.

ARTURO
Me estás asustando.

RICARDO
No, tranquilo, no hay nadie, lo he comprobado, pero yo
hubiera jurado que oí algo… y me ha parecido ver a mi
madre…

ARTURO
¿A tu madre…?!

RICARDO
Sí, ya sabes, mi padre dice que mamá se aparece de vez
en cuando.

ARTURO
¿Qué se le aparece tu madre?!

RICARDO
Sí, ya sabes cómo está desde que ella murió…

ARTURO
Ya. Es que debe ser muy duro. Tu padre aún no lo ha
aceptado, ¿no?

RICARDO
No. Y yo tampoco. Le veo esa tendencia a flagelarse, y
me deprimo aún más.

ARTURO
¿Por qué estás deprimido, aparte de lo de tu madre?

RICARDO
Porque no tengo trabajo.

ARTURO
Ni yo.

RICARDO
Pero tú lo vas a conseguir, eres un artistazo, pero
yo…

ARTURO
Tú, ¿qué?

RICARDO
Literatura anglosajona medieval, en España, un
marciano.

ARTURO
Da clases.

RICARDO
Odio dar clases.

ARTURO
Traduce.

RICARDO
Lo medieval ya está todo traducido.

ARTURO
Oposita a administrativo.

RICARDO
No, mira a mi padre, habla como un anti sistema y
trabaja en Bankia. Está amargado.

ARTURO
(Encogiéndose de hombros)
Puedes ganar dinero y hacer lo que te gusta como hobby.

RICARDO
Eso no funciona, mírale a él, un trabajo así te hunde
la moral.

ARTURO
Pues algo tendrás que hacer, aparte de llamarme para
perder el tiempo.

Pequeña pausa.

RICARDO
Además, estoy enganchado otra vez.

ARTURO
¿A los jueguecitos?

RICARDO
No, a la heroína, no te fastidia. Y no les llames
jueguecitos, me enerva.

ARTURO
Son jueguecitos, tío.

RICARDO
¡Joder, Arturo, no te llamo para que me agobies!

ARTURO
Perdón, hombre, lo siento…

RICARDO
Pero tienes razón, son jueguecitos.

ARTURO
Uf, estás fatal. ¿Por qué no te vienes y buscamos
trabajo juntos? Y así no se te aparecen más fantasmas.

RICARDO
Vale, voy. Hasta ahora.

ARTURO
Venga, te espero.

Cortan. Ricardo se cambia de camiseta y se pone
unas zapatillas. Suena una llamada. Activa la
pantalla. En ella aparece Leopoldo en primerísimo
plano.

RICARDO
¿Papá?

LEOPOLDO
(Hablando en voz baja)
Hola, hijo, estoy en el baño de la oficina, con la
tablet…

RICARDO
¿Estás haciendo de vientre?

LEOPOLDO
Hijo, no digas tonterías, por favor. Desde la ofi no me
gusta llamar /

RICARDO
Claro, seguro que te cobran esos usureros, papá.

LEOPOLDO
¡Calla, aquí no! Y escucha, he hablado con un antiguo
compañero de instituto, que tiene una empresa de
jardinería, y necesita ayudantes: está dispuesto a
contratarte. Serían días sueltos, uno o dos a la
semana, pero es algo, mientras buscas, y así no estás
todo el día ahí metido.

RICARDO
Pero, papá, yo no distingo una patata de un nenúfar. Y
mucho menos un rododendro y todo eso.

LEOPOLDO
Da igual, me ha dicho que no hace falta, irías como
ayudante, ellos te dirán…

RICARDO
¿Quieres que me ponga a cargar sacos de tierra de un
lado a otro? ¡Para eso me voy al mercado a descargar
camiones!

LEOPOLDO
Ah, genial. ¿Cuándo empiezas?!

RICARDO
Que no, papá, era un decir. La verdad es que no veo yo
mucho eso de la jardinería…

LEOPOLDO
¡Tú no ves nada de nada salvo tus jueguecitos!

RICARDO
No les llames jueguecitos, por favor.

LEOPOLDO
¡Son jueguecitos, hijo, son jueguecitos! ¡Tienes que
ponerte a hacer algo ya, Ricardo! ¡Esto es
insostenible! Tampoco vas a poder quedarte en ese
cuchitril conmigo toda la vida!

RICARDO
¡Pero es que de lo mío no hay nada, papá! ¿Te crees que
a mí no me fastidia!?

LEOPOLDO
(Meneando la cabeza)
¡Te dije que con las leyendas artúricas de las narices
acabarías tocándotelas! Pues tendrás que buscar algo
aunque no sea de lo tuyo, hijo, lo siento mucho. Yo
odio mi trabajo y preferiría irme a coger setas, pero
aquí estoy, como un campeón.

RICARDO
Ya. ¿Y para eso me he sacado el doctorado?!

LEOPOLDO
Cuando pienso que eres doctor comprendo que este país
se va a la mierda, hijo, qué quieres que te diga.

RICARDO
Muchas gracias.

LEOPOLDO
A ver, ¿qué ibas a hacer hoy?

RICARDO
Estaba saliendo a casa de Arturo para ponernos a buscar
trabajo juntos. Él controla mucho de redes y demás.

LEOPOLDO
¿Tu amigo Arturo? ¿No estaba en Londres?

RICARDO
Se volvió para buscar trabajo aquí, pero tampoco
encuentra nada. Y es programador y artista 3d.

LEOPOLDO
Debería haberse quedado. De todas formas no todo esta
en internet, hijo, podrías ponerte un traje y salir a
visitar empresas, ¡qué sé yo!

RICARDO
¿Hacer qué?! ¡Tu estas loco!

LEOPOLDO
Bueno, le he dicho a este amigo mío que irás el viernes
por la tarde, a las siete, para seis horas de trabajo,
¿de acuerdo? Y cuando ya hayas probado lo que es,
decides.

RICARDO
Pero papá, el viernes…

LEOPOLDO
Ya me he comprometido. No voy a discutir, punto. Irás,
¿me has entendido?

RICARDO
De acuerdo, iré… Oye, mamá…

LEOPOLDO
¿Qué pasa con mamá?

RICARDO
He oído algo antes, no he visto a nadie, y no se si era
ella /

LEOPOLDO
(Bajando la voz)
¿Se te ha vuelto a aparecer en casa?

RICARDO
¡Papá, por favor! Te recuerdo que los fantasmas no
existen.

LEOPOLDO
¡Vaya si existen! Hijo, tu madre murió hace tres meses
en aquel coche, así que si se aparece por casa, es un
fantasma, no hay otra. Es un espíritu libre, ya lo
sabes, pero tiene aún cosas pendientes con nosotros,
por lo visto. Tú a lo tuyo, y ella se irá, punto.

RICARDO
¡Papá!

LEOPOLDO
(En voz baja con urgencia)
Me tengo que ir, me tengo que ir, adiós. Suerte!

Se corta la llamada. Ricardo inquieto pasea. Se
acaba de poner las zapatillas. Coge la tablet,
juega un poco. Se levanta, duda. Se vuelve a
sentar y le dicta un mensaje a su móvil.

RICARDO
“Arturo, no puedo ir, me ha surgido algo. Perspectiva
de trabajo. Luego te cuento. Besos. Richard”. (Lo lee)
Ok, ¡go! (Manda el mensaje)

Coge la tablet, se quita las zapatillas y se tira
en el asiento.
Coreano, voy a acabar contigo aunque sea lo último que
haga en esta vida, que es sierra de luz y valle de
lágrimas.

Oscuro.

ESC. 2. VIERNES. 23H.

El apartamento a oscuras. Afuera llueve. Entra
Leopoldo, mojado. Con sigilo revisa todo el
espacio cerciorándose de que no hay nadie.

LEOPOLDO
(En voz baja)
¿Ricardo?

Silencio
¿Marian?

Silencio. Con un gesto de victoria, sale por donde
ha entrado y vuelve a entrar enseguida, seguido de
Lucía, una mujer de 35-40 muy bien llevados,
también mojada.

LEOPOLDO
Pasa, pasa, estaba comprobando que no estaba mi hijo
Ricardo, que está pasando una temporada aquí.

Pequeña pausa, mientras Lucía lo mira, pensativa.

LUCíA
Mejor que no esté, más tranquilos, ¿no?

LEOPOLDO
Sí, además, esto es pequeño, aunque yo tampoco necesito
más, claro.

LUCíA
Menos que limpiar.

LEOPOLDO
Exacto, pero quítate la chaqueta, que está empapada.

LUCíA
Tú también estás empapado.

LEOPOLDO
También me la quito.

Los dos se quitan sus chaquetas.
Qué maravilla de tormenta. Me encanta que llueva.

LUCíA
¿Ah, sí? No se diría.

LEOPOLDO
¿Y eso?

LUCíA
Pareces un hombre al que no le gustan los imprevistos.

Pequeña pausa.

LEOPOLDO
Pues hay días en que me encanta mojarme.

LUCíA
Y hoy es uno de esos días.

LEOPOLDO
Sí.

LUCíA
(Desabotonándose también la blusa)
Pues qué suerte.

Se miran, se acercan y se besan. Un largo y
apasionado abrazo primerizo.

LUCíA
Me temo que necesito ir al baño, tanta cerveza…

LEOPOLDO
Llevo esperando este momento toda la semana, así que
seré capaz de esperar un momento más.

LUCÍA
Thank god it’s friday. Enseguida vuelvo. Ten cuidado,
no te vayas a enfriar.

LEOPOLDO
Ni aunque me metiera en el congelador.

Lucía sale hacia el baño. Leopoldo, muy contento,
apaga la luz y desaparece en el pequeño
dormitorio, llevándose las chaquetas.

Entra Ricardo, empapado y cubierto de barro, con
un rastrillo sucio en la mano.

RICARDO
(Sin percatarse de que hay gente,
quitándose las botas embarradas)
Que la peste y el Ebola se abatan sobre los jardineros
del mundo y sobre mi padre, aunque sea empleado de
banco. No puede ser que haya gente que haga esto todos
los días y sobreviva. Es peor que entrar en Mordor, por
favor, qué porquería!

Arroja el rastrillo a un rincón y se empieza a
quitar la ropa. Entra Leopoldo, sin camisa.

LEOPOLDO
(Hablando en voz baja)
¿¡Pero qué haces aquí!?

RICARDO
(Se asusta)
¡Joder, qué susto! ¿Pero qué haces a oscuras y medio en
bolas? ¿Estabas durmiendo?

LEOPOLDO
¡Tenías para seis horas!

RICARDO
¿Pero tú quieres que me ahogue? ¿Has visto la que está
cayendo?

LEOPOLDO
Vete, vete, aquí no puedes quedarte.

RICARDO
¿Pero qué dices? ¿Estás bien?

LEOPOLDO
Vete a casa de Arturo, te pago un taxi.

RICARDO
Pero, qué pasa, papá!?

LEOPOLDO
(Empujándole)
Luego te lo explico, vamos…

Se abre la puerta del baño y asoma Lucía, con la
camisa empapada y medio desabrochada.

LEOPOLDO
(Inventando sobre la marcha)
Bueno, pues ven, que te presento: es que he venido con
una compañera del banco: Lucía, te presento a mi hijo,
Ricardo. Hemos venido a trabajar, porque tenemos un
montón de trabajo atrasado, ¿sabes? Pero nos hemos
mojado viniendo y nos estamos cambiando, y a ella le
daba corte venir, por si molestaba a la familia y
demás, y yo le había dicho que no se preocupara, que
estaba sólo, que tú tenías trabajo de jardinero y que
no pasaba nada, y por eso no quería que se sintiera mal
al verte, ¿comprendes? Porque ella venía pensando que
no había nadie, aunque veníamos a trabajar, pero
Lucía… es una chica muy maja -muy buena trabajadora,
lo mejor que tenemos en la sucursal urbana 7 de
bankia-, pero es un poco tímida, porque aún es muy
joven.

LUCíA
(Siguiéndole la corriente, divertida)
Muchas gracias.

Los tres se miran unos instantes sin saber muy
bien qué hacer y sonriendo.

RICARDO
Bueno, pues siento haber vuelto así, pero a mí no me
molestas, desde luego… pero nos estábamos ahogando en
un jardín, y por eso hemos acabado antes.

LUCíA
¿Eres jardinero?

RICARDO
Bueno, no exactamente /

LEOPOLDO
Estaba ayudando a un amigo mío. Pero le gusta mucho la
jardinería, es su hobby principal, ¿no es verdad, hijo?

RICARDO
(Asintiendo)
Tan verdad como que nos vamos a morir.

LUCíA
¿Perdón?

RICARDO
Digo que eso es tan verdad como que nos vamos a morir.
No ahora, quiero decir, algún día nos moriremos, ¿no?

LUCíA
Sin duda.

RICARDO
Pues eso.

LUCíA
(A Leopoldo)
Bueno, yo igual me muero esta noche porque me estoy
quedando helada…

LEOPOLDO
¡No, no te enfríes! ¡Y perdón! Te traigo algo de ropa
en tres segundos! Ricardo ya se iba, ¿no?

Leopoldo sale corriendo a traer algo de ropa. Off.
Tienes la reunión esa en casa de Arturo, ¿verdad?

RICARDO
(Siguiéndole la corriente a su padre,
sorprendido)
Pues bueno, sí, la verdad, no se si va a tener lugar,
la reunión, tendría que llamar y… de todas formas,
una ducha sí que me gustaría darme.

LUCíA
Claro, la jardinería es lo que tiene, barro, sudor…

RICARDO
¡Y lágrimas!

Leopoldo vuelve con una camisa, toallas, jersey.

LEOPOLDO
Sécate y ponte lo que quieras.

LUCíA
¿Dónde me cambio? Tu hijo se va a dar una ducha.

LEOPOLDO
¡Si tú nunca te duchas!

RICARDO
¡Papá!

LEOPOLDO
Vale, pero date prisa, tenemos mucho trabajo.

RICARDO
Podéis ir trabajando mientras me ducho, ¿o vais a
trabajar en el baño?

LEOPOLDO
Muy gracioso.
(A Lucía)
Cámbiate en el dormitorio.

LUCíA
(A Ricardo)
Sí, porque no se si sabes que entre los empleados de
Bankia no está bien visto desnudarse unos delante de
otros, tu padre en eso es muy estricto.

Lucía coge la ropa y se va al dormitorio. Leopoldo
y Ricardo hablan entre ellos en voz baja.

RICARDO
Qué chica más rara, ¿no? ¿Por qué ha dicho eso?

LEOPOLDO
Es un poco rara, sí, no le hagas caso y a la ducha,
venga, corre.

RICARDO
Papá…

LEOPOLDO
¿Qué?

RICARDO
Igual es una tontería, no se, pero… ¿no estaré
interrumpiendo algo, verdad?

LEOPOLDO
¿Qué quieres decir? ¿Entre Lucía y yo!? ¡Pero qué
dices! No, hombre, no! ¿Cómo se te ocurre?

RICARDO
No tendría nada de raro.

LEOPOLDO
Le saco diez años al menos, y es una trabajadora del
banco, no está permitido…

RICARDO
¿Que no está permitido? Si en Bankia vale todo.

LEOPOLDO
Que no, hijo, que no, que no estoy liado con Lucía.
Viene a trabajar, y punto, pero no te quiero aquí, que
se me agobia.

RICARDO
Vale, vale, me ducho.

LEOPOLDO
Sin pelo, eh, rapidito.

RICARDO
Ya no tengo ocho años.

LEOPOLDO
Por el tiempo que te tiras en casa a veces lo parece.

Ricardo desaparece en el baño. Entra Lucía, con la
ropa cambiada.

LUCÍA
(En voz baja)
¿Me vas a explicar a qué viene todo este rollo de
trabajadores de Bankia en el que me has metido, o no?

LEOPOLDO
Yo trabajo en Bankia…

LUCíA
Allá tú, pero yo no.

LEOPOLDO
Ya lo se, lo siento, era por disimular delante de mi
hijo…

LUCíA
Pero si ya es mayorcito…

LEOPOLDO
Ya, pero…

LUCÍA
¿Es por lo de su madre?

LEOPOLDO
¿Que pasa con su madre?

LUCÍA
Lo de su muerte, igual le afectó mucho.

LEOPOLDO
Mucho, si, creo que él no entendería que yo estuviera
con otra mujer… tan pronto.

LUCíA
Me habías dicho que tu mujer, que se llamaba Marian,
murió hace tres años, ¿no?

LEOPOLDO
Sí… pero mi hijo estaba muy unido a ella.

LUCíA
Ya. Oye, ¿y por qué al entrar, además de llamar a
Ricardo, para ver si estaba, llamaste también a
Marian…? Te oí.

Pausa.

LEOPOLDO
Ah, vaya, bueno… es difícil de explicar. Ven…

Se alejan del baño, para que Ricardo no oiga.
Bajando la voz.
Sé que te va a sonar un poco raro, pero… Ricardo dice
que se aparece.

LUCíA
(Entre divertida y estupefacta)
¿Ricardo dice que Marian, tu mujer fallecida, se
aparece?

LEOPOLDO
(Improvisando nuevamente)
Él dice que la ve, yo no. Pero ya me ha contagiado un
poco, no se, ya sé que es una locura, pero es como una
muletilla al entrar en casa, llamarla. En el fondo lo
hago por cariño hacia él, hacia Ricardo, ¿sabes? Cuando
quieres mucho a alguien, aceptas mejor sus manías y sus
locuras, ¿a ti no te pasa?

LUCíA
(Divertida)
Qué raro eres…

Ricardo sale del baño sólo con una toalla en la
cintura.

RICARDO
Perdón, voy /

LEOPOLDO
Pero hijo, ¡ponte algo! ¿Cómo sales así?

RICARDO
(A Lucía, bromeando)
Eh, que yo no soy empleado de Bankia, ni de ninguna
otra casa de usura.

LUCíA
Hay mucha gente no trabaja en Bankia.

RICARDO
(A Lucía)
Bien mirado es una suerte, ¿no? Aún queda gente normal.

LUCíA
Desde luego, todos los que conozco son más bien raros.

RICARDO
Con esta crisis el mercado financiero ha mostrado su
verdadera cara…

LUCÍA
(Sin saber qué decir)
¿En qué sentido?

RICARDO
Dar al dinero un valor en sí mismo, es/

LEOPOLDO
(Interrumpiendo)
Clases de economía política ahora, no, gracias. Mi hijo
es que es… un poco reformista.

RICARDO
Pero si son tus palabras…

LEOPOLDO
Las palabras se las lleva el viento, venga, que no
tenemos todo el día.

RICARDO
(Parado frente a ellos)
Voy a por un calzoncillo limpio, el que tenía está
marrón de barro por todas partes, no se cómo ha llegado
allí esa porquería, te lo juro, yerbas pegadas, pegotes
de barro, por delante y por detrás, incluso por
dentro…

LEOPOLDO
Muchas gracias por los detalles, ¿pero podrías darte
prisa?

RICARDO
Si me dejas coger el calzoncillo, sí, mi maleta está
detrás de vosotros…

LEOPOLDO
Ah, perdón.

Se apartan. Ricardo saca de su maleta, un
calzoncillo limpio.

RICARDO
(A Lucía)
No se si te habías dado cuenta, estoy aquí
temporalmente y esto es muy pequeño.

LUCÍA
(A Ricardo)
Pero muy acogedor… envolvente. Por eso los fantasmas
se sienten bien aquí, supongo.

RICARDO
¿Fantasmas?

LUCíA
Sí, tu padre me ha contado…

Lucía le hace un gesto de complicidad.

Ricardo los mira.

A Leopoldo.

RICARDO
(Sin saber de qué le están hablando)
…¿le has contado…/?

LEOPOLDO
Sí, hijo, no te preocupes, Lucía es de fiar (ella
asiente). Le he contado que a veces, bueno… que has
sentido la presencia de tu madre, fallecida hace tres
años, aquí, por la casa, ¿verdad?

Pausa, Ricardo los mira.

RICARDO
… Sí, más o menos.

LEOPOLDO
No es tan raro, tú eres una persona muy sensible, y hoy
día, bueno, el cine está lleno de películas de
fantasmas y vampiros y todo eso, así que algo debe de
haber, más allá (a Lucía) ¿verdad?

LUCíA
No se. (A Ricardo) ¿Pero cómo se te aparece?
¿Físicamente?

RICARDO
(A su padre, con sorna, pero siguiéndole
la corriente)
No, cubierta de sábanas y, en general, ropa de cama.
Pero no aúlla, menos mal. De momento.

LUCíA
¿Me estás diciendo en serio lo de la sábana?

RICARDO
A veces son fundas de edredón, Ikea también ha marcado
a los fantasmas. Y el que desparece ahora soy yo.

Ricardo mira a su padre y se mete en el baño con
sus calzoncillos.

LEOPOLDO
(Sonriendo a Lucía)
No le hagas caso, está un poco alterado, lo de su madre
lo ha dejado mal.

LUCíA
¿Está así desde hace tres años?

LEOPOLDO
Si, si, tres años y además es que anda enganchado.

Leopoldo mima por gestos el jugar a la tablet.

LUCíA
¿Heroína?!

LEOPOLDO
¡No, mujer! A los jueguecitos de la tablet. Pero bueno,
no te preocupes, que ahora se va… ¿te apetece tomar
algo?

LUCíA
Me bebería el Orinoco, pero si le has dicho a tu hijo
que veníamos a trabajar igual una copa no pega mucho.

LEOPOLDO
Tienes razón, disimulemos cinco minutos, si me ayudas,
saco unos papeles y nos ponemos como si hiciéramos
algo…

Lucía lo mira con escepticismo.
¿Te importa? Hasta qué se vaya…

LUCíA
Bueno, venga, ya que estamos, es tu hijo.

LEOPOLDO
Gracias, voy a por papeles. Siéntate, ponte cómoda.

Sale Leopoldo. Lucía se desploma sobre una silla
al tiempo que se oye un crujido y se levanta de un
salto. Mira en la silla y coge una tablet con
funda que estaba sobre el asiento, con cara de
susto la deja en otra silla, sin mirar lo que ha
pasado, y vuelve a sentarse disimulando. Entra
Leopoldo con su maletín y papeles en la mano. Se
va a sentar, ve la tablet en la silla y la coge
con mucho cuidado y la deja en otra parte.

LEOPOLDO
Si le rompemos la tablet nos mata, eso sí.

LUCíA
(Disimulando)
Claro, son muy caras.

LEOPOLDO
Y sobre todo esa, que es la supertablet tope de gama de
no sé qué hostia en verso, por lo visto.

LUCíA
¿Tiene varias?

LEOPOLDO
No, las vendió todas y ahorró dos años para comprarse
esa. No trabaja, pero es un experto en gastar lo que no
tiene.

LUCíA
Luego llega papá y le rescata, ¿no? Como a tu banco.

LEOPOLDO
¡Qué graciosilla! Anda buscando trabajo, y en cuanto
encuentre algo, se larga, eso está más que hablado.

RICARDO
(Off)
Papá, estoy sin batería, ¿puedo llamar a Arturo desde
el ordenador?

LEOPOLDO
(A Lucia, dándole una calculadora)
Disimula.
(A Ricardo)
Llámale.
(A Lucía)
Es que no tenemos fijo, solo banda ancha, y usamos
Skype para llamar.

Entra Ricardo, ya vestido, y va al ordenador-tv a
hacer la llamada.

LEOPOLDO
(A Lucía, dándole unos papeles, para
simular que trabajan)
Toma, vete cuadrando estos balances…

LUCíA
(Mientras mueve los papeles de aquí para
allá, y teclea furiosamente en la
calculadora)
Eso está hecho, jefe, ¡menuda soy yo cuadrando
balances! ¿Te conté que una vez cuadré seiscientos
balances en una noche, yo solita, con estas manitas y
la calculadora del móvil, que era un nokia de coreano,
no creas. Estos balances son pan comido, y si quieres
que a la vez vaya escribiendo informes me lo dices, que
buena soy yo también escribiendo informes…¡Uf! Una
noche me escribí trescientos informes, a la vez que
cuadraba quinientos balances y le daba de cenar y
acostar a mi abuela de 95 años, que tiene párkinson. Y
a las doce estaba durmiendo, no creas tú que me dieron
las uvas…

Leopoldo la mira estupefacto y le dice por gestos
que no exagere. Lucía le guiña el ojo, divertida.
Ricardo mira de vez en cuando hacia la mesa.
A mí es que mi trabajo me gusta, ¿sabes, jefe? Si no me
gustara lo que hago sería una pobre infeliz, no
entiendo a esas personas que dicen, “yo odio mi
trabajo, pero aquí estoy como un campeón”: me parecen
patéticos. Si no te gusta lo que haces, ¿para qué
vives, entonces? El mundo ya está bastante jodido como
para además trabajar en algo que no te gusta, digo
yo… ¡Cuadrado! ¡Siguiente!

Leopoldo y Ricardo la miran como a una
extraterrestre cuando en la pantalla se establece
comunicación y aparece la imagen de Arturo, en
pijama y con muy mala cara.

ARTURO
Hola, ¿qué pasa?

RICARDO
Hola, Arturo, oye que había pensado pasarme por ahí
ahora a llevarte unos libros que tengo para ti, creo
que te lo comenté, si no te viene mal.

ARTURO
No se de qué me hablas, tío, pero ni de coña. Tengo un
trancazo de muerte, estoy en la cama y no pienso bajar
a abrirte, y ahora ya está cerrado el portal. Otro día.

RICARDO
Pero me puedes tirar las llaves por la ventana.

ARTURO
¿Pero tú sabes la que está cayendo? Mira.

Coge la cámara y la enfoca por la ventana, vemos
que llueve a cántaros.
No se te ocurra venir, me voy a sobar, estoy un poco
mareado. Venga, adiós, tío, hablamos mañana.

Corta la llamada.

RICARDO
Bueno, cuídate… nada, me ha cortado.

Ricardo mira a Leopoldo y Lucía.
Pues parece que no me voy.

Lucía y Leopoldo se miran.
Pero no os preocupéis por mí, de verdad, Lucía, no me
molesta para nada que estés aquí. Yo me pongo a hacer
cosas con la tablet, ahí en un rincón y no os molesto,
en serio. Me pongo con los auriculares y tan panchos…

Lucía mira a Leopoldo, esperando que diga algo.

LEOPOLDO
Bueno, eh, no se… eh, la verdad… eh… (A Lucía) A
él no le molesta que te quedes, así que te puedes
quedar, ¿no? Acabamos esto y ya vemos… Si cenamos o
lo que sea… ¿no?

Lucía juguetea con su móvil, que había dejado
sobre la mesa.

LUCíA
Por supuesto, lo importante es dejarlo cuadrado todo,
¿verdad, Leopoldo?

LEOPOLDO
Bueno, lo que se ha empezado hay que acabarlo…

LUCíA
…De acuerdo.

Lucía hace sonar un tono en su móvil sin que se
den cuenta.

LUCíA
Perdón. Me acaba de entrar un mensaje, a estas horas…
espera a ver…

Hace como que lee y luego se levanta y empieza a
recoger sus cosas.
Ay, qué mala suerte, a mi abuela le ha dado una
hipoglucemia, me tengo que ir. Pero me llevo el trabajo
y lo acabo en mi casa, Leopoldo, no te preocupes.

LEOPOLDO
¡Vaya por dios! Del trabajo, olvídate, pero espera, no
se… te acompaño…?

LUCíA
(Tajante)
No, gracias. A mi abuela sí le molestan los visitantes.
Y además compró preferentes de Bankia. Me voy. Mañana
nos vemos en la oficina, supongo. ¿Te importa si me
llevo esta ropa puesta? La mía no está seca. Te la
devolveré.

LEOPOLDO
(Seco)
Llévatela, por supuesto.

LUCíA
Gracias, perdonadme pero tengo prisa, adiós.

RICARDO
Oye, no te irás porque estoy yo?

LUCíA
No, es que me dan miedo los fantasmas. Adiós.

LEOPOLDO
Te acompaño al portal.

LUCíA
(Seca)
No, gracias, no te molestes.

LEOPOLDO
(Firme)
No es molestia: te acompaño.

LUCíA
(Seca)
Como quieras.

LEOPOLDO
(De mala hostia, a Ricardo)
Ahora subo.

Lucía coge sus cosas y salen. Ricardo deambula por
la habitación. Ve su tablet y la coge. Se sienta e
intenta encenderla. No enciende.

RICARDO
¿Qué le pasa a este cacharro? Si estaba cargada…

Trastea con ella, la mira por todos lados…
¿Pero qué demonios es esto…?!

Entra Leopoldo.

LEOPOLDO
Ricardo: esto no puede seguir así.

Oscuro

ESC. 3. SáBADO. 18 H.

Leopoldo pasea por el cuarto hablando por el
móvil, la tele está encendida, muteada, y en ella
vemos imágenes de un documental sobre setas.

LEOPOLDO
Peor que mi abuelo paralítico: ¡todo el santo día aquí!
¡Un mes lleva! Dice que hace entrevistas por internet,
pero seguro que está viendo porno todo el día. …
¡Ojalá tuviera novia! Compartía piso con otros dos pero
se fueron y se me ha metido aquí…
Trabajo cero, se está volviendo más vago que Messi en
el mundial de Brasil, ¡y todo el día enganchado con los
puñeteros videojuegos! …
No sé que les ven: ¡soldaditos que se dan de hostias
ellos solos! ¡Ni siquiera los mueve él! ¡Se limita a
mirar la pantallita y a gritar como un orate! ¡No lo
entiendo! ¡Dónde está mi hijo! Antes al menos hacía
cómics! Uno piensa: ¿en qué me he equivocado, dios
mío!? …
Le he dicho, o encuentras trabajo en una semana o te
vas debajo de un puente …
¿Duro? Tenía que haberlo echado ayer. No sabes la que
me hizo! Y además, Raúl, yo necesito mi espacio, mi
intimidad, hombre, rehacer mi vida y con este pavo
aquí, que es mi hijo y le quiero mucho, sí, pero coño,
a distancia, vete de casa, que ya tienes casi treinta
años y eres un ganso! …
Eso es, métele caña, hazle trabajar, y que aprenda. De
camarero hemos currado todos, así que no se queje, que
al menos está en una universidad, aunque sea en el bar.
…(ríe) bueno yo un dia sí fuí a clase … (ríe)
Claro. Si quiere algo mejor que espabile, y busque en
serio. … …

Mientras le hablan, Leopoldo ve una imagen de una
seta en la pantalla que le llama la atención. Se
acerca para verla más de cerca.
¡Qué preciosidad…!
No, no, perdona, es que me estaban enseñando aquí otra
cosa… Venga, sí, el lunes está ahí a las siete de la
mañana. Y escúchame, te lo pido por favor: no te cortes
ni un pelo porque sea mi hijo, incluso al contrario,
dale un par de collejas de mi parte. …
Muchas gracias, Raúl, venga, un abrazo, cuídate, adiós,
adiós.

Leopoldo cuelga y se sienta a mirar las setas en
la pantalla. Pero se levanta, mira el reloj, duda,
pasea. Está inquieto. Vemos imágenes de bosque
tras la lluvia. Leopoldo tiene una idea. Marca en
su móvil y espera.
¿Lucía? Hola, soy Leopoldo. … No, no te llamaba por
la ropa, por mí quédatela si quieres. … Tampoco
quiero que me cuadres ningún puto balance más. …
(cortándola) ¿Quieres ir a coger setas? … A coger
setas, esas cosas que crecen en los bosques, y se
comen. … No te quiero envenenar, en todo caso
envenenaría a mi hijo. … … Igual tienes razón,
sí… quizás debía de haber sido sincero con él en ese
momento, o no, no lo sé: pero ya se lo he dicho, ya lo
sabe todo … (sonríe)
Si quieres te lo cuento en un bosque misterioso: en
medio del otoño, entre el olor a tierra mojada, el
rocío al amanecer, la niebla, el calcetín empapado,
esas cosas. … Creo que tú librabas el lunes, yo me
pido asuntos propios y nos vamos. … ¿Es muy pronto si
te recojo el lunes a las seis de la mañana? … Luego
hay que cocinarlas y comérselas, te vas a chupar los
dedos … Aquí en casa, Ricardo no volverá hasta por la
noche. … Eso nunca se sabe, pero quien no se arriesga
… (ríe): no quería ser tan explícito, pero eso
tampoco, ya lo viste… ¿Mi hijo, novia? ¡Qué más
quisiera! … Sí, él también lo cree … Bueno, lo
hablamos bajo árboles centenarios, ¿te parece? Te
recojo a las seis en tu casa… claro que me acuerdo de
dónde, te llevé el primer día que salimos, hace una
semana, ¿ya se te ha olvidado? … Adiós, cuadradora de
balances… Adiós.

Leopoldo baila un baile triunfal hortera. En medio
del mismo, entra Ricardo, que lo mira estupefacto.
Leopoldo se percata de su hijo y se desinfla
miserablemente.

RICARDO
¿Fiebre del sábado noche?

LEOPOLDO
¿No podías llamar a la puerta, hijo?

RICARDO
También es mi casa, ¿no?

LEOPOLDO
Para irte acostumbrando, porque cuanto antes deje de
serlo, mejor. El lunes tienes trabajo.

RICARDO
¿El lunes…?! ¿A qué hora?

LEOPOLDO
Da igual. Es trabajo, si quieres arreglar esa tablet
gana dinero porque yo no te la voy a pagar.

RICARDO
¿A qué hora?

LEOPOLDO
Desde las siete de la mañana a las siete de la tarde,
con dos horas para comer. En el bar de la Autónoma, de
camarero.

RICARDO
¡Pero eso está en el quinto pino!

LEOPOLDO
Hay autobús.

RICARDO
Papá, ¿por qué no me consultas antes?

LEOPOLDO
Ayer quedamos en que te buscaría trabajo, ¿no?

RICARDO
Sí, pero el lunes ya… /

LEOPOLDO
¿Qué pasa el lunes?

Pausa

RICARDO
(Suspirando)
…nada!

LEOPOLDO
Mejor. Ahora voy a salir. Vendré para la cena.

RICARDO
(Sintiéndose culpable)
Muy bien. Papá, ¿has vuelto a quedar con Lucía?

LEOPOLDO
¿Y eso a ti qué te importa?!

RICARDO
(Triste)
Perdón.

Leopoldo se pone la chaqueta. Pausa. Lo mira.
Arrepentido
Sí, he vuelto a quedar con Lucía. El lunes, que ella
libra, para ir al monte a por setas y comer aquí,
¿vale? Me tomo un día libre.

RICARDO
(Sonriendo)
De acuerdo, no apareceré hasta la noche, o si quieres
me busco la vida para dormir fuera…

Leopoldo niega con la cabeza, algo afectado.

LEOPOLDO
No. Esta es tu casa hasta que encuentres otra, ¿vale?
No te preocupes, tenemos todo el día, la mañana, la
comida, la siesta… vuelve cuando quieras a partir de
las ocho, ¿de acuerdo?

RICARDO
De acuerdo. Siento lo de ayer.

LEOPOLDO
También fue fallo mío, Lucía dice que te lo debería de
haber dicho nada más llegar.

RICARDO
No pasa nada. Ella también disimuló muy bien.

LEOPOLDO
Supongo que pensó que yo era un idiota. A ver si la
convenzo de que no, aunque a veces también lo pienso.

RICARDO
¿Cómo os conocisteis?

LEOPOLDO
(Improvisando)
…eh…en el hospital, fui a una consulta, por un
resbalón, y allí la conocí. Es enfermera.

RICARDO
Le pega…

LEOPOLDO
Bueno, me voy que llego tarde.

RICARDO
Oye: ¡espero que mamá no se os aparezca el lunes!

LEOPOLDO
¡Hostias! (Riendo) Lo que le faltaba a Lucía. ¡Pon una
cruz en la puerta para que no entre!

RICARDO
El muérdago, según Merlín, ahuyenta a los fantasmas.

LEOPOLDO
Usa tus conjuros medievales. Y me voy…

Le da un abrazo a Ricardo. Se miran.

RICARDO
Papá: Lucía

Levanta el pulgar en gesto de aprobación. Leopoldo
sonríe y sale.

Ricardo enciende la televisión, llama y aparece la
imagen de Arturo, que habla desde su tablet, en la
cama.

RICARDO
¿Cómo estás?

ARTURO
Mejor. Mi abuela me dio un veneno florentino de sapos y
he dormido más que Julieta en su tumba. ¿Tú qué tal?
¿Para qué me llamaste ayer?

RICARDO
Nada, luego te lo cuento, vas a flipar, pero ahora,
oye, ¿tú tenías una tablet vieja, que no usas, no?

ARTURO
Sí, la batería está kaput, pero enchufada tira.

RICARDO
¿Me la dejarías un mes? Ayer alguien se cargó la mía.
Creo que el seguro me la cambia, pero igual tardan.

ARTURO
¿Y eso? Te la dejo sin problemas.

RICARDO
Entonces me acerco ahora mismo a tu kelly a pillarla y
te cuento todo.

ARTURO
¡Qué prisas! ¿No la querrás para jugar jueguecitos,
verdad?

RICARDO
Bueno, sí y no, son jueguecitos de altura…

Pequeña pausa.

ARTURO
No lo capto.

RICARDO
Joder, que hay una chica.

ARTURO
¡Una chica! ¿Ricardo corazón de león enamorado!?

RICARDO
(Quitándole importancia)
Tonteando sólo…

ARTURO
Mucha prisa para sólo un tonteo, a ver: ¿quién es esa
princesa Ginebra? ¿Es un juego de rol?

RICARDO
No, es parte de mi Gang.

ARTURO
Eso me suena a porno.

RICARDO
Pues no, de momento es casto, pero interesante…

ARTURO
A ver, a ver, a ver, quiero la historia completa ya.

RICARDO
Joder, tío…

ARTURO
Al menos un avance.

RICARDO
Bueno, pues nada, hay un juego, Crash of Gangs /

ARTURO
¿Cómo?

RICARDO
Crash-of-Gangs, choque de bandas, que es un juego de
estrategia bélica clásica, pero formas equipos reales,
de gente real -los gangs-, para luchar contra otros
equipos online por todo el mundo. Puedes chatear,
linkearlo a facebook, enviar imágenes, mensajes y todo
eso, es la caña.

ARTURO
Ya.

RICARDO
Yo estoy en un gang, de hecho soy el líder /

ARTURO
¿Desde hace cuánto?

RICARDO
Un año, o así.

ARTURO
O sea, estás enganchado hasta las orejas. Sigue.

RICARDO
Y desde hace un tiempo, un par de meses, chateo mucho
con una chica que forma parte del gang…

ARTURO
¿Chateas o algo más?

RICARDO
Aún no nos hemos encontrado, físicamente.

ARTURO
¿Pero lo vais a hacer?

RICARDO
Por eso necesito la tablet. Llevamos varias semanas
organizando un encuentro del gang, y es esta semana…

ARTURO
¿Cuantos majaras como tú hay en cada gang de esos?

RICARDO
Máximo cincuenta, nosotros somos cuarenta y cinco.

ARTURO
¿Te vas a juntar con cuarenta y cinco frikis esta
semana?

RICARDO
Si, y con wanderer, es el nickname de esta chica. Este
lunes, que nadie curra, a comer y hasta la noche…/

ARTURO
Pero a ver, que no lo visualizo: ¿tú le has visto la
cara a ella, sabes qué pinta tiene?!

RICARDO
Nos hemos enviado fotos, vídeos, familias, mascotas, de
todo. Es un bombón, o a mí me lo parece…

ARTURO
¡Pero tío, pero tío, pero tío, estoy alucinando en
colores! ¡Estás más loco de lo que yo creía!

RICARDO
Lo mismo dice mi padre.

ARTURO
¿Él sabe lo de esta chica?

RICARDO
No, y por eso tengo otro problema… Me ha buscado un
trabajo donde dios perdió el mechero y empieza el
lunes, tengo que ir…

ARTURO
¿Y el encuentro con el bombón y los frikis?

RICARDO
…Por eso necesito que me prestes tu coche, Arturito,
y que además me ayudes pero mucho…

ARTURO
Uuuf. Esto suena a lío gordo. Vente para acá, anda, y
me lo cuentas, gang líder.

RICARDO
¡Gracias! ¡Voy para allá!

Ricardo apaga la televisión y coge su chaqueta.
Antes de salir se da la vuelta y grita mirando a
ninguna parte.

RICARDO
¡Mamá, si estás por ahí o llegas a oírme, deséame
suerte!

Sale Ricardo y oscuro.

ESC. 4. LUNES. 20 H.

Apartamento desierto, con las luces encendidas,
quizás prendas de ropa tiradas de cualquier manera
aquí y allá. Se oyen risas off. Lucía, medio
vestida con cualquier cosa, quizás una bata de
hombre, entra riendo. Se acaba de levantar.

LUCíA
(Riendo)
¡Que no! ¡No quiero más phalus impúdicus, es una seta
indecente! Y empacha. Quiero un café. ¿Tú quieres un
café antes de salir?

LEOPOLDO
(Off)
¡Sí, por favor!

LUCíA
Pues ven a decirme dónde está todo, o empezaré a
registrar y a descubrir tus secretos inconfesables.

LEOPOLDO
(Off)
¡No abras nada! ¡Voy corriendo!

Leopoldo aparece envuelto en una sábana.

LUCíA
¿Tantos secretos tienes?

LEOPOLDO
Cadáveres, ropa de mujer, drogas, vídeos guarros, no
creo que pudieras soportarlo, pero lo peor, sin duda,
es algo tan terrible que no me atrevo a esconderlo ni
en mi propia casa, y es… ¡el phalus impúdicus!

Leopoldo, de espaldas al público y de frente a
Lucía se abre la sábana por delante, haciendo un
bailecito provocativo.

LUCíA
(Riendo)
¡Aaah! ¡Otra vez noo! ¡Quita eso de mi vista! ¡Qué cosa
más fea! Con lo bonitas que somos las mujeres, y lo
feos que sois los hombres. Algo le echaste a esas
setas.

LEOPOLDO
(Cerrándose la sábana de nuevo.
Bromeando)
Eh, no te metas con el pobre impúdicus, que se achanta
enseguida. Este bailecito es un clásico, pero está
claro que no comprendes el arte. Mira, el café está
aquí, aquí la cafetera y las tazas. Un segundo.

Sale corriendo al baño.

LUCíA
(Mientras prepara unos cafés)
¿Y en esos encuentros internacionales sobre setas
también haces el bailecito?

LEOPOLDO
(Off)
No, estoy demasiado borracho. A los que les gustan las
setas les suele gustar el vino.

LUCÍA
Flipé con lo que sabes.

LEOPOLDO
(Off)
Mi abuelo me llevaba a recoger setas desde muy niño, en
León.

LUCíA
(Riendo al recordar)
Y qué risas en el bosque con el phallus…

LEOPOLDO
(Off)
Setas con forma fálica hay muchas. Y ocurre como en la
realidad…

Entrando, ahora con un albornoz y un pantalón de
pijama, por ejemplo.
En la variedad está el gusto.

LUCÍA
Sigo pensando que deberías abrir esa web de setas.

Mientras hablan se van tomando el café y alguna
cosa dulce.

LEOPOLDO
Estaría bien, sí. En España hay varias, pero lo que te
dije del turismo micológico se podría desarrollar.

LUCíA
¡Pues adelante!

LEOPOLDO
No es tan fácil.

LUCÍA
¿Por qué?

LEOPOLDO
Por muchas cosas.

LUCíA
A ver.

LEOPOLDO
La más importante: no tengo tiempo.

LUCíA
Deja el trabajo.

LEOPOLDO
Creí que estábamos hablando en serio.

LUCíA
Ayer me dijiste que estabas harto del banco, que es un
trabajo impersonal, aburrido e incluso poco ético,
llegaste a decir.

LEOPOLDO
¿Y de qué vivo?

LUCíA
Es posible vivir de algo que te apasiona. Sólo tienes
que creer en ello, y dejar que la pasión haga el resto.

LEOPOLDO
(Algo enfadado)
Lucía, eres una mujer inteligente, me sorprende que te
descuelgues con frasecitas de anormales como esa.

LUCíA
¡Eh, eh, cómo te pica el tema!

LEOPOLDO
No, me pica que la gente hable sin pensar. Es como mi
hijo, dice la primera tontería que se le ocurre!

Pausa.

LUCíA
Perdona.

Pausa.

LEOPOLDO
¿Quieres azúcar?

LUCíA
Sí.

LEOPOLDO
(Sacando un paquete de azúcar de papel)
Está aquí. Tengo que comprar un azucarero.

LUCíA
Más vale azúcar sin azucarero que lo contrario.

LEOPOLDO
Perdóname tú, no quería enfadarme, pero es que no es
tan fácil vivir de una web de setas, ¿sabes?

LUCíA
No, no lo se, nunca lo he intentado, ¿y tú?

LEOPOLDO
Tampoco, pero me lo imagino, porque no he nacido ayer.

LUCíA
Vale, eso es cierto, tienes toda la razón.
Te lo imaginas, pero no lo sabes.

LEOPOLDO
¿Sabes que puedes llegar a ser muy molesta cuando
quieres?!

LUCíA
Vale, no vivas de las setas, de momento, pero al menos
empieza, ponlo en marcha. Te veo más feliz con las
setas, que con el banco. Hasta llegas a parecer alguien
interesante.

LEOPOLDO
Eres tú que me ves con buenos ojos.

LUCíA
Eso también es verdad.

LEOPOLDO
¿Tú me ayudarás?

LUCíA
Por supuesto, ayudar a pobres viudos desamparados se
paga como horas extra en el hospital. Hoy, además de
pasar un rato agradable /

LEOPOLDO
Gracias.

LUCíA
/ seguramente he ganado un montón.

LEOPOLDO
¿A cuánto te pagan la hora de viudo?

LUCíA
Treinta euros por lo menos.

LEOPOLDO
¡Uau!

LUCíA
Si no, ¿de qué me iba yo a levantar a las seis?

LEOPOLDO
Por ese dinero yo también me levantaría.

LUCíA
Pagan muy bien los viudos de más de dos años, y tú ya
tienes tres, ¿no?

LEOPOLDO
…sí…

LUCíA
Aunque luego hay que aguantarlos, claro…

LEOPOLDO
Con sus fantasmas… ¿No te compensaría más ayudar a
divorciados? Hay muchos más.

LUCíA
Ya, pero no me gustan.

Pequeña pausa.

LEOPOLDO
¿Por qué?

LUCíA
Generalmente el viudo es un hombre desgraciado y el
divorciado una desgracia de hombre.

LEOPOLDO
¿Tú crees?

LUCÍA
(Seria, mirándole)
Sí, los divorciados cargan con la sensación de fracaso
de su matrimonio, y en el fondo algo habrán hecho, ¿no?
Mientras que los viudos simplemente han tenido mala
suerte. ¿No te parece? Y además, tienen -tenéis- otra
dignidad, no se… otro aura.

Pequeña pausa.

LEOPOLDO
Yo de auras no se, pero bueno, volviendo a la web, otro
problema es que no se nada de informática.

LUCíA
Seguro que tu hijo te puede ayudar, o seguro que tiene
amigos que pueden.

LEOPOLDO
Mi hijo y sus amigos son incapaces de hacer nada.

LUCÍA
Mi hermana es una crack y seguro que te lo hace gratis,
cuando le diga que eres uno de mis viudos desamparados.

LEOPOLDO
Ah. ¿Tienes muchos?

LUCÍA
No, sólo uno, de momento. Sabes que me encanta lo que
hago, y si no me gustara no lo haría.

Suena un móvil.

LEOPOLDO
Es el mío, un segundo.

Sale corriendo y le oímos responder desde el
dormitorio.

LEOPOLDO
(Off)
Hola, Raúl, ¿qué tal se ha portado mi hijo?

Pausa. Leopoldo entra en el salón con el teléfono
en la oreja, escuchando, y la cara seria.
No me lo puedo creer. … ¿Fue en coche? … …¿¡Qué
dices?! ¿Y no te llamó? … Lo siento en el alma, Raúl.
… Claro … Voy a enterarme y te digo algo … no se
cómo disculparme por esto, se me cae la cara de
vergüenza. … Gracias por llamar, se va a enterar, lo
siento en el alma. … un saludo, adiós.

LUCíA
Malas noticias.

LEOPOLDO
El cabrón de mi hijo se presentó en coche a las siete
de la mañana. Trabajó hasta la una, sin parar de mandar
mensajes por el móvil, le llamaron la atención y se
disculpó diciendo que tenía una urgencia. A la una,
aprovechando el parón de comer desapareció, y hasta
ahora. Raúl tenía un acto esta tarde, con la plana
mayor de la Universidad y se ha quedado en cuadro,
llevaba un cabreo… ¡Joder, qué marrón!

LUCíA
A ver si le ha pasado algo…

LEOPOLDO
(Negando)
Antes de llamarme a mi, Raúl le ha llamado al móvil, el
tío no se lo ha cogido pero luego le ha mandado un
mensaje preguntando si no había llegado su amigo…
¿qué te parece?

LUCíA
…marrón tirando a negro.

LEOPOLDO
No se qué demonios tiene en la cabeza, pero ya me está
tocando los pies, en serio.

Se oye una puerta.

LUCíA
Pues creo que aquí llega.

Entra Ricardo. Al verlos se detiene, algo
asustado. Mirando a su padre.

RICARDO
Creo que ya has hablado con Raúl, ¿verdad?

Leopoldo asiente.

RICARDO
Papá, lo siento, lo había organizado todo para que
Arturo fuera en mi lugar por la tarde, y cuando hablé
con él por última vez, iba de camino, en el autobús.
¡Pero le tiene que haber pasado algo!

Leopoldo se desespera, y se controla.

LEOPOLDO
Espero que no le haya pasado nada pero quiero que me
digas qué era eso tan importante por lo que no podías
trabajar un lunes hasta las siete, como todo el mundo.

RICARDO
Me avisaste muy tarde, y tenía una cosa organizada
desde hacía un mes /

LEOPOLDO
¿Qué cosa?

RICARDO
Un encuentro de más de cuarenta personas, justamente
hoy, que no se podía cancelar y al que no podía faltar,
quise avisarte, pero no me atreví. Así que arreglé con
Arturo que fuera él por la tarde, algo tiene que
haberle pasado, no me coge el móvil, voy a llamarle por
skype a casa, él tampoco tiene fijo…

LEOPOLDO
(Deteniéndolo)
Sí, pero antes dime qué era ese evento tan importante,
por favor.

RICARDO
¿Qué más da lo que fuera? Era un compromiso que yo
había adquirido con mucha gente, no podía fallarles.

LEOPOLDO
¡Ricardo, por favor! Yo también había adquirido
compromisos en tu nombre, con tu aceptación, tengo
derecho a saberlo, ¡y estoy a punto de enfadarme de
verdad!

RICARDO
Es un equipo de gente que no conoces y /

LEOPOLDO
¿Quienes!?

RICARDO
¡Papá!

LEOPOLDO
¡¡Ricardo!!

RICARDO
La gente que juega conmigo online a un videojuego, pero
/

LEOPOLDO
¿Qué?! ¡¿Me estás diciendo que no podías ir a trabajar
porque habías quedado para jugar a un videojuego??!

RICARDO
¡No! Habíamos quedado para comer y conocernos, yo
organicé todo, reservé, tenía el dinero y además…

LEOPOLDO
¿Además qué?!

RICARDO
Había una chica también…

LEOPOLDO
¿Una chica? ¿Qué chica…? ¿Tienes novia?

Pequeña pausa.

RICARDO
(Dubitativo)
Estoy en ello, nunca la había visto en persona antes,
habíamos chateado mucho, y hoy era justo el día en que
nos íbamos a conocer…

LEOPOLDO
Esto sí que no me lo puedo creer…

LUCíA
Cálmate.

LEOPOLDO
¿Has dejado colgado a mi mejor amigo, que te estaba
haciendo un gran favor, para juntarte a comer con una
panda de desconocidos y con una chica a la que nunca le
has visto la cara? ¡Pero tú estás actuando como un
idiota! ¡¿Es que no lo ves?!!

LUCíA
Cálmate.

LEOPOLDO
(A Lucía)
¡No quiero calmarme! (A Ricardo) ¡Vives en un mundo que
no es real, Ricardo! ¡El juego ese te tiene sorbido el
seso, como a Don Quijote, ¿no te das cuenta?! ¡Nada de
eso te va a aportar nunca nada!

RICARDO
Llevábamos meses organizando esto…

LEOPOLDO
¡Pues se llama y se dice, lo siento, tengo trabajo,
¿sabéis lo que es eso? Llegaré a las siete y media!
Raúl tenía un acto importante esta tarde, por eso te
cogió ¡y lo has dejado muy colgado, hijo! Yo ya no sé
dónde meterme, ni qué hacer contigo, no sé, no sé qué
he hecho, en qué he fallado, no se…!

RICARDO
(Afectado)
Lo siento. Creí que lo podía arreglar, tenía muchas
ganas de conocer a esta chica…

LEOPOLDO
¡Por dios, Ricardo! Si llevas meses chateando con ella,
¿qué más te daba esperar un día más? ¡La vida real está
aquí fuera, no dentro de las pantallitas de mierda!

LUCíA
(A Leopoldo)
Cálmate, tú y yo también nos conocimos por internet.

LEOPOLDO
¡No compares!

RICARDO
Ah, creí que os habíais conocido en un hospital, por un
resbalón.

Lucía mira extrañada a Leopoldo.

LEOPOLDO
Ese fue el primer día que nos vimos de verdad, y allí
me resbalé, ¡pero da igual! ¡Yo no dejé colgado a nadie
en mi trabajo!

RICARDO
(Triste)
Lo siento.

LEOPOLDO
Sintiéndolo no se arregla nada. Hay que demostrarlo
haciendo. No sé qué más decirte. Lucía y yo vamos a
salir y tenemos que prepararnos. (A Lucía) ¿Vamos a
cambiarnos?

Lucía asiente. A Ricardo
Ya hablaremos.

Leopoldo sale. Lucía mira a Ricardo con cara
consternada, se le acerca un segundo.

LUCíA
(En voz baja)
¿Es guapa?

Ricardo hace un gesto expresivo diciendo que es
muy guapa.

RICARDO
Es la mujer más guapa que he visto nunca. Se llama
Leonor, tenemos la misma edad.

LUCíA
(En voz baja)
Pues a por ella, lo hecho, hecho está. A tu padre ya me
lo trabajaré yo. Suerte.

Lucía sale.

RICARDO
(En voz baja)
Gracias.

Ricardo enciende el ordenador y la pantalla.
Mientras arranca el sistema, llama por el móvil,
pero nadie atiende. Lucía entra un momento a
recoger restos de ropa tirados por ahí, un
vestido, un sujetador, un pantalón… Mira a
Ricardo con cara cómplice. Ricardo sonríe. Lucía
desaparece nuevamente con la ropa en las manos. En
la pantalla aparece la cara de Arturo, todavía con
mala pinta, muy abrigado.

RICARDO
¡Joder, menos mal! Estaba ya preocupado, tío. ¿Por qué
no me has llamado? ¿Qué ha pasado?

ARTURO
(Muy ronco)
De todo, yo era la Armada Invencible, pero ese bar era
Inglaterra. Iba machacado y me dormí en el bus, después
de hablar contigo, sobre las dos y media. Me desperté
pasando Cercedilla, camino de Segovia /

RICARDO
¡Pero tío…!

ARTURO
Ya estaba casi sólo en el bus, y vi que me habían
robado el móvil.

RICARDO
¡Ostras!

ARTURO
Y lo peor es que no me sé tu número, ni ninguno, y en
casa no había nadie.

RICARDO
¡Me cago en la mar…!

ARTURO
Y encima no tenía bastante para un billete de vuelta.

RICARDO
¿Qué dices?!

ARTURO
Y el primer bus salía a las seis.

RICARDO
¿Y qué hiciste?

ARTURO
Intenté pedir dinero a unas abuelas.

RICARDO
¿Y qué pasó!

ARTURO
Casi me dan con un paraguas.

RICARDO
¡Hostias!

ARTURO
Así que me fui hasta una gasolinera para hacer dedo,
pero igual: me veían la cara y salían cagando leches.

RICARDO
¡Qué putada!

ARTURO
Así que seguí llamando a casa a ver si pillaba a mi
hermano cuando saliera de trabajar.

RICARDO
Claro.

ARTURO
Pero nada, la máquina se comió el dinero, y aún no
había podido hablar con él.

RICARDO
¿Y entonces?

ARTURO
El de la gasolinera se apiadó y me dejó su móvil.
Finalmente dí con mi hermano, que me fue a buscar, a
Segovia, cagándose en nuestros muertos. Acabo de
llegar.

RICARDO
Qué desastre. Siento haberte metido en este lío, con
ese trancazo que tienes, soy un idiota.

ARTURO
Sí, lo eres, pero yo siento haberte fallado, así que
también lo soy. Tal para cual.

RICARDO
Nada, pues gracias por intentarlo y descansa, es que me
tengo que ir, mañana hablamos…

ARTURO
Espera, ¿cómo ha ido todo?

RICARDO
El del bar tiene un cabreo de tres pares y mi padre de
cuatro.

ARTURO
Me imagino, pero ¿y los frikis? ¿Y la chica?

RICARDO
Los frikis no son frikis, son como tú o como yo.

ARTURO
Pobrecillos, espero que la chica sea algo mejor.

RICARDO
¡La tía es lo más! Me encanta su forma de ser, y de
estar, nos reímos mucho juntos, tío, creo que estoy
colado. Se llama Leonor. Ricardo y Leonor de Aquitania,
¡hasta eso es perfecto!

ARTURO
¿Pero es un bombón o chocolate en barra?

RICARDO
¡Bombón suizo extrafino con avellana picada, tío, igual
es demasiado para mí, no sé! ¡Es un pivón!

ARTURO
¡Qué dices! ¿Tú con un pivón?

RICARDO
¡Un pivón!

ARTURO
¡Pues nada: disimula que eres un pringao y a por todas!

RICARDO
Ya, pero me temo que hay un rival.

ARTURO
¿Uno de los frikis?

RICARDO
(Asintiendo)
Uno alto, guapo, con pinta de tener pasta, y parece
buena gente: un puto imbécil, vamos. También tontea con
él.

ARTURO
¿Pero con quién tontea más?

RICARDO
Estamos ahí como dos gallos en el gallinero, ¿sabes?
(mima los gestos del gallo), el es más Kevin Bacon y yo
mas Sean Penn en Mystic River.

ARTURO
Mientras no seas un Tim Robbins.

RICARDO
Creo que ella esta disfrutando como guarra en un
charco, pero no sé qué va a pasar. Así que me voy
corriendo.

ARTURO
¿Habéis quedado ahora?

RICARDO
Sí, todos, en un garito, y ya voy tarde, he pasado por
aquí para llamarte y a por un disco duro para ella, que
le prometí. Lo malo es que el encuentro con mi padre me
ha bajoneado bastante.

ARTURO
Pasa de él y concéntrate en lo importante, ¿me oyes?
Trabajar de camarero temporal es una gilipollez en el
devenir del universo, lo dice Hawking, pero estar con
un pivón, no. Eso deja marca en las estrellas. Así que
arriba la cresta. Tú padre está muy perjudicado por la
vida y se ha olvidado de lo que realmente importa.

RICARDO
Gracias, Arturo, te debo una. ¿El coche te lo puedo
devolver mañana?

ARTURO
Por supuesto, pero manchado de flujo vaginal.

RICARDO
¡Ya te contaré!

ARTURO
¡Ricardo Corazón de León! ¡Gloria y muerte!

RICARDO
¡Sexo y gloria y agur!

Cortan la llamada. Ricardo se atusa el pelo
mirándose en la pantalla ahora sin imagen,
disponiéndose a salir. Luego busca y coge un disco
duro. Entran Leopoldo y Lucía, ya vestidos de
calle.

RICARDO
Yo también me voy, aún tengo lío. Papá, mañana
hablamos, si te parece. Lo siento mucho.

LEOPOLDO
Sí, hablaremos, y celebro que lo sientas, pero no basta
con sentirlo. Te pido que, ya que tienes coche, vayas
ahora mismo a casa de Raúl, esta es su dirección en
Cercedilla (le da un papel), le expliques lo que tengas
que explicarle y le pidas disculpas.

RICARDO
¿Ahora?! Le voy a molestar…

LEOPOLDO
No, le conozco y te lo agradecerá. Y yo más.

RICARDO
¡Pero papá, ahora me viene fatal, en serio…!

LEOPOLDO
¿Te viene fatal, en serio…? ¡A mí me viene fatal
tenerte aquí y lo hago sonriendo! ¡Me viene como el
culo trabajar tanto, y no me quejo! ¡Y me viene de puta
pena pedir favores a amigos para un hijo que siempre me
deja en ridículo! ¡Me vienen fatal muchas cosas, pero
las hago, porque tengo que hacerlas!

RICARDO
Ya, pero puedo ir mañana…

LEOPOLDO
¡Las cosas hay que hacerlas en su momento! ¡Creo que no
es tanto lo que te pido! ¡Pero tú verás! ¡En el fondo
siempre haces lo que te da la gana! Igual soy yo el que
está equivocado en todo, y es mejor irse con los
descerebrados del jueguecito ese, pero para ir mañana
no vale la pena que vayas, ¿sabes? ¡Tú verás! ¡Haz lo
que te de la gana! Estoy harto…

Leopoldo sale. Lucia le sigue sin atreverse a
decir nada.

Ricardo se queda solo, abatido, pensando. Oscuro.

ESC. 5. MARTES. 8 H

Salón en penumbra. Amanece. Ricardo duerme en una
cama desplegable. Rezonga. Suena repetida una
llamada de skype. Ricardo se levanta, en camiseta
y calzoncillos y medio dormido aun enciende la
pantalla. En ella aparece Arturo.

ARTURO
Tío, ¿sabías que el jueguecito idiota ese al que estás
enganchado recauda más de tres millones de euros al
día?!

RICARDO
¿Y tú sabes qué hora es?

ARTURO
Las ocho, pero es que voy a salir, y luego igual no
puedo hablar contigo, y estoy flipado…

RICARDO
Y yo dormido.

ARTURO
¡Más de ocho millones y medio de personas juegan a ese
jueguecito todos los días!

RICARDO
¿Me has despertado para decirme eso?

ARTURO
Varias parejas que se han conocido a través del
jueguecito de los cojones ya se han casado…

RICARDO
Pero tío…

ARTURO
La empresa que lo hace, Supernet, espera llegar este
año al billón de euros de beneficio, y está formada
sólo por 95 personas /

RICARDO
Me voy a la cama, adiós.

ARTURO
¡Espera! Y están buscando diseñadores 3D, como yo,
entre otros, y les he escrito, esta noche…

RICARDO
Ah. ¿Y…?

ARTURO
¡Me acaban de responder! ¡Tengo una entrevista por
skype en un par de horas! ¿Tu crees que debo ir a
comprarme una camisa?

RICARDO
¿Me has despertado para preguntarme a mi si debes
ponerte una camisa?

ARTURO
Tú eres el que sabe del juego, tengo que parecer un
aficionado, eso lo valoran mucho.

RICARDO
Los aficionados juegan, no se compran camisas.

ARTURO
Llevo toda la noche jugando.

RICARDO
Bien hecho. Buenas noches, o buenos días…

ARTURO
¡Espera! ¿Los frikis de ayer iban en camiseta, o no?

RICARDO
¡No son frikis! Son gente normal, empleados de banca,
empresarios, conductores, estudiantes… de 15 a 50
años!

ARTURO
¿En serio?! ¿Pero llevaban camisetas o no?

RICARDO
Camisetas, camisas, polos, chaquetas, sudaderas, una
túnica, e incluso algunas corbatas, como el maldito
Kevin Bacon.

ARTURO
Hostias, es verdad, perdona que no te he preguntado:
¿cómo te fue?

Pausa. Ricardo duda si responderle o no.

RICARDO
De puta pena.

ARTURO
¿Pero qué pasó?

Pausa

RICARDO
Mi padre me pidió que fuera a disculparme a Cercedilla
con el del bar /

ARTURO
¡Pero tío…!

RICARDO
Y fui, soy lo más gilipollas que ha parido madre, lo
se, bueno, después de mi padre, o no, mira, igual
incluso antes. Así que me comí un marrón guapo, el del
bar no me hizo ni puñetero caso, claro, y cuando volví
ya no encontré a nadie del grupo.

ARTURO
Joder…

RICARDO
Me puse a buscarlos y a llamarlos, hasta que dí con
algunos en un garito, a las dos de la mañana, pedos
como hooligans, pero Leonor ya no estaba, ni Kevin
Bacon, claro. Me acosté a las cinco sin batería, pero
no me cogió el móvil ni respondió a mis wasaps, así que
verde y con asas.

ARTURO
¿Pero y cómo te vas a Cercedilla, con ese bombón
esperando?

RICARDO
(Encogiéndose de hombros)
Mi padre es fantástico haciéndome sentir culpable, un
capo, si le pagaran por eso sería millonario.

ARTURO
Bueno, has perdido una batalla, pero no la guerra.

RICARDO
No se…

Coge el móvil y comprueba que no tiene mensajes
nuevos.
Nada, ni puto caso, que hija de puta…

ARTURO
¿Crees que se fue con el otro?

RICARDO
Seguro. Las hormonas se cortaban en el aire.

ARTURO
Lo siento, tío.

RICARDO
Y yo.

ARTURO
Aunque aún no lo sabes seguro… igual te sorprende.

RICARDO
Soy un idiota y ella se ha dado cuenta.

ARTURO
A lo mejor no le importa… hay gente a la que le da
morbo estar con idiotas.

Ricardo niega. Pausa.

ARTURO
Lo siento…. ¿Pero entonces crees que puedo hacer la
entrevista así vestido?

RICARDO
(Negando)
Mejor hazla en pelotas, ¿pero qué cojones es eso de la
entrevista?

ARTURO
Ayer me descargué el jueguecito, para ver de qué iba y
me puse a mirar en internet… tío, la revista Forbes
dice que Supernet es la empresa tecnológica que más ha
crecido en el último año…

RICARDO
No me extraña: yo tengo buen gusto…

ARTURO
¿Tú sabías que la industria de los videojuegos supera
por mucho, en volumen económico, al cine, el vídeo y la
música juntas?

RICARDO
Desde hace tiempo.

ARTURO
No lo sabía, bueno, el caso es que entré en su web ¡y
están buscando gente! Van a abrir sede en San Francisco
y Seul -ahora están en Reijkiavik, Islandia. ¡Y
necesitan diseñadores 3D! Rellené una ficha, y les
mandé unos links a trabajos míos, ¿te acuerdas de
aquellos entornos gráficos que hice para tus cómics
artúricos?

Ricardo asiente.
Se lo mandé a las diez de la noche, y hace un rato me
ha entrado un email preguntando si puedo hacer una
primera entrevista por skype dentro de un par de horas!
Les ha gustado mi trabajo! ¡Flipo! ¡Trabajan descalzos!

RICARDO
¿Qué?

ARTURO
Todo son jóvenes en unas oficinas de cristal y moqueta,
y se quitan los zapatos al entrar /

RICARDO
Apestará.

ARTURO
Con la pasta que ganan estrenan calcetines cada día, y
cada uno tiene una estación de trabajo de la hostia…
¿te imaginas que me cogen? Me fliparía trabajar en un
sitio así.

RICARDO
Pero la comida de tu abuela te llegaría fría a ese
antro apestoso de Reijkiavick, donde el olor a pies se
mezcla con el vapor sulfuroso de los volcanes. Nada es
perfecto.

Arturo mira la hora, riendo.

ARTURO
Te dejo con tu buen rollo, tengo que preparar mi
catálogo, paso de camisa, pero escucha: si crees que
eres un idiota, lo serás. Así que intenta no creerlo,
aunque gente inteligente como yo te lo hayamos dicho un
millón de veces. ¿Vale?

RICARDO
Gracias, por cierto el cascajo con ruedas que me
dejaste ayer está en el fondo de un barranco, y las
llaves las tiré por una alcantarilla, total, ya ¿para
qué?

ARTURO
Hiciste bien, podías habértelas metido por el culo,
pero da igual, al final hubieran acabado en el mismo
sitio.

RICARDO
Es lo que yo pensé.

ARTURO
Vale, hablamos. Cuídate, no vuelvas a Cercedilla, y
llámala, más vale un mal rato que quedarse con la duda.

Cortan la llamada.

RICARDO
(Para sí mismo)
No es tan fácil.

Ricardo se sienta en la cama. Coge el móvil y se
queda mirándolo, dudando. Se levanta y pasea,
inquieto. Finalmente marca un número y espera.

RICARDO
(Por el móvil)
Hola, Leonor, soy Ricardo, qué contestador tan
insistente tienes, me ha dicho al menos seis veces hoy
que le deje mi mensaje, así que lo voy a dejar. Cuando
me fui del restaurante creí que nos veríamos luego,
pero no pudo ser… Tardé mucho, pero mi padre me
pidió, o casi me ordenó, que fuera a un sitio, bueno,
es una larga historia, algún día si quieres te la
cuento, aunque igual no quieres, y yo no quiero que
hagas cosas sin querer o sin estar segura de querer,
quiero decir, que no quiero que te quieras, perdón, que
te sientas obligada a algo porque hemos chateado un
tiempo y nos llevábamos bien, o al menos a mí me
parecía que nos llevábamos bien, porque a lo mejor
ahora que nos hemos conocido en persona pues no
funciona… no por mí, desde luego, pero… no se… en
fin…

Pone mala cara al darse cuenta de que se ha metido
en un berenjenal.
…bueno, creo que me estoy liando, ya te dije que era
mejor con el teclado que en persona. Bueno, lo que yo
en verdad quería decirte es que / ¡mierda! Se ha
cortado.

Se quita el móvil de la oreja.
¡Abyecto, idiota, obtuso! ¡Eres el patán más lerdo de
este maldito reino!

Pasea de un lado a otro, maldiciendo. Sin dejar de
gesticular marca de nuevo el número y espera…
Se ha cortado, lo que te quería decir es que si te
apetece me llames y si no, no, ¿vale…? Yo me lo he
pasado muy bien el rato que hemos estado juntos, pero
entendería que a ti no te hubiera pasado lo mismo, y
tan tranquilos… es decir, que no es que me dé igual,
si no que, bueno… tu ya me entiendes, creo, eres una
mujer inteligente, seguro que más que yo, a juzgar por
este mensaje. Bueno… Adiós.

Tira el móvil sobre la cama. Se desespera. Coge la
almohada y la emprende a almohadazos con el suelo
y con todo lo que puede durante un buen rato,
teniendo cuidado de no romper nada. Cuando se ha
desahogado se sienta en la cama con la cabeza
entre las manos.

Entra Leopoldo, contento, con la misma ropa de
ayer. Mira la escena. Hace un gesto de hartura y
se dirige hacia el dormitorio.

LEOPOLDO
Es que no mueves ni un dedo, ¡es acojonante! ¡Qué
vidorra te pegas, hijo!

Sale de escena, quitándose la ropa que llevaba.
(Off)
Y yo corriendo como un loco, para costearlo todo, un
piso, luego un apartamento, luego ¡mira! ¡otro piso…!

Entra y cruza la escena hacia el baño poniéndose
una camisa limpia.
…y un coche, otro coche, los ordenadores, ¡seis
ordenadores…!

Sale de escena.
(Off)
Una tablet, otra tablet, unos estudios aquí, otros
estudios allá, ahora te vas a la puta calle…

Entra y cruza la escena con un traje colgado en
una percha.
…ahora se viene el niño contigo, y ahora le dan tu
puesto al otro hijo de puta…

Sale de escena.
(Off)
y traga una y traga otra y, por supuesto, lo he
entendido, soy capaz, lo aguantaré, y sí, Ernesto,
claro, Ernesto, y tiro para adelante, y me aguanto y
sigo…

Entra en escena, metiéndose la camisa en el
pantalón.
…pero llego y te veo ahí tirado, y se me cae el alma
a los pies, hijo…

Ricardo suspira, sin volverse. Leopoldo se enfada.
¿Es que no te preocupa no tener trabajo, coño!? ¿Es que
te importa todo una mierda?!!

RICARDO
Sí que me preocupa.

LEOPOLDO
Pues yo no podría levantarme a las tantas y tan
tranquilo.

RICARDO
Ni son las tantas ni estoy tranquilo.

LEOPOLDO
Lo disimulas muy bien.

RICARDO
¿Cómo voy a estar tranquilo con un histérico ahí
dándome la brasa? Así no hay quien duerma.

Pausa. Leopoldo apenas da crédito a sus oídos.

LEOPOLDO
Ricardo, como broma no tiene ninguna gracia. Ahora
mismo te estás levantando y mirándome a la cara, porque
tengo una cosa que decirte, y estoy hasta los cojones
de hablarle a tu espalda, por favor.

Ricardo se levanta, y se encara con su padre.

RICARDO
¿Qué pasa?

LEOPOLDO
(Desabrido)
No me gusta nada ese tono, Ricardo, ¿qué demonios te
pasa?

RICARDO
Nada que al parecer te importe. Dime.

Pausa.

LEOPOLDO
Un día te vas a llevar una buena hostia. Escucha,
gracias a Lucía, que es una mujer que no nos merecemos
ni tú ni yo /

RICARDO
Habla por ti.

LEOPOLDO
¿Perdón?

RICARDO
Si tú crees no ser merecedor de Lucía es tu problema, a
mí no me metas.

LEOPOLDO
(Sin dar crédito a lo que oye)
¡Bueno, escúchame, porque no tengo tiempo para estas
tonterías! Lucía tiene un amigo en Escocia con una
agencia de viajes, y necesita universitarios con
conocimientos de historia medieval y de castillos y
esas cosas que te encantan, con inglés y otro idioma,
al menos. Para labores de guía turístico. Ayer me hizo
el favor de hablar con él (le muestra un papel), y te
está esperando.

Arroja el papel sobre la cama.

RICARDO
¿En Escocia?

LEOPOLDO
Sí. Tienes billetes para hoy por 85 euros. Yo te ayudo
con el alojamiento en esta primera prospección.

RICARDO
¿Quieres que coja ahora mismo y me vaya a Escocia?

LEOPOLDO
Sí, ¿te parece raro? ¿No querías un trabajo? ¿No te has
pasado la vida de Erasmus?

RICARDO
Desde luego estas deseando que me largue.

LEOPOLDO
Pues sí, pero además, aunque te parezca difícil de
creer, lo hago por ti.

RICARDO
Guía turístico en Escocia.

LEOPOLDO
¡Y por qué no?! ¿Y si no hay otra cosa? Es divertido…
Te juro que creí que darías saltos de contento. Escocia
es el centro de las leyendas artúricas, ¿no?

RICARDO
No. Eso está en Devon, al sur de Inglaterra.

LEOPOLDO
(Haciendo un gesto de “es lo mismo”)
Bueno, cerca, por la zona…

RICARDO
Tan cerca como Málaga de Pamplona.

Pausa. Se miran.

LEOPOLDO
¿Eso quiere decir que no vas a ir?

Pausa.

RICARDO
(Suspirando)
Aunque ahora no estoy en mi mejor momento, papá, te
aseguro que te agradezco todo lo que haces, y te
prometo que encontraré trabajo pronto, y si quieres me
voy hoy mismo de casa, pero hacer de guía turístico
creo que no es lo mío, sinceramente, en Escocia, en
Inglaterra o en Australia…

LEOPOLDO
¡Lo tuyo no existe, como trabajo, en ningún sitio, ¿no
te das cuenta?! ¡¿Estas ciego!? Yo tampoco /

RICARDO
…trabajo en algo que me gusta, pero me aguanto, ¡ya
lo se! ¡Lo has dicho muchas veces!

LEOPOLDO
¡Sí! ¡Así es la vida! Me he pasado los últimos veinte
años de la mía trabajando en ese banco, al que odio,
viendo como suben otros más hijos de puta que yo,
tragando muchas cosas que no me gustan, ¡pero eso es
trabajar!

RICARDO
¿Estás seguro?!

LEOPOLDO
¡De qué hablas!? Es lo que me permite afrontar los
problemas que tengo y sobrevivir, punto.

RICARDO
Trabajar en algo que odias igual es lo que te provoca
los problemas que tienes, ¿nunca lo has pensado?

LEOPOLDO
Hijo, no voy a entrar en eso porque no tengo tiempo, y
no, no lo creo. Aquí todo el mundo se vuelve loco
porque hay un dinero fijo entrando en casa todos los
meses, ganado por el imbécil de Leopoldo, pero: ¡qué
bien nos viene a todos! ¡Qué idiota es trabajando como
un imbécil en algo que no le gusta, pero pásame dinero!
¡Esa es la realidad, hijo, y si no quieres verla, allá
tú! Tu especialidad es huir de la realidad.

Pequeña pausa.

RICARDO
¿Y que Lucía siga creyendo a estas alturas que eres
viudo, ¿no es huir de la realidad? ¿Por qué le tienes
tanto miedo a reconocer que mamá/

LEOPOLDO
¡No es asunto tuyo!

RICARDO
¿…te dejó por tu jefe?! ¿Por qué sigues con esa
idiotez, que ya no tiene gracia, de que murió en un
coche, cuando lo que pasó es que te los encontraste
allí, follando?!

LEOPOLDO
¡No estaban follando!

RICARDO
¡Como fuera! Tú me lo contaste.

LEOPOLDO
¡Con la promesa de que jamás lo contarías!

RICARDO
¡Y no lo haré, pero tienes que decírselo a Lucía ya!
Cualquier día se va a encontrar con mamá, y te juro que
no es una fantasma!

LEOPOLDO
¡Vaya si lo es! ¡Es una puta fantasma que está con otro
puto fantasma y no me digas lo que tengo que decirle a
Lucía!

RICARDO
¡¿Por qué?! A mi no me da vergüenza conocer a las
personas por internet, pero a ti sí, ¿por qué estás tan
lleno de miedos?! ¡Yo no quiero ser como tú!

LEOPOLDO
(Enfadado. Acercándose a Ricardo)
No quiero seguir hablando contigo. No te tolero que me
hables así. Te exijo que me dejes llevar mis cosas a mi
manera, estoy harto. Te he dado todo lo que he podido,
e incluso te doy casa ahora, con casi treinta años, y
estando en medio de un proceso de divorcio muy jodido.
Y ya estoy cansado. No me importa si te vas a Escocia,
a Devon o a donde quieras, pero te ruego que esta tarde
cuando yo vuelva ya no estés aquí. Que tengas suerte.
Adiós.

Sale Leopoldo, muy cabreado. Ricardo se queda
mirando la puerta, y luego se sienta de nuevo en
la cama, con la cabeza entre las manos. Oscuro.

ESC. 6. MARTES. 20 H.

Apartamento a oscuras. Entra Leopoldo, cansado y
vestido de oficina. Enciende la luz. Enciende la
pantalla y el ordenador. Comienza a quitarse el
traje y la ponerse cómodo, entrando y saliendo de
las habitaciones. Va hacia donde estaba la maleta
de Ricardo y verifica que… aún está allí. Gesto
de desesperación. También están sus cosas en los
cajones. Ve una hoja escrita sobre el sofá cama, a
modo de nota. La coge y empieza a leerla. Sus
gestos denotan incredulidad y enfado ante lo que
está leyendo.

LEOPOLDO
¿Pero qué dice…?

Acaba de leer la hoja, enfadado, le da la vuelta,
buscando más, pero por detrás no hay nada.
¿”Ya vendré, como mamá”!?

Al acabar rompe la nota con rabia y la tira al
suelo.
¡Será imbécil!

Sale a su habitación.

Suena una llamada por skype. La pantalla se activa
con la llamada entrante. Leopoldo vuelve a entrar,
vestido ya más cómodo y responde la llamada. La
imagen de Arturo aparece a toda pantalla, está
llamando desde su tablet, en una sala de espera de
un aeropuerto.

LEOPOLDO
Hola, Arturo, Ricardo no está.

ARTURO
Hola, Leopoldo, ¿qué tal va todo?

LEOPOLDO
Bueno, vamos tirando. Un poco cansado, en el banco hay
siempre mucho lío.

ARTURO
(Sonriendo)
Claro, con tantas comisiones que cobrar, ¿no?

Leopoldo lo mira en silencio.
Perdona, Leopoldo, era una broma, no lo decía en serio.

LEOPOLDO
Pues qué pena, porque tienes razón.

ARTURO
(Descolocado)
¿Y eso?

LEOPOLDO
¿Sabes que la definición actual de usura es cuando el
interés supera 2,5 veces el valor legal del dinero, que
viene estando en un 4% anual, es decir cuando el
interés de lo prestado supera el 10% anual…?

ARTURO
¿Y vuestros préstamos lo superan?

LEOPOLDO
(Irónico)
No. Nuestras tarjetas tienen un interés en torno al
dos, pero mensual, un detalle que anualmente resulta en
un TAE del 26 ó 27 %…

Pequeña pausa.

ARTURO
¿Me estás diciendo que deberías estar en la cárcel?

LEOPOLDO
(Negando)
La usura se despenalizó en 1995. Todo es legal.

ARTURO
¿Te estás quedando conmigo, Leopoldo?

LEOPOLDO
No, pero olvídalo, estoy muy cansado. Ricardo no está.

ARTURO
Ah… ¿y cuándo volverá?

LEOPOLDO
Pues no lo se, la verdad. Tampoco me importa mucho.
Dale un toque al móvil.

ARTURO
Eso ha sonado fuerte. ¿Pasa algo?

LEOPOLDO
No. Tengo un hijo que es imbécil, nada más. Igual se ha
ido a Escocia, pero no lo sé, me ha dicho de todo,
menos esos pequeños detalles, aunque vive en esta casa.

ARTURO
¿A Escocia?!

LEOPOLDO
Le conseguí un trabajo de guía turístico.

ARTURO
¿Ricardo, guía turístico?

LEOPOLDO
¿Qué tiene de raro?

ARTURO
No le pega.

LEOPOLDO
Pues pegamento. A mí me importa una mierda.

Pausa

ARTURO
¿Os habéis peleado?

LEOPOLDO
(Serio)
¿Qué te hace pensar eso?

LEOPOLDO
Justamente yo le llamaba por una cosa de trabajo.

LEOPOLDO
Peor para ti. Llámale al móvil.

ARTURO
He perdido el mío, bueno, me lo robaron y no tengo
apuntado su teléfono…

LEOPOLDO
Da igual, de todas formas no va a ir.

ARTURO
Bueno, eso lo tendrá que decidir él, ¿no?

LEOPOLDO
Por eso lo digo.

Pausa
Hasta tú le has buscado un trabajo, pero él pasa.

ARTURO
Bueno, es una posibilidad, pero le encantaría, eso
seguro.

Leopoldo se encoge de hombros. Pausa.

LEOPOLDO
(Finalmente, con desgana)
¿Un trabajo de qué?

ARTURO
En una empresa de videojuegos.

LEOPOLDO
¿Un filólogo medievalista en una empresa de
videojuegos? Sois la pera.

ARTURO
¿Te acuerdas de los cómic artúricos que hizo, hace un
par de años, que yo ilustré en 3D?

Leopoldo asiente.
Los envié ayer a una empresa como parte de mi
currículum. Esta mañana me respondieron, a las dos hice
una entrevista por skype, y me dijeron que les interesa
mi trabajo, pero también la historia, los personajes,
la mezcla de humor y aventura que Ricardo metió en
aquellos comics.

LEOPOLDO
(Con ironía)
¿Te entrevistaban a tí y empezaron a preguntarte por
Ricardo? Hasta en eso sabe joderla.

ARTURO
Yo lo puse por las nubes, dije que es un tío muy
creativo, experto en el tema, gran jugador de
videojuegos /

LEOPOLDO
¡Eso sí!

ARTURO
¡Pero es que le conocían, Leopoldo! ¡Cuando les dije su
nickname resultó que es un número uno en Crash of
Gangs, el juego ese!

LEOPOLDO
Perdiendo tiempo con pantallitas no tiene rival.

ARTURO
Leopoldo: hay torneos internacionales de este tipo de
juegos con premios de cien mil euros y más.

LEOPOLDO
(Riendo)
¡Ah! Cuando gane uno de esos le prestaré más de
atención.

ARTURO
¡Cómo se nota que eres banquero!

Pausa
Perdón…

Pausa

LEOPOLDO
Pero, vamos a ver, Arturo, tú eres un currante: ¿cómo
quieres que le preste atención si se pasa las horas
jugando a jueguecitos por internet? Es una majadería
que no lleva a nada.

ARTURO
Uno de los requisitos más importantes para esta empresa
es ser un strong player.

LEOPOLDO
(Quitándole importancia)
Los juegos por internet no van a ningún lado, el dinero
ahí está en las playstations y demás /

ARTURO
Son portada de la revista Forbes: la empresa
tecnológica que más ha crecido en el último año, más de
un billón de euros de beneficio este año…

LEOPOLDO
¿Billón con be?

ARTURO
(Asintiendo)
Ocho millones de jugadores diarios. Noventa y cinco
trabajadores, treinta años de media de edad, trece
nacionalidades. En Reijkiavik, y abriendo sedes en San
Francisco y Seul, y captando gente. Y se quedaron
encantados con él, ¿eh?

LEOPOLDO
Eso es porque no le conocen.

ARTURO
Eres muy duro con tu hijo, Leopoldo.

LEOPOLDO
Arturo, todos podemos vivir en los mundos de yupi si
paga el oso Yogui, pero no es tan fácil. Tú tienes un
perfil adecuado para ese negocio, él no.

ARTURO
No sé. Esa industria también necesita ideas,
traducciones, qué sé yo. Me dijeron que les enviara su
currículum. Sería importante avisarle ya. Yo estoy en
el aeropuerto, camino de Londres a otra entrevista, y
no se si me va a dar tiempo…

LEOPOLDO
Pues te paso su móvil y le llamas antes de irte. A mí
no me apetece.

Leopoldo teclea el móvil en el chat de skype.

ARTURO
Debe haber pasado algo muy gordo entre vosotros…

LEOPOLDO
Ahí te he enviado el número.

ARTURO
Gracias… ¿Puedo ayudarte en algo más, con Ricardo?

LEOPOLDO
No, gracias. Es cosa nuestra.

ARTURO
…Vale, pues me voy… Gracias… y suerte.

LEOPOLDO
Igualmente, adiós, adiós…

Cortan la llamada. Leopoldo se mira en la pantalla
ahora oscura, como hizo su hijo en otra ocasión.
Piensa. Recoge los trozos rotos de la nota y los
recompone mínimamente para volverla a leer. A
medida que lo hace vuelve a enfadarse y acaba
tirándola al suelo nuevamente. Se levanta cabreado
y sale a su habitación.

Entra el “fantasma” de Ricardo, recoge la nota
rota y con ella en la mano se dirige al público.

RICARDO
Papa, a lo mejor escribo cosas de las que luego me
arrepiento, pero he decidido decirte lo que pienso
antes de irme. Estoy cansado de que siempre me eches tú
el sermón. Ahora me toca a mi y te vas a enterar.
Llevas veinte años quejándote de tu trabajo, ¿y quieres
que a tu hijo le suceda igual? ¿Como es posible que
seas tan malo? O tan ciego. Dices que odias el banco:
considerar al dinero como un bien en sí mismo es un
obstáculo para la civilización, dices: ¿PUES POR QUÉ
COÑO NO LO DEJAS?!
Eres tú el que actúa equivocadamente, no yo. Prefiero
morirme debajo de un puente a equivocarme tanto en mi
vida como lo has hecho tú. Tú no eres así. Has
hipotecado tu verdadero yo debajo de una losa, y sigues
gritando que lo haces por nosotros: es mentira. No
queremos que lo hagas, al menos yo no quiero, y juraría
que mamá te ha dejado por algo que también tiene que
ver con esto.
Estoy hasta las narices de tener un padre que no se
enfrenta a sus propios miedos, ni lucha, y luego lo
paga con su gente. Yo no quiero heredar eso, aunque
igual ya es tarde. Te agradezco todo lo que has hecho
por mí, pero no quiero que ese agradecimiento me haga
aceptar una visión de la vida con la que no estoy de
acuerdo. Dale las gracias a Lucía también, aunque aún
no se qué haré con lo de Escocia, tengo que pensar. Ya
vendré a por mis cosas, cuando no estés, como mamá.
Adiós.

Ricardo deja la nota rota donde estaba y sale.

Suena el timbre de la puerta. Leopoldo sale a
abrir. Entra Lucía, con una bolsa.

Silencio. Se miran, Leopoldo aún enfadado.

LUCíA
(Rompiendo la pausa)
¡Hola! Yo también me alegro mucho de verte.

LEOPOLDO
Lo siento, estoy cabreado. Hola.

LUCíA
¿Qué te pasa?

LEOPOLDO
Lo de siempre.

LUCíA
¿Ricardo?

Leopoldo asiente.
¿No quiere ir a Escocia?

LEOPOLDO
No sé, no sé, no sé lo que quiere.

Pausa

LUCÍA
En eso se parece a su padre. Pero él es leal a sí
mismo.

LEOPOLDO
¿Por qué dices eso?

LUCÍA
Porque tú dices una cosa y haces otra.

LEOPOLDO
¿De qué hablas?

LUCÍA
Dices que odias el banco y sigues en él.

Leopoldo hace un gesto de fastidio.

LEOPOLDO
¡¿Tú también?!

Tiene una idea.

LEOPOLDO
¿No habrás estado hablando con Ricardo?

LUCÍA
¿Yo? ¡Qué dices!? Si apenas lo conozco, ¿de qué voy a
hablar con él? Estás un poco paranoico.

Se miran.

LUCíA
Pero si el te ha dicho lo mismo igual deberías pensar
sobre ello. ¿Qué ha pasado?

LEOPOLDO
Me ha dejado una nota.

LUCíA
Ya. (Pausa) ¿Y se puede leer?

LEOPOLDO
(Encogiéndose de hombros)
Está ahí, en el suelo.

Lucía recoge la nota.

LUCíA
(Viendo el desorden)
Cómo se nota que aquí ya no limpia nadie, ni mujer ni
hombre.

Leopoldo se acuerda de que la nota habla de su
mujer.

LEOPOLDO
¡No, espera, no la leas…! Mejor que no… Déjala.
Trae.

Lucía lo mira con sorpresa.

LUCÍA
Toma. Sí que debe ser fuerte.

Se la da.

LEOPOLDO
No… es por él, es que dice muchas tonterías y no
quiero que te hagas una mala imagen de mi hijo.

LUCíA
Los hijos salen a los padres.

LEOPOLDO
No siempre.

LUCíA
Ya. Al menos un resumen sí me podrás hacer.

LEOPOLDO
Que tiene que pensar, que ya vendrá por su cosas, que
prefiere seguir su camino… esas cosas.

LUCíA
No me parecen tonterías.

LEOPOLDO
Las tonterías no te las he dicho.

Pausa. Lucía le mira.

LUCíA
¿Y no me las vas a decir?

LEOPOLDO
…otro día.

Pausa larga.

LUCíA
Vale. ¡Oye! Se me olvidaba: te he traído un regalito.

LEOPOLDO
Ah. ¿Y eso?

LUCíA
Me apetecía hacerte un regalo, ¿no se puede?

LEOPOLDO
Claro que sí.

Lucía le da un paquete envuelto que saca de su
bolsa.

LUCíA
Ábrelo.

Leopoldo lo abre. Dentro hay un templete sagrado
chino, bastante hortera.

LEOPOLDO
(Algo descolocado)
Ahí va… es… curioso… Es, es muy bonito. ¿Qué es?

LUCíA
(Mirándolo)
¿Te gusta?

Leopoldo asiente.

LUCíA
Es un templo sagrado chino. Los usan para recordar a
los seres queridos que están ausentes, para que, aún
con las vueltas que da la vida, sepan que siempre
tendrán un lugar en aquella casa.

LEOPOLDO
Ahá…

LUCíA
Por eso te lo he traído, Leopoldo.

LEOPOLDO
Ya…

LUCíA
Quería decirte una cosa, y no sabía cómo empezar…

LEOPOLDO
Ah, ¿y qué es…?

LUCíA
Es sobre tu mujer… es que, el otro día…

Duda.

LEOPOLDO
Te la encontraste…

Pausa larga. Lucía y Leopoldo se miran. Lucia
quizás comienza a comprender, quizás lo sabía ya
de antes, pero disimula.

LUCíA
¿Qué dices? ¿Cómo me la voy a encontrar si está
muerta…?

LEOPOLDO
Claro, ya… quiero decir que la viste, como dice mi
hijo, que se, que se… te apareció…

LUCíA
¡No! Yo no creo en esas cosas, lo de tu hijo es
autosugestión, y lo entiendo, pero a mí no me afecta.

LEOPOLDO
Lógico.

LUCíA
Lo que te quería decir es que el otro día, al veros
hablar de ella, me dí cuenta de lo importante que es su
figura para vosotros.

LEOPOLDO
Ya…

LUCíA
Y no sólo tu hijo, si no que tú también estabas muy
unida a ella.

LEOPOLDO
Ah… y ¿en que lo notaste?

LUCíA
Las enfermeras también estudiamos psicología.

LEOPOLDO
Ya… ¿y…?

LUCíA
Y nada, que yo no quiero interponerme.

LEOPOLDO
¿Cómo interponerte? Si está muerta…

LUCíA
Yo no puedo luchar con una muerta… que está viva.

LEOPOLDO
¿Cómo que viva…? ¿No has dicho que sabes que está
muerta?

LUCíA
¡Que está muerta es lo que has dicho tú desde el
principio!

LEOPOLDO
Sí, claro, sí…

LUCíA
¿Está muerta, no? ¿Hay algo que yo no sé?

LEOPOLDO
(Pausa) No, no, claro que no. Está muerta, ya te lo
dije.

LUCíA
Sí… Pues a eso me refiero, su presencia está viva,
pero ella está muerta, y contra eso yo no puedo luchar.

LEOPOLDO
No te entiendo muy bien, la verdad.

LUCíA
Si ella estuviera viva, y tú la hubieras matado,
imaginariamente, claro, simbólicamente: ok. Pero que se
haya muerto, y tú la mantengas viva, pues no.

LEOPOLDO
¡Yo no la mantengo viva!

LUCíA
Sí lo haces, pero lo entiendo. Sólo quiero darte tu
tiempo.

LEOPOLDO
¿Qué tiempo?

LUCíA
Dejarte tranquilo, irme, no verte más. Hasta que te
aclares las ideas para poder honrar su recuerdo, si
quieres, y vivir tu vida al mismo tiempo.

Pausa. Se miran.
Por eso te he traído este templete tan bonito.

LEOPOLDO
¿Te estás quedando conmigo?

Pausa.

LUCíA
Yo, no. ¿Por qué lo dices? ¿Tú sí?

Pausa larga. Leopoldo no sabe qué decir, está
bloqueado. Lucía le aguanta el silencio. Se
desespera. Finalmente se arranca.

LEOPOLDO
Joder, no soy viudo, ni siquiera divorciado. Estamos
separados, desde hace cuatro meses, sin arreglo y
tramitando el divorcio. Ella se quedó en la casa
familiar, con nuestro hijo y yo cogí este apartamento.
Y luego Ricardo se vino. En mi perfil de internet puse
viudo porque soy idiota, y luego… no me atreví a
decirte la verdad.

Pausa. Lucía lo mira.

LUCíA
Uf. (Piensa) ¿Y por qué no tiene arreglo posible
vuestra historia?

Pausa.

LEOPOLDO
Ella sale con mi jefe.

LUCíA
¿Y? Eso puede acabarse, arreglaros y volver, no sería
la primera vez.

LEOPOLDO
Imposible, nunca volvería con ella, aunque me lo
pidiera.

LUCíA
¿Fue ella la que te dejó?

LEOPOLDO
No, yo los pillé in fraganti en su coche, y la mandé a
paseo.

Pausa.

LUCíA
Pues se fue a paseo pero se quedó con tu casa. ¿No?

LEOPOLDO
Es una larga historia, la hipoteca está a su nombre,
aunque la pagaba yo…

LUCíA
Pero siendo por lo que es, un juez podría fallar a tu
favor.

LEOPOLDO
No quiero meterme en juicios.

LUCíA
Ya… no quieres arriesgar aunque sepas que es lo que
te conviene.

Pausa.

LEOPOLDO
Si eso es lo que piensas de mí, no creo que quieras
seguir conmigo.

Pausa.

LUCíA
Eso tendré que decidirlo yo.

Silencio.

LEOPOLDO
Tienes razón. Te pido disculpas. Lo siento. Tenía que
habértelo dicho antes, no hay excusa.

LUCíA
Gracias por reconocerlo. Igual hay otras cosas en las
que también te estás equivocando.

LEOPOLDO
¿Lo dices por mi trabajo en el banco, como dice mi hijo
en la nota?

LUCíA
No me has dejado leerla, pero sí.

LEOPOLDO
No, ahí no tenéis razón. Yo no soy un cobarde.

LUCíA
…prudente en exceso.

LEOPOLDO
¡No! ¡No lo acepto! Esa es la voz de un chaval sin
experiencia frente a la de un hombre experimentado.

LUCíA
Lo que ha construido la voz de la experiencia no es
para tirar cohetes.

LEOPOLDO
¿Qué ha construido?

LUCíA
Un hombre amargado por su trabajo, una familia rota, un
hijo sin trabajo, un banco al que odias, una vida de
mierda… buen balance…

LEOPOLDO
¿Y todo eso es culpa mía, quieres decir?

Pausa tensa. Se miran. Suena una llamada por
Skype. Leopoldo no la coge. El programa indica que
el contacto que está llamando es Leonor.

LUCíA
Creo que es la chica que le gusta a tu hijo.

LEOPOLDO
Me da igual.

LUCíA
Creo que deberías responder.

LEOPOLDO
No pienso hacerlo.

LUCíA
Entonces lo haré yo.

Lucía aprieta una tecla y responde. En la pantalla
aparece una mujer muy guapa.

LEONOR
¡Hola! Buscaba a Ricardo…

LUCíA
Hola, Leonor, yo soy Lucía, una amiga del padre de
Ricardo, pero Ricardo ahora no está.

LEONOR
¿Y dónde puedo llamarlo? Su móvil me da apagado y es
urgente.

LUCíA
No se, Leopoldo, ¿a ti te ha dicho algo?

LEOPOLDO
Hola Leonor, soy el padre de Ricardo. Siento no poder
ayudarte, no tengo ni idea de dónde está, ni qué va a
hacer. Igual se ha ido a Escocia, o a Tegucigalpa.

LEONOR
¿A Tegucigalpa?

LUCíA
No le hagas caso, ha discutido un poco con su hijo y
está enfadado con él.

LEONOR
¡Si Ricardo es un cielo…!

LUCíA
A mí también me lo parece, y él te aprecia mucho,
¿sabes? Pero bueno, yo tengo que irme, a pensar un
rato. Leopoldo te ayudará. Encantada de haberte
conocido, Leonor, de verdad. Hasta luego. Suerte.

LEONOR
Hasta luego…

Lucía le hace un gesto de despedida a Leopoldo, y
sale. Leopoldo la ve salir, incapaz de decidirse a
hacer nada. Pausa. Leonor y él se miran.

LEONOR
Pero, entonces, ¿Ricardo está en el extranjero?

LEOPOLDO
No lo se, no me ha dejado dicho dónde iba. Tiene una
oferta de trabajo en Escocia, de guía turístico/

LEONOR
¡¿Guía turístico en Escocia?!

LEOPOLDO
Sí…

LEONOR
No se si le pega…

LEOPOLDO
Nadie lo sabe, es un misterio.

Pausa.

LEONOR
Bueno, pues por favor, si hablas con él, dile que me
llame. Ayer me dejé el móvil en un taxi, y hoy lo he
recuperado y había varios mensajes suyos…

LEOPOLDO
Se lo diré.

LEONOR
Por favor, es importante que se lo digas cuanto antes.

LEOPOLDO
De acuerdo.

LEONOR
¿Y podrías decirle otra cosa?

LEOPOLDO
Si se deja…

LEONOR
Dile que me encanta lo que hace con y sin teclado.

LEOPOLDO
¿Con y sin teclado?

LEONOR
Sí, díselo. Él ya sabe de qué va.

LEOPOLDO
Tratándose de teclados, seguro.

LEONOR
Muchas gracias.

LEOPOLDO
De nada, perdona, Leonor, no se si puedo hacerte una
pregunta indiscreta…

LEONOR
…No sé. Dime.

LEOPOLDO
¿En qué trabajas?

LEONOR
Dirijo la revista de Vueling, la línea aérea.

LEOPOLDO
¿Directora tan joven?

Leonor asiente.
Enhorabuena, parece un buen trabajo.

LEONOR
Hice filología y turismo, que es una mezcla rara, pero
me ha conseguido este trabajo! Estoy muy contenta.

LEOPOLDO
Me alegro mucho…

LEONOR
Bueno, me tengo que ir, encantada de conocerte,
Leopoldo.

LEOPOLDO
Lo mismo digo.

LEONOR
No te olvides de mi mensaje, por favor. ¡Hasta luego!

LEOPOLDO
Descuida. Adiós, adiós…

Desconectan la llamada. Leopoldo examina el
templete chino con disgusto. Se sienta con el
templete en el regazo.

Entra Ricardo.

RICARDO
Hola, papá.

LEOPOLDO
Hola, hijo.

Se miran.

RICARDO
(Por el templete)
Qué cosa más fea, ¿no?

LEOPOLDO
Patética.

RICARDO
¿Qué es?

LEOPOLDO
Da igual.

Pequeña pausa. Ve la nota en la mano de su padre.

RICARDO
Siento haber escrito esa nota, estaba muy enfadado.
Escribí rápido y puse cosas que no estaban bien.

LEOPOLDO
Por lo visto manejas muy bien el teclado.

RICARDO
Creo que te dije cosas que no pienso de verdad…

LEOPOLDO
Aunque no sean verdad, si uno las piensa está bien
decirlas… Yo también te dije cosas que ahora pienso
que no pienso, pero entonces pensaba que pensaba.
¿Me entiendes?

RICARDO
Sí.

LEOPOLDO
Pues enhorabuena.

Pausa.

RICARDO
¿Va todo bien?

LEOPOLDO
Perfectamente.

Pausa.

RICARDO
He venido a recoger mis cosas.

LEOPOLDO
¿Has encontrado casa?

RICARDO
Las dejaré en casa de mamá y cogeré un vuelo a
Edimburgo a primera hora. Ya he hablado con el amigo de
Lucía. Me voy de prueba un mes. Empiezo mañana.

LEOPOLDO
Ah…

RICARDO
Tenías razón, tengo que centrarme. Ya está bien de
juegos.

Pausa. Ricardo abre su maleta y empieza a poner
sus cosas dentro.

LEOPOLDO
Ricardo…

RICARDO
¿Sí?

LEOPOLDO
Hace un rato te llamó Arturo…

RICARDO
He apagado el móvil. Voy a hacer una cura de
desconexión.

LEOPOLDO
Ah…

Pausa.
Me dijo que había hecho una entrevista para una empresa
de videojuegos.

RICARDO
Lo se.

LEOPOLDO
Y allí le dijeron que te conocían, por tu apodo, y que
podías presentar tu currículum, si te interesaba. Están
buscando gente.

RICARDO
(Negando con la cabeza)
¿Un filólogo medievalista en una empresa de
videojuegos? Gracias pero tengo que centrarme, este
trabajo de guía parece interesante.

Pausa. Leopoldo va a hablar, pero Ricardo se le
adelanta.

RICARDO
Por cierto, ¿sabes que mamá también se va a poner a
trabajar en una de las empresas de Ernesto?

LEOPOLDO
¿De fantasma?

RICARDO
De hecho están casi viviendo juntos.

LEOPOLDO
(Sorprendido y molesto)
¿En dónde?

RICARDO
En casa, la de Ernesto la dejan de oficina, o algo así.

LEOPOLDO
(Enfadado)
¿Ese desgraciado se ha ido a vivir a mi casa?!

RICARDO
Eso parece.

LEOPOLDO
Joder. Esa casa todavía no es suya.

RICARDO
Ya, pero tú eres tan bueno que no vas a hacer nada.

LEOPOLDO
¿Eso crees?

RICARDO
No lo digo yo, lo dijo Ernesto.

LEOPOLDO
¿Ernesto te dijo que yo era bueno?

RICARDO
Sí.

LEOPOLDO
No me lo creo, ¿qué palabras usó exactamente?

RICARDO
(Piensa)
Yo le dije: esta casa aún no es vuestra, oficialmente.
Y él respondió: ya, pero tu padre es tan bueno que no
pondrá problemas, o algo así.

Pausa.

LEOPOLDO
¿Y sonreía cuando lo dijo?

RICARDO
…Sí.

Pausa. Leopoldo se queda pensando, afectado.

Ricardo, sin darse cuenta, sigue haciendo su
maleta.

Acaba su tarea.

RICARDO
Bueno, papá. Voy muy justo. Te llamaré yo al llegar,
estoy apagado… Ánimo, son tiempos duros para todos…

Leopoldo aún está abstraído.

LEOPOLDO
Sí lo son. Cuídate mucho, buen viaje. Vamos hablando.

Ricardo, sin saber cómo despedirse, se acerca y le
da un beso rápido. Luego sale con la maleta.

Leopoldo se sienta en la cama, apoya la cabeza en
las manos, como su hijo hizo en otra escena. Se
levanta de un salto.

LEOPOLDO
(En voz alta, para sí)
¡Qué pedazo de cacho de trozo de parte de cabrón! ¡Qué
cabrones!

Se angustia, enfadado. Repentinamente se acuerda
de algo.
¡Coño!

Va corriendo hacia la entrada.
¡Ricardo, Ricardo! ¡Espera!

Ricardo se asoma.

RICARDO
Este ascensor es un caracol, ¿qué pasa?

LEOPOLDO
Perdóname, el cabrón de Ernesto casi hace que me olvide
de darte otro recado. También te llamó una chica, hace
un rato.

RICARDO
Ah…

LEOPOLDO
Un bombón que se llamaba… ¿cómo se llamaba? ¿Lena…?
¿Leticia… ? ¿Leire…?

RICARDO
¿Leonor?

LEOPOLDO
¡Leonor, joder! ¡Sí! ¡Directora de la revista de
Vueling!

RICARDO
(Afirmando)
¿Y qué dijo?

LEOPOLDO
Me dio un mensaje, y me dijo que era importante, y que
te lo diera cuanto antes.

RICARDO
¿Y cuál era?!

LEOPOLDO
(Intentando recordar)
Me dijo… joder: soy un desastre, perdona, me dijo…
qué cabeza… era… que le encantaba lo que le hacías
con el teclado…

RICARDO
¿Qué dices?!

LEOPOLDO
No… no me acuerdo de las palabras exactas, pero era
importante, y que la llamaras… ¡ah, sí, coño! Que le
encantaba lo que le hacías con o sin teclado.

RICARDO
¿Con o sin teclado??!

LEOPOLDO
¡No! Que le encanta lo que haces con y sin teclado.
Esas fueron sus palabras exactas, que tú ya
entenderías… A mí me suena bien. Y que se había
dejado el móvil en un taxi y que la llamaras enseguida,
que era muy importante…

Ricardo, feliz, se abalanza sobre su padre para
darle un abrazo. Se abrazan.

RICARDO
¡Gracias! Es el mejor mensaje que me han dado nunca!
¡Me voy corriendo!

Ricardo coge la maleta y sale corriendo.

LEOPOLDO
¡Llámala ya!

RICARDO
(Off)
¡Camino de su casa la llamo! ¡Te quiero, papá!

LEOPOLDO
(Gritando)
¡Y llama también a Arturo!! ¡Esta vez tengo un
presentimiento con la tecnología de los cojones!

Leopoldo asiente. Luego va a por su móvil y marca
un número. Espera.

LEOPOLDO
Hola, Ernesto, soy Leopoldo… Te llamaba para decirte
que eres un cabrón por irte a vivir a mi casa tan
pronto, aún no es tuya… No, estoy muy calmado y he
pensado muy bien -además de lo que te he dicho- lo que
ahora te voy a decir, y es que me voy, dejo Bankia….
No, no me despido, llevo 25 años pero tú me vas a
despedir con un buen finiquito… Ya sé que me quieres
mucho porque soy muy bueno, pero tenemos que analizar
juntos la cuestión esta de los créditos a la
constructora de tu amigo porque he descubierto que
faltan una serie de avales y…  algunas otras cosas
que quiero comentar, seguro que son errores, pero
podemos hablarlo mientras pactamos mi despido. … Si,
muy bien, mañana a las ocho…. No, es mejor que lo
hablemos en mi coche, de camino. Si te parece te recojo
a las ocho en el portal de mi casa… Muy bien, hasta
mañana.

Corta la llamada. Hace uno de sus pequeños
bailecitos horteras. Marca de nuevo otro número.
Espera.

Mientras espera oímos un tono de llamada cercano.
Leopoldo, extrañado busca de donde sale. Siguiendo
el sonido va hacia la entrada.

Entra Lucía con el móvil que está siendo llamado
en la mano, sonriendo. Se lo pone en la oreja, se
miran.

LUCíA
(A Leopoldo)
¿Dígame?

LEOPOLDO
(Cogiendo el templete chino y
mostrándoselo)
Antes no me atreví, como a tantas cosas, pero ahora te
llamo para decirte que tu gusto escogiendo templetes
chinos es repugnante.

LUCíA
Como el tuyo haciendo perfiles de internet.

LEOPOLDO
¿Y qué hacemos?

LUCíA
Buscar una solución.

LEOPOLDO
Vente. Sin trabajo ni hijo tenemos mucho tiempo.

Lucía empieza a desvestirse y la luz a bajar.

LUCíA
Voy para allá.

LEOPOLDO
(Imitándola)
Te espero con impaciencia.

LUCíA
¿Me vas a preparar alguna seta de las tuyas?

LEOPOLDO
(Afirmando)
Ya la conoces, pero ahora… sí que vas a alucinar…

Se abrazan y se besan, a medio desvestir. La luz
cae hasta el oscuro.

Fin.